Esclavos en el Andévalo: Historia de Andrea, la esclava mulata del presbítero Pedro Morano Carrasco

Eduardo Pérez de Lara nos acerca en este artículo algunos detalles de la vida de los esclavos que poblaron San Bartolomé y Castillejos. 

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Eduardo Pérez de Lara. Poco sabemos, en general, de la vida de los habitantes de los pueblos del Andévalo debido a las repetidas quemas de archivos ocurridos en las distintas guerras que han sacudido la comarca. Ahora bien, algunos índices, libros bautismales y partidas canónicas sueltas nos ayudan a hacernos una idea de cómo debió ser, antaño, la vida en los pueblos de San Bartolomé de la Torre, Villanueva de los Castillejos o El Almendro.

Muchas historias han desaparecido debido al desgaste del tiempo, en gran parte, porque no son tan atractivas o románticas como los mitos del Cid, Sancho de Tejada o Lady Godiva. No obstante, bien dice el dicho que “la pluma es más poderosa que la espada”, pues gracias a los esfuerzos de muchos anónimos, que en su día preservaron, por escrito, los relatos de sus coetáneos, somos capaces de preservar curiosidades de nuestra olvidada historia popular.

Este es el caso de los archivos parroquiales de San Bartolomé de la Torre, donde se conservan unos asientos relativos a esclavos bautizados (bien por ser recién nacidos 1*, o bien por haber sido acristianados) durante los últimos años del siglo XVII.

Así pues, aparece, en 1677, el bautizo de Bartolomé, esclavo de Fernando Martín Mellado y Juana Martín (posible matrimonio de bartolinos 2*) quienes eran amos y propietarios de un esclavo, como vemos claramente explicitado en el primer libro de bautismos.



Asimismo, en 1683 y 1685 aparecen dos neófitos, bautizados, llamados María (hija de Manuel y Catalina, esclavos) y Juan (hijo de Juan e Isabel, esclavos) cuya historia se corta al no disponer de más información que el escueto nombre de sus padres.

Todo podría quedarse aquí, pues los registros parroquiales de San Bartolomé no alcanzan más que hasta 1665, aunque no ocurre lo mismo con los archivos del Arzobispado de Sevilla, al que perteneció la parroquia de San Bartolomé desde su fundación, en 1589, hasta la erección, en 1953, del Obispado de Huelva, sufragáneo de Sevilla.

En dicho archivo arzobispal se conserva un curioso pleito *3, de 1663, contra Pedro Morano Carrasco, presbítero de los Castillejos, y Andrea, su esclava mulata. El pleito expone, con gran detalle, el escándalo que supuso para el pueblo de los Castillejos, el comportamiento de Pedro Morano Carrasco (de unos 55 años, quien llevaba casi tres décadas sirviendo como cura, que luego párroco, de los Castillejos) quien mantenía relaciones con su esclava, con quien llegó a tener hijos *4.

Los testimonios recogidos por el fiscal muestran la clara determinación que tuvo el arzobispado de atajar el escándalo, pues Pedro ya fue amedrentado en el pasado por mostrar un comportamiento escandaloso, siendo condenado a relegar de su esclava, Andrea, reubicándola en otro lugar, lejos de los Castillejos.

Según narran numerosos testigos y el mismo Pedro, el lugar escogido originalmente fue la villa de Ayamonte, donde Andrea y su hija pasaron poco tiempo, al ser objeto recurrente de escándalo. Madre e hija se alojaron en casa de José Domínguez, hasta que, pasados tres meses de su llegada, Pedro se vio forzado a buscarles cobijo en Lepe, donde, según parece, la hija de Andrea enfermó de gravedad.

De acuerdo con los relatos de los vecinos de los Castillejos, era de todos conocido que Pedro orquestaba viajes a Lepe donde mantenía encuentros furtivos con Andrea, compartiendo lecho y siendo foco y causa de escándalo por allá donde apareciera. Un ejemplo es el caso del herrero Melchor Martín quien detalla el escándalo que suponía ver cómo Pedro, cura, llevaba a “su hija” (de unos tres años) a rezar a la iglesia, con gran cariño, reconociéndola, de facto, como hija suya.

Pasaría poco tiempo hasta que Pedro se ingeniara una solución para con Andrea y su hija, pues terminaron viviendo en San Bartolomé, por un tiempo, hasta ser reubicadas, definitivamente, en El Almendro *5, lugar que queda separado de los Castillejos por una calle, tal y como expone el pleito en las acusaciones del fiscal, quien dijo: “[está] menos apartado [El Almendro de los Castillejos de lo] que está San Bernardo de Sevilla” *6.

Es difícil saber cómo fue la vida de Andrea, la mulata, pues los testigos de la época relatan que la relación de Pedro con su esclava era afectiva, aunque nadie queda que nos pueda confirmar lo contrario. Uno no podría hacerse una idea, hoy día, del trato que debieron de recibir esclavos domésticos *7, a finales del siglo XVII, tratados, en muchas veces, como el peor de los animales.

Personalmente, se me parte el alma al leer las palabras que se le atribuyen a Andrea por medio de la castillejera María Gómez, mujer de Melchor Martín (el herrero), quien relató una conversación que tuvo con Andrea, allá por el año 1662, en la que Andrea declaró, tenido a una niña, bebé, en brazos: “ven acá hija, que tan caro le has costado a tu padre [Pedro] y [al que] tantos disgustos le has dado”.

Finalmente, en marzo de 1663, Pedro Morano Carrasco fue encarcelado en Sevilla, donde declaró ante el fiscal que todo lo relatado era verdad. Todo, salvo la paternidad de la hija de Andrea, pues Pedro apuntó a Ginés de Ayala, de Ayamonte, como el padre de la criatura.

Posiblemente jamás llegaremos a saber la verdad de todo esto, pero recordemos la sentencia del fiscal: “el licenciado Pedro Morano Carrasco … de aquí adelante no cometa los delitos de que ha sido acusado, con apercibimiento de que será castigado … y se le manda que dentro de doce días remita testimonio de escribano de haber vendido la esclava cinco leguas *8 por lo menos del lugar de Los Castillejos, y no lo remitiendo se le condena en dos años de destierro preciso de la dicha villa, y ahora le condeno en 10.000 maravedís”.

Quizás jamás llegaremos a saber qué fue de Andrea y de su hija. Tampoco es probable que lleguemos a rescatar muchas más escenas propias de la vida de los esclavos del Andévalo, pero la virtud de la pluma, que hace de unos garabatos conocimiento, nos permite rescatar algunos relatos impresionantes del olvido.

RODRÍGUEZ-FADRIQUE, J.A. et alii (S. XIX). Índice de bautismos. Archivos parroquiales de San Bartolomé de la Torre, ESPAÑA: S.XIX-XX.

STELLA, A. (2011). Ser esclavo y negro en Andalucía occidental (siglos XVII y XVIII). Documentos de archivo; Andrés-Gallego, J. (Ed.), Tres grandes cuestiones de la historia de Iberoamérica, Fundación MAPFRE-Tavera, ESPAÑA: 2005.

VARIOS (1665-1712). Primer libro de bautismos. Archivos parroquiales de San Bartolomé de la Torre, ESPAÑA: S.XVIII.

*1 Bajo el amparo de la ley de vientre, un hijo de esclavos es esclavo.
*2 Figuran como padres de María, nacida en 1666, según acredita el primer libro de bautismos de San Bartolomé (1665-1712).
*3 AAS, Pleitos criminales, leg. 866. Recuperado gracias al estudio de STELLA, A. (2005).
*4 No se especifica el número, aunque sí se habla de una hija, de uno tres años, de forma recurrente. Serían, pues, hijos sacrílegos, al ser Pedro sacerdote.
*5 Según se cita, residió en la casa del Almendro que la llaman La Ventilla (que debió estar cerca de la actual calle de mismo nombre); a unos 450-600 metros de la casa de Pedro Morano Carrasco.
6* Arrabal sevillano, actual barrio de San Bernardo, separado únicamente del casco antiguo de Sevilla por la avenida de Menéndez Pelayo.
*7 Según estimaciones del artículo de STELLA, A. (2005) había en la península ibérica unos 150.000 esclavos domésticos.
*8 Por lo menos 5 leguas (unos 24 kilómetros), lo que supondría que Andrea no podría vivir en las inmediaciones de los Castillejos, El Almendro, Alonso, El Granado, San Bartolomé de la Torre, San Silvestre de Guzmán, Sanlúcar de Guadiana, la Puebla de Guzmán o Villablanca.

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