Susan Isabel Fenollera. Seguimos con nuestra serie de expresiones populares, «mis expresiones favoritas». Un título de la sección que podría extenderse probablemente a más de un lector. Estas expresiones nos divierten y reflejan sabiduría, cultura y oportunidad. Hoy hablamos de montar un pollo, de echar un polvo, y de estar hecho un basilisco. ¿Quien no ha utilizado una o mil veces alguna de estas tres expresiones de tan uso común y cotidiano? Como en frases o expresiones destacadas en artículos precedentes, ese uso común no supone que todo el mundo conozca su origen e, incluso, en algunos casos, su afinado significado. Por eso explicitamos en estas líneas sus respectivos signidicados y orígenes.
«Montar un pollo»
Significado: cuando alguien arma un escándalo.
Origen: contra todo pronóstico, no tiene nada que ver con ningún tipo de ave. Su origen viene de la palabra “Poyo” un podio o pedestal de piedra pegado a las paredes de las casas desde donde se pronunciaban discursos que, a veces, terminaban convirtiéndose en acaloradas discusiones dignas de un ‘Sálvame Deluxe’.
«Echar un polvo»
Significado: pues eso.
Origen: resulta que la alta sociedad de los siglos XVIII y XIX, que era gente muy fina, tenía la costumbre de esnifar una especie de polvo de tabaco llamado rapé. Para ello, el caballero o la dama en cuestión se apartaba a un cuartito donde se solían tener encuentros sexuales furtivos. Vaya, como el «¿salimos a fumar?» de ahora pero con incómodas enaguas.
«Estar hecho un basilisco»
Significado: estar muy cabreado.
Origen: el basilisco es un bicho fantástico de la mitología griega que daba bastante mal rollo: tenía patas de ave, cuerpo de serpiente y alas de dragón… además tenía la costumbre de ser muy peligrosa y de poder matarte con la mirada. ¡“Basilisco” y no “obelisco”, como a veces he oído!
















