Ángeles Salas, una violinista bollullera que continúa su formación musical en Helsinki mientras recorre escenarios de toda Europa

Hoy descubrimos a esta joven onubense de 26 años, que se encuentra finalizando un máster en la Academia Sibelius de Helsinki (Finlandia) y, a la vez, haciendo audiciones para orquestas de ciudades como Rotterdam, Suecia, Varsovia y Hong Kong.

1
1146
Ángeles cuenta con una destacada trayectoria en el mundo de la música. En la imagen, en Madrid, en 2019, después del Recital Fin de Máster, donde obtuvo Matrícula de Honor.
Una joven de Bollullos con mucho talento.

HBN. El talento no está reñido con la juventud, más si hablamos de la música. Y Huelva es un buen ejemplo de ello, como hoy nos lo demuestra la protagonista de esta entrevista. Su nombre es Ángeles Salas-Salas, tiene 26 años y nació en Bollullos Par del Condado. Su relación con la música comenzó con un violín de juguete con el que hacía sonar sus primeras melodías clásicas. Ya entonces recuerda que le encantaba. Tras este primer contacto nos cuenta que “mi hermano tocaba el piano y, a mis 6 años, tocábamos juntos algunas piezas fáciles. Aunque aquello no era siempre un momento alegre, porque ninguno de los dos teníamos mucha paciencia con el otro”.

Su formación académica se inició estudiando el violín de forma particular con José Antonio, que le preparó para la prueba de acceso al Conservatorio Elemental de Bollullos. A partir de ahí, unos años más tarde, empezó a tocar en la Orquesta Manuel de Falla, donde, asegura, “aprendí a tocar en grupo escuchando no solo mi sonido, sino también el del conjunto, y conocí a buenos profesores y compañeros, cuyo recuerdo me inspira aún hoy en día”. Fue el caso de Anca Bitan, una figura fundamental en su proceso de aprendizaje, tanto que, cuando hubo de pasar a Grado Medio, eligió Sevilla para continuar estudiando con ella.

En la imagen, Ángeles, preparada para viajar a Madrid, 2017.

En la capital hispalense, Ángeles desarrolló su autoexigencia y determinación por tocar mejor el violín, puesto que, “hasta ese momento, siendo aún una niña, me escaqueaba cuando podía para dibujar o escribir, actividades que me siguen cautivando a día de hoy”. Su esfuerzo dio resultados porque, mientras estudiaba en Sevilla, la seleccionaron en la Orquesta Joven de Andalucía (OJA) y tocó como solista en el Concierto número 3 en Sol Mayor de Mozart. Una recompensa que generó en su interior el deseo de ser aún mejor.



Con este objetivo, su siguiente pasó fue mudarse a Madrid para estudiar con Sergey Teslya, que fue clave en su desarrollo. “Fue una época oscura ciertamente, pero, a pesar de las dificultades que me imponía a mí misma, toqué de Concertino en la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid, en la Orquesta Sinfónica del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid (RCSMM), me llamaron de orquestas profesionales, como la Orquesta Filarmónica de España, la Orquesta Verum y la Orquesta de Cámara Almaclara. Además, me seleccionaron en la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), donde también desempeñé el papel de Concertino, y, por dos años consecutivos, fui miembro de la European Union Youth Orchestra (EUYO) y la Gustav Mahler Jugendorchester (GMJO), orquestas de altísimo nivel interpretativo”, nos comenta.

Seccionales de violín con la EUYO, 2018.

Es más, estando en Madrid esta joven bollullera obtuvo el Premio de Solistas en el Conservatorio Superior, lo que le llevó a interpretar en el Auditorio Nacional de Madrid el Concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky en marzo de 2018, año en el que realizó varias giras tocando en las mejores salas de conciertos del mundo, como Concertgebouw en Ámsterdam, Konzerthaus en Berlín, el Ateneo de Rumanía, el Royal Albert Hall en Londres, sin olvidar otros escenarios de Viena, París o Dubái, entre otros. En todas estas citas contó con magníficos directores, como V. Petrenko, G. Noseda y M. Honeck.

Catedral St. Stephen en Viena, 2018.

Tal y como nos relata, “después de estas inolvidables y enriquecedoras experiencias sobre el escenario, hice el Máster de Solista en el Centro Superior Katarina Gurska de Madrid, continuando mi formación con Sergey Teslya y preparándome para salir al extranjero que, si bien nunca había contemplado esta opción, Finlandia se me presentó como un lugar calmo, limpio y fresco donde ampliar mis horizontes profesionales. De hecho, Ángeles obtuvo Matrícula de Honor en su recital Fin de Máster y se encaminó a Finlandia, una decisión que tomó casi por casualidad.

En Finlandia, en una imagen tomada en febrero de este año 2021.

A pesar de ello, Helsinki ha resultado ser para ella “una ciudad con una rica cultura musical, un grandísimo interés del público por la música clásica y una barbaridad de oportunidades de expansión artística para los jóvenes”. Una ciudad en la que ha tenido la oportunidad de tocar como Concertino de la Sibelius Academy Symphonic Orchestra, en la Kapubandi Orchestra para estudiantes de dirección, la Helsinki Chamber Orchestra y como violinista invitada de la Aleksantterin Teatteri Orchestra. Además, en estos meses, la seleccionaron para tocar de Academista en la Finnish National Opera.

Todas estas experiencias vividas en Finlandia le han permitido descubrir “mi pasión por la música de orquesta y mis habilidades para liderarla, he desarrollado mi visión del estilo interpretativo y he trabajado mano a mano con directores de talla mundial, como Sakari Oramo, Peter Eotvös y Leif Segerstam. Aquí continuo con mi línea de estudio del violín a través de la escuela rusa con Mari Tampere-Bezrodny, pero, esta vez, con un acercamiento más introspectivo que me permite cuestionar mis hábitos para tocar de manera más libre. Y en este punto me encuentro”. Una oportunidad con la que está madurando como profesional y como persona, como descubrimos de forma más amplia a través de esta entrevista.

Ensayo general en Konzerthaus Berlín, 2018.

-Ángeles, ¿cómo surge tu interés por la música?
-Tengo la sensación de estar unida a la música desde antes de mi nacimiento. Al fin y al cabo, la primera vez que oímos música es la percusión del propio latido del corazón. Pero tengo la certeza de que mi padre tuvo mucho que ver en los comienzos de mi interés por la música. Siendo melómano apasionado, me introdujo a la música clásica, según me ha contado tantas veces, poniendo grabaciones de orquesta aún cuando yo estaba en el vientre de mi madre. Después de nacer, la música captaba toda mi atención haciendo volar mi imaginación, llegando incluso a ver colores y formas que se transformaban a la par que los sonidos y llevándome a mundos inventados y paraísos inhabitados. Muchas influencias he recibido durante mi juventud que me han llevado a interesarme por otros estilos como el jazz, el blues y el soul, así como el rap, el rock sinfónico o el dark metal que, sin duda, me han enriquecido, mostrándome el polifacetismo y la versatilidad de la música.

No sabe si el violín la eligió a ella o ella se adaptó al violín.

-¿Por qué te decantaste por el violín?
-Vamos a llamarlo suerte. Pienso que es el instrumento que me más se adapta a mi personalidad o, quizás, fui yo quien se adaptó a la personalidad del violín, quién sabe. Hoy por hoy pienso que es uno de los instrumentos más bellos del mundo, puede ser delicado a la par que potente, tiene un repertorio maravillosamente variado y una amplitud de colores extraordinaria.

-¿Cuáles son los profesores que más te han marcado?
-Ciertamente todos y cada uno de ellos. Cada interacción personal ha influido en mi crecimiento como músico y recuerdo todas ellas con alegre nostalgia. Me ha marcado mi primer profesor, antes de empezar en el conservatorio, José Antonio, que venía a casa con un piano pequeñito con el que practicábamos educación auditiva; Rosalía, aún recuerdo su perfume, el sonido de sus joyas al mover los brazos y los mil colores en su vestimenta y en su mirada; Lola y su sensibilidad, que llenó la clase de fotos del Río Tinto que ella misma había hecho, formando un collage de texturas inolvidable, y aquellos conciertos temáticos donde nos disfrazábamos según la música que tocábamos. La Orquesta Manuel de Falla, con José Joaquín y los conciertos del día de la Virgen de las Mercedes, las giras por la Sierra de Huelva y los divertidos ensayos donde agotábamos su paciencia, y Elena, su hija, tan disciplinada y exigente que, aunque a veces daba miedito, podía llegar a ser muy inspiradora. Mi querida Anca, que hacía de las clases de violín el momento más deseado y a la vez temido de la semana, claro, dependía de mí, si había practicado bien las escalas y estudios, me ganaba lo que ella llamaba la zanahoria, que era comenzar una pieza particularmente bonita o desafiante que yo deseaba tocar. En Madrid, Alfredo, un señor con mucha parla y técnica excesiva que me hizo plantearme por primera vez dejar el violín. Y mi querido Sergey, quien no dejaba pasar ni una nota desafinada, ni un compás sin sentido musical, ni una frase sin alma, me devolvió el gusto por el violín y me mostró que una buena violinista no es solo quien toca bien el violín, que la cultura y el conocimiento moldean la imaginación y personalidad del músico, dándome libros cada semana, usando las más ricas metáforas para entender el sentido de una simple nota y haciéndome más exigente y disciplinada. En Helsinki, Mari Tampere-Bezrodny, quien me está abriendo un mundo de posibilidades y entendimiento del violín que no podía ni imaginar.

Concierto de solista, Tchaikovsky en el Auditorio Nacional de Madrid, 2018. Fue un momento que nunca olvidará.

-Y, ¿qué lugares nunca olvidarás?
-Si hablamos en el plano acústico y estético, Konzerthaus Berlin fue algo impactante. Es de una belleza impresionante, pareciera un palacio. La sala tiene la llamada forma de caja de zapatos, es más larga que ancha y esto provoca que el sonido viaje a lo largo de la sala para después rebotar en las paredes de los lados provocando un efecto envolvente en el oído del público. Pero yo, que estaba en el escenario me oía con una claridad cristalina y también al resto de la orquesta, y esto es porque en el techo, cerca del escenario, estaban colocados unos reflectores de sonido que devuelven las ondas hacia la orquesta y permite escucharnos perfectamente. El concierto del Auditorio Nacional de Madrid es inolvidable para mí tanto por la calidad de la acústica, como por el contenido emocional. Tocar de solista mi concierto preferido en una sala de tal magnitud, fue el sueño de mi vida hecho realidad. Aunque lo cierto es que más que los lugares, son las personas con las que he tocado y la música que nos ha unido lo que cobra mayor importancia en mi memoria. Como fue el concierto que dimos el Cuarteto 1492 en la plaza de un pueblo onubense, donde la música clásica era algo muy lejano para el público. Podía respirar el respeto entre los músicos y pude sentir la alegría e interés con la que el pueblo nos acogió y la satisfacción tras acercarlos al poder transformador de la música clásica.

Graffenegg (Austria) antes del ensayo con la European Union Youth Orchestra, 2018.

-¿Qué estás haciendo en la actualidad?
-Estoy finalizando el máster en la Academia Sibelius de Helsinki y, a la vez, haciendo audiciones para orquestas de ciudades como Rotterdam, Suecia, Varsovia y Hong Kong. Aun con incertidumbre sobre el futuro, hasta decidir qué punto del globo será mi próximo horizonte. Creo que sería feliz en cualquier ciudad mientras haya zonas verdes, salga el sol de vez en cuando y trabaje en una orquesta exigente y llena de energía y pasión por la música. También estoy desarrollando ideas con-cierto toque experimental, aunando la música con mis ensayos sobre espiritualidad, introspección y progreso personal.

-¿Cuál es el balance de tu estancia?
-Muy positivo. Salir al extranjero es una oportunidad maravillosa para conocerse en situaciones diferentes, situaciones que a uno le parecerían improbables de superar, pero en las que, al final, con la actitud adecuada, se acaba desterrando un miedo o una limitación. Yo no me hubiera imaginado en el extranjero, teniendo que solucionar problemas cotidianos en un idioma que manejaba con dificultades y, sobre todo, dudaba de mi capacidad de relacionarme con otras personas, pensaba que estaría todo el tiempo encerrada estudiando, pero estoy haciendo muy buenos amigos aquí, gente con las mismas inquietudes y sueños con los que sentirse identificada y comprendida.

Palacio del Acebrón en Doñana, Ángeles tocando con la Joven Orquesta Nacional de España, 2019.

-¿Qué es lo más echas de menos de Huelva?
-Lo que más echo de menos es el Sol. Todos conocemos la belleza de la luz de nuestra tierra y en Finlandia he llegado a estar meses sin ver ni un rayito de sol entre tanta nube y nieve, por no mencionar que durante el invierno es noche cerrada a las 3 de la tarde y no amanece hasta las 9 de la mañana. Lo bueno es que el tiempo no invita a salir, así que se estudia más. Los manjares españoles también son algo que se echa de menos. Pero me da una alegría extraordinaria cuando en cualquier mercado al que voy en Finlandia encuentro unos fresones enormes y al mirar en la caja encuentro Palos de la Frontera, Moguer o Bollullos Par del Condado. Me hace sentir cerca de casa y me digo que los finlandeses saben dónde está lo bueno. Eso sí, es un capricho que debe esperar, porque ¡no salen nada baratas! Y, por supuesto, echo de menos a mi familia.

Masterclass de Música de Cámara en la Academia Sibelius, 2019.

-¿Cómo estás viviendo la pandemia? Suponemos que no puedes venir mucho a tu tierra natal.
-Soy una persona que tiende a encontrar el lado positivo a toda situación que pudiera parecer desfavorable a primera vista. Soy muy introspectiva y la soledad es para mí una fuente de autoconocimiento y autocuidado. La pandemia la he vivido como una oportunidad para pasar más tiempo conmigo misma, leer, replantearme mis hábitos, solucionar ciertos asuntos personales que me estaban lastrando en mi crecimiento personal, escribir y trabajar en nuevos proyectos. Me lo he tomado como una especie de retiro espiritual, sobre todo al principio, cuando el frenético ritmo de vida paró por unos meses, pero lo cierto es que en Finlandia la situación ha estado bastante controlada y, aunque muchos conciertos y proyectos se han cancelado, otros muchos han seguido adelante y eso ha mantenido la motivación y el interés por seguir trabajando con ilusión.


Auditorio Nacional de Madrid con la Joven Orquesta Nacional de España, 2019.

-¿Qué tienes previsto hacer en el futuro?
-Mi idea es terminar el Máster en la Sibelius Academy y, si fuera posible, ser miembro de una orquesta cuyos principios sean el acercamiento a todo tipo de público, la comunicación y ambiente amable entre los músicos y la pasión y entrega a la música clásica. Una vez establecida en la ciudad en la que me encuentre, organizar conciertos y recitales alternativos.

-¿Algún proyecto de interés? 
-Hay una idea que me ronda el pensamiento últimamente. Inspirada por la necesidad de bajar al músico del pedestal y acercarlo al público para crear una conexión más íntima y certera, estoy definiendo las características y el formato de unos conciertos para público reducido, donde las personas que acudan pasen de ser oyentes a formar parte activa de la interpretación, descubriendo la capacidad artística intrínseca en todos y cada uno de los seres humanos, creando un círculo de introspección y consciencia que pretenda potenciar la capacidad transformadora de la música.

En Concertgebouw Ámsterdam, 2018.

-¿Tu mayor sueño?
-Comprender el sentido de la existencia, sanar mi propia alma y poder, con ello, sanar a otros, sentir que no tengo límites, que soy libre en la música, tener valentía y coraje para cuestionarme cada día, superarme y crecer como persona.

-¿Algún mensaje final a los onubenses?
-Que nos guíe la paciencia, la entrega y el amor por lo que hacemos.
También me gustaría dar las gracias a mi madre y a mi padre por confiar en mí y darme la oportunidad de desarrollarme como artista. Gracias también a Huelva Buenas Noticias por esta entrevista que ha supuesto una bonita excavación en mi memoria y una ilusionada reflexión del futuro.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here