Onubenses de Adopción

Daniel Navas: De Cartago (Colombia) a Huelva, dónde triunfa como diseñador gráfico

A los 9 años emprendió con su familia rumbo a Pontevedra para empezar una nueva vida. Cuatro años después se asentaron en la capital onubense por su calidad de vida y su gente, donde hoy en día se siente uno más y ha conseguido cumplir el sueño de dedicarse a su gran pasión.

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Cristina Morales. A menudo perdemos la noción de dónde vivimos y siempre nos viene bien sentir cómo ven nuestra ciudad los que vienen de fuera o cómo la añoran los que en algún momento debieron marchar. La tierra es arraigo y, aunque salir de ella es también sinónimo de progreso y de salir de la zona de confort para prosperar, lo cierto es que siempre sentimos esa unión con nuestra patria. En una nueva entrega de nuestra recientemente estrenada sección ‘Onubenses de Adopción’, vamos a conocer la historia de Daniel Navas Quintero.

Para ello debemos cruzar el charco e irnos hasta la ciudad colombiana de Cartago, en la región del Valle del Cauca, donde este joven nació hace 26 años. Hijo de un mayor del ejército colombiano, tuvo que cambiar de ciudad varias veces hasta que sus padres decidieron separarse. A sus 9 años, junto con su madre y su hermana, puso rumbo hasta España, para hacer una primera parada en la ciudad gallega de Pontevedra. El clima, el idioma gallego y la forma de vida, tan diferente a su infancia en Colombia, no le pusieron las cosas muy fáciles. Sin embargo, el esfuerzo y la constancia que siempre le han caracterizado hicieron que terminara adaptándose y haciendo amigos.

Recuerda su infancia muy feliz con sus primos en Colombia.

Cuatro años más tarde, su madre, que había conocido Huelva un tiempo atrás, decidió que este sería el lugar definitivo para criar a sus hijos. Y así fue cómo llegaron a nuestra tierra que ya es la suya. Aquí Daniel siguió trabajando y estudiando hasta que decidió apostar por lo que verdaderamente le hacía feliz: el diseño gráfico. Así, decidió emprender y convertirse en freelance, ofreciendo a las empresas sus servicios. Para conocer mejor la historia de este ‘Onubense en adopción’, hablamos directamente con Daniel Navas.



– Cuéntanos un poco de tu biografía hasta ahora.
Nací un primero de diciembre del año 94 en la localidad de Cartago, un municipio de Colombia muy conocido por albergar la Catedral Nuestra Señora del Carmen. Esta pequeña ciudad se encuentra ubicada en la región del norte del Valle Del Cauca, muy famosa por tener una de las capitales más sonadas de Colombia: Santiago de Cali, una ciudad que respira alegría de gente emprendedora y excelente lugar de referencia al ser la segunda casa del género musical de la salsa.

En Cartago tuve una estancia muy corta y no recuerdo mucho. Mi padre era mayor del ejército de Colombia en las primeras décadas de los 90 y nos desplazábamos de un lugar a otro en distintas regiones, debido a las operaciones estratégicas de las fuerzas militares de Colombia en la lucha con la guerrilla de las FARC y varios grupos armados con diferentes ideologías políticas que también eran financiados para proteger los intereses de los Cárteles de la droga en el País.

Mis primeros pasos fueron en Armenia, zona cafetera caracterizada por tener una fauna y una flora muy especial, además de ser la capital de la región del Quindío, ciudad enmarcada por la espectacular cordillera de los Andes y un importante centro de encuentro como lo es la plaza de Bolívar. En este lugar mi madre nos crio a mi hermana y a mí durante aproximadamente 1 año. Yo era muy travieso y me gustaba explorar los jardines de las casas residenciales del batallón militar.

Parte clave de su infancia es su abuela. Aquí en la graduación de Kinder o preescolar.

Hasta esas fechas mi madre tomó la decisión de divorciarse, ya que mi padre no permanecía mucho tiempo en la unidad familiar y también por otros motivos en la relación de ambos, esto llevó a un empoderamiento en la vida de mi madre al tener dos hijos a cargo a la pronta edad de 25 años. Al tomar dicha decisión eligió regresar al pueblo natal de mi abuela para que le echara una mano mientras buscaba oportunidades fuera de Colombia.

En enero de 2005 tomé rumbo a España junto con mi madre y mi hermana en busca de un futuro mejor, nos establecimos en Pontevedra una ciudad de Galicia próxima a Santiago de Compostela, con mucha historia, arte y gente con una tradición increíble. Mi primera experiencia ahí fue bastante diferente a lo que ya estaba acostumbrado en Colombia. No lograba adaptarme a las condiciones climáticas y para mi suerte llegando en plena temporada de invierno, solía llover mucho y no se podía salir a jugar.

Iba a clases y luego regresaba a casa a hacer los deberes y ver la tele, era una rutina constante. Al principio en el colegio intentaba relacionarme con los compañeros, pero siempre había como un pequeño rechazo y me hacían a un lado. Me volví un poco introvertido porque me sentía como un bicho raro y solo había suerte con mis otros compañeros latinos, Imagino que ellos también pasaban un poco por lo mismo así que era mi grupo de terapia en los recreos.

Un niño feliz en su país natal.

Mi terquedad por encajar me llevaba a intentarlo una y otra vez, a veces con éxito y otras veces no. Tenía empatía y pensaba que era normal ya que para ellos era algo complicado entenderme y ellos para mí, porque en Latinoamérica utilizamos palabras y expresiones que en España son completamente diferentes. A esto había que sumarle una pequeña dificultad y es que si vivía en Galicia debía hablar gallego, una lengua oficial que está presente en casi todo, incluso en su sistema educativo. Entonces, forzadamente lo iba aprendiendo y poco a poco conocía la cultura y cuando conversaban conmigo los entendía mejor. Finalmente encontré muy buenos amigos al acabar primaria en 2007, jugaba mucho a la consola y de vez en cuando jugábamos a la pelota un rato en el parque.

En verano de 2009 nos establecimos en Huelva después de estar unos años en Galicia. Mi querida madre había visitado la provincia en sus primeros años en España y le gustó mucho por la calidez de la gente, el buen clima, la comida, la playa y por supuesto los atardeceres. Finalicé la secundaria en el IES Alonso Sánchez con profesores y compañeros muy especiales que a día de hoy aprecio mucho porque me sentía que había una gran multiculturalidad y algunos querían saber más de donde era y qué tradiciones tenía.

Por motivos económicos decidí entrar al mundo laboral a los 18 años y al no haber mucha suerte hice bachillerato de adultos. Mientras tanto realicé dos cursos en la Cruz Roja de carretillero y otro en técnicas de márketing y ventas para posteriormente hacer prácticas pagadas en Mediamark. Por las tardes, al salir de las prácticas, me dedicaba a formarme en diseño gráfico a través de varias plataformas online y en YouTube de los mejores de aquella época. Me encantaba y quería seguir aprendiendo, pero no contaba con un ordenador muy potente, así que utilizaba mi iPhone 5s para hacer pequeñas composiciones en Photoshop y algún que otro cartel.

En sus primeros años de vida recorrió varias ciudades de Colombia.

Por aquel entonces conocí un buen amigo que trabajaba en Casona, él era jefe de RRPP y me comentó que pronto se abriría en verano de 2015 una discoteca llamada LIVE Punta Umbría. Trabajé en LIVE como personal de mantenimiento mientras creaba publicidad para la discoteca a modo de hobby. Al finalizar la temporada comencé a trabajar en Brutalzapas como diseñador gráfico en la tienda online, que recién daba sus primeros pasos para vender zapatillas a nivel nacional.

Cada año transcurrido me hacía más notorio en Huelva por los trabajos realizados en el sector de la noche y varios empresarios de la provincia querían que les desarrollara publicidad, identidades corporativas, flyers… y fue en aquel entonces cuando decidí hacerme autónomo y empezar a vivir de lo que me hacía feliz. Un proceso de emprendimiento y de tedioso recorrido, pero con mucha pasión, en el que sin darme cuenta llevo 7 años y con ganas de seguir aprendiendo.

Desde entonces no he parado de trabajar y aportando el 100% a cada proyecto que se me presenta. He tenido el placer de desarrollar y trabajar con marcas como LIVE, La Santanera, Endurance Center, La Suite, Marlin El Portil, Arena Power, y en Cádiz Flamingo Jerez, BANANA, Margarita (El Puerto de Santa María) así como en festivales de música muy sonados en España como Puro Latino Fest en Cádiz y Holika Festival en Navarra.

– ¿Por qué decidiste venir a España?
– Decidimos venir a España porque podíamos tener un futuro más prometedor a nivel académico y laboral, acompañado de otra calidad de vida sin tener que renunciar al idioma que también facilitaba las cosas. En Colombia nunca nos faltó de nada y su nivel de enseñanza es excelente, pero si quieres emprender mejores caminos hay que salirse de la zona de confort y conocer ciertas diferencias entre el país que resides y las oportunidades que puedan desarrollarse como persona en otro.

Imagen de un baile de fin de curso antes de mudarse a España.

– ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
– En España llevo 16 años en total, de los cuales 13 años he estado viviendo en Huelva. La temporada más extensa desde mi llegada a España.

– ¿De dónde eres? ¿Cómo es esta ciudad?
– Tuve la suerte de haber pasado los mejores años de mi infancia en dos pequeñas ciudades llamadas El Dovio y Roldanillo Valle que se encontraban al sur-oeste de la región del Valle del Cauca. Un municipio de admirar por la gran cantidad de riquezas agrícolas, fauna, flora, minerales y además de tener una abundancia de ríos y cascadas con bosques tropicales. En esta etapa de mi vida me crie con mi abuela, ya que mi madre emprendió viaje para mejorar sus oportunidades laborales en Europa y así tener una mejor estabilidad económica.

En aquel sitio viví mis primero 6 años de vida, tuve muchos amigos en la escuela y todos los fines de semana me iba con mis primos a la finca de mi abuela que se encontraba cerca de un caserío llamado Lituania (Valle del Cauca), situado en lo alto de las montañas. A esta finca la llamábamos con mucho cariño ‘El Ranchito’, en ese lugar aprendí el valor de la naturaleza y de los animales, teníamos varios caballos, vacas, gallinas, patos… prácticamente era un oasis de agricultura de subsistencia y un lugar para desconectar del estrés.

Allí no llegaba la luz por ser un sitio bastante alejado, así que cuando anochecía iluminábamos el ranchito con velas que duraban toda la noche y, tras largas horas de charla, nos quedaba dormidos hasta que el gallo cantara para ver un nuevo amanecer y el olor a café recién hecho en fogón de leña nos hiciera levantar de la cama.

No pierde sus raíces: Imagen practicando baile tradicional colombiano en la Asociación El Cafetal en Huelva.

Visitábamos con frecuencia las cascadas y lo ríos de la zona, yo solía trepar a los árboles en busca de guayabas, mandarinas, guamas y naranjas, disfrutaba mucho del contacto con la naturaleza y de la fruta recién cogida. Cerca de la finca también me gustaba visitar ‘La Molienda’, una fábrica que se encargaba de extraer el jugo deshidratado de la caña de azúcar para realizar diversos productos como puede ser la panela, un producto muy característico en América Latina. Adoraba aquel sitio porque me regalaban melcocha, un tipo de chuche artesanal recién elaborado.

A los 5 años me gradué de preescolar en la escuela María Inmaculada de El Dovio, un sito del que guardo muchos recuerdos por la infinidad de veces que jugaba al escondite en los recreos con mis amigos y por las primeras actividades de pintura y plástica, algo que dio luz a una fascinación por el arte y a seguir explorando.

Poco después de aquellas vacaciones escolares llegaba mi madre de estar en España trabajando y pasamos a vivir con ella el resto del tiempo en otra ciudad próxima llamada Roldanillo, que estaba a pocos kilómetros de El Dovio. Allí realicé los primeros años de primaria en el colegio Gimnasio los Alpes, una institución excelente por su forma de educar y por tener a las dos mejores profesoras que me inculcaron muchos valores, entre ellos el compañerismo, respeto y la educación cívica.

Por las tardes después de salir del colegio cogía la bicicleta y me reunía con mis amigos de barrio para jugar a las canicas o explorar lugares en la zona. Luego llegaba a casa súper sucio lleno de barro y con la esperanza de que mi madre no me echara la bronca por ensuciarme. A día de hoy lo recuerdo como si hubiese sido ayer.

– ¿Cómo es vivir ahí? ¿Es muy diferente a España?
– Es bastante diferente a lo que se ve en España, la calidad de vida en relación a la naturaleza te aporta gran bienestar, la gente es muy cálida y siempre tienen un “buenos días” y una sonrisa.

Aquí ha hecho muchos amigos, como los que aparecen en la foto, compañeros de trabajo en Brutalzapas.

– ¿Cómo has vivido la pandemia?
– La viví normal porque desde hace mucho trabajaba en mi piso y ya formaba parte de mi trabajo cotidiano estar varias horas en estudio, pero lo que más echaba en falta era poder salir a correr o ir a natación, ya que eran rutinas que necesitaba siempre para eliminar el estrés. Conviví aquellos meses con mi madre y hermana dada la situación tan delicada y la necesidad de estar juntos. Ellas no lo pasaron muy bien ya que llevaban una vida más activa y les agobiaba estar todo el día sin poder salir.

-¿Qué estás haciendo en estos momentos?
– Actualmente me encuentro compaginando mi profesión de diseñador gráfico con un curso profesional de “trading institucional en inversiones bursátiles”. Desde hace 4 años tuve un gran interés por las inversiones y las mejores formas posibles de aumentar el patrimonio sin tener que recurrir a los métodos tradicionales de inversión.

– ¿Es la primera vez que estás fuera de tu país?
– Si, desde que me vine de Colombia no he regresado. Quise realizar un viaje a finales de 2020 pero no se pudo realizar con éxito debido a las restricciones de viajes por COVID.

– ¿Cuál es tu balance de la experiencia por ahora?
– Ha sido muy enriquecedor, siempre he pensado que las situaciones complejas generan una gran cantidad de experiencia y una de las que más te aporta es irte a otro lugar a vivir para expandir la mente. Pienso que uno de los secretos de la libertad personal es actuar sin obsesionarse con los resultados, porque del apego surge el miedo y es algo que no nos deja avanzar.

– ¿Te has marcado algún nuevo objetivo o reto?
– Tengo presente muchos objetivos que debo desarrollar entre ellos un ecommerce, pero soy consciente de que si eliges muchos caminos a la vez no te enfocas lo suficiente y no se llegan a realizar. Por eso no me estreso mucho a la hora de ir paso a paso. Todo en la vida lleva su proceso y cada esfuerzo que hagas hoy marcará la diferencia mañana.

Foto equipo de Live 2016.

– ¿Qué piensa tu familia y amigos de tu aventura?
– Para ellos fue triste al dejar atrás varios años de experiencias vividas y momentos compartidos, pero sabían que todo era para algo mejor. Es difícil renunciar a no verlos más ya que significaban algo muy especial en mi vida. Sin embargo, siempre hay momento para una llamada y saber que aún estamos ahí para lo que hiciese falta.

– ¿Cuáles son tus planes futuros?
– Seguir aprendiendo de la industria del diseño gráfico y en los múltiples sectores en relación a él y emprender una agencia de publicidad y academia especializada a formar a las nuevas generaciones que se interesan cada vez más en esta profesión, al ver la infinidad de aplicaciones que se pueden realizar.

– ¿Piensas volver a tu lugar de origen en algún momento?
– Por supuesto, aún debo conocer en profundidad mi país de origen. Es muy rico en diversas cosas, además de visitar de nuevo a mi familia y amigos, por eso no descarto la posibilidad de realizar un viaje extenso.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?
– La calidad de vida y la relación que tienen con la naturaleza, el respeto y la forma sencilla de tener lo que tiene todos los días, las comidas tradicionales y por supuesto las reuniones familiares mientras compartíamos unos buñuelos con café.

Su pasión es el diseño gráfico: En la foto posa orgulloso de su primer cartel para el Festival Puro Latino.

– Para terminar: un mensaje a los onubenses.
– Quisiera agradecer a cada una de las personas que de uno u otro modo han depositado su confianza en mí y a crecer laboralmente en esta ciudad y sentirme como un onubense más todos estos años.

Huelva es una ciudad que progresa poco a poco, es un lugar idílico para tener una excelente calidad de vida y llegar a los estándares de otras localidades de Andalucía en cuanto a turismo y gastronomía. Creo que debemos apostar más por el emprendimiento de nuevas empresas y de pequeños negocios, para aportar más valor a la localidad y así sentirnos orgullosos de lo que se construye aquí.

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