Onubenses de adopción

Gino Jaime, un ingeniero aeroespacial en potencia que llegó a Huelva hace 16 años desde Guayaramerín (Bolivia)

Con 11 años voló hasta España para reencontrarse con su madre, que llevaba más de un año con su hermana pequeña hasta que pudo traerlo con ella. Huelva se convertiría en su hogar y ahora se siente un choquero más.

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Gino Jaime, de Guayaramerín (Bolivia) a Huelva.
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Cristina Morales. Absortos en nuestra realidad, somos poco conscientes de lo diferente que es la vida en otros lugares. Para conocer un poco mejor esta disparidad, hace unos meses inauguramos una nueva sección en Huelva Buenas Noticias. Se trata de ‘Onubenses de adopción’, la antítesis de nuestro ya tradicional ‘Onubenses por el mundo’. En esta nueva sección, conocemos los testimonios de extranjeros que dejaron su tierra para emprender una nueva vida en Huelva y provincia.

Pasó su infancia entre Santa Cruz de la Sierra y Guayaramerín.

Hoy tenemos a un choquero muy especial. Gino Jaime de la Barra, de 28 años, lleva más de 16 viviendo en Huelva, en el Barrio del Molino de la Vega, como un onubense más. Con 11 años, tuvo que volar desde su Bolivia natal sólo, para reencontrarse con su madre que ya vivía en nuestras tierras junto a su hermana pequeña. Actualmente, se encuentra en el último año de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Sevilla, tras previamente haber trabajado en varios sectores y estudiar el Grado Superior de Programación y Desarrollo Web. Su objetivo es empezar una carrera profesional en alguna empresa importante del sector, donde poder investigar sobre el diseño de nuevos modelos de vehículos aeroespaciales más sostenibles.

Es natural de Guayaramerín, una ciudad y municipio de Bolivia que se encuentra ubicada al norte del departamento del Beni sobre la frontera con Brasil, a orillas del río Mamoré por la cuenca del Amazonas. A los 4 años comenzó a vivir junto a su madre en Santa Cruz de la Sierra, la segunda ciudad más importante de Bolivia. Pero en vacaciones, siempre cogía un avión para volver a su tierra y disfrutar con su familia materna de la naturaleza y la tranquila vida que ofrece Guayaramerín.

La cercanía con la selva, la unión con la naturaleza y la libertad de la vida sin estrés, junto a la estrecha relación con sus primos, hacían de sus vacaciones su momento favorito. Hablamos con este ‘Onubense de adopción’, para que nos cuente más sobre su experiencia.

– Para empezar, cuéntanos un poco de tu biografía hasta ahora.
– Para mí todo empieza en Guayaramerín, un pequeño municipio de Bolivia que se encuentra en frontera con Brasil, separado por el río Mamoré, donde estuve hasta los 4 años. Después, por motivos personales, mi madre y yo nos trasladamos a Santa Cruz de la Sierra, la segunda ciudad más importante de Bolivia, donde tuvimos comienzos difíciles. Pero, como siempre, gracias al trabajo duro y la valentía de mi madre nos quedamos durante 7 años en la ciudad hasta que un familiar la convenció de probar suerte en España.

Pero esta vez la aventura mi madre la empezaría con mi hermana pequeña, separándonos durante un año y medio hasta que ella estuviera estable y pudiera hacerse cargo de nosotros dos en un país tan lejano. Una vez que consiguió estabilizarse, a pesar de las dificultades, en el 2005 compró un billete para que me subiera a ese vuelo que me traería con ella a Huelva.

En la imagen, en su graduación de Kinder (preescolar) en Guayaramerín.

– ¿Cómo fueron tu llegada y el proceso de adaptación?
– Recuerdo que fue un 22 de marzo del 2005 el día que, después de muchas horas de vuelo y escalas, llegue por fin a Sevilla donde pude reencontrarme con mi madre. Una vez instalado en Huelva, en el Molino De la Vega, mi primer y único barrio en el que he vivido en la capital Onubense, mi madre me matriculó en él colegio José Oliva para terminar el curso de sexto de primera. Esos cuatros meses restantes que quedaban de sexto de primaria dejaron evidente mis carencias académicas para seguir las clases.



Todo me parecía tan diferente, aunque compartiéramos el mismo idioma, comprendía la mitad de lo que me decían. Al reto que suponía integrarme con mis compañeros, entender las referencias de mis maestros sobre cosas locales, se añadía mi nivel académico bajo, sobre todo en matemáticas, sexto de primaria y apenas sabía la tabla de multiplicar. Gracias a las clases extra de mi maestro de matemáticas, de las que me sacaba de otras asignaturas como dibujo, música etc, para ayudarme con el nivel de matemáticas, pude terminar el curso y pasar al tan temido instituto.

Septiembre del 2005: instituto Pablo Neruda, sin amigos, mi timidez y mi intento de no llamar mucho la atención, marcaron mi incorporación a la secundaria. Afortunadamente, esta situación duró poco gracias a mis compañeros, que me hicieron sentir acompañado en esa nueva aventura. Y así junto a mis compañeros y amigos onubenses poco a poco fui conociendo mejor las costumbres, las expresiones y lo que era la vida en Huelva.

A los 17 años, durante unas vacaciones estuve buscando algo que me motivara, mientras tanto empecé mi primer trabajo de verano, repartidor de televisores y audio en El Corte Inglés, un trabajo muy interesante donde aprendí mucho. Sin perder ningún verano, he estado trabajando todos y cada uno de ellos, aunque eso sí, en diferentes trabajos. El último de ellos este verano como camarero, en un hotel de Mazagón en el que ya he trabajado otras temporadas.

Cuando acabé el instituto decidí empezar un trabajo de jornada completa hasta aclararme las ideas y tomar la decisión de hacer una Grado Superior de Programación y Desarrollo Web. Siempre tuve claro que algo técnico o científico tenía que ser, es lo que realmente me gusta. Una vez terminado el grado superior y con una media de 9, me presenté a la parte específica de selectividad en matemáticas y física, las dos asignaturas que necesitaba sacar por encima de un 9 cada una para poder entrar en Ingeniería Aeroespacial en Sevilla. Después de muchas horas de estudios y con mi plaza conseguida, tocaba emprender mi primera aventura sólo, lejos de casa.

Una vez instalado en Sevilla para poder empezar la carrera que tanto esfuerzo me costó entrar, ahora venía lo más difícil, aprobar en la ETSI de Sevilla. Como siempre me dice mi madre, “sarna con gusto no pica” me encontré que a pesar de lo difícil que es aprobar y sacar adelante la carrera, sentí que encontré algo que me apasionaba, juntaba todo lo que me gustaba, física, matemáticas, tecnologías, informática, investigación y mucho por lo que trabajar para aportar nuevas ideas.

Con toda esa pasión y ganas por empaparme de todo lo que rodea a mi carrera, me encontré en Segundo, en la asignatura de ampliación de física con un proyecto al que le dediqué muchas horas y el cual me dio la mayor alegría académica que he tenido en mi vida, poder asistir y exponer ese trabajo de investigación en la tan famosa y prestigiosa Universidad de Oxford, donde estuve una semana en los congresos de física aplicada. Con todo esa experiencia encaro mi último curso de la carrera con mucha ilusión por terminar y empezar a hacerme un hueco en mi profesión como ingeniero aeroespacial.

Junto a su madre y uno de sus primos en el patio de su casa en Bolivia.

– ¿Por qué decidiste venir a España?
– Llegue con 11 años y fue por estar al lado de mi madre. Ella llegó a España un año antes y yo me quede con mi familia por parte de madre en Guayaramerín hasta que ella pudiera traerme.

– ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
– 16 años.

-¿De dónde eres? ¿Cómo es esta ciudad?
– Soy de Guayaramerín, una pequeña ciudad situada en la frontera con Brasil, donde el río Mamore hace de frontera con la ciudad brasileña de enfrente. Con una población de unas 39.000 personas, es una ciudad con aires de pueblo debido a su tranquilidad, rodeado de la selva Amazonas y que cuenta con un aeropuerto nacional.

En el centro del pueblo se encuentra el mercado en el que cada mañana venden una gran variedad de pan y todo tipo de comida para desayunar, como las ricas salteñas y los jugos de frutas que te preparan sobre la marcha, una auténtica delicia ir a desayunar al mercado. También cuenta con dos plazas principales donde se concentra el ocio en el que suelen ser comunes las quedadas para alquiler motos y dar vueltas con ellas. Así como su puerto, con gran trasiego de comerciantes que van y vienen de Brasil.

– ¿Cómo es vivir ahí? ¿Es muy diferente a España?
– Tengo la increíble fortuna de haber vivido mi infancia entre Guayaramerín y Santa Cruz de la Sierra, la segunda ciudad más grande e importante de Bolivia. Hasta los 4 años estuve viviendo en Guayaramerín, después nos trasladamos mi madre y yo a Santa Cruz de la Sierra donde permanecía los 10 meses de colegio, para al día siguiente de terminar las clases coger una vuelo a Guayaramerín y estar allí todas las vacaciones junto a la familia de mi madre.

Entre Guayaramerín y Huelva sí que hay muchas diferencias, es como transportarse a mundos diferentes. Recuerdo que cada tarde nos íbamos con mis primos al río a bañarnos, a coger gusanos para pescar, subirnos a los árboles para merendar mangos, papayas, y toda fruta que nos encontrábamos a nuestro paso y, por supuesto, muchas tardes de juegos en las calles de gravilla que te dejaba los pies rojos y alguna que otra rodilla o codo raspado.

Pero los recuerdos que más nostalgia me traen son los que viví en la casa de mi abuela, que ocupa media manzana de una calle, donde en el centro del patio se alzaba un mango gigantesco rodeado de patos, gallinas, tortugas, parabas (papagayo), crías de caimanes y Tincho, el mono de mi abuela con el que jugaba subiéndonos al mango. También recuerdo las veces que me colaba en las excursiones de mis tíos a la parte profunda de la selva para cazar y pescar, donde acampábamos con hamacas colgadas de los árboles y cuando caía la noche la naturaleza nos regalaba un festival de sonidos de monos aullando saltando por encima de las ramas, un auténtico espectáculo de la selva.

Guardo con gran cariño esos recuerdos de mi infancia en Guayaramerín ya que ha sido el único sitio en mi vida donde pude ser un niño, cuya preocupación más grande era conseguir que le sobrara algo de pan del desayuno, cosa complicada ya que amo el pan, para poder utilizarlo de cebo para pescar por las tarde en el río con mis primos.

Guayaramerín es un sitio donde sientes la Libertad que te puede dar la naturaleza, donde ves que a pesar de la humildad de la gente vive feliz sin estrés por tener el último IPhone, la hipoteca de la casa, los impuestos, básicamente la mochila cargada de estrés del primer mundo, es otra forma de vida.

Le costó adaptarse a la enseñanza en España pero terminó con éxito y grandes amigos.

– ¿Cómo has vivido la pandemia?
– Como la gran mayoría de personas, con mucha preocupación por la salud de mis familiares, la inquietud de no saber qué pasará y cómo solucionar los problemas que iban llegando a raíz de todo lo que supuso la paralización de la economía mundial. También hubo mucho tiempo para reflexionar sobre la importancia de saber apreciar el tiempo que estamos junto a aquellas personas que nos importan.

– ¿Qué estás haciendo en estos momentos?
– Ahora en septiembre empezaré cuarto de ingeniería aeroespacial en la Universidad de Sevilla para después poder hacer el master de Vehículos Aeroespaciales también en Sevilla.

– ¿Es la primera vez que estás fuera de tu país?
– Viviendo si, es el único país en el que he vivido fuera de Bolivia. Aunque sí he estado en otros países de Latinoamérica por motivos laborales de mi madre, pero solo de visita y algún viaje que he hecho por Europa en estos años que he estado viviendo en España.

– ¿Cuál es tu balance de la experiencia por ahora?
– Siempre he pensado que el haber vivido mi infancia en Bolivia y el resto en Europa, me ha dado la posibilidad de ver la vida con lo mejor y lo peor de ambos continentes, gracias a toda esta experiencia siento que mi mentalidad ha tenido esa suerte de ver ambas culturas y aprender de ellas.

– ¿Te has marcado algún nuevo objetivo o reto?
– Tengo diferentes objetivos en mi vida, uno de ellos es poder dedicarme al sector aeroespacial, crecer profesionalmente para algún día poder disfrutar de una vida plena en este sentido. Pero mi mayor objetivo es mi madre, una madre que lucha sin descanso por poder apoyarme en todas mis metas, poder darle una vida mejor siempre será mi mayor objetivo.

Estudia Ingeniería Aeroespacial en la US. Aquí en una ponencia sobre un trabajo académico en Oxford.

– ¿Qué piensa tu familia y amigos de tu aventura?
– Soy parte de una familia de aventureros y valientes que ven la aventura de irse tan lejos como una oportunidad de crecer personal y profesionalmente, siempre han apoyado a todo familiar que ha emprendido una aventura de estas características.

– ¿Cuáles son tus planes futuros?
Empezar una carrera profesional en alguna empresa importante del sector, donde poder investigar sobre el diseño de nuevos modelos de vehículos aeroespaciales más sostenibles.

– ¿Piensas volver a tu lugar de origen en algún momento?
– Ya se han cumplido 16 años desde mi llegada y no he vuelto nunca desde entonces. Así que sí, pienso volver pero no del todo, sería para ver a mis familiares y volver a sentir la cultura, la gente y los lugares que me vieron nacer.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?
– La forma en que ven la vida, la sencillez con la que se vive, la naturaleza donde desconectas de todo y sólo estás tú y lo natural.

– Para terminar: un mensaje a los onubenses.
– Quiero dar un mensaje de agradecimiento a todos mis profesores por la dedicación de su trabajo y, en especial, a la increíble paciencia de mi profesor de matemáticas en el IES Pablo Neruda, Don Alfredo, que cogió a un chico al que no le interesaba estudiar y que se sentía torpe cada vez que llegaba la hora de las matemáticas. Gracias a él descubrí mi pasión por la ciencia, viví la experiencia de ir a unas olimpiadas de matemáticas y, sobre todo, me enseñó a tener seguridad y confianza en mí.

También quiero agradecer a todas y cada una de esas personas que han formado parte de mi vida y que me han hecho sentir un onubense más y con mucho orgullo de serlo, porque aunque no nací aquí, cada vez que me alejo de Huelva y Andalucía siento que estoy lejos de mi hogar.

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