Rocío Márquez, concejala de Flamencotrochería

La famosa cantaora ingresa en las filas del Partido Trochodadaísta después de un inclasificable acto de investidura.

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Redacción. En un Pleno Ordinario en el que no se dijo ninguna palabrota, la Junta de Gobierno Trochodadaísta del PT aprobó por unanimidad la emoción de censura que proponía a la famosa cantaora onubense la Concejalía de Flamencontrochería. La dorada mayestática, natural y valiente, efervescente admiradora de las desopilantes propuestas de la formación política choquera, confiada en sus tangibles posibilidades para el disparate, aceptó de pleno agrado la invitación para, en un futuro más cercano que lejano, aportar iniciativas municipales de indudable calado, como en su día fueron el cambio de nombre de las calles de Huelva o la sustitución de la estatua de Colón de La Plaza Las Monjas por una de SUPEROIDOR.

Los prolegómenos al acto de investidura no pudieron comenzar con peor pie. En una reunión previa en el jondo restaurante La Bohemia, quedó de manifiesto una vez más la incapacidad congénita del líder del PT, SUPEROIDOR, para atinar con el ritmo o el compás. Pese a ello, la inmarcesible señorita Márquez le permitió desafinar como un diablo cojo en la guajira, el martinete, e incluso en el Himno del PT. Apoyados por los palmeros del Colectivopacopérez y numerosos trochodadaístas presentes, los artistas ensayaron las letras que luego desparramarían con dulzura y arrojo en el acto oficial. Quejíos incandescentes iluminaron la Calle Rábida: “El PT cambia nombres de calles / También quita unas cuantas de estatuas / Hace huertos en los fosfoyesos / y empeora estas horas tan arduas”



En el trayecto hacia el romántico Muelle del Tinto, las huestes del PT tuvieron tiempo de cruzar un paso de cebra de la Avenida Italia al estilo Beatles, tomar prestada un poco de gasofa en la gasolinera, intervenir con sillas de enea la arquitectura del Muelle o de depositar un donativo en la Iglesia de La Milagrosa. Rocío Márquez cantó una saeta en una rotonda a la estatua de San SUPEROIDOR.

El acto de investidura comenzó con Rocío Márquez y cía cantando y bailando en las escaleras del Muelle al estilo Parchís. Después de desplegar polvos de magia como superhéroes con capa y de ensayar el paso de la grulla nocturna, este grupo flamenco de excepción ofreció un recital de arte flamenco heterodoxo, contemporáneo y melismáticamente animal. No faltaron las palmas desacompasadas del Colectivopacopérez, las pataítas desesperadas de SUPEROIDOR y el magisterio canoro de la cantaora del Estadio. Finalmente, Rocío Márquez, singular y eterna, recibió con un júbilo de emoción el carné y las orejas que la acreditan como Concejala de Flamencología del Partido Trochodadaísta. SUPEROIDOR, con visibles lágrimas de candor en el alma, remató: “El flamenco es esa música rosa que se queja mientras vuela”,



La noche acabó en La Bohemia en un estrepitoso jaleo entre cantes, licores y viandas. A la celebración se unieron una lata de tomate Martinete y autoridades ilustres como la Concejala Trochodadaísta Susana Mayo, inventora del fandango-trap. Todos los despropósitos acaecidos en esta jornada flamencotrochodadaísta fueron inmortalizados en una novela gráfica por el bizarro artista Mario Marín.

La humildad, buen humor, creatividad y jondura de toa su alma exhibida por Rocío Márquez en una noche consagrada al absurdo, encandiló a todo el equipo de gobierno del PT, lo cual hace presagiar los peores augurios en su loca gestión municipal… ¡Viva el PT! ¡Que lo pete!

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