Andalucía, el tiempo y nuestros abuelos

Luis Benítez Delgado. El día de Andalucía me inundó de multitud de sensaciones, y todas hermosas. No sé por qué los años van haciendo que cada vez sienta más orgullo de haber nacido en este rincón de la Tierra. Y mira que nunca he sido una persona especialmente conectada con patrias ni fronteras. Siempre quise romperlas, atravesarlas y abrazar a quien las atraviesa, poniendo toda mi energía en coleccionar los aprendizajes que gana el que viaja cargado tan sólo con una mochila a la espalda, con el pensamiento errante de que cuanto más lejos mejor, sin saber que ya estaba en la meta. Cuán sabio el tiempo, que me dio varios lustros de ventaja para madurar y darme cuenta de que, como en mi casa, en ningún planeta.

Ya se asoma el atardecer y una majestuosa postal, con la Casa Colón de fondo, me da las buenas tardes. Hoy me he sentado a escribir en un moderno banco de la plaza del Punto. Mucho ha cambiado este enclave del que guardo con cariño las memorias de cuando era infante, cuando venía a jugar a casa de mi amigo Marcos. Me encantaba esta zona de la ciudad, pues muy cerquita, tiempo ha, rondaba el cine Emperador. No necesitaba más excusas para atiborrarme a chucherías que me subían el azúcar los sábados en los que mi vida se convertía en película. Pero de eso hace ya mucho.

Festival internacional de Danzas de Villablanca

Encuentro toneladas de romanticismo en la liturgia de ir al cine, y echo mucho de menos hacer cola para comprar las entradas que ahora consigo a golpe de clic. Se gana comodidad; se pierde un poco de magia. Quizás esté influenciado por el hecho de que mi abuela Carmen era la que le vendía los tickets a Huelva entera cuando pasaban por taquilla. Es sentarme con un lápiz y un papel y ya empiezo a hablar como alguien que se está haciendo mayor. Y es que, precisamente de mayores va la tarde, pues centro mi atención en una pareja de octogenarios que pasea de la mano por la Gran Vía. Mil pensamientos e incógnitas vienen a mi mente mientras observo sus pasos. Por ejemplo: cuanto más cerca estamos del adiós, más lento caminamos.

Siempre he valorado mucho los sentidos de las personas de más edad. Son sentidos que dicen mucho, aunque cada vez estén más cerca de su obsolescencia programada. Mientras su vista divisa cada vez menos, su mirada guarda recuerdos de épocas en las que los días eran totalmente distintos a los de hoy. Los ancianos andaluces ya eran adultos cuando salieron a la calle a reclamar una identidad que en realidad ya atesorábamos.

Como Fito y Fitipaldis dice en sus canciones, los ancianos encorvados parece que la tierra los llama. Siempre decimos del tiempo que es muy sabio. También que es sanador, que cura las heridas. Decía Pepe Mujica, incluso, que el tiempo es lo más valioso que tenemos en la vida. Al tiempo todos le piropeamos, pero qué curioso que de su paso escapamos. Todos, menos a los que les queda poco. ¿Te has fijado?


Mi sueño es llegar a viejo y que Andalucía siga siendo Andalucía. Y que el tiempo haga de las suyas, y me vuelva más sabio. Porque sé que cuanto más sabio sea, más amaré a nuestra tierra y a la gente que nace, crece y muere en ella. Quién sabe dónde naceremos en otras vidas. En ésta, al menos, tuvimos la suerte de hacerlo en la tierra del «no ni na». Andalucía no es patria, sino hogar que se lleva en la mochila, como la mirada de nuestros abuelos.

 

Andalucía, el tiempo y nuestros abuelos.

 

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