HBN. Vuelve el hada Morgana a la costa de Huelva, a escasos diez dias de la finalización del verano. Cuando aún queda en la memoria de la retina aquel espectacular 21 de junio de 2020, con unas playas onubenses a rebosar, con cientos de miles de personas que quedaron impresionados por el fenómeno, hoy a vuelto a aparecer de manera nítida, observándose desde Mazagón y parte de Punta Umbría, al menos. Tras aquella experiencia, en estos últimos cinco años se ha repetido, pero quizá con no tanta intensidad.
Hablamos de un fenómeno especial y llamativo. En días de calor extremo o sobre mares en calma, la línea del horizonte puede convertirse en un escenario de magia óptica. El fenómeno conocido como fata morgana lleva siglos despertando la curiosidad de marineros, exploradores y viajeros, que en más de una ocasión creyeron ver ciudades flotantes, barcos suspendidos en el aire o montañas que nunca existieron.
Un espejismo con nombre de leyenda
El término procede de la hechicera Morgana, hermanastra del rey Arturo, que según la tradición celta proyectaba ilusiones en el aire para engañar a los hombres. La ciencia, sin embargo, tiene una explicación más terrenal: se trata de una refracción de la luz provocada por capas de aire a diferentes temperaturas.
Cuando una masa de aire caliente se sitúa sobre otra más fría, los rayos de luz se curvan y deforman la imagen que percibimos. Así, un barco puede parecer alargado, invertido o incluso duplicado, como si navegara por los cielos.
Un espectáculo en mares y desiertos
Las fata morgana son más frecuentes en zonas costeras y en desiertos, donde las diferencias de temperatura entre la superficie y el aire superior son más acusadas. En el Estrecho de Messina, entre Sicilia y Calabria, se hicieron famosas durante siglos, hasta el punto de convertirse en parte del folclore local.
Pero no hace falta viajar tan lejos: pescadores del Atlántico o del Mediterráneo también relatan episodios en los que la vista se engaña y barcos distantes parecen flotar como fantasmas.
Entre la ilusión y la ciencia
Aunque hoy sabemos que no hay magia detrás, la fascinación se mantiene intacta. Las fata morgana nos recuerdan hasta qué punto la naturaleza puede jugar con nuestros sentidos y cómo un simple contraste térmico basta para dibujar castillos imposibles en el horizonte.
Para quienes tienen la suerte de contemplarlas, no es un engaño desagradable, sino un espectáculo efímero en el que la frontera entre lo real y lo imaginado se difumina durante unos instantes.
















