La Huelva desconocida. Arquitectura contemporánea, cinco enclaves modernos

Antonio Delgado Pinto nos presenta cinco nuevos lugares de la provincia en la penúltima edición de su sección semanal.

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Antonio Delgado Pinto. Estamos asistiendo en los últimos años a la restauración o reconstrucción de algunos edificios importantes del siglo pasado. A la Fuente de las Naciones, al colegio de Ferroviarios, al edificio de Hacienda y al Banco de España acaba de sumarse en los últimos días el mercado de Santa Fe, abandonado desde hace una quincena de años. Parece que, después de haber perdido irremisiblemente bastantes hitos arquitectónicos, hemos aprendido a valorar como se merece lo construido durante los dos últimos siglos.

Además del mercado de Santa Fe, hoy apuntamos algunos enclaves modernos, construidos en el último tercio del siglo XX.

Fachada principal del mercado de Santa Fe.

MERCADO DE SANTA FE. El mercado del cabezo del Molino de Viento

Edificado por los arquitectos municipales Manuel Pérez y Francisco Monís, siguiendo los ejemplos europeos de la arquitectura del hierro, directamente emparentada con la Revolución Industrial, el mercado de Santa Fe fue inaugurado en 1905, aunque su uso como mercado apenas duró media docena de años.

Después de haber sido Escuela de Artes y Oficios y Escuela de Capataces de Minas, pasó a usarse como biblioteca y como museo, y poco después como guarnición de infantería hasta que finalmente se ubica aquí el cuartel de la policía nacional, que es como lo hemos conocido la gran mayoría.



Después de algunos años de abandono, ha surgido un proyecto municipal de rehabilitación que preservaría de la demolición este interesante edificio que ha cumplido sobradamente el siglo de existencia.

El mundo subterráneo de los sótanos del muelle de Isla Cristina.

SÓTANOS DEL MUELLE. Las entrañas del puerto de La Higuerita



Alguna vez he navegado por estos enormes sótanos de Isla Cristina, junto a los que atracan los pesqueros de la ciudad. Son un verdadero laberinto formado por los pilares de hormigón que soportan la calle Muelle Marina e incluso una gran parte de la avenida del Muelle Martín Catena y transitado solo por ratas.

Esta gran obra de ingeniería sobre el río Carreras oculta un mundo cercano pero desconocido, donde el silencio solo es perturbado por los sonidos que se filtran por las placas de hormigón que sirven de techo.

Campamento turístico La Torerera sobre el embalse Riscoso.

BUNGALOWS DE LA TORERERA. Un campamento turístico en ruinas que no llegó a ser inaugurado.

He aquí un monumento al despilfarro del erario público por parte de las administraciones. Pronto hará veinte años que se terminaron las obras de este campamento turístico que aún no se ha estrenado.

La Torerera se proyectó como complejo turístico junto a las aguas del embalse Riscoso, en pleno corazón de la cuenca minera occidental de nuestra provincia. Está compuesto por trece bungalows de aluminio construidos en forma de palafito en una de las orillas del pantano; además cuenta con varios edificios de hormigón: la recepción, un restaurante con una terraza sobre el agua y una zona de lavaderos, almacenes y duchas.

No es difícil encontrar casos parecidos en nuestra provincia: el hotel Santa Bárbara, en Riotinto, el camping Ciudad de Nerva o el complejo turístico de Fuenteheridos son otros ejemplos de inversiones millonarias caídas en saco roto. No parece que los estudios de viabilidad sean algo necesario para las distintas administraciones; es fácil invertir el dinero público en réditos electorales, aunque sea a fondo perdido. Todo hace suponer que cualquiera de las dos alternativas que le quedan a este campamento turístico de La Torerera (restaurar lo que se ha deteriorado en estos veinte años o demolerlo) será un nuevo ataque a los bolsillos de los contribuyentes.

Las dos mitades en que quedó partido el Weisshorn.

WEISSHORN, EL BARCO DEL ARROZ. Naufragio frente a las costas de Doñana

El Weisshorn, más conocido como ‘el barco del arroz’, es un mercante que naufragó en la desembocadura del Guadalquivir, frente a las costas de Doñana, en febrero de 1994. Las dos partes en que quedó dividido el barco, oxidado y solitario ahora, son el refugio perfecto para las gaviotas de estas playas.

A pesar de que en línea recta no hay más de tres o cuatro kilómetros, es necesario navegar algo más de seis para evitar los peligrosos bajos rocosos, el oleaje y las rompientes que se forman en sus cercanías.

Acercarse remando a los restos de este gigante de hierro varado en los bajos de arena, mientras las gaviotas nos observan impasibles desde sus atalayas comidas por el salitre es una experiencia inolvidable.

Uno de los miradores del Conquero justo antes de su demolición hace unos días.

MIRADORES DEL CONQUERO. Mobiliario urbano en el cabezo del Conquero

Los cuatro años que viví en el Colegio Menor San Pablo me dieron la certeza de que probablemente el Conquero sea el lugar de la ciudad que mejores vistas depara de la ría del Odiel en los atarcederes de cualquier estación del año.

Precisamente para el disfrute de la mirada y el estado de ánimo, el arquitecto José Luis Morales diseñó los miradores que existen a lo largo de la cornisa del Conquero, a principios de los años noventa, con un presupuesto de quinientos millones de pesetas.

Desde entonces ninguna obra de mantenimiento se ha efectuado sobre ellos, la treintena de años transcurrida desde su construcción ha sido más que suficiente para que el óxido, el deterioro de sus piezas cerámicas y el vandalismo hayan dejado este mobiliario urbano de diseño en el más cruel de los desamparos.

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