Manuel J. Rodríguez Redondo. Entre los diversos planos de la villa de Huelva que definen sus perfiles urbanos hasta el último cuarto del siglo XIX, sobresale el realizado por Francisco de Coello, que nos muestra con fidelidad la pequeña población que era aquella Huelva que se circunscribía a los espacios entre las marismas inundables de la ría y los cabezos: de la Merced a San Francisco y del muelle de la Calzada a San Sebastián.
El impacto que supuso en la ciudad la puesta en marcha de la actividad que trajo el Puerto y la Compañía de Riotinto, y la llegada de una élite burguesa de técnicos nacionales y empresarios extranjeros -fundamentalmente británicos-, propició una importante transformación en la estructura social y económica de Huelva, que se tradujo en un aumento de la población, con sucesivas oleadas de población de la provincia, y una expansión urbana sin planificación.
Este tiempo nos trae, además, la implantación del ferrocarril, primero con una red de líneas que permitieron conectar las minas con el puerto, como la línea de El Buitrón (1870), la de Tharsis (1871) o la de Riotinto (1875), y poco después los ferrocarriles convencionales a Sevilla (1880) y a Zafra en (1886). Estas líneas férreas y sus muros constriñeron el crecimiento urbano de la ciudad, ya de por sí limitada por los cabezos, y las posibilidades de crecimiento urbano se circunscribieron a las salidas naturales de la ciudad: la carretera de Sevilla y la carretera de Gibraleón.
El primer eje de crecimiento vio primero la llegada del Hotel Colón (1881), el velódromo -como espacio de práctica deportiva- y la construcción de una serie de chalés burgueses en la antigua alameda, nombrada en este tiempo como Sundheim.
Pero fue la construcción de un nuevo Matadero (1896), el que ocasionó la implantación del alcantarillado municipal y la paulatina construcción de viviendas desde el Punto hasta dicho edificio, en una finca perteneciente a los alemanes Wetzig y Weidiert, naciendo a partir de 19057 el Barrio del Matadero. Aun así, lo que más nos interesa en estas líneas, es el desarrollo urbano de la otra salida natural de la ciudad: el antiguo camino de Gibraleón. Sabemos por un plano de 19008 (Fig. 2) que en ese año solo se había construido un primer grupo de casas detrás del Convento de la Merced, pero nada más existía a lo largo del camino, que un tiempo fue vía romana9, y que Huelva con Gibraleón.

A
unque se van construyendo algunas viviendas vinculadas a actividades agrarias o industriales, el desarrollo urbano no se produce hasta un tiempo posterior a la construcción de los dos hitos que enmarcarán el nuevo barrio: la Plaza de Toros de la Merced (1902) -y tras ella la Fábrica de Gas y Luz (hacia 1910)- y la Fábrica de Harinas “Santa Lucia” (1917), (Figs. 3, 4 y 5) y que se van incorporando al trazado urbano entorno a la nombrada a finales del siglo XIX como Alameda Mathenson -actual avenida Cristóbal Colón-, en honor del inglés Hugh Matheson, presidente de la compañía Riotinto, que tanto influyera en el cambio social y económico de nuestra ciudad en aquel momento.
No es hasta 1918 cuando se registra por primera vez documentalmente en el callejero onubense -que nosotros tengamos constancia- las “casas de las Colonias”, en torno a tres calles que se van conformando sin planeamiento y sin saneamiento. Esas calles de las que tenemos constancia nombradas Alameda Matheson, Eduardo Benot, Blasco Ibáñez, Ramón y Cajal y Pérez Galdós, (Fig. 6) que aperen en el callejero de la Guía de Huelva de 1918. Tampoco tenemos constancia del origen y significado del término, más allá de las teorías del acervo popular, que no hemos podido confirmar en las fuentes consultadas. Una de ellas, cargada de gracejo, decía que “estas casas estaban tan alejadas del centro de la ciudad que parecía que viviesen en las colonias”, en referencia a las posesiones de ultramar.
En este contexto, la aprobación de la Ley de Casas Baratas de 1921 y la creación del Banco de Ahorro y Construcción en 1922, propició que, en Huelva, se promoviera la edificación de “un barrio obrero de casas baratas”, en los terrenos que eran propiedad de don Manuel Jiménez Jerez. Esta finca ocupaba el espacio comprendido entre la Alameda Matheson -en cuyo lado izquierdo se encontraba la vía del tren de Zafra y la marisma- y el Cabezo del Conquero, y desde la Plaza de Toros y la Fábrica de Luz y Gas hasta la Fábrica de Harinas. En el extremo norte quedaba delimitado por la cuesta que llevaba hasta el Chorrito.

El proyecto de parcelación que puede considerarse como elemento fundacional del barrio, fue realizado por el arquitecto José María Pérez Carasa en 192514, cuya documentación se encuentra en el Archivo Municipal, donde se ordenan las viviendas existentes y se proyectan nuevas manzanas entre nuevas calles (Fig. 7).
Y es en esta documentación donde llama la atención el nombre oficial con el que se nombra el nuevo barrio, que no es otro que el de Nuestra Señora de la Cinta. Sin duda, el motivo de tal designación se debe a la presencia de la Virgen de la Cinta, que recorría este camino para su bajada a la ciudad y su vuelta a su Santuario.
Los nombres de las nuevas calles se designan en el proyecto con letras, y no sería hasta 1939 tras el final de la contienda civil, cuando son nombradas o renombradas. Así consta en el acta de la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Huelva de 3 de noviembre de 1939 (Fig. 8), donde se aprueba nombrar las “Calles de Barriada de la Cinta”, del siguiente modo: Calle A como Navarra, Calle B como Teruel, Calle C como Belchite, Calle D como Alcázar de Toledo, Calle E como Oviedo, y Calle F como Zaragoza.
En el mismo acta se recoge el cambio de denominación de la hasta entonces Alameda Matheson por Avenida Cristóbal Colón, la dedicada al senador liberal Eduardo Benot por Calle Juan Mateo Jiménez y la del escritor Blasco Ibáñez por Calle José María Pereda (Fig. 9).
Con el tiempo, el barrio incorporaría nuevas calles como las llamadas Badajoz y Lepe, y se convertiría en uno de los enclaves con más solera de nuestra ciudad, especialmente en los años cincuenta (Fig. 10), y a pesar de ser oficialmente nombrada como Barrida de la Cinta, siempre fue conocido a nivel popular como barrio de las Colonias, nombre que desplazó al de la Patrona en el plano administrativo, sin que dicho extremo implicara menoscabo de la devoción y el fervor con que recibe a la Virgen de la Cinta cada 8 de septiembre, cuando recorre el barrio camino del Santuario.














