RFB. La verdad es que, hace siete años, cuando iniciamos esta bonita historia de los premios Buena Gente de Huelva, no podíamos siquiera imaginar que un señor llamado Jasper Lockefeer sería uno de los señalados como modelo de buena condición, como nominado en este emotivo homenaje a las buenas personas. No por nada, si no porque en la imaginación circulaban perfiles más convencionales, aparentemente más autóctonos. Gran error el nuestro por varias razones. Y una de ellas es que Jasper, Gaspar de Pirineos para abajo, es más de Huelva que el choco, como el mismo proclama con sincera convinción.
Apartándonos un momento de lo que verdaderamente nos importa, la cuestión de buena gente, la primera vez que uno ve a Gaspar de Holanda en un escenario tiene que frotarse un poco los ojos. Escuchando ese toque de guitarra flamenca excepcional es inevitable preguntarse, sorprendido, que como puede ser que el que la toca tenga esa planta de guiri radical. Natural, es holandes de cuna. Pero su nivel de integración es tan rotundo que si le quitásemos el envoltorio se percibiría más de aquí que muchos de nosotros, en lo personal y en lo artístico.
Además, su aspecto tan singular como lugareño va acompañado de una simpatía desbordante, de un positivismo en su sonrisa verdaderamente de agradecer. Sureño por los cuatro costados, pero de los buena gente ‘pata negra’. Está, como decimos, nominado a los Premios Buena Gente de Huelva, en su VII Edición.
Gaspar de Holanda es feliz en Huelva, junto a una querida y conocida familia onubense del mundo del flamenco, que le adora. Nació en la ciudad holandesa de Nimega, pero sus primeros recuerdos se sitúan en Utrech, donde pasó su juventud. Y aunque de estudiante ya fue aproximándose a nuestra cultura, dado que vivía en una zona, del centro de la ciudad, en la que habitaban muchos andaluces, griegos y turcos, él tampoco podría imaginar que recalaría en Huelva para aficarse aquí, formar con Virginia una familia con hijos, y vivir para siempre a más de dos mil kilómetros de distancia de aquel habitat original.
Algo habría en sus genes o en sus vidas anteriores para que, como punto de partida, hiciese mucha amistad con españoles de allí, relacionándose con una gran escuela de flamenco, una sede del Instituto Cervantes, y varios restaurantes españoles con un gran ambiente flamenco, como nos cuenta.
La música se le impregna en su entorno familiar de origen. Afortunadamente no tenia ‘escapatoria’. Su abuelo era profesor de música y director de coros; su padre tenía un club de Jazz; y su madre y hermanas tocaban el piano. Con la guitarra de su madre, precisamente, empezó a dar clases desde muy joven en la Escuela de Música municipal. Un ámbito el musical, con muchos amigos, que ha vivido desde siempre. También practicó futbol y atletismo.
Lo que nos va contando nos induce a pensar que su familia holandesa era muy ‘andaluza’. Puertas abiertas, trasiego de visitas, amistad, e intensa vida familiar y social. Algo que traía Gaspar de serie para Huelva y que aquí, en su entorno hispano, ha desarrollado a placer.
A esta dinámica social se unía el legado de sus padres en materia de valores. La educación, el compromiso con el prójimo y la predisposición a ayudar han hecho de Gaspar un buena gente de libro.
Aquellas amistades andaluzas que cosechó de joven en Holanda le centraron en el flamenco, aprendiendo a acompañar al cante y al baile, y terminando por venir a Andalucía para seguir estudiando y curtirse tocando en tablaos y peñas flamencas. «Estas amistades me han marcado muchísimo» -afirma sin reservas-.
Estudió guitarra clásica y también eléctrica en varias Escuelas de Música. En el Conservatorio Superior de Rotterdam se inclinó por la guitarra flamenca, disfrutando de master class con grandes maestros como Tomatito o Gerardo Núñez. Creativo y activo, ha sido docente en Escuelas Municipales de música en su país, en el Centro Flamenco Puro de Utrech y en el Superior de Danza y Música de Arnhem.
Nos relata Gaspar que «organizaba giras por los teatros holandeses invitando a artistas andaluces como, por ejemplo, a Rafael de Utrera, que es hoy en día uno de los grandes cantaores (y que seguimos siendo muy amigos y trabajamos juntos de vez en cuando). En una de esas giras conocí a mi mujer, Virginia Gómez, y decidó seguir mi vida con ella en su Huelva natal, hace 26 años«.
Su conexión con Huelva es total. Seguidor del Recreativo y atraido por algo tan propio de aquí como la arqueología. Aficionado al arte y a viajar, su trabajo le da juego en este sentido, lo que le hace sentirse afortunado. Enamorado de nuestra -ya suya- luz, y de la gente de Huelva, algo que se produce con reciprocidad abrumadora.
Se emociona Gaspar de Holanda con los fandangos de Huelva y «la valentía de sus cantaores«. Escribe letras de fandangos precisamente. Bebe y disfruta de las costumbres onubenses. El Rocío, sus caminos… y la Semana Santa aunque no se declara muy cofrade.
Como modelos de buena gente, además de a sus padres, señala a sus suegros, Juan José y Victoria. Ha sido testigo de sus acciones. Por ejemplo, sus atenciones con los niños de la Ciudad de los Niños o Aspapronias durante los veranos en su negocio de la playa de Punta.
Precisamente nos vimos allí, en el Chiringuito El Loro, un impecable establecimiento a pie de playa. Nos mostró una de sus guitarras preferidas que, sorpresa, está fabricada por un lutier de Punta Umbría. Una preciosa guitarra realizada por Miguel Franco. En nuestra ignorancia desconocíamos que había en Punta un fabricante de guitarras y, teniendo en cuenta que le trabaja a un profesional como Gaspar -y suponemos que a muchos otros- ello dice mucho de su nivel.
Como expresamos nuestra sorpresa nos habla que tiene otra guitarra de un lutier de San Juan del Puerto, Antonio Cruzado. Después también cuenta con ejemplares de Paco Rey, de El Puerto de Santa María. Son sus lutiers de confianza.
A sus hijos, Paula (22) y Victor (17) les gusta, más que la guitarra, cantar. Pero en inglés. «Son rockeros los dos» -advierte Gaspar a nuestra pregunta-. «Cantan muy bien«, manifiesta con natural y seguro que justificado orgullo. Desde luego con esas dos ramas de ascendientes, los músicos de Holanda y los flamencos de Huelva, pensamos que parecía inevitable. Son rockeros pero si tienen que cantar alguna cosita más próxima a lo de los papás también se estiran.
Gaspar de Holanda, preguntado por si pudiese cambiar algo en la sociedad, nos dice que «la digitalizaría menos, e invertiría mucho más tiempo en la enseñanza a la Educación, los Modales y la Convivencia. Con la Educación empieza todo, creo que hay que dedicarle más horas en los colegios e institutos«.
Sobre Huelva considera que «se vive genial, y cada vez es una ciudad más cómoda y moderna. Bajo mi humilde opinión se están haciendo las cosas bien. Lo que habría que mejorar es tener una línea de Alta Velocidad y mejorar las carreteras, que tienen un firme muy triste«.
Culminamos la charla conociendo las ilusiones de Gaspar, que cuenta que «son y serán siempre crecer como persona y como músico y, sobre todo, ver que mis dos hijos sean buenas personas y triunfen en su vida personal y profesional. Y poder disfrutar muchos años más de mi familia holandesa y onubense. ¡Son grandes personas que me han empujado al buen camino!»
Gaspar de Holanda. Reportaje fotográfico: Edith-HBN.
Los premios Buena Gente de Huelva están instituidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Pretenden resaltar los valores de las buenas personas estableciendo una plataforma para la elección popular de ciudadanos y ciudadanas que sirvan de ejemplo, de modelo, a los demás.
La gala de entrega se celebrará el próximo 24 de septiembre en el Gran Teatro de Huelva, donde todos los nominados serán homenajeados. Será una noche cargada de emoción e historias inspiradoras, en la que la provincia volverá a celebrar lo mejor de sí misma: su gente.
Premios Buena Gente de Huelva 2025.














