Paco Mena: ‘Nunca hemos querido ser héroes’

El decano de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Huelva nos habla de la actualidad de su profesión y de estos estudios tan relevantes en el conjunto de la Onubense.

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RFB. Su gremio, el que se forma en la Facultad de Enfermería de Huelva, ostenta hoy en día un protagonismo no deseado. Nunca han querido ser héroes, pero el escenario inesperado que lo está cambiando todo les ha situado en una posición neurálgica, como a otros sanitarios.

Sus alumnos van entrando como egresados en el sistema cada año para trabajar con una materia esencial, la salud. Esa responsabilidad confiere a los estudios que encabeza en Huelva nuestro protagonista una notable singularidad.

Francisco Mena, decano de la Facultad de Enfermería de Huelva.

Francisco José Mena Navarro, profesor doctor, titular del área de enfermería, es el decano de la Facultad de Enfermería de Huelva. Atiende a esta entrevista con amabilidad, encontrándonos en el salón de actos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Onubense, a dos pasos de su facultad.



A cada pregunta intercala una breve pausa para responder. Suele acompañarla con una sonrisa e inicia la respuesta con espontaneidad, pero cocinándola a fuego lento. También, al responder, cada frase, cada idea, espera en Paco Mena dos o tres segundos como para coger aire o quizá, probablemente, para obsequiar al interlocutor con un tiempo que le permita ir interiorizando los mensajes. Ese ritmo se agradece, sin restarle interés ni atención a la conversación.

Facultad de Enfermería de Huelva. Imagen restrospectiva.

Reivindica constantemente el perfil investigador de su disciplina, de muy reciente materialización formal y cultural. De lo que nos va contando se puede deducir que su ubicación en el mundo de la enfermería está conectada por su atracción personal por la proximidad, la cercanía.

Mena opina que su profesión no debe entenderse en términos de heroismo.

-En este momento en el que la salud es una cuestión de primer plano ¿como se percibe el escenario desde la Facultad de Enfermería de Huelva?

-Se ve con la lógica preocupación, y con la lógica necesidad de tener que colaborar en la resolución del problema. Nuestra mejor forma de colaborar es intentar que nuestros alumnos y alumnas lleguen a adquirir sus competencias de la mejor forma posible. Esa es nuestra misión y nuestro objetivo.

Un momento de la entrevista.

-¿Qué diferencia hay entre un ‘practicante’, un ATS y un graduado en Enfermería?

-La formación. Actualmente podemos investigar, podemos llegar al grado de doctor. El antiguo diplomado de enfermería no podía investigar ni ser doctor. Antes se cursaban formaciones complementarias. El graduado en Enfermería tiene muchas más funciones que los antiguos ATS.

-Ese desarrollo, ampliación de la carrera, no ha sido a costa de la de Medicina ¿no?, ¿se le ha ocupado espacio a los médicos?

-No, son ámbitos de actuación diferentes. Con los médicos formamos equipos complementarios y necesarios mutuamente. Cada uno tiene sus funciones. La faceta de enfermería es la de ‘cuidar’. Como decía Florence Nightingale, lo que hacemos es poner al enfermo en las mejores condiciones para que la naturaleza actúe sobre él. Nosotros no tratamos, tenemos nuestros diagnósticos de enfermería pero lo que hacemos es entender no a la enfermedad, sino a la persona que tiene la enfermedad, en toda su dimensión.

El decano resalta la importante evolución en las competencias del enfermero.

-¿Cómo decano de la facultad que es lo que ahora le ocupa más?

-Ahora mismo las prácticas de nuestros alumnos. Cuando el confinamiento llegó nos prohibieron hacer prácticas en los hospitales. Era evidente, se desconocía mucho del virus. Tuvimos que desarrollar el ingenio para poder terminar las prácticas de nuestros alumnos. Afortunadamente los alumnos de cuarto tenían más del 84% de sus prácticas realizadas. Esos pocos créditos prácticos que quedaban pudimos realizarlos innovando en un contexto difícil e inédito como aquel.

-Afortunadamente este curso han podido iniciarse las prácticas de tercero, habiendo sido complejo organizarlo -pruebas, vacunas- pero lo importante es que los alumnos están en el hospital.

El profesor Mena destaca el notorio nivel de la enfermería española.

-En un principio teníamos vedada la realización de prácticas en áreas covid pero la lógica se ha impuesto y ahora podemos hacer prácticas en áreas covid, con los requisitos y exigencias necesarias, por supuesto.

-Intentamos también que la docencia on-line, que ha llegado de golpe, no repercuta negativamente en la formación, esa es también otra preocupación.

-¿Qué nivel tiene nuestra facultad?

-Estamos a punto de cumplir los cincuenta años de los estudios de Enfermería en nuestra ciudad. La Facultad de Enfermería de Huelva como tal es más reciente, llega a raíz de los cambios de Bolonia. En cuanto a nivel, está mal que yo lo diga quizá, pero estamos muy bien considerados, a nivel nacional y sobre todo a nivel internacional.

Alumnos de 2º curso de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Huelva en la Jornada de presentación en el Hospital Infanta Elena.
Alumnos de Enfermería de Huelva en una fotografía retrospectiva.

-Muchos de nuestros alumnos están ocupando cargos de responsabilidad en Inglaterra y en Francia, fundamentalmente. Están asumiendo supervisiones en muchos hospitales. En los nuevos modelos de rankings no es que estemos en una posición muy alta, pero eso es consecuencia de los cambios que hemos sufrido. El aspecto investigador, que es muy importante en esos rankings, ha estado vedado para nosotros hasta hace muy poco, con lo que queda tiempo para alcanzar esos objetivos, y para ello se está haciendo un esfuerzo notable.

-¿y porqué Paco Mena estudió Enfermería y se metió en este mundo?

-Estudié Enfermería… verás -sonríe-, la historia fue curiosa. Yo empecé Medicina y Enfermería, a la vez. Mis padres trabajaban para la mina, en Corrales, en Minas de Tharsis. No tenían dinero y a mí me dieron una beca de la Universidad Laboral. Tuve que salir muy pequeño de mi casa, con diez años. Y a mí me gustaba…. me gustaban muchas cosas, yo soy muy curioso. Me gustaba la Arquitectura, me gustaba la Física, me gustaba la Medicina, me gustaba la Biología… pero cuando yo empiezo a estudiar Medicina resulta que es el año en el que aparecen los números clausus, y en el aula estábamos más de seiscientos alumnos. De hecho lo primero que me compró mi padre cuando le conté aquello no fue un libro, sino una silla de playa para poder sentarme en cualquier pasillo del aula inmensa. Eran otros tiempos, el año 77.

La labor de los profesionales de enfermería es vital en la sanidad.

-Yo tenía una visión de la Medicina más de cercanía al enfermo, más operativa. Empezamos en noviembre de ese año y esa masificación me produjo cierta desilusión. Sin embargo, mis compañeros de Enfermería por esas fechas ya estaban haciendo prácticas, viendo enfermos, y yo esto lo tenía como muy lejano. A raíz de esto me matriculé también en Enfermería y fui compaginando. Como acabé primero estos estudios me puse a trabajar, y seguí con la Medicina -me quedan algunas asignaturas-, pero ya no con la intensidad de antes y me di cuenta entonces que a mí lo que me llenaba era la Enfermería. A mí me resulta apasionante.

¿Porqué orientó su carrera a la Universidad?

-Por que una de las facetas más importantes que tiene la Enfermería es la de la formación. Cuando estaba en el hospital -trabajé mucho en diálisis, en la unidad de quemados de Sevilla,…- siempre me gustaba mucho atender a los estudiantes que iban a hacer prácticas. Un día recuerdo que una compañera que ya falleció, Ana Carmen Macías, me invitó a dar una clase de diálisis, y me encantó. Y desde ese momento intenté hacer carrera como docente universitario.

-Desde que empezó a trabajar ¿que aspecto le ha sorprendido más de la evolución en la Enfermería?

-Lo que más me sorprende es que estemos investigando. Esa necesidad de investigar que siempre ha tenido la Enfermería ahora la estamos desarrollando. Y eso ha cambiado todo, todo en el panorama de la Enfermería. Ver a compañeras y compañeros en el hospital con la necesidad de encontrar datos para justificar muchas de sus acciones… eso es para mí lo que más ha cambiado en la Enfermería. Sin duda alguna hay otros muchos cambios. Las nuevas tecnologías han ido de la mano de la Enfermería, pero lo que más me sorprende es la necesidad y capacidad de investigar que ahora comporta el ejercicio de la profesión. Hemos pasado de ser ejecutores de técnicas a tener la necesidad de investigar para seguir creciendo, para seguir modelando la disciplina de la Enfermería.

-¿Qué le gusta más de la Universidad de Huelva?

-La cercanía. La Facultad de Enfermería de Huelva viene de una Escuela donde el alumno lo que más nos agradecía era la cercanía. De hecho, cuando vinimos al Campus del Carmen uno de nuestros temores era perder esa cercanía. Pero resulta que nos hemos encontrado en una Universidad donde no solo no se ha perdido, sino que se potencia. Tenemos cercanía entre las titulaciones, con los alumnos. Eso es lo que más me agrada de la Universidad de Huelva.

-¿Qué cambiaría o mejoraría?

-Pues… realmente. Bueno, hay muchas cosas que cambiar, sin duda alguna. Pero creo que todo aquello que podemos cambiar vendría de la mano de algo que carecemos, que es la financiación suficiente. Hay muchos aspectos que podrían mejorar si tuviésemos la financiación suficiente.

-¿En este momento en el que nos encontramos ha aumentado la cotización de su profesión?

-Sin duda. Es un hándicap también, porque a Enfermería no se puede venir a estudiar porque hay trabajo. Eso ha repercutido negativamente, pero sin duda alguna las/os enfermeras/os son profesionales muy cotizados, y más necesarios diría yo. Nunca hemos querido ser héroes. Porque ser héroes es es una condición diferente a lo que es ser enfermero. La labor de la enfermería -y los sanitarios en general- no se ha podido ver. No se han podido ver los problemas que hemos tenido. No obstante ahora se ve una profesión mucho más necesaria. Pero no hay que confundir a los estudiantes. La Enfermería es mucho más que una profesión con relativo fácil acceso al trabajo.

-¿Hasta que punto la intuición tiene importancia en el ejercicio del enfermero?

-La intuición tiene importancia en la Enfermería como la tiene en cualquier faceta de la vida, en cualquier profesión. Esta nos ha llevado a adelantarnos a muchos problemas. Yo le digo a mis estudiantes: saber valorar las cuatro constantes vitales es fundamental para adelantarnos a muchos problemas. Saber identificar cuando el organismo se está adaptando a una nueva situación nos ayuda a adelantarnos a muchos problemas, a establecer planes de cuidado con antelación. Ahí la intuición es fundamental.

-¿Cree que al desempeño de la profesión se podrán incorporar elementos de medicina o enfermería alternativa?, quiero decir, ¿ve esta profesión como dinámica en el sentido de que se puedan producir cambios en esa línea?

-Esta es una carrera de ciencias, y tiene que crecer con la ciencia. Con el método científico. Es cierto que existe medicina alternativa pero… hay una medicina alternativa que es científica, basada en la ciencia, y otra que está basada en la paraciencia. A esta última no me refiero. Ese no es el camino. El camino de Enfermería es el camino de la ciencia, el camino basado en datos, basado en la estadística. Una de nuestras pioneras -citada antes-, Florence Nightingale, fue la que puso en valor a la Estadística.

-¿Qué está pasando con la movilidad de los egresados de enfermería?

-Hay muchos, muchos enfermeros fuera. Las mejores condiciones económicas y de duración en los contratos que se ofrecen en el extranjeros son la causa. Esas condiciones les permiten un nivel de vida mucho mejor del que podían aspirar aquí.

-¿Y porqué hay tanta demanda fuera? ¿no se estudia Enfermería en otros lugares?

-La formación en España es exquisita. Tenemos carácter universitario mucho antes que en otros países. La calidad de los cuidados que nosotros prestamos aquí no se presta en otros sitios. Nuestros alumnos tienen competencias que no se adquieren en otros países. Esas características de nuestros alumnos les hacen ser tan atractivos fuera.

-Recuerdo una alumna que se fue a Finlandia y allí le decían que era ‘mágica’, porque curaba las heridas de una forma que nunca lo habían hecho allí. Y las curaba tal cual como nosotros lo hacemos aquí, obviamente. Y estamos hablando de Finlandia. La formación de nuestras enfermeras es exquisita.

-Las prácticas en los hospitales están muy medidas. No hay varios alumnos por un profesional, sino un profesional por cada alumno. Esto es fundamental. Que el alumno haya tenido referentes y que haya podido realizar las prácticas en toda su dimensión.

-¿Quién fue su mejor docente?

-Yo no estudié en la Facultad de Enfermería de Huelva -entonces Escuela-, lo hice en Sevilla, conjuntamente con Medicina. Mi mejor docente fue un profesor de Fisiología que se llama Diego Mir, cuyas clases me apasionaban. Su método y su forma de organizar la asignatura me maravillaba.

-Pero si nos remontamos más atrás, cuando yo estaba en la Universidad Laboral, uno de mis profesores referente se llamaba Antonio Espejo, que era un profesor de Matemáticas. Llegaba a la clase -5º de bachillerato- explicando Matemáticas de la forma más sutil que se puede explicar, haciéndonos ver la necesidad y la utilidad de las Matemáticas.

-Recuerdo que llegaba a clase y había un rayo de sol dando en la pizarra. Trazaba una línea, hacía unas pequeñas cuentas en una esquina de la pizarra, y hacía otra línea. Y decía: ‘cuando el sol llegue aquí ha terminado la clase’. Y se ponía a explicar Matemáticas. Era muy entrañable. Nos permitía incluso tener las fórmulas de matemáticas en los exámenes, porque decía que lo importante no era saber la fórmula, sino saber aplicarla. Cuando llegaba la hora sonaba la sirena y el sol había llegado, efectivamente, a la línea que había trazado.

-Y si nos remontamos a la infancia… bueno, mi profesor se llamaba Antonio Ambrojito, era un maestro entrañable. Como enseñaba ese hombre, allí en Corrales… Nosotros teníamos una escuela privada que se llamaba Escuela Privada de Corrales, promovida por la empresa, los ingleses. No estábamos dentro del sistema, pero la enseñanza era extraordinaria. Recuerdo como Ambrojito nos enseñaba la hora con un juego vinculado a la hora de salida, la que todos deseábamos en verano. Te regalaba libros  por los logros conseguidos. Recuerdo que me regaló mi primer libro, ‘Platero y Yo’, porque había recitado bien una poesía. Conservo ese libro.

-Y ahora, ¿sus objetivos, sus ilusiones en el horizonte?

En cuanto a lo profesional me encantaría, y para eso lucho, tener una Facultad de Enfermería de Huelva en la que el profesorado esté acreditado, que tengamos profesores de sobra, en grupos de investigación con miembros activos.

En lo personal tener tiempo para poder leer lo que me apasiona, la física. Aparte colecciono plumas y cada día me apetece escribir con una pluma diferente algún pensamiento. Me encanta escribir. Y contemplar como crecen mis hijos.

 

 

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