RFB. Buena gente. Una precisa forma de definir a Alejandro Andray López, Capitán Marítimo de Huelva. A su vasta experiencia en navegación y gestión portuaria se suma una cualidad que atraviesa cada gesto, palabra y decisión: su forma cercana, entusiasta y profundamente humana de estar en el mundo.
Está nominado a la VII edición de los Premios Buena Gente de Huelva, unos galardones que no valoran cualidades profesionales, artísticas o académicas. No, lo que se sitúa en el foco es la buena condición personal. Un pequeño lío en el que lo han metido los que lo han propuesto y que ha terminado de ‘rematar’ el jurado que lo ha seleccionado en dirección a la Gala del 24 de septiembre en el Gran Teatro de Huelva.
Alejandro Andray no nació en el mar, pero desde niño quedó atrapado por él. Una vieja guía turística de Sevilla con la imagen del Tesoro del Carambolo despertó su fascinación por la historia antigua y quizá, seguro que sin saberlo, iba a ofrecerle una señal de que, como marino, recalaría en Huelva para quedarse.
Y así como el mar conecta mundos, Alejandro conecta personas. Basta una charla con él para entender por qué en la Capitanía Marítima de Huelva —ese edificio con sabor antiguo pero reluciente con la proyección de poniente— se respira un ambiente de armonía, eficacia y optimismo. Hay un tono amable que no es impostado ni superficial, sino consecuencia directa del estilo de liderazgo de su capitán: firme, sí, pero también generoso y vital.
“Se puede parar el mundo, pero con un sextante y una bitácora todavía sabemos dónde estamos”, afirma con una sonrisa de marino romántico. Porque aunque forme parte de una generación tecnológica, a Alejandro le brillan los ojos cuando habla del arte —más que de la técnica— de navegar. Esa mezcla de ciencia y alma se nota en cómo se expresa, con un tono didáctico y ejemplos vivaces. No es de silencios, pero tampoco de alardes. Prefiere ensalzar a los demás antes que a sí mismo. Su equipo, sus predecesores, la Guardia Civil del mar, los prácticos del puerto… habla de todos con respeto y admiración, como quien sabe que el mérito compartido siempre navega más lejos.
Su trayectoria parece marcada por el azar, pero como él mismo dice, “las casualidades no existen”. Nacido en Sevilla, pasó su adolescencia en Madrid y terminó estudiando Marina Civil en Cádiz seducido por asignaturas como Oceanografía, Meteorología o Cartografía. Su carrera profesional lo llevó a navegar en petroleros, portacontenedores y a vivir experiencias tan intensas como cruzar temporales que hicieron temblar hasta al buque más curtido. “Ahí me di cuenta de que no basta con saber. Hay que confiar en el criterio de quienes llevan años enfrentando al mar”, recuerda sobre una tormenta que casi manda a pique al buque en el que navegaba.
Tras su etapa embarcado, trabajó en la Organización Marítima Internacional de Londres y como formador de inspectores. Un giro inesperado lo llevó a presentarse a una plaza de Capitanía Marítima. “Me insistió tanto un compañero que terminé presentándome solo para que me dejara tranquilo… y aquí estoy”, recuerda entre risas. El destino quiso que recalara en Huelva, casi de rebote, después de pasar por Tenerife. “Yo quería Sevilla o Cádiz, pero tardé muy poco en darme cuenta de que no podría ser más feliz en otro sitio”.
Hoy Alejandro lleva 20 años en Huelva, seis de ellos como Capitán Marítimo, y tiene claro que aquí se jubilará. “Soy un absoluto enamorado de esta tierra. A veces hasta miento y digo que soy de Huelva”. No es difícil creerle: conoce cada rincón de la provincia marítima —que va de Ayamonte a Matalascañas— y defiende con pasión su peso estratégico. “Estamos en el top 3 marítimo de España, por volumen, por tipo de tráfico y por la segunda flota pesquera más potente del país después de Vigo”.
Pero más allá de cifras, hay una manera de ejercer la función pública que lo define. Alejandro ha impulsado normativas pioneras en el uso de la lámina de agua y defiende un modelo de control firme pero comprensivo. Con los pescadores, por ejemplo, hay un trato casi de “hermano mayor”: se audita, se asesora, se da margen para corregir. “Se puede ser riguroso sin ser hostil. La amabilidad no es debilidad, es eficacia”, resume.
Alejandro Andray no se esconde en su despacho. Está en la calle, en el puerto, en las reuniones, en el trato con la gente. Cree en la cooperación institucional y en hacer que la ciudadanía conozca y se enorgullezca de su cultura marítima. Tarteso, los fenicios del Atlántico, la Huelva milenaria… y un puerto actual que es referencia nacional. todo le resuena y le conmueve.
Y es que cuando alguien encuentra su sitio —en el mar, en la vida, en Huelva— todo encaja. Alejandro es capitán, pero muchas cosas más y, sobre todo, buena gente. De esa que se gana el respeto sin pedirlo. La que hace mejor el lugar en el que está. De esa que, cuando uno se despide tras una larga conversación, deja una certeza íntima: estamos en buenas manos. En manos seguras, sí. Pero también cálidas. Y eso, en los tiempos que corren, es más valioso que nunca.
Los premios Buena Gente de Huelva están instituidos por la Fundación Cajasol y Huelva Buenas Noticias. Pretenden resaltar los valores de las buenas personas estableciendo una plataforma para la elección popular de ciudadanos y ciudadanas que sirvan de ejemplo, de modelo, a los demás.


















