Ana Fernández Pinzón, de Punta Umbría al mundo pasando por la Bretaña Francesa

Vive y trabaja como profesora de idiomas en Rennes, al noroeste del país galo.

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J.A. de Mora. La etapa de educación primaria parece que guio en su devenir a Ana Fernández Pinzón. Marcada por sus estudios en el Moliere de Huelva -Escuela Francesa de toda la vida-, su curiosidad por lo francés no se quedó ahí si no que determinó la formación universitaria que culminaría en Sevilla, una vez finalizada la enseñanza media en el IES La Rábida.

Precisamente en Sevilla inició su bagaje fuera de la zona de confort, consiguiendo muchas experiencias que le han servido posteriormente y, sobre todo, regalándose grandes amistades. Afirma que «en esta ciudad crecí en muchos aspectos. Es imposible pensar en ella y no sonreír«.

Nuestra ‘onubense por el mundo’ en la impresionante costa de Bretaña.

La puntaumbrieña es alguien que aspira a su libertad e independencia, inclinación aprendida de sus padres. Ellos le inspiraron la confianza que permite superar las adversidades y empezar de nuevo cuando se produce algún tropiezo. Abrir las ventanas es algo que a Ana no le intimida y sustenta sus acciones en la sapiencia de que tarde o temprano uno puede conseguir lo que se propone. Ama las nuevas experiencias, las nuevas sensaciones «…esas que te recuerdan que estás viva«.

Vive en Rennes, en la Bretaña francesa, y el tiempo lo estira más allá de lo imaginable. Le importan más las gentes que los lugares, y trasluce una curiosidad insaciable. Reside lejos de la calle Ancha de su niñez pero cerca de sus amigos de siempre en el corazón y en el pensamiento. Desde allí, un paisaje tan distinto al de la costa onubense, responde a nuestras preguntas.

Ana con unas amigas.
-¿Porqué optaste por esos estudios?

-Creo que en los tiempos que corren los idiomas abren muchas puertas. Siempre me había sentido atraída por el francés, su sonido, su literatura, su historia, su imaginario…una mezcla que te atrapa. Pensé que con estos estudios tendría más posibilidad de vivir en el extranjero, recorrer ciudades, conocer nuevas culturas.

-¿Dónde trabajas? ¿Cuál es tu desempeño?

Trabajo en el Lycée Chateaubriand, un instituto de la ciudad. Estoy aquí como auxiliar de conversación, es un programa que propone el Ministerio de Educación con el que se pretende dar a conocer la lengua y la cultura de tu país de origen. Es una experiencia genial, la recomiendo 100 %, te da la oportunidad de hacer una inmersión lingüística completa, testar la experiencia docente, conocer personas de diferentes puntos del mundo, nuevas maneras de pensar, nuevas formas de ver la vida, en definitiva valerte por ti misma en un país extranjero en el que estas completamente sola, considero que son estas situaciones las que te hacen crecer como persona y enriquecerte.

Rennes es una ciudad pintoresca y festiva.
-¿Cómo es tu vida cotidiana? Descríbela, por favor.

Muy ajetreada, siempre corriendo…creo que después de la pandemia nos ha llegado a todos ese sentimiento de tener que ser productivos en todo momento y no desperdiciar ni un minuto. En estos momentos estoy pluriempleadisima, trabajo en el instituto como auxiliar de conversación, doy clases particulares de español y francés, tengo un teletrabajo de transcriptora y bueno como ves pluriempleada y llegando a fin de mes a duras penas, una realidad que atormenta a los jóvenes de hoy día…por lo menos tengo suerte de tener trabajos relacionados con mi campo de estudio. A parte del trabajo, hago algunos tandems para mejorar mi francés (haces una quedada con un nativo que esté interesado en tu lengua materna e intercambiáis conocimientos y practicáis la lengua), también busco tiempo para salir, pasear por la ciudad que la verdad es preciosa, disfrutar de su oferta cultural y de vez en cuando planeo algún viaje cuando el bolsillo me lo permite, es una de mis grandes pasiones, viajar y descubrir.



Ana lleva una vida muy intensa, pero a veces puede coger un respiro.
-¿Cómo estás viviendo esta etapa pandémica?

-Es un momento lleno de incertidumbre, nunca sabes lo que puede pasar. Como dije antes intento aprovechar el tiempo al máximo, no suelo dedicar mucho tiempo a pensar en el Covid, aunque siempre sientes ese miedo a nuevas restricciones, a nuevos confinamientos, a volver a hacer un parón en tu vida. Aun así soy afortunada, este virus ha pasado de largo por todos mis seres queridos y no he tenido que sufrir ninguna pérdida.

-¿Cuáles son tus aspiraciones profesionales?

-Supongo que es la pregunta más difícil de la entrevista. Siempre he soñado con trabajar en un organismo internacional, una embajada, Bruselas…Aun es un interrogante en mi vida, pero voy encaminada a cursar un máster de traducción e interpretación con la especialidad de francés y alemán. Es una de las posibilidades que barajo y que me acercaría a mis objetivos, incluso he pensado cursarlo en Francia.

-¿Cómo se ve Huelva desde donde vives?

-Es una de las grandes desconocidas de Andalucía, siento confesar que la mayoría no la conocen…pero para eso estoy aquí, para enseñarles Huelva y sus encantos y que así decidan ir a visitarla.

Con una amiga.
-¿Cómo nos ven a los españoles, según tu experiencia, los franceses? 

-Hay miles de estereotipos para los españoles, piensan que somos muy disfrutones de la vida, que nos encanta salir de fiesta y vivir en la calle de bar en bar, por ahora no van muy desencaminados….se piensa que los españoles son muy atractivos, fogosos. Creo que siguen teniendo la percepción de España en la época del destape a mitad de los 70, un país para desmelenarte.

-¿Crees que es correcta la percepción que  tenemos nosotros de ellos?

-Definitivamente no, los estereotipos forman parte del imaginario de un país y siempre encontraras gente que los cumplen y otros que los rompen. Ni todos forman parte de esos parisinos cultivados que viven en buhardillas de su arte, ni por el contrario todos forman parte de ese sector que creemos que se duchan 1 vez a la semana.

Ana valora su tierra.
-¿Qué echas de menos de Huelva?

-Mi gente sin ninguna duda, sus paisajes, su comida, ese olor a mar cuando te levantas en Punta Umbría.

-¿Qué tendríamos que mejorar aquí según tu criterio?

-Hay que cambiar la manera de vender nuestra provincia y eso empieza por uno mismo, amarla más y darle el lugar que se merece. Tenemos unas costas y una sierra increíble, unos productos que quitan el sentido como el jamón, las gambas, las fresas…hay que luchar por una denominación de origen digna. Hacer una marca de nuestra provincia, hacer que se mueran de ganas por venir a visitarla. Todos somos conscientes del potencial de Huelva, solo necesitamos gente con nuevas iniciativas que aprovechen sus playas, que traigan eventos deportivos, que traigan festivales…

-¿Vienes con frecuencia a Huelva?

-Siempre que puedo, allí recargo pilas rodeada de la gente que quiero. Hay que volver a los sitios donde uno ha sido feliz.

Seguir conociendo, un objetivo de Ana Fernández.
-¿Imaginaste que tu vida se iría desenvolviendo tal como está sucediendo?

Bueno, tus propias decisiones son las que te llevan hasta donde estas ahora, así que si, esto me hace feliz, esto es lo que busco por ahora en mi vida.

-¿Cuáles son tus ilusiones?

-Seguir consiguiendo los objetivos que me proponga, conocer nuevos lugares, crecer como persona, sentirme realizada profesionalmente y poder vivir con un único trabajo.

-¿Qué te gustaría decirle a la gente de Huelva?

-Que salgan a descubrir mundo, que no se acomoden en esta provincia donde se vive tan bien sin antes haber estado en otros lugares.

-¿Volverás?

Siempre volveré pero al mismo tiempo siempre me marcharé. Siento que tengo muchas experiencias que vivir que Huelva no me puede dar y es una verdadera pena.

Gracias, Ana, y suerte!

 

 

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