Un Churrero de Villalba del Alcor gana uno de los concursos más prestigiosos de la Navidad

El escritor José Manuel Alfaro nos trae una historia más de su sección dominical de ficción 'El Cuaderno de Muleman'.

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Churros con chocolate.
Calle de Villalba.

José Manuel Alfaro/ Sección de ficción ‘El Cuaderno de Muleman’. 9:00 h. Esta madrugada en una final trepidante en la que no faltaron los nervios, las lágrimas y un amago de infarto, un churrero oriundo de Villalba del Alcor se alzó con el primer premio de unos de los concursos gastronómicos más prestigiosos de la Navidad, en el que los churros y la emoción fueron los reyes de la noche.

Después de casi un siglo de vida de este concurso, un ciudadano oriundo de la población Villalbera, se alzó con la bata amarilla y la manga de oro, tras imponerse al pentacampeón mundial, que hasta los últimos minutos de la prueba final seguía conservando el trono que lo iba a llevar hasta su sexto título consecutivo, convirtiéndose así en el churrero más laureado de todos los tiempos.



Churros de masa.

Pero la pericia de todo un futuro campeón y el talento natural del ‘Churrero de Villalba’ como lo conocen, acabaron con la hegemonía del suizo que dos minutos antes de terminar la prueba cometió un error que terminó coronando a este genio de Villalba. Aunque la prueba final no comenzó bien para el aspirante al título, a medida que la prueba se fue desarrollando éste pudo recortar distancias, gracias a su capacidad de innovación que sacó lo peor del Suizo que no daba crédito a la pericia con la que este “pueblerino”, como lo llamó en uno de los momentos de más tensión.

Y todo gracias a una espectacular maniobra churrera creada por el Villalbero y ejecutada con una perfección digna de un gran campeón, que renunció a quedar en tablas para ambicionar un título que se le resistía desde hace dos años. Pero este año todo parecía estar reservando la gloria a este churrero, que había entrenado duro durante todo el verano y perfeccionado su genial maniobra. Su técnica propia e imposible hizo que en los últimos minutos el suizo viera cómo se le escapaba el sexto título y el humilde churrero de Villalba se colocaba la bata amarilla y alzaba la manga de oro, que lo acredita como el mejor churrero de este año.



El jurado.

Un churrero que no podía contener las lágrimas, mientras dedicaba un premio a sus padres por el que llevaba 25 años luchando. Un premio que también compartió con los miembros del club de fan, que se desplazaron hasta la capital para disfrutar de este espectáculo que hizo vibrar al auditorio. Un churrero que ya luce su bata amarilla color aceite de girasol y al que tuvimos la suerte de entrevistar nada más terminar la prueba, en la que el pentacampeón sufrió un amago de infarto.

– ¿Cómo se llega hasta aquí?
– No es fácil llegar hasta aquí, detrás de este cuerpo grasiento hay no horas, ni días, sino años expuestos al calor del fuego y la toxicidad de la descomposición del aceite. Para llegar a ser un churrero de primer nivel, tienes que tener los pulmones hinchados por el vapor que fluye de la superficie de ese elixir que hace posible que esa masa blanca y pegajosa se convierta en el Rey del Chocolate. Debajo de esta bata y este gorro llenos de manchas de aceite hay un hombre bañado día tras día por el sudor rancio del aceite, un hombre que ha superado un cáncer, que ha perdido el pelo de la cabeza y todo para poner al servicio de la sociedad y de sus miles de clientes los mejores churros del mundo. Puede que todo el mundo valga para comer churros en sus mil y una versiones, pero no todo el mundo vale para hacerlos.

Villalba del Alcor.

– En unos momentos tan importantes ¿De quién se acuerda usted?
– Pues me acuerdo de mi padre que me enseñó el oficio, de mi madre que me hizo entender la importancia de mezclar los ingredientes en la justa medida, del club de fans que me alienta en cada campeonato, de los clientes a los que doy las gracias todos los días por empujarme al abismo tóxico de los vapores del aceite refinado y que hacen posible el salario que sustenta mi humilde vida. Pero si ha habido alguien especial a mi lado, ese ha sido mi perro Bruno. Ese que ha probado durante los últimos 25 años el primer trozo de churro del día que salía del primer aceite hirviendo de la mañana y que murió hace unos días de cáncer de estómago. Si no fuera por él, hace tiempo que hubiera desistido de este infierno que representa el ambiente tóxico del mundo de la fritura y la churrería.

– ¿Cuál es el secreto de un churrero campeón?
– El secreto de mi éxito o del producto que sale de mi pistola mortal toda las mañanas es simple, ingredientes de calidad, mezcla equilibrada, amasado, reposo perfecto y, por último, temperatura. Eso unido al balanceo de mi brazo lanzando el haz infinito en forma de rueda sobre el lecho del aceite incandescente haciendo hervir la masa hasta dorarla por un lado y otro. Ese es el secreto, lo demás es solo cortar, servir y comer al gusto. Es cierto que cada uno tiene una forma de comérselos, con chocolate, azúcar, mojado en café o leche fría, pero la verdadera dimensión de un churro se ve sin nada, servido en su punto grasiento sobre papel absorbente, cogerlo con dos dedos recién salido del aceite y metérselo en la boca. Es allí donde el calor, la mezcla del aceite residual, la corteza dorada y la masa semicruda interior es lo que te permite percibir la verdadera dimensión del churro, esa que te hace distinguir entre un producto artesanal con ingredientes de alta calidad y una bolsa de churros congelados del supermercado.

Churros con azúcar.

– ¿Cómo describiría el año?
– El año ha sido complejo, se han suspendido el 75% de los concursos, eso unido al cierre temporal de la actividad nos ha colocado a los churreros en la cuerda floja. Sí es verdad que el final de año ha permitido reactivar los campeonatos, prueba de ello ha sido, que se ha podido celebrar la final, algo que se creía imposible hace unos meses. Así que el dinero del primer premio me vendrá bien para equilibrar las cuentas y para cogerme una semana de vacaciones, que todos los años aprovecho para hacerme un reconocimiento médico completo en busca de cualquier mutación genética que haya podido provocar alguno de los compuestos tóxicos a los que está expuesto cualquier churrero del mundo.

– ¿Y qué espera del año que viene?
– Yo estoy seguro que de un día para otro las cosas no van a cambiar, sí es verdad que tengo la percepción de que el año que viene recuperaremos una parte económica y emocional de lo robado este año, pero no de un día para otro. Lo único que le pido de momento a este año, es que no sea un churro de años como este.

2 Comentarios

  1. El relato de José Manuel Alfaro deja patente las virtudes del ganador del concurso de churreros, sabemos de su cuna, el nombre de su perro y de los sabios consejos de su madre en la exacta dosificación de los ingredientes pero… ¿Por qué razón se ha obviado el nombre de nuestro glorioso campeón?
    Vivo en Barcelona pero hijo de villalbera barritraguera y he leído la noticia con mucho agrado y, por momentos, me ha convertido en fan de tan insigne artista

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