Mari, de Calviño, Huelva de solera en la calle Tendaleras

María Rosa Vélez. / Foto: Edith-HBN.

RFB. A María Rosa Vélez Méndez, Mari la de Calviño, le quedan felizmente muy pocos días para cumplir los 88 años. Una larga vida de trabajo y honestidad que le ha dado la oportunidad de comportarse como una buena persona. Y lo ha hecho con creces, de modo que hoy está merecidamente nominada a los premios Buena Gente de Huelva.

Mari es muy de Huelva. Ese marchamo onubense parte inicialmente de su nacimiento en una zona tan marinera como la calle Valencia -hoy Jesús del Calvario-. Vio la luz a muy pocos metros del lugar donde tan solo con veintiún años instituyó un clásico en la calle Tendaleras, el Bar Casa A’poliña, que lleva abierto ininterrumpidamente desde entonces, 1956.

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Antes se había encontrado con Antonio Calviño, su marido, originario de Seixo, Marín. Calviño había recalado en Huelva desde la mar. Con él creó una familia de nada menos que siete hijos. Esta cifra fraternal coincide con la de la familia original de Antonio, quien antes de afincarse en Huelva había dado vueltas por el mundo, navegando, en busca de contribuir al sustento de aquella familia, también de siete hijos al cargo de su madre viuda.

María Rosa tuvo una infancia feliz junto a sus hermanos Francisco y Guillermo. La suplencia de su padre las supieron cubrir muy bien su madre y sus tías, Paca, Julia y Ana. Ellas, junto al padrino Francisco, la criaron en los valores de trabajo duro, honradez y sacrificio


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La nominada a Buena Gente de Huelva había estudiado en varios colegios de la capital. El Santo Ángel, el de la Milagrosa de los Padres Paules y, finalmente el de Ferroviarios. Entre las mejores amigas recuerda Mari de Calviño a Carmen Conejero, Tere de Paz, Maruchi y Conchita. Ese grupo de jovencitas hacía lo propio de entonces. Paseos por la calle Concepción, cines en el Mora, Rábida y Gran Teatro, baños en el Balneario de la Cinta, bailes en las Colombinas o en las Fiestas de la Cinta.

En época relativamente reciente ha forjado una gran amistad con su consuegra Paqui Arestoy. «Su ejemplo de trabajo -recalca-, de buena persona y su buen humor ha hecho que pasemos ratos inolvidables aquí en Huelva o por donde hemos viajado«.

Nuestra protagonista nos cuenta que «de las personas que me marcaron en vida, tengo que recordar a mis padres, a mi chacha Juana y a mi Padrino Francisco. Todos ellos suplieron la ausencia de mi padre cuando falleció. Mas tarde tuve la suerte de encontrar a la persona más maravillosa que he tenido a mi lado, mi marido. Persona de mundo, educado, callado, trabajador y honrado«.

El Bar fue un lugar que ocupaba la mayor parte de su tiempo, además de la crianza de esa amplia familia. Allí, junto a su marido, tuvieron la oportunidad en innumerables ocasiones de mostrar su buena condición. La actividad hostelera tenía cierta tradición en la familia. Su tío abuelo regentó el Bar Onuba, donde estuvo trabajando el padre de Mari, Francisco. Antes estuvo un tiempo al servicio de la Condesa de Mora Claros y luego había trabajado en el Hotel Victoria.

La calle Tendaleras era un lugar de trasiego y de ambiente relacionado con la mar. Por allí, recuerda Mari, pasó mucha gente pidiendo ayuda. Por entonces los Servicios Sociales, Cáritas y otras instituciones de beneficencia actuales no existían. Mari y Antonio dieron en aquellos tiempos difíciles de comer a mucha gente.

Cuenta que «muchos gallegos también que recién llegaban a Huelva sin nada los acogíamos, e incluso les proporcionábamos alojamiento y trabajo hasta que tiraban para delante. En el Bar teníamos una pizarra con puestos de marinero, engrasadores, etc… que se necesitaban en el muelle, Y con la recomendación de nosotros eran contratados sin preguntar».

Mari de Calviño agradece haber sido ayudada, así mismo, por muchísimas personas. Hablando de valores nos dice que «los que más considero, y que yo y mi marido hemos transmitido a mis siete hijos, son la discreción -allí donde vayas: ver, oír y callar- pues no me han gustado los chismes. El respeto a todos sin condicionamiento de raza, posición, religión, sexo o la vida que hayan tenido que vivir -para mi todos son iguales-.  Y por último, la buena educación. Estos valores no están reñidos con nada. Y te ayudan mucho en la vida. Té hacen ser buena gente, buena persona«.

Tantos años en el Bar le ha permitido conocer a mucha gente y de todo tipo de condición. Artistas, notarios, registradores, jueces, policías, banqueros y personas corrientes, de a pie. Ha conseguido con muchos una amistad propia de familia después de tantos años.

La lista de anécdotas de Mari sería interminable, pero nos cuenta algunas. Por ejemplo, «hace muchos años al bar le llamaban la comisaria. Estaba la antigua Comisaria de Policía, donde ahora está el Nuevo Mercado del Carmen. Era un edificio antiguo y pequeño. Lugares para reuniones y discretos no tenían en las instalaciones.

Muchas veces venían a eso de las 8 de la tarde a tomarse algo, y celebraban reuniones de Grupos para planificar el trabajo. Esto se alargaba y yo me iba a casa con mis hijos y se quedaban con las llaves del negocio hasta que terminaban para cerrar el bar. Yo al día siguiente las recogía en la Comisaria. Esto hoy es impensable«.

Otra anécdota «fue la de un chico marroquí que venía y se sentaba en la puerta -de esto hace 40 anos- y no quería entrar por que no tenía dinero. Se le veía distinto, pues se le notaba unos modales que no eran de una persona poco cultivada. Me dio mucha pena. Le pregunte un día y me conto que había venido a buscar nuevas experiencias y a conocer otras culturas. Desde ese día le di de comer hasta que le pudimos conseguir un puesto en la tripulación de un barco. Cuando vino después de la primera marea, me trajo un canasto lleno de los mejores pescados que habían capturado. Con el tiempo volvió a su país donde era hijo de un muy conocido medico en Marruecos«.

Un cliente especial para María Rosa «es Manolo Castillo, esposo de Ana, y padre de Luis y Ana, que son la nueva generación que llevan junto a su madre Ana Llera Decoración. Él fue Hermano Mayor del Nazareno, nos une una bonita amistad con toda su familia desde hace muchísimos años, y desde tiempo inmemorial jugamos todas las semanas, todas, a la Lotería Nacional. No hemos fallado nunca desde hace más 30 años. ¡¡¡Todavía seguimos ilusionados en ganar El Gordo!!! Todos los días pasa por el bar, con un grupo de amigos que son todos familia desde siempre«.

María Rosa, Mari de Calviño, es una apasionada devota del Nazareno. Lo explica por haber nacido en la calle Valencia, «y por tener el Bar en calle Tendaleras -señala-. Estas calles antiguamente no se entendía su idiosincrasia sin el mercado, las arriadas, la Cinti, el Paletas, etc. Y todos bajo el amparo del Señor de Huelva. El Nazareno. Desde pequeña la devoción al Nazareno, a la Virgen de la Amargura, la Virgen de la Cinta y la Esperanza es nuestra seña de identidad«.

Felicidades Mari.

 

Reportaje gráfico: Edith-HBN.

María Rosa Vélez, Mari la de Calviño, premios Buena Gente de Huelva, Fundación Cajasol, Huelva Buenas Noticias.

 

 

 

 

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