RFB. Franca pero amable, solícita y cariñosa, Ana María Báñez Rivera está nominada a los Premios Buena Gente de Huelva, en su VII Edición. Muy arraigada en su patria chica sanjuanera, en esta mujer se vislumbra una combinación feliz de experiencias que ella ha aprovechado para avanzar, para que aquella buena chica que fue reina de las Fiestas de San Juan Bautista hace cincuenta años haya llegado a este 2025 plena de sabiduría, de inteligencia emocional e impregnada de la empatía que su buena condición alimenta cada día, cual muestra en su fructífera relación con los demás.
Pero en el camino ha dejado, también felizmente, un reguero de amor compartido en pequeñas y grandes cosas. Doña María, la matrona que en San Juan le abrió a la luz, estaba dando el pistoletazo de salida entonces a una vida especial. Una trayectoria nada anodina, donde conceptos como la generosidad han dejado nítida la percepción común de su buena condición personal.
La imagen más antigua que atesora corresponde a cuando «nacieron mis hermanas mellizas. Tenía yo dos años, estaba en la cuna porque tenía fiebre y vi como mi madre se quejaba de un dolorcito y empezó a entrar mucha gente en la habitación y yo dejé de ver a mi madre, la tapaban y una tía mía se vino a la cuna a consolarme y me dijo que estuviera pendiente del balcón que venía la cigüeña a traer a mis hermanitas. Es una imagen que no se me olvida».
Su padre era carnicero y su madre le ayudaba en un supermercado, que también tenían, siendo además ama de casa. Destaca que eran personas muy cristianas y comprometidas socialmente. Su padre murió de pronto y muy joven cuando era presidente del club de futbol de San Juan. «Y mi madre, uf, mi madre era de todo, comprometida al máximo con su parroquia, con su hermandad, con su pueblo, con su familia, con sus vecinos, con los enfermos, …. Ella nos transmitió la fe y el valor de la oración. Somos tres hermanas, pero mi madre tuvo tres partos más que murieron a los pocos días de nacer, con el último se descubrió que era por el rh negativo, mis padres con esto lo pasaron muy mal«.
En su pueblo, San Juan del Puerto, fue una niña muy feliz. Recuerda que «en verano jugábamos en la Plaza de la Iglesia, que está casi frente a mi casa, hasta altas horas de la noche, mientras mis padres y vecinos estaban sentados en las puertas, al fresco, de charlas y tertulias o leyendo. Mi padre era un gran lector. Me encantaban esas noches de verano donde las plazas estaban llenas de niños jugando a saltar, al escoger, al elástico, a las cuatro esquinitas… algo que ya no se ve«.
Una niña alegre y naturalmente inquieta, que se fue haciendo adolescente con iniciativa social. Entró Ana Báñez a formar parte de varias organizaciones sociales a lo largo de los años, como la asociación juvenil del “club junior”. Se comprometió en su parroquia con Caritas, con las catequesis. Así, fue durante muchos años catequista de confirmación, después catequista de jóvenes hasta formalizar el grupo Scout católicos “Ain Karem” de San Juan del Puerto. Formó parte también en el coro parroquial, en el que sigue actualmente.
Ana estuvo en el grupo de voluntarios que durante más de 11 años montába una tómbola para recaudar fondos para la asociación de cáncer de mama Santa Águeda de Huelva. De ahí surgió la asociación Puerto de Esperanza, de la que es presidenta desde el 2012.
A nivel educacional, nuestra protagonista entró con 8 o 9 años interna en el Santo Angel de la Guarda en calle Puerto capitalina, donde estaban sus primas mayores y donde entraron luego sus primas más pequeñas. Ana Báñez Estuvo interna hasta que salió para el instituto Diego de Guzmán y Quesada -el Femenino- y el IES la Rábida. Hizo COU y selectividad y entró en Económicas en la Rábida, por la UNED. Más tarde, ingresó en la Universidad de Huelva en Relaciones Laborales, cuando aún se estudiaba en Cantero Cuadrado.
Su constrastada inquietud explica que, en 1983, le propusieran la política como una forma de compromiso social más público. Profesionalmente es asesora fiscal y laboral, tiene una gestoría. Los números es lo que más le ha gustado siempre. «la contabilidad me apasiona, me encanta el tema fiscal, aunque actualmente, la verdad, que cada vez menos«. Pero ese otro desempeño, no profesional, el de servicio desde la política, reconoce que le apasiona.
Amante de su pueblo, Ana Báñez admite que echa de menos «ese andar por las calles y pararte continuamente para comentar el día a día. Ya no se sienta casi nadie en las puertas en verano«. Le apena que hubo unos años en los que se tiraron muchas casas antiguas para hacer bloques de pisos, dejando algunas calles sin esa estética de pueblo tan característica.
Su sentimiento familiar tan arraigado y su esquema esencial de valores se nutre de esa herencia inmaterial dejada por sus padres. Nos cuenta que su padre era «una persona muy muy generosa. No tenía nada suyo, derrochaba simpatía, amabilidad y de puertas abiertas. Hasta el punto de que, con nosotros en casa, pasó por ella más de un niño o niña de familias de San Juan. Por distintas circunstancias no los podían tener en casa y vivieron con nosotros, a los que mis padres trataban como hijos propios«.
Ilustra Ana Báñez esta afirmación con un ejemplo concreto. «Una vez apareció por el pueblo un niño de 13 o 14 años, Vicente, que se había escapado de su casa. Era de Alicante, y le pidió a mi padre comer y dormir en casa esa noche a cambio de hacerles algún trabajo. Mi padre le dijo que sí. Sin que lo supiese, llamo al cuartel de la guardia civil, conto el tema y estos pusieron a mi padre en contacto con los padres de Vicente, que angustiados habían denunciado su desaparición. Se había ido de casa enfadado con ellos.
Entonces mi padre se puso de acuerso con ellos, y para que hubiese un aprendizaje decidieron que se quedara en casa un tiempo y mi padre lo pusiera a trabajar. Cuando al cabo de 5 o 6 meses los padres vinieron a por él, Vicente se fue llorando. Mis padres lo habían tratado como a un hijo. Mas tarde, cuando se hizo mayor, vino con su mujer a verlos a San Juan«.
«Una enseñanza fundamental -prosigue- que aprendí de mis padres y que mi madre no dejó nunca de decirnos, a mis hermanas y a mí, era que nos quisiéramos mucho siempre, que la familia fuera lo primero en nuestras vidas, que nunca nada nos separara«.
Ana nos explica, así mismo, que su madre estaba muy comprometida con sus vecinos y sobre todo con su parroquia. «A mi madre -añade- le hubiera gustado ser médico y valía para ello. Pero nació en 1930, época mala para que una mujer estudiara fuera de casa. Pero ella aprendió a poner inyecciones, a poner los sueros, a abrir los agujeros en las orejas a los bebes, a curar heridas, etc, cuando no había centros de salud y sólo había un médico de cabecera que no daba abasto. Ella estaba para todo, la buscaban todos los vecinos cuando tenían algún enfermo en casa«.
Una de las personas que influyó en su vida de forma destacada fue su profesor de religión, Francisco Girón. «Marcó en mi vida un antes y un después, sobre todo en mi forma de conocer a Dios en mi vida y en mi compromiso personal con el mundo que me rodea«.
Pero sobre todo, nos dice que «hay una persona que entró un buen día en mi vida, siendo ambos unos niños, que me ha enseñado mucho. Me ha enseñado amar sin pedir nada a cambio, me ha enseñado a tener paciencia, respeto, compromiso y todo desde el silencio, la esperanza, la prudencia y el amor más incondicional. Esa persona es mi marido, Alonso«.
Disfruta con su familia, en particular con sus nietos, su gran ‘afición’ actual. Y le gusta leer, y guardar documentos, libros, periódicos, revistas antiguas. Tiene periódicos de la república, revistas de modas de finales del 18, del 19 o libros y novelas de esos años y otros objetos.
Ana Báñez se siente muy feliz. Se siente realizada, «mi vida está llena -afirma-. Esto se consigue con el tiempo y navegando agarrada fuerte a un timón que nunca te falla.Tengo a Dios como centro de mi vida, con los altibajos y debilidades que un hombre puede tener en la vida, pero ahí intento tenerlo siempre junto a mí.
Tengo un marido maravilloso, que ha sabido sobre llevar con paciencia, el tener una mujer tan inquieta como yo. Tengo unos hijos, Alonso, Jesús y Ana Dolores, que son maravillosos, a los que parí y otros hijos que acogí como míos, Gadhi y mi Celenia. Los amo, y a mi ahijada Maycel. Tengo tres nueras, Mª José, Alicia y Lala, que son muy especiales y familiares, a mis hermanas que son mi apoyo incondicional. Y ya la locura más grande, mis nietos.
Adoro a mi gran familia y me siento muy orgullosa de cada uno de ellos«.
Se considera una persona muy emotiva, «lloro con un anuncio. Me emociona tanto la alegría de quien me rodean como la tristeza de quien lo pasa mal. Hoy día, me emociona una sonrisa de mis nietos, me emociona cuando les escucho decirme abuela, me emocionan sus risas,….
Me emociona recordar a mis padres o a algún familiar que se ha ido recientemente, mi prima, y con quien compartí muchos momentos de sus últimos días. Estar con mi grupo de lectura creyente y compartir con ellos nuestras vivencias de fe y de vida me emociona.
Me emociona ver la cara de San Juan Bautista, mi devoción; ver la cara de la Virgen del Rocío, la misma que vieron mis mayores, mi padre era de Almonte o la cara de nuestra Virgen de los Dolores, a la que mi madre vistió y rezo toda su vida«.
Considera Ana Báñez que hay mucha buena gente, y que ha conocido a muchas. Gente que son simplemente personas, sin tener maldad, que quieren a los otros sin doblez. «Gente reconocida hay mucha que admiro. Pero prefiero quedarme con las anónimas que entregan su vida por los demás y no salen en ningún periódico y algunos los tenemos cercanos, en nuestro entorno, gracias a ellos la vida es mejor. Nombres como Alonso, Juan, Isabel, Esperanza, Juana Mari, Rosario, María José, Fátima, Loli, Carmen, Vanesa, Leo, Patricia o Inma… son nombres de personas, personas buenas, que hacen que la vida de los que lo rodean sea más fácil«.
De nuestra sociedad Ana Báñez cambiaría la crispación, «estamos creando una sociedad enfadada, crispada porque no tenemos capacidad de analizar, de respetar. Se han perdido muchos valores tan necesarios para vivir en paz.
Tenemos que ser capaces de transmitir valores, respeto, aceptar las discrepancias ideológicas o religiosas. En definitiva, el creer en la democracia, en la libertad con el respeto al otro, y todo eso lo cambia el amor. Amar sin condición, tenemos que ser capaces de decir más ‘te quiero’. Es muy importante sentirnos amados y respetados«.
En Huelva en particular, nuestra nominada a Buena Gente de Huelva echa en falta «que nos lo creamos. El creer que somos iguales de importantes que otras ciudades. Que tenemos los mismos derechos a tener infraestructuras y condiciones de vida igual a ciudades más grandes. A creernos las capacidades que tiene nuestra provincia, a ver lo rica que es en cultura, en industria, en agricultura, en minería, en tradiciones, en arte, gastronomía, … . Tenemos de todo, sierra, grutas, sol, playas, parques naturales, un rio tinto único en el mundo, …
Huelva se lo tiene que creer y así seremos capaz de conseguir lo que nos propongamos, pero importante, todos juntos«.
A Ana le ilusiona y da esperanza para un futuro «el saber que la gran mayoría de la juventud son personas buenas, que hay una juventud preparada, responsable. Aunque el mundo que le estamos dejando no es de lo más alentador».
Le ilusiona ver crecer a sus nietos y poder «hablarles de Jesús. Me ilusiona ver cómo, mis hermanas y yo, hemos transmitidos a nuestros hijos las ganas de estar juntos, de organizar momentos para pasar juntos hermanos, primos y todos sus niños y que siempre tengan ganas de que los mayores también vayamos a sus movidas. Nos lo pasamos genial juntos.
Por lo que mas rezo es por la paz del mundo, siempre he escuchado a mi madre terminar sus oraciones pidiendo por la paz del mundo, y yo rezo a Dios por esa paz, desde nuestros hogares a la paz del mundo«.
Muchas gracias y enhorabuena, Ana.
Reportaje fotográfico: Edith-HBN.
Los premios Buena Gente de Huelva están instituidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Pretenden resaltar los valores de las buenas personas estableciendo una plataforma para la elección popular de ciudadanos y ciudadanas que sirvan de ejemplo, de modelo, a los demás.
Premios Buena Gente Huelva. Ana Báñez Rivera.











