RFB. No se puede tener más cara de buena gente… y serlo. Alberto Silva Vallejo apuntaba maneras en este sentido desde niño y adolescente. Ahora, de mayor, ya hecho un profesional, forma parte de esa categoría de personas que generan felicidad en las demás. De las que suman, que dan, que andan por la vida haciéndosela agradable a los que tienen la fortuna de relacionarse con ellas. En la entrevista con Anabel Martín hablábamos de la cara y el espejo del alma. Aquello que decíamos es absolutamente aplicable a Alberto, quien nació, así mismo, en el Manuel Lois, teniendo su primer hogar en la calle Artesanos, del Barrio de Santa Marta.
Alberto Silva está nominado a los Premios Buena Gente de Huelva, en su VII Edición. Reconocimientos que promueve la Fundación Cajasol y este diario desde 2018. La Gala de entrega tendrá lugar el próximo 24 de septiembre, en el Gran Teatro de la capital.
Siguiendo con el relato, allí nuestro protagonista, en Santa Marta, estuvo hasta algo menos de los 4 años. De ese periodo nos dice que «de entonces tengo vagos recuerdos. La casa en la que vivíamos y el cola-cao calentito cuando los fines de semana mi padre me llevaba a desayunar a uno de los bares de la zona. En aquella época mi padre era visitador médico y mi madre trabajaba una fábrica de redes que se encontraba justo antes de llegar a la ‘Ciudad de los Niños’. Como no tuve hermanos, pues mi familia cercana se circunscribía a mis padres, pasaba mucho tiempo en casa de mis abuelos y por allí siempre estaban mis tíos y primos«.
Su barrio de siempre ha sido la Isla Chica, zona de El Polvorín. Estudió en el CEIP Tartessos, que está a medio camino entre la casa de sus padres y la de sus abuelos maternos. Y en las plazas de aquel entorno pasó su infancia. «Recuerdo con mucho cariño -prosigue- cuando mi abuela Pepa me llevaba con ella a “hacer los mandaos”. Era a tiendas emblemáticas del barrio como “anca Eulalio” (Ultramarinos E. Sánchez) o el “Almacén de Tomico” y aquellas tardes de verano jugando hasta entrada la noche en la plaza del Estadio Antiguo donde los mosquitos eran más rápidos que nosotros con la bicicleta«.
Hablamos de valores, y cuenta que «de mi padre aprendí que había que ser tolerante con el de al lado, a tener siempre la mente abierta a nuevos proyectos y a que nunca hay que dejar de adquirir nuevos conocimientos. Lo he visto caerse y reinventarse con la misma ilusión infinidad de veces.
Mi madre me transmitió que había que ser honesto y buena persona por encima de todo y una prudencia, a veces, desmedida. He admirado siempre su capacidad de trabajo, siempre trabajando… Cuantas veces la he visto llegar agotada del trabajo y no tener tiempo ni para descansar con las tareas de la casa.
De los dos he aprendido que desinteresadamente hay que echarle una mano a quien te pide ayuda. Y en no pocas ocasiones a ser tú quien tienes que ofrecer la ayuda cuando no se han atrevido a pedírtela«.
No conocemos a sus padres pero, por lo que inspira Alberto Silva, estamos convencidos de que tienen que ser unas maravillosas personas, al igual que su abuela Pepa.
Al preguntarle por los amigos de niñez que más le han marcado, no especifica nombres. Porque según él «nombrarlos es una trivialidad, ellos saben de sobra quienes son. Fuimos al mismo colegio, vivíamos en el mismo barrio, fuimos al mismo instituto…con alguno he compartido aula desde el primer curso del colegio hasta el último año de carrera. Toda una vida juntos. Hay pocos recuerdos de mi niñez en los que no aparezca alguno de ellos. Aunque son pocas ocasiones en las que coincidimos todos, afortunadamente sí que nos vemos a menudo por separado. Aclara que tiene «la satisfacción de que la mayoría de los amigos de mi niñez siguen siendo mis amigos«.
Alberto Silva es hoy en día Asesor Financiero. «Hará unos 5 años -señala-, uno de esos amigos de la infancia me cuenta que conoce a un tal Joaquín, que es asesor financiero y que trabaja para un banco que hace banca de asesoramiento y que se ha hecho cliente suyo. Como siempre había tenido interés por el mundillo de la inversión, mi amigo me recomendó que hablase con él. Me contó su forma de trabajar y el modelo de negocio que tenía el banco y me hice cliente de Banco Mediolanum. Desde entonces Joaquín se convirtió también en mi asesor financiero. Me ayudó a ordenar mis finanzas, hice mis primeras inversiones y empecé a leer todo lo que caía en mis manos sobre el apasionante mundo de la inversión.
Por ese motivo, Joaquín me invitó a ‘echar el CV’ en el banco en varias ocasiones. Debo reconocer que lo rechacé un par de veces, hasta que un día me lié la manta a la cabeza y le hice caso. Tras un largo proceso de selección y una vez que obtuve las acreditaciones correspondientes, Joaquín pasó de ser mi gestor a mi compañero y ahora soy yo quien ayuda a mis propios clientes a que puedan conseguir sus objetivos«.
Desde pequeño, Alberto Silva ha tenido la inquietud de aprender distintos idiomas y tener un conocimiento más profundo sobre la cultura de distintos países. «Así que cuando entré en la carrera de Derecho pensé que conjugando los idiomas con la formación jurídica, podría entrar en el cuerpo diplomático y vivir así en distintas partes del mundo. La vida es caprichosa y aunque el cuerpo diplomático quedó en un sueño, sí que estuve una temporada viviendo en el Reino Unido. Vivir en el extranjero me hizo apreciar mucho más mi tierra y me sirvió para darme cuenta de que mientras pudiese, mi sitio estaba en Huelva».
Su gran afición es el esgrima. «Llevo haciendo esgrima desde que tenía 11 años y aunque ya no la practico tanto como antes, sigo muy vinculado al Club de Esgrima Huelva. Para mí son parte de mi familia y es un sitio en el que, por mucho tiempo que lleve sin ir, me siento como en casa».
Además de eso le encanta cualquier actividad que me permita estar en contacto con la naturaleza. «La que más practico con diferencia es la pesca desde costa, pero me gusta mucho conocer en moto rincones perdidos de la provincia, pasar la noche con los amigos en mitad del monte o simplemente ver el amanecer en una de nuestras playas. Son momentos de desconexión en los que me olvido de todos los problemas del día a día».
A todos los nominados a Buena Gente de Huelva les preguntamos por sus personas clave, aquellas que han influido en sus respectivos devenidos. Alberto responde que «a pesar de que siempre es injusto no mencionar a todos, tengo que citar a mi ‘Maestro’ Juan Artero y a Ana Dovao, del Club de Esgrima Huelva, que siempre han estado ahí aconsejándome, apoyando mis decisiones y siendo partícipes de todos los episodios de mi vida desde mi niñez hasta hoy como si fuera un miembro más de su familia.
Otra de esas personas es Alejandro Ruiz, quien fuera profesor de Historia, Geografía y Ciencia Sociales en el IES San Sebastián. Alejandro fue el tutor de nuestra clase durante muchos cursos y toda una generación nos impregnamos de sus valores y su vasta cultura. A muchos adolescentes nos dio las herramientas para que nos desenvolviésemos mejor en el mundo de los adultos.
Y no puedo dejar de mencionar a mi abuela materna, mi abuela Pepa, quien me crió junto con mis padres. Lleva 90 años siendo la piedra angular de la familia y derrochando ternura, comprensión y alegría con un sentido del humor intacto«.
Alberto está convencido de que «la felicidad está al alcance de la mano practicamente a diario. Muchas veces pasa desapercibida porque se viste de gestos sencillos y cotidianos. En la mayoría de los casos son momentos efímeros. Un gesto de cariño, una buena conversación, el reencuentro con un ser querido… o echar una caña con los amigos sin haberlo planeado. Pero precisamente esa cotidianeidad, nos permite disfrutarla al menos un ratito cada día. Cada vez valoro más esos ratos. Debo de estar haciéndome viejo«.
Silva se emociona con facilidad. «Me emocionan multitud de cosas, de mi padre he heredado ser de lágrima fácil. Me emociona el arte y si encuentro belleza, verdad y sensibilidad no puedo evitar emocionarme, especialmente el teatro y la música. Tengo debilidad por aquellas manifestaciones musicales o culturales que identifican a los pueblos. Sobre todo cuando el pueblo se hace uno y canta o danza al unísono. En Huelva esto ocurre de forma espontánea, por eso soy un enamorado de las tradiciones de nuestra provincia. Me emociono cuando comparten conmigo una buenas noticia, celebrar la amistad y un fandango del Alosno«.
Considera que «ser buena gente es irse a la cama con la conciencia tranquila de que voluntariamenteno le has hecho mal a nadie. Empatizar con el de enfrente e intentar hacer de tu círculo un lugar un poquito mejor cada día. Esa persona a la que te encuentras por la calle y te da alegría verla.
Conoce a muchos buena gente. Los ya mencionados Juan y Ana del CEH o mi amigo David Muñoz Balbuena, que no se puede ser ya más buena gente. Con ellos y muchos otros me pasa eso, que si de casualidad los encuentro me alegran el día«.
Si tuviera la capacidad de cambiar las cosas en la sociedad lo primero que haría Alberto Silva sería, «aunque sea una utopía muy manida, acabar con la violencia y el drama que actualmente se vive en Palestina, Ucrania y enotras muchas zonas del mundo que gozan de menos relevancia en los medios de comunicación. Desde mi punto de vista, cuando se producen estos hechos, no solo ha fallado la diplomacia o el derecho internacional, sino que hemos fallado el conjunto de la humanidad».
De Huelva «cambiaría esa falta de inquietud por conocer nuestro patrimonio artístico y cultural, que creo es la principal causa de ese complejo de inferioridad que tenemos tan arraigado en el subconsciente colectivo«.
A Alberto Silva le ilusiona formar una familia y que la vida le trate «al menos tan bien como lo ha hecho hasta ahora. Pero en ese afán por estar en contacto con el mar y la naturaleza, en el corto plazo me hace especial ilusión aprender a navegar a vela«.
Muchas gracias y enhorabuena, Alberto.
Reportaje fotográfico: Edith-HBN.
Los premios Buena Gente de Huelva están instituidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Pretenden resaltar los valores de las buenas personas estableciendo una plataforma para la elección popular de ciudadanos y ciudadanas que sirvan de ejemplo, de modelo, a los demás.
Premios Buena Gente Huelva. Anabel Martín Cruz.











