Redacción. Es tradición, es solera, es esencia de la Huelva de siempre, Pasión…el Cristo del Barrio Alto. El Nazareno que porta la Cruz de la Salvación, solo, arriba de su paso pero arropado por la multitud, por los corazones de la gente huelvana que se postra a sus pies. Es la luz que llega a todos los onubenses desde su Parroquia Mayor de San Pedro, la primera, el templo que ha vivido la historia de esta ciudad desde hace más de diez siglos.

Jesús de la Pasión ha cruzado de nuevo, por fin, el dintel del templo original de aquella antigua villa hoy esperanzadora ciudad. El bullicio en la plaza y también en el Paseo de Santa Fe se atempera porque la atención se fija en ese porche inmemorial, el balcón del Señor en las últimas horas de la tarde del Martes Santo. Abajo las palmeras del Paseo del ‘Chocolate’ deseando escoltar esa suave bajada que desemboca en la calle Puerto y que ya sitúa al Cristo más cerca de la ciudad nueva, del centro de lo cotidiano.

Felicidad por la natural normalidad. Normalidad en un Martes Santo que supone devoción, admiración, expectación, exclamación. Jesús con la Cruz sobre su hombro andando. Esa es la imagen, ese es el mensaje. Y una interminable fila de nazarenos morados sintiéndose consolados de los baches de la vida porque están cerca de Él, porque le acompañan en su modesta humanidad, crecidos por el aliento de su caminar.

Una Semana Santa en Huelva más, y una de sus referencias cofrades fundamentales. Una corporación forjada por vivencias castizas, por trascendente devenir, por fraternal devoción a unos Titulares especiales, emblemáticos.
Este año con estreno de Cruz de Guía y juego de palermos para los diputados de orden. Una tarde-noche en la que escuchamos por primera vez aliviando la carga de los costaleros la marcha procesional ‘La Virgen Bonita’, dedicada a Mª Santísima del Refugio. Virgen que lleva un nuevo juego de puños de encaje de aplicación de Bruselas datados en la segunda mitad del siglo XVIII.

Año también especial porque hace pocos días la familia Gallardo ha entregado a la Hermandad la cabeza de la primitiva imagen, aquella que fue despeñada por los altos de San Pedro en la barbarie del 36. La imponente Talla actual anda por las calles de Huelva seguido de la Agrupación Musical de los Gitanos. Y anda porque esa sensación de movimiento es, probablemente, la más definida de la Semana Mayor onubense.

Pequeño recorrido en distancia, pero largo en emociones, por las calles del centro capitalino. Solemne caminar, triunfal, que nunca deja indiferente al que observa a ras de pavimento. Y su Madre, Refugio, atrás, dolida y generosa, dándonos abrigo y consuelo. La Banda de Ntra. Señora de las Mercedes de Bollullos, ya con tradición pone magia musical a la siempre estelar noche del Martes Santo.

Casi dos mil hermanos dan vida a esta cofradía. Más de novecientas papeletas de sitio. Muchos corazones, mucha tradición y mucha esencia huelvana. El Señor camina hacia el calvario cargando con el peso de la cruz. Pero no está solo. Huelva lo hace con Él.
Jesús de la Pasión, Cristo del Barrio Alto.














