La Huelva Desconocida. Cinco poblados mineros abandonados

Antonio Delgado Pinto nos da a conocer cinco lugares de la provincia poco conocidos, que datan de finales del siglo XIX y principios del XX.

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Antonio Delgado Pinto. Huelva es una gran desconocida para muchos, pero no solo para foráneos, también para los propios onubenses. De Sierra a Costa, pasando por Andévalo, Condado y Campiña, nuestra tierra tiene un sinfín de lugares bellos, a la par que desconocidos para la mayoría.

El onubense Antonio Delgado Pinto nos presenta cada sábado cinco lugares imperdibles de la provincia de Huelva. En esta ocasión, nos recoge monumentos e infraestructuras que datan del siglo XIX y el XX.

Apunta todos estos rincones que un buen choquero que se precie debe conocer.



San Miguel, plaza del poblado, al fondo la Casa de Dirección.

SAN MIGUEL. Poblado minero junto a la rivera de Escalada

A mediados del siglo XIX es cuando comienza la mejor época de producción de pirita y calcopirita de la mina San Miguel. El poblado minero que se levantó para albergar a los trabajadores contó con viviendas, talleres, oficinas, dispensario médico, escuela, iglesia, cuartel, carpinterías y cuadras.

El poblado se extiende entre la corta a cielo abierto y el magnífico puente de mampostería que fue construido para el ferrocarril que se encargaba de transportar el mineral. Las imponentes ruinas de la Casa de Dirección aún delatan la importancia de esta mina que dejó de funcionar definitivamente en 1970.

Calle de La Torerera, en primer término la ermita.

LA TORERERA. Poblado minero al suroeste del embalse Riscoso

Aunque desde el aire aún puede verse la magnitud de este poblado, quedan pocos indicios de este lugar en los mapas modernos. Los restos de su diseminado poblado hacen pensar en un núcleo poblacional más pequeño de los que en realidad fue. Sin embargo, no hay más que fijarse en los cimientos que aún pueden verse, la gran cantidad de acerados ocultos bajo la maleza y las zonas pavimentadas correspondientes a la plaza del poblado para comprender que nos hallamos en el que fue uno de los grandes pueblos mineros de nuestra provincia. De hecho, La Torerera albergó en su día más de un millar de habitantes. El casino, la Casa de Dirección, la ermita, algunas viviendas, oficinas y almacenes aún quedan en pie y delatan el pasado esplendoroso del lugar.

Calle de San Platón.

SAN PLATÓN. Poblado minero sobre el curso alto del Odiel

Cuando uno sube desde las instalaciones mineras de San Platón hasta el cerro donde está el poblado del mismo nombre, es fácil quedar sorprendido por el tamaño del lugar. Varias manzanas de casas, muy diseminadas, al igual que ocurre en otros poblados mineros cercanos como Poderosa, Soloviejo o Esperanza, salpican las cumbres vecinas. Casi setenta años de abandono han hecho que el acceso a una parte del poblado sea difícil, los caminos que existieron han desaparecido y la maleza ha conquistado casi todo el territorio.

La vista de los meandros del Odiel es incomparable desde las ruinas del poblado.

El Manzano, al fondo el puente y el túnel.

EL MANZANO. El mayor poblado minero junto a las vías del ferrocarril de Riotinto

Uno de los paisajes más impresionantes que nos regala la cuenca del río Tinto es sin duda el que sirve de marco al poblado minero de El Manzano. Situado en el punto kilométrico 63 de la vía ferroviaria, fue un pequeño núcleo de población del que aún pueden verse las ruinas, sobre todo el apeadero, la vivienda del inspector de vías, de típica arquitectura británica, la escuela y algunas viviendas entre las vías y la maleza.

En un extremo del poblado, el puente y el túnel del mismo nombre completan la belleza de este entorno inhóspito y espectacular.

LA ESPERANZA. Un poblado minero muy disperso

Hasta cuatro kilómetros separan las distintas barriadas que componen el poblado de La Esperanza. El motivo hay que buscarlo en el hecho de que los trabajos mineros se efectuaban en lugares muy distantes, La Esperanza, Angostura y Casas del Dique fueron los núcleos poblacionales más importantes. La fotografía corresponde a La Esperanza, cuyas calles están dispuestas en forma de U en torno a una plaza central donde aún se alzan los restos del edificio que sirvió de casino y economato.

Las viviendas más antiguas datan de los primeros años del siglo XX. Menos de tres décadas después se abandonaron las extracciones de pirita en este lugar y La Esperanza empezó a despoblarse, aunque de manera muy lenta, ya que algunas casas siguieron habitadas por trabajadores de las minas vecinas. Actualmente las casas están en un estado lamentable, todas han perdido los tejados, las puertas y las ventanas y han sido invadidas por la vegetación hasta el punto de que es imposible entrar en la mayor parte de ellas.

1 Comentario

  1. Muy interesante, como siempre. De niño estuve una vez en La Torerera y recuerdo que la ermita, hoy casi derrumbada, se encontraba en perfecto estado. Y hace 25 años visité con amigos el poblado de San Miguel, donde quedamos impresionados por la Casa de dirección, aunque daba pena ver el estado en que ya se encontraba por aquel entonces. Saludos!

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