RFB. La grandeza de la sonrisa sencilla, esa que dibujaba su padre, Julián, tras la que se encontraban valores profundos, esenciales, como el servicio a los demás, la serenidad, la tranquilidad, la bondad natural trasladada a la acción y la cercanía. Fuentes de las que ha bebido Antonia Gamón Hinestrosa, nominada a la VII Edición de los Premios Buena Gente de Huelva, en una infancia feliz, libre, creativa, luminosa, de intensidad social, e imaginativa.
Una mujer independiente que vive tal naturaleza, paradójicamente, pendiente de los demás. Tenía claro que quería ser madre, preferentemente soltera, en ese marco de autonomía deseada y vivida con determinación. Luego el devenir le regaló la llegada inesperada de Ricardo y cumplió ese sueño, acompañada por él, alumbrando a Daniela. Pero ese instinto y vocación maternal -y solidaria- le ha dado para ir más lejos. Hoy es madre también en Acogimiento Familiar de Urgencia y Temporal. Y por eso tiene a un pequeño de un año, desde que nació, un precioso niño -al que hemos tenido la suerte de conocer durante la entrevista- que ha encontrado en la familia de Antonia un hogar para aspirar a lo que todos nos merecemos, ser felices. Es presidenta de una asociación de familias que desarrolla esta encomiable labor.
De jovencita quería cambiar el mundo. El tiempo la situó en una posición más terrenal y, como nos dice, centrada en cambiar su ‘metro cuadrado’, en actuar en lo que tiene al alcance de la mano, que no es poco.
Sus primeros ocho años los vivió en la calle La Carcel de Moguer, haciendo calle y vida de niños de las de antes. Confianza, seguridad, mucho aire libre, diversión no necesariamente material, compañerismo, muñecas, tirachinas, teje y tantos elementos de recreo para desfogar una energía que aún permanece en Antonia, aunque transformada por el tiempo y la madurez.
Nuestra protagonista también heredó, con el orgullo de hija admiradora de su madre, de ella un caracter fuerte, enérgico, dinámico, alegre, divertido, predispuesto a la ayuda a los demás. Siempre adelante, siempre ‘combatiendo’, siempre con una sonrisa.
Criada en una casa abierta y todos a compartir. Los de dentro y con los de fuera. Su niñez le marcó felizmente, y también su adolescencia en la calle Cristóbal Colón, a donde se fueron a vivir al fallecer su abuela materna, y donde tenían el negocio familiar de distribución de bebidas. Allí, la mamá de Antonia, Ani, añadió a su orgullosa tarea anterior de ama de casa la de co-gestora, así mismo, de ese negocio familiar.
No se atreve a nombrar a ninguno de su infinitud de amigas y amigos de aquella infancia y juventud de calle, de tantos y tantas que se le vienen a la cabeza. Esa visión de un escenario feliz que le aportan los recuerdos a Antonia Gamón se corrobora con la idea, que expresa, de que «cuando eres chica no eres consciente de tantas cosas que ahora, pasado el tiempo, valoras muchísimo. Hoy reconozco la maravilla de padre que tuve, a disposición del pueblo y para el pueblo, pero sin olvidar nunca a su familia. Disfrutaba con nosotros muchísimo. Era atentísimo con su familia, y tan besucón«.
«Yo le decía un poco saturada -añade- ¡papá… ¿otro beso?! y el me respondía ‘tu dámelo, que los besos y las sonrisas nunca se deben acabar’«. Lo lleva en el corazón, como a su madre, y tiene el privilegio de vivir en una calle rotulada con su nombre y en su honor, alcalde Julian Gamón. Pensamos que muy poca gente tiene que haber en el mundo que puedan experimentar la satisfacción y el orgullo de vivir en una calle con el nombre de su padre.
Antonia estudió un grado profesional en peluquería. Y montó un salon pequeñito donde empezó a crecer en ese plano. Le habían apoyado especialmente su padre, que pagó la fianza del alquiler; la mujer de su abuelo, que tras jubilarse le cedió el mobiliario de peluquería; y su hermana Ana, que le ayudó físicamente a montarla. Nos dice la nominada a los premios Buena Gente de Huelva que se siente muy satisfecha, tras sucesivos escalones de progresión iniciada en aquella pequeña peluquería, pero que sigue aprendiendo, formándose, y sintiéndose hoy, junto a su compañera Salud, en un momento profesional ideal.
Ilusión intacta en lo profesional, muy contenta en Moguer y sin necesidad ninguna de ‘dar el salto’ a una urbe más grande. Y agradecimiento inmenso en lo personal por sentirse rodeada de buenas gentes y haber contado con tantas personas que han influido e influyen positivamente en su vida. De su hija Daniela, a la que califica de maravillosa, manifiesta su orgullo y agradecimiento por haberle hecho la vida muy fácil.
Personas clave para ella son sus hermanos, Ana, Vane y Sergio, y su respectivo y respectivas conyuges, que siempre están ahí, adelantándose incluso a lo que pueda necesitar. Sus amigas Conchi, Marivi y Salud, y tantas otras. Es, en jerga del acogimiento -nos dice- «una red de apoyo muy grande«.
A Antonia Gamón le gusta la gente sencilla, cercana y transparente. Es aficionada a la costura, la lectura y la cocina. Y disfruta especialmente escuchando el silencio.
Para ella ser feliz es una circunstancia y una actitud. «Me considero muy feliz. Ninguno podemos decir que tenemos una vida completamente perfecta. Y aunque hay quien padece una vida muy dura, la mayoría de la gente goza de más elementos para ser feliz que lo contrario«. Su marco de felicidad, desde la pandemia, incorpora esa labor de acogimiento para la que hay que sacar lo mejor de uno mismo. Ha dado ya amor de esta forma a cuatro niños contando con el actual. La crudeza de sus historias y las dificultades que experimentan los pequeños y pequeñas de primera hora se mezclan con el inmenso abrazo que las familias de acogida les regalan en cada día a día esperanzador.
A su hija Daniela le dice que cada mañana hay que levantarse con la actitud de lo positivo. Admite que «la vida es una autopista de muchos carriles. Hay carriles por los que deseo pasar todos los días. Hay carriles por donde no volvería a pasar de manera libre, y hay carriles por los que intento pasar poco. Y, además, en esas rutas también existen diversas velocidades«.
Se considera muy feliz y afortunada, con orgullo de los padres que tuvo, a los que lleva siempre en su corazón. Entiende que «se puede ser feliz dando gracias por lo que tenemos y no centrarnos en lo que no tenemos«. Le emocionan muchas cosas -confiesa-, es llorona, de lágrima fácil. «Me emociona la gente que es capaz de ayudar a los demás, me emociona la gente mayor acariciándole la cara una a la otra, me emociona un niño que empieza a andar, me emocionan veinte mil cosas… Me emocionan hasta los olores, que pueden hacer que me salte una lágrima«.
Ser buena gente para ella es «pensar en los otros antes que en uno mismo, regalar el tiempo a los demás, pero no el que te sobra«. Además de los miembros de su familia y tantos amigos, una personificación de la buena gente se encuentra para Antonia en su tata Paqui. Era sencilla, humilde, educada, especial y maravillosa, muy buena gente. «La tata Paqui tenía una discapacidad de la que nunca se quejaba, siempre adelante, sonriendo y disfrutando de la vida«. Le invitaba a eso, a disfrutar, a ser una disfrutona, tal como se siente nuestra buena gente.
Terminamos la charla con Antonia preguntándole por lo que cambiaría en nuestra sociedad. Responde que actuaría para dar prioridad a la Sanidad y la Educación. Pero educación no solo en términos de cultura, si no en valores. Cree que el materialismo que nos invade debería combatirse, al ser el que alimenta el egoismo, las guerras y tantos males de hoy en día. Nos cuenta, con satisfacción, que el acogimiento le ha confirmado, por la actitud de los niños, que otro mundo es posible. Comenta, en este sentido, que los niños que ha tenido en acogida cuando ha debido explicarles que esta finalizaba ninguno le ha preguntado por algo material que fueran a perder, sino por si le iban a seguir contando cuentos, cantando canciones y dándoles besitos todas las noches.
Como ilusiones personales destaca que su hija acaba de terminar la carrera y espera que sea feliz y disfrute de su camino. Señala también que «Ojalá cuando me jubile no me encuentre muy mayor para poder acoger a grupos de hermanos y que no se tengan que separar«. Pide para todo el mundo salud, y para ella misma de modo que pueda disfrutar muchos años con los suyos.
Enhorabuena, Antonia, y gracias.
Reportaje fotográfico: Edith-HBN.
Los premios Buena Gente de Huelva están instituidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Pretenden resaltar los valores de las buenas personas estableciendo una plataforma para la elección popular de ciudadanos y ciudadanas que sirvan de ejemplo, de modelo, a los demás.


















