El Comedor Social Virgen de la Cinta ve renovado el respaldo del Puerto de Huelva

El colectivo de voluntarios está formado en casi su totalidad por mujeres, que posibilitan que cada jornada más de ciento cincuenta necesitados puedan comer.

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HBN. Las mujeres suelen otorgar a lo que hacen valores se solidez, solvencia, organización, resiliencia y muchos otros que suscitan admiración. Sus proyectos tienen un sello especial. Uno de ellos es el Comedor Social Virgen de la Cinta.

No es casualidad que esta asociación sea una entidad tan querida por la sociedad onubense. Una trayectoria ejemplar jalona las cuatro décadas de beneficiencia de la institución, lamentablemente, tan necesaria.



Acaba de recibir la visita de la presidenta del Puerto, Pilar Miranda, que representa a una de las principales instituciones que hacen posible, con su respaldo económico, la apertura cada día del comedor.

Pilar tiene mucho vínculo con el comedor, ahora y antes en su desempeño de responsable municipal de asuntos sociales.



Al Puerto de Huelva, los Ayuntamientos de Huelva y Palos de la Frontera, así como la Fundación Caixa se le suman importantes aportaciones. Es fundamental también el suministro sostenido del Banco de Alimentos, y las colaboraciones de establecimientos como Mercadona y Aldi.

Pilar Miranda y Carmen Vázquez suscriben el acuerdo de patrocinio.

Esencial fue y es también el apoyo de la Congregación de los Jesuitas, que ceden el local de su propiedad. Y, sobre todo, con las aportaciones de los voluntarios y la ciudadanía onubenses. Muchas son las personas de Huelva que aportan regular u ocasionalmente al comedor social.

El trabajo de más de cuarenta voluntarios, realmente voluntarias porque hay un solo hombre, hace posible que todos los días puedan comer alrededor de 160 personas. Acuden a las puertas del comedor hombres y mujeres que se encuentran en umbrales tan extremos como que responden a la necesidad básica de comer.

Con anterioridad a la pandemia, según nos indica Carmen Vázquez  -la presidenta de la institución-, se servían cada jornada unos cien almuerzos. La cruda realidad de estos momentos ha incrementado de tal forma el numero de usuarios que tiene al límite la capacidad actual del comedor.

Todas son voluntarias excepto un personal mínimo contratado, una cocinera y su ayudante. La cocinera tiene la virtud de ir adaptando menús a la donaciones que van recibiendo. El escenario covid ha condicionado mucho la forma de actuar del comedor.

Desde los inicios de la pandemia la comida se ha entregado en bolsas individuales y en el comedor no se ha permitido la presencia de más de seis personas simultáneamente. Carmen nos dice que ahora los voluntarios son más jóvenes, pero siempre entorno a la edad de jubilación, porque hace falta tiempo de dedicación, algo de lo que normalmente los ocupados laboralmente carecen.

La presidenta del comedor nos cuenta, así mismo, que en los últimos tiempos se ha incrementado la presencia de musulmanes pidiendo comida. Teniendo en cuenta las restricciones de su religión el comedor trata de adaptar los almuerzos, sustituyendo ingredientes por otros similares pero que puedan cumplir sus preceptos.

La jornada comienza a las 9:00 en el comedor y se abre al público la entrega entre las 12:00 y las 14:00. Hay muchos milagros asociados a lo que hace este incansable grupo de onubenses solidarios, pero uno especial es que cada día, sin saber cuanta gente vendrá a pedir comida siempre se termina pudiendo atender a todos.

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