La aparición de un zombi bueno en una carretera cerca de Villarrasa, siembra el pánico en un grupo de cazadores

Un domingo más, Jose Manuel Alfaro nos trae un nuevo artículo de su sección semana de ficción 'El Cuaderno de Muleman'.

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Jose Manuel Alfaro/ Sección de ficción ‘El Cuaderno de Muleman’. Esta mañana a las 6:00 am, ha sido avistado en una carretera cerca de Villarrasa un zombi “bueno”, que ha sembrado el pánico en un grupo de vecinos. Unos hechos que han ocurrido nada más terminar el toque de queda y que ha sido comunicado a las fuerzas de seguridad, por un grupo de cazadores que salían a esa a ahora de batida.

El suceso ocurrió muy cerca del vertedero, en un lugar donde en numerosas ocasiones los vecinos de la localidad ya habían informado de la presencia de uno de ellos rebuscando en la basura. Y que suele ser visto entre las montañas de residuos sólidos urbanos, que se van apilando en gigantescas montañas, antes de ser enterrados y compactados formando una inmensa llanura, que terminará colapsándose en los próximos años.



Un individuo que se acerca hasta allí todos los días, como un zombi, nunca mejor dicho, en estos días en los que celebramos el día de todos los difuntos, para localizar entre las toneladas de residuos, objetos de acero y cobre, que extrae de cables, material informático. Además de otros elementos de la vida doméstica, que no terminan en puntos limpios o en asociaciones para darle una segunda vida y que son víctimas de la indolencia medioambiental, de esos usuarios finales que terminan tirándolos al contendor.

Hay que señalar de todas formas que, en los últimos tiempos, han aumentado los avistamientos de este ser, que se ha vuelto experto en la búsqueda de dinero en los bolsillos de la ingente cantidad de bolsos y ropa, que termina en un vertedero, que debería de acoger exclusivamente residuos de ámbito orgánico.



Aunque no se podría precisar con exactitud el número de avistamientos de este zombi bueno reciclador, si se ha podido constatar que su frecuencia ha aumentado, durante una pandemia que ha disparado los índices de pobreza, en una comarca castigada por el desempleo y la precariedad laboral.

A continuación, entrevistamos en exclusiva a uno de los cazadores que pudieron verlo y hablar durante un momento y que nos cuenta su terrorífica experiencia con este buen zombi.

– ¿Qué hacía a la 6:00 a.m. por esa zona?

Pues yo y unos veinte amigos más, íbamos en varios vehículos de cacería por la carretera sobre las 6:00 a.m. ya con el toque de queda levantado y con nuestros maleteros llenos de armas y cartuchos. Cuando de repente a la altura del vertedero se cruzó una especie de bicho humano, con un chaleco reflectante. Casi no nos dio tiempo verlo, aunque casi lo atropellamos, lo que hizo parar súbitamente a todos los coches. Yo y otros compañeros nos bajamos y cogimos nuestras armas, al mismo tiempo que veíamos como aquella silueta se movía en la oscuridad como si fuera en una vieja bicicleta chirriante, que se paró súbitamente delante de nosotros.

– ¿Qué es lo que le llamo la atención?

Lo que más me llamó la atención fue su olor y su aspecto en general. Dicen que los zombis clásicos huelen mal, llevan la ropa hecha jirones y su aspecto en general suele ser desagradable. Pero este era todo lo contrario, parecía más un conductor de camiones de basura, recién duchado y con ropa reflectante limpia, que el zombi típico de las películas de terror. La verdad es que, si no fuera por las barbas y el pelo largo, yo nunca hubiera imaginado que aquello era un zombi.

– ¿Sintió miedo en algún momento?

Pues sí, sobre todo cuando se puso delante de nosotros y se puso hablar y empezó a explicarnos que llevaba tres años en el paro, que había sido concejal de un partido político, que había estudiado la carrera de derecho y que estaba casado y tenía dos hijos. Vamos que me puso las carnes de gallina cuando en la penumbra del alba comenzó a contarme su vida, que su mujer lo había dejado por una supuesta infidelidad.

También nos dijo que durante estos años buscar entre la basura le había dado muchas alegrías, aunque también reconoció que había hecho cosas que nunca hubiera imaginado. Incluso nos contó que había encontrado muchas veces dinero en los bolsillos de la ropa que llega al vertedero. Nos contó también que había logrado ahorrar un dinero con todo el cobre y la chatarra que encontraba todos los días y que gracias a ella había podido sobrevivir todos estos años.

Pero si había algo que había encontrado en abundancia, durante todos estos años había sido comida, eso sí, caducada, pero en perfecto aspecto y también muchos objetos con los que había decorado su casa poco a poco. De hecho, parecía que estábamos hablando con un liberal convencido, ahora reconvertido a ultra ecologista.

Vamos que se puso a contarnos en un momento las toneladas de residuos que entraban al día en el vertedero, la composición de los mismos, de cómo los lixiviados llenaban los arroyos los días de tormenta, como morían muchas aves de la basura que comían allí y mira vaya malos momentos que nos hizo pasar ese buen zombi ecologista, que casi nos quita las ganas de ir de cacería, pero bueno al final nos fuimos y tuvimos fiesta y todo.

– ¿Qué hará la próxima vez que lo vea?

La próxima vez que lo vea, salgo corriendo, porque seguro que me da otra clase magistral sobre reciclaje o mucho peor, me cuenta más detalles de estos tres años que lleva rebuscando en la basura y que le ha cambiado la vida. De todas formas es una pena que una persona también preparada como ella termine buscándose la vida en un vertedero.

Yo había visto reportajes de niños y niñas que buscaban en vertederos cartón para vender al final del día, niños y niñas buscando metales preciosos en montañas de residuos informáticos, niños y niñas caminar en entre ratas en busca de un envase para ir por agua o escalando montañas de residuos para coger un trozo de papel de aluminio.

He visto en esos reportajes como la gente cogía la fruta y verdura, luego la lavaban con agua corrompida y la echaban en una cesta para poder cenar esa misma noche. Pero lo nunca creía que iba a ver a un concejal feliz rebuscar en la basura como si fuera un zombi.

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