Los impresionantes eucaliptus que nos miran camino de la Punta del Cebo

Espectaculares seres vivos centenarios que son testigos del tiempo, conectándonos con otras épocas y etapas urbanas.

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JAM. Camino de la Punta del Cebo hay unos grandes eucaliptus. Los autores de aquel proyecto -2013 o así- del nuevo paseo de la ría los dejaron un poco de lado, o un mucho. Los técnicos redactores se empeñaron en colocar esos pinos -con la de pinos que afortunadamente ya tenemos en toda la costa-. Árboles algo forzados ahí, entre cruzados con mil farolas y fríos kioskos sobre unas elevaciones innecesarias. Estas últimas solo útiles para ocultar al viandante de la avenida, o al pasajero del coche, la preciosa estampa del muelle de Río Tinto y la otra maravillosa banda de la ría. Poco importaba, además, la huella del pasado y la percepción emocional.

Perspectiva parcial, hacia el norte.

Se plantearon hacer tabla rasa, aventajados por el éxito seguro que cualquier desarrollo en semejante lugar -una ría y marismas espectaculares- tendría. Fuese lo que fuese y como ha sido.

Por eso no hicieron lo que para nosotros hubiera sido razonable, adoptar como ejes, en torno a los que articular el proyecto, a dos elementos singulares: en primer lugar y sobre todo el soberbio muelle de la Cía., y en segundo término las hileras de los emblemáticos eucaliptus. Bien al contrario quedaron, ambos, en un flagrante segundo plano.

Imagen de los años de la plantación.

Los dejaron de lado pero por fortuna siguen ahí. Esos impresionantes eucaliptus, centenarios, mantienen, junto a los restos de muelle de mineral, un hilo de conexión con otros tiempos que hay que superar, avanzando, pero nunca despreciar. Decenas de miles de brisas recibidas desde poniente y atardeceres únicos vistos por sus copas, desde hace tantísimos años. Barcas de vela varadas en la orilla y familias de pescadores oteando el horizonte a la espera de la arribada de sus seres queridos.

Pasear a su lado es evocar estas estampas. Y también los andares de nuestros antepasados camino de la Punta del Cebo. O sus paseos en coche de caballos, o ese trayecto del tren que se dirigía a la confluencia de los dos ríos que nos dan la auténtica personalidad.

Fuente de las Naciones entre medio de la hilera de eucaliptus de levante.

No son anodinos, no son floreros de esquina. Para algunos suponen esos eucaliptus la verdadera esencia del paseo, unos seres vivos admirables por su longevidad en un entorno en muchas ocasiones hostil. Merecen nuestro respeto y voluntad de conservación.

Pocas cosas hay en pie en esta ciudad que tengan más de cien años. Tan solo por ello ya estaría justificado su mayor cuidado y preservación. Gracias a Dios, el Puerto parece que lo tiene claro.



Glorieta en torno a los años cuarenta.

En una publicación local de finales de 1916 se decía: «Otro paseo que habrá de ser muy pronto, cuando esté terminado, favorecido por los onubenses, es el que está construyendo la Junta de Obras del Puerto. Desde el Muelle de la Compañía de Río Tinto hasta la canal de Palos denominado, según parece, Avenida de los Pinzones«. Debieron comenzar las obras entre 1912 y 1913, ocupando terrenos de marisma con depósitos del inevitable y continuo dragado de la ría onubense.

Eucaliptus que sobreviven llegando a la Punta del Cebo.

Nuestros eucaliptus vieron nacer y morir el Balneario del Odiel, el Club Náutico, el club de Golf donde se empezó con ese deporte en Huelva, el Tiro de Pichón, la Plaza Monumental de Toros,… las penúltimas Colombinas. Muchas historias, muchas vivencias de tantos que, como nosotros, pisaron esta antigua -aunque no lo parezca- ciudad. Y allí de testigos siempre, desde aquella segunda década del siglo XX en la que fueron plantados, los eucaliptus del paseo camino de la Punta del Cebo. Larga vida.

 

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