La huelvana calle Marina ¿Te acuerdas?

Una de las calles más simbólicas de la ciudad, denostada sin compasión por la vorágine constructora, mantiene en el aire su espíritu de nexo entre la ciudad y el mar.

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J.A. de Mora. La calle Marina ¿que fué de ella? En 1977 Jaime Montaner y otros compañeros publicaron, con el patrocinio de la Diputación Provincial de Huelva, el libro ‘Edificios de interés de la ciudad de Huelva. Inventario’. En la interesante obra destacaban 110 referencias de nuestra ciudad, que iban desde los templos religiosos y centros oficiales hasta viviendas particulares, pasando por comercios y otros de carácter económico.

Entrada de la calle Marina vista desde la antigua calle Sagasta hoy Jesús Nazareno.

Ya entonces Huelva había sido muy castigada por el desarraigo hacia sus edificaciones, testigos tangibles de su historia más allá de los siempre cuestionables valores arquitectónicos. En esta obra, realizada por arquitectos, la selección se había hecho precisamente en base a esos valores arquitectónicos, dejando fuera a muchos edificios antiguos que a nuestro juicio también deberían haberse respetado por ser, como decimos, testigos de la historia. En una ciudad con ínfimo casco histórico creemos que cualquier edificación que tenga más de un siglo por ese mero hecho ya debería ser protegida.

Edificio de la calle Marina, 23, que en el libro de Montaner se calificaba de interés. Hoy derribado.

Volviendo al libro, hemos comprobado que hoy día, 2021, de esos 110 edificaciones ‘han caído’ -como en la guerra- nada más y nada menos que 44. O sea, si entonces ya era una relación bastante pírrica, ahora solo podemos disfrutar del 60%. Las demás sepultado su espíritu bajo nuevos edificios, sin orden ni concierto estético, que perpetúan la impersonalidad de una urbe castigada por la incultura y/o indolencia de sus ciudadanos.

El tema da para mucho, pero centrémonos en la calle Marina. Y para hacerlo en positivo vamos a considerarla como el ejemplo de una calle muy identitaria de la ciudad que nadie supo defender frente a esa voracidad inmobiliaria.



Calle Marina en los años setenta, al tradicional paso del Nazareno./ Foto: José García.

Y es un ejemplo de lo que no deberíamos hacer con otras que en alguna medida subsisten, como la calle Bocas o Rábida.

La calle Marina era la antigua Calzada. Después de Marina renombrada Almirante Hernández Pinzón, general Franco y de nuevo, como debe ser, calle Marina.

Comunicaba la entrada marítima con la ciudad. Desde el siglo XVI con el arco de la Estrella, que tenía entre 7 y 8 metros de altura, con balcones en uno y otro sentido. A mediados del siglo XIX se derriba el arco y se construye un muelle alargado que permite alcanzar la zona de fondeadero de la Ría, manteniéndose este varias décadas. Era el llamado Muelle del Estado. Posteriormente el Muelle de Viajeros, el Muelle Sur, las zonas de baño,…

Único e ínfimo vestigio de la antigua calle, ni siquiera original.

Toda esa zona de actividad portuaria tenía un centro neurálgico en la calle Marina, hasta la década de los sesenta del siglo XX. Provisionistas de buques, consignatarios, proveedores diversos, nucleaban en la calle el trasiego de la gente de mar. Por ejemplo, en la década de los veinte había siete oficinas de consignatarios de buques, tres de navieros, tres fábricas de cordelería, dos caldererías. Más ‘marina’ no podía ser.

La mar, las minas, eran la causa de que en Huelva hubiese un extraordinario cuerpo consular. Pues bien, en la calle Marina era donde más concentradas estaban las oficinas consulares. Radicaban en ella nada menos que las de Bélgica, Reino Unido, Holanda, Noruega, Perú, Argentina, Suecia y Venezuela.

Imagen de la primera década del XX. La calle vista desde lo que hoy es la Plaza XII de Octubre.

Si consideramos a nuestra ciudad como marítima, pocas calles podrían considerarse tan propias como esta. La hemos despreciado con la indiferencia ante la devastación de sus inmuebles. Estos en otro caso habrían sido hoy recuerdos vivos de esa época de esplendor marítimo.

En el libro de Montaner solo se citaban dos edificios de la calle Marina. Entendemos que no interpretó el valor de conjunto que suponía la calle en toda su extensión, por ese perfil de centro de actividad marítima.

Edificio de El Barato, que daba entrada desde el norte a la calle Marina. Hoy derribado, también declarado de interés en el libro de Montaner.

La calle Marina de principios de los setenta ya contaba con la torre de viviendas que preside la plaza XII de octubre. Pero aún mantenía esa evocación onubense a la navegación. Desde entonces una a una fueron cayendo todas las edificaciones. Quedó tan solo un pequeño vestigio en una de las fachadas de lo que antaño fue la calle. Para ser más exactos, se construyó una pequeña zona de fachada que reproduce parcialmente el aspecto de antaño.

Parece increíble, pero lamentablemente es así. Al menos, en la convergencia con la calle Carmen, también fenecida como alegre acceso al antiguo mercado, quedan las fachadas del edificio de la Vasco-Navarra. No sucedió así con el edificio de El Barato, en la convergencia de con la Avenida de Portugal, ni con el soberbio Hotel Internacional que estaba enfrente.

Repetimos, en positivo, que la calle Marina sea el ejemplo de lo que no deberíamos hacer. Que sea el ejemplo de la indiferencia que no deberíamos tener.

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