Lo que aún se oculta tras ‘El hombre que nunca existió’

Con motivo del próximo 78 Aniversario de la Operación Carne Picada, historia de la IIGM más conocida como 'El Hombre que nunca existió', Enrique Nielsen nos ofrece nuevas e interesantes aportaciones sobre esta estratagema de engaño diseñada por el Servicio de Inteligencia Británico.

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Foto de la tumba de William Martin en los años 40.
Copeiro y Nielsen en la entrega del premio de periodismo 2015 a Javier Ronchel 11-07-2016.

Enrique Nielsen. A lo largo de estos 10 años de apasionante investigación con mi querido amigo Jesús Copeiro, la Operación Carne Picada no ha dejado de sorprenderme. Esta argucia llevada a cabo por los Servicios de Inteligencia británicos fue una obra maestra que engañó en su momento a los alemanes, y que, a día de hoy, intenta engañarnos también a los que deseamos arrojar luz sobre ella.

El plan consistió en hacer llegar a manos alemanas una cartera con documentos falsos en los que se decía que el desembarco aliado tendría lugar en Grecia, cuando el objetivo real era Sicilia. Los ingleses utilizaron un cadáver y le dieron una falsa identidad: William Martin, oficial de los Royal Marines. Le pusieron el uniforme y en un submarino lo llevaron hasta las costas de Huelva, dejándole, el 30 de abril de 1943, en el mar, simulando un accidente aéreo.



William Martin figuraba que era un correo que viajaba con importantes documentos desde Londres hasta el cuartel general aliado en Argel. Aunque España era neutral, en realidad ayudaba a los alemanes. De forma que una vez que el cadáver apareció en las playas onubenses, las autoridades españolas facilitaron la cartera y los documentos a los alemanes, que cayeron en el engaño. Hitler trasladó tropas a Grecia, cuando en realidad el desembarco aliado fue en Sicilia.

Desmond Bristow.

Hoy vengo a hablarles de un personaje poco conocido y que, sin embargo, vivió en primera persona la historia de El Hombre que nunca existió. Me refiero al capitán del MI6, Desmond Arthur Bristow. Curiosamente, nuestro protagonista, aunque nacido en Birmingham en 1917, vivió su infancia en las minas de Sotiel (Huelva), donde su padre, Ricardo Bristow, ingeniero de profesión, ocupó el puesto de director de la mina de Santa Rosa.



Durante los años de la I Guerra Mundial el progenitor de Desmond sufrió muchas noches sin dormir, pendiente de las posibles acciones de sabotaje que algún miembro de la familia Clauss pudiera llevar a cabo sobre los puentes que comunicaban las producciones mineras con el puerto, a través del ferrocarril. Y es que los periodos de beligerancia internacional fueron momentos destacados en la historia de los enfrentamientos entre los miembros de las colonias británica y alemana en la provincia de Huelva.

Puente ffcc Mina Sotiel a Mina Tinto-Sta Rosa (Col. Robert Demilie Kaesmacher).

Desmond Bristow dejó la Universidad de Cambridge en mayo de 1939. Al estallar el conflicto se unió a la Infantería Ligera de Oxford y Buckinghamshire como soldado raso. Cuando el ejército británico se dio cuenta de su formación académica, se convirtió en teniente del Cuerpo de Inteligencia Británico. Fue reclutado para el Servicio Secreto en 1941 porque hablaba un buen español, siendo asignado a la Sección V, que organizaba medidas de contrainteligencia en España y Portugal. La sección tenía su sede en Saint Albans y durante nueve meses Bristow y su jefe, el afable Kim Philby, supervisaron los mensajes interceptados del Abwehr (el servicio de inteligencia alemán).

Terminó siendo jefe de las operaciones del MI6 en la Península Ibérica y entre 1942 y 1945 participó en muchos engaños estratégicos en el teatro de operaciones del Mediterráneo. El MI6, era un organismo perteneciente a la estructura de la Inteligencia Militar británica que se encargaba del espionaje y contraespionaje en el extranjero, dependiendo del Foreign Office.

Para que se hagan una idea de la transcendencia de Bristow en el espionaje británico deben saber que también ayudó a reclutar al mismísimo Garbo, uno de los agentes dobles más famosos y de mayor éxito del bando aliado en la IIGM. Incluso, en una ocasión, Bristow se enteró de que el almirante Canaris, jefe del Abwehr, estaría de visita en España. Aunque se vetó la sugerencia de que lo asesinaran, Bristow se las arregló para tomar el té en el mismo hotel que Canaris, quien lo saludó cortésmente con la cabeza mientras salía de la habitación.

Clauss.

Desmond no fue un agente del montón, llegó a participar en las reuniones del afamado Comité de la Doble Cruz, ente en el que se gestionaban las más importantes estratagemas de engaño dirigidas hacia el enemigo. Dicho comité estaba formado por personajes de la talla de John Masterman, jefe del comité, miembro del MI5 y profesor en la Universidad de Oxford; John Marriot, secretario del MI5, abogado de Londres; TA Robertson, teniente coronel en el M15; Ewen Montagu, teniente comandante de la Inteligencia Naval; John Drew, ejecutivo de Home Defense; el coronel Bevan, perteneciente al Ejército, o el teniente de vuelo Cholmondeley, perteneciente a la fuerza aérea y profesor en Cambridge.

Desmond Bristow al término de la guerra continuó llevando a cabo importantes tareas en la España franquista como jefe de la sección ibérica del MI6, hasta el año 1954. Con este currículum, el investigador Jesús Copeiro tuvo la fortuna de poder entrevistarlo, hasta en dos ocasiones, en los años 1993 y 1995, obteniendo importantes revelaciones sobre las operaciones que llevó a cabo en España durante la II Guerra Mundial. El rico testimonio de Bristow, además de aportar muchos detalles sobre la lucha que los británicos mantuvieron contra el sabotaje alemán en territorio español, también sirvió para realizar sorprendentes afirmaciones en cuanto al desarrollo de la Operación Carne Picada en el año 1943.

El agente del MI6 confesó que la documentación que portaba William Martín fue fotografiada por Adolfo Clauss en la propia Comandancia de Marina, contradiciendo de esta forma a la actual versión británica en la que se mantiene que el agente alemán residente en Huelva no logró acceder a dichos documentos.

Esta afirmación también es coincidente con los testimonios de las hijas del cónsul británico en Huelva, Margaret y Elisabeth Haselden, de Eliseo Romero (agente de la policía portuaria de Huelva), de Carlos Formby (hijo del que fuera vicecónsul británico en Sevilla) o de Rafael Dellepiani (Armador de buques). De hecho, Elisabeth Haselden llegó a manifestar lo siguiente: Al tomar posesión del consulado alemán, mi padre encontró fotografías de los mercantes británicos tomadas desde la finca de La Rábida, de los artefactos explosivos utilizados en el sabotaje a los barcos y de los documentos de William Martin que Clauss había realizado… Mi padre también supo que los alemanes enviaron a su país algunas muestras de los pulmones de William Martin para comprobar la autopsia y saber si realmente se había ahogado.

En este sentido, Desmond aseguró que: los alemanes consiguieron inicialmente la documentación en la Comandancia de Marina de Huelva y que la misma se volvió a facilitar a los alemanes en el Ministerio de Marina, en Madrid. Podemos pues deducir que los alemanes tuvieron acceso a los documentos del Mayor Martin, por dos vías. La primera vez en Huelva, merced a Clauss, gracias a la amistad personal entre Francisco Elvira, comandante de Marina y el cónsul alemán en la ciudad. Y la segunda vez en Madrid, siendo esta vez el Ministerio de Marina el que proporcionó las cartas a los alemanes. Madrid no tenía por qué saber que Elvira, como favor personal, lo había hecho antes.

Sin embargo, las declaraciones del agente Bristow no quedan ahí, ya que también llegó a reconocer que sus superiores le ordenaron tras el entierro de William Martin, que se dirigiera a la capital onubense en el más absoluto secreto. Ni las autoridades británicas en Huelva debían percatarse de su presencia. Su misión consistía en localizar la tumba del oficial británico en el Cementerio de La Soledad, sacar varias fotografías y confirmar
que todo había ido según lo planeado.

Cuando uno oye las casi dos horas de grabación de audio en las que Copeiro recoge el testimonio de Bristow, descubre a un ciudadano británico casi octogenario, muy relajado, seguro de sí mismo, hablando un relativo buen español, que cuenta historias con todo lujo de detalles, e incluso con humor, con la tranquilidad de que todo aquello sucedió 50 años atrás. Sus relatos te sumergen en un mundo de intriga, de inteligencia, de engaños, y en el que Huelva aparece como un campo de batalla singular.

Transcurrida algo más de una hora de entrevista, Copeiro lanza una pregunta a nuestro agente del MI6 que le provocará una clara sensación de inseguridad. Toda la comodidad de la que disfrutaba hasta ese instante, se esfuma de un plumazo. ¿Usted nunca estuvo en Huelva? Desmond duda, su relato deja de mostrar fluidez, de hecho, ante las reiteradas cuestiones planteadas por su interlocutor llega a balbucear, se percata que posiblemente ha cruzado una línea roja de información, prohibida hasta para él mismo.

Bristow en un giro inesperado de su declaración aseguró que finalmente no localizó la tumba de William Martin en su visita a Huelva y que por tanto no logró cumplir su misión. ¿Cómo podía ser eso posible? Increíble, ¿verdad? Llegados a este punto varias preguntas son obligadas: ¿Por qué los superiores de Bristow le ordenaron visitar Huelva? ¿Cuál era su verdadera misión? ¿Pretendían confirmar que el cadáver seguía en la tumba o que lo habían secuestrado? Aunque hayan pasado 78 años desde que se descubriera el cadáver del mayor Martin en las aguas de la playa de La Bota, lejos estamos de conocer la verdad de todo lo que sucedió.

Desmond Bristow murió el 5 de septiembre del año 2000 a los 83 años de edad, llevándose a la tumba no pocos secretos. Fue enterrado en el Cementerio Británico de Málaga. Recientemente, una famosa plataforma digital ha pagado los derechos de emisión de la última película que se ha filmado sobre esta famosa operación de la IIGM, signo inequívoco del interés que sigue desprendiendo esta historia. Una producción en la que, por supuesto, el guion está basado en la última versión oficial británica.

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