Gibraleón podría contar en breve con la primera granja del mundo de insectos con sabor a gambas

Nueva entrega de la sección semanal 'El Cuaderno de Muleman', artículo de ficción sobre la provincia de Huelva escrito por José Manuel Alfaro.

0
556

José Manuel Alfaro/ Sección de ficción ‘El Cuaderno de Muleman’. Un día después de que terminasen las celebraciones del día mundial del medio ambiente. Se ha conocido la noticia de que Gibraleón, podría contar en breve con un proyecto de innovación único en el mundo. Un revolucionario proyecto que se incorporaría a la estrategia de cumplimiento del objetivo 1 del desarrollo del milenio, que pretendía erradicar la pobreza extrema y el hambre en la provincia en el 2015.

Un objetivo que no se ha podido cumplir, pero que seis años después se ve más cerca, gracias a una revolucionaria industria agroalimentaria que se pondría en marcha en los próximos años, en la localidad olotense.

Granja de Gambrinus.

El anuncio que no ha sido casual, sino que se ha querido hacer coincidir con el día posterior a del medio ambiente, con el objetivo de aportar una solución a uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la provincia para erradicar la pobreza extrema y el hambre, y que es la compatibilización de la generación de alimentos, con una sostenibilidad ambiental, que evite el aumento de nuevas zonas de cultivo en zonas protegidas o sensibles, así como mega granjas de animales, que necesitan para su explotación de enormes recursos hídricos, el empleo de abonos químicos y números productos fitosanitarios, que terminan generando inmensas cantidades de residuos.

Planta de procesado.

La innovadora granja de insectos con sabor a gambas, se construiría en una finca de Gibraleón, en la que se llevarían a cabo la reproducción y cría de millones de insectos, gracias al empleo de las últimas tecnologías en cría en cautividad de artrópodos y la utilización de técnicas genéticas, encaminadas a la selección de las especies más productivas y culinariamente más comerciales, como sería el caso de este artrópodo gigante con sabor a gambas, que podría compartir mesa con las mejores gambas de la provincia, como nos cuenta en esta entrevista el Chef olotense, que está detrás de este proyecto que podría acabar con el hambre en la provincia en los próximos años.



Gambas a la plancha.

-¿Por qué ha elegido esta zona para este proyecto?

– Gibraleón y en general la provincia tienen un buen clima para la cría de insectos. Las temperaturas de todo el año, la humedad y los vientos hacen posible, un lugar ideal para todos los artrópodos, y especialmente los que se van a criar y engordar en esta granja única en el mundo. Además, esta provincia tiene gran experiencia en el control de insectos como los mosquitos y las numerosas plagas que se dan en los cultivos agrícolas, algo que hará posible que se pueda incorporar al proyecto, numeroso personal técnico cualificado, muy necesario para poner en marcha este mega proyecto que podría ser un motor económico en la zona complementario, al cultivo de los frutos rojos y subtropicales que se están dando en la provincia. Pero con una ventaja, que las necesidades hídricas serán infinitamente menores a las de una hectárea de fresas o arándanos. Luego está la razón sentimental, para una persona de Gibraleón que lleva tantos años fuera, trabajando en los mejores restaurantes del mundo, volver a su tierra, es además de un reto, un sueño cumplido.

Gambrinus a la plancha.

-¿Cree que los insectos desplazarán a las gambas?

– Yo estoy seguro que sí, aquí no tenemos mucha cultura entomófaga, pero en zonas de asía, áfrica y américa, los insectos son un manjar y si además saben a gambas, una delicatesen. Por eso se ha optado por criar unos insectos que previamente se han modificado genéticamente para que al comerlos tengan un sabor y una textura a gambas. Un ciudadano asiático le das un Calliptamus plebeius subespecie gambrinus o un Gambrinus, como lo llamamos comúnmente nosotros en la granja, a la plancha y solo, con un poco de mahonesa o un chorrito de salsa agridulce y se los beben. Pero a día de hoy, en la provincia, es diferente. Para ir creando cultura entomófaga, tendríamos que empezar utilizándolo en las ensaladillas, mezclados con la mahonesa, las patatas y las zanahorias. Pero en el momento, de que la gente se acostumbre a ese sabor marino y crujiente y no distinga entre la ensaladilla hecha con surimi o gambasy una de ensaladilla de gambrinus, estoy seguro que terminarán comiéndose los gambrinus a la plancha y chupando las cabezas como si fueran las mejores gambas blancas de la provincia.

Vista aérea de las instalaciones.

-¿Estamos ante un cambio cultural de gran dimensión en la alimentación de la provincia?

-Yo estoy seguro que aquí terminaremos desplazando la gamba, por el artrópodo Gambrinus y por una razón muy simple. Las nuevas generaciones que se incorporan a la cultura gastronómica, valoran por encima del producto natural y sin procesamiento, un producto cada vez más procesado en el que impera la presentación y el precio por encima de todo, incluso del sabor por muy artificial que sea. Si una persona mileurista, tiene que elegir entre un kilo de gambas, que puede costar una media de 50 euros y un kilo de algo que sabe a gambas, que se come sin mancharse las manos y sin dejar olor alguno y a 10 euros el kilo, que es lo que se estima que podría costar al público un kilo de insectos, los nuevos consumidores lo tienen claro. Si a eso, le añades el valor calórico y las propiedades alimentarias y le dices a una persona, que con un kilo de insectos, y a has consumido las cantidades diarias recomendadas de calorías, proteínas y minerales y que lo único que tendrías que añadir a esta dieta para ser perfecta, es una palmera de chocolate. No tengo dudas de que el gambrinus y la palmera de chocolate, se impondrá a la gamba blanca.

-¿Cómo contribuye su proyecto a la erradicación de la pobreza extrema y el hambre en el mundo?

-Este proyecto no solo contribuirá a la erradicación de la pobreza y el hambre en la provincia, sino que es la clave. Si hasta ahora no se ha cumplido este objetivo número 1 del milenio, no es por la desidia de los pueblos más ricos, que ven en la pobreza y el hambre una herramienta de control. Sino que no se había encontrado la forma de sustituir en la alimentación, el cereal por otro alimento que fuera igual de competitivo. Posiblemente esa imagen de aviones tirando sacos de cereales desde el cielo se pueda sustituirse muy pronto por sacos llenos de insecto, o incluso por granjas locales, en las que reproducir y criar este tipo de insectos que se convertirán en los superalimento del futuro. De hecho, ya hay numerosas organizaciones provinciales, ONGs y ayuntamientos interesados por este proyecto, que nace con vocación de servicio público y universal y que pretende alejarse de la estrategia de las empresas farmacéuticas que buscan en las patentes de sus vacunas, otra forma mas de condenar a los territorios más pobres a la muerte. Nosotros nos hemos comprometidos que liberaremos todas nuestras patentes por el bien de la provincia.

¿A que otros retos alimentarios se enfrenta la provincia?

-Este ya es un reto, pero hay muchos más en los que además están inmersos otros colegas de la profesión, que están investigando con otros productos, como un arroz marino, un jamón del mar de centollo, pan de harina de gusanos, multitud de salsas, hechas de cosas tan inverosímiles como excrementos de hormigas o hacer una pasta a base de insectos y convertirla en una caña lomo que pudiera cortarse en lonchas extrafinas, todo esto llegará porque en estos momento nos encontramos en la punta del iceberg el mayor cambio alimentario de la humanidad, después del uso del fuego.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here