Descubiertas unas pinturas murales de finales del siglo XVIII – principios del XIX en la Iglesia de San Miguel Arcángel de Campofrío

El hallazgo cuenta con una enorme relevancia histórica y patrimonial debido a que, hasta ahora, la costumbre de encalar las iglesias en el siglo XIX por cuestiones higiénico-sanitarias había privado a la Sierra onubense de conocer este tipo de embellecimiento, a excepción de la Iglesia Inacabada de Castaño del Robledo, a pesar de que sí se conserven ejemplos de la Edad Media. Pinturas que están siendo investigadas por el historiador y arqueólogo aracenense Omar Romero de la Osa , que nos desvela todos los detalles de este curioso descubrimiento.

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El hallazgo se ha producido en la Iglesia de San Miguel Arcángel de Campofrío. / Foto: Omar Romero de la Rosa y Aquilino Delgado.

Mari Paz Díaz. El patrimonio es un ámbito que no nos deja de sorprender. Y, a veces, nos descubre huellas desconocidas, dejando entrever una parte de nuestra historia que ha permanecido oculta a nuestros ojos durante años, incluso siglos. Así ha sucedido en Campofrío, donde la realización de unas obras en la Iglesia de San Miguel Arcángel ha dejado a la luz unas pinturas murales, que, a falta de su datación cronológica definitiva, podrían situarse entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. En concreto, el hallazgo se produjo en octubre del pasado año 2019 durante una remodelación del templo, financiada por el Ayuntamiento campurriano, con el acuerdo del Obispado de Huelva, para su adecentamiento. Fortuitamente, las pinturas aparecieron justo el día que visitaba la iglesia, acompañado por la teniente de alcalde del Ayuntamiento, Inmaculada López Carrión, el historiador y arqueólogo Omar Romero de la Osa Fernández, que estaba realizando un inventario de las ermitas de la zona para la Delegación Territorial de Cultura de la Junta de Andalucía. Este experto se percató de inmediato de la relevancia de los restos, aparecidos en las Capillas de Santiago y de las Ánimas Benditas.

Imagen de las pinturas en el momento de su aparición. / Foto: Omar Romero de la Osa.

Tal y como relata Omar, su descubrimiento fue muy emocionante: “La historia es apasionante. En el trascurso de uno de mis trabajos en el patrimonio construido de la Sierra de Aracena, tuve la oportunidad de conocer las obras de adecentamiento de la Parroquia de San Miguel. Cuando los trabajadores se disponían al decapado de la pintura en mal estado de las capillas laterales del lado de la Epístola se abrió paso la pintura original. Se trata de la pintura mural que revestía al templo simulando elementos arquitectónicos. Estuvimos en el momento y el lugar justo“.



Imagen de la Iglesia de Campofrío durante la Guerra Civil, aparecida en el Libro de Bernabé Copado titulado ‘Con la columna Redondo. Combates y conquistas’, publicado en 1937 en la Imprenta de la Gavidea, donde se aprecian pinturas murales simulando un despiece de sillares. / Foto cedida por Omar Romero de la Rosa y Aquilino Delgado.

Sobre su datación exacta, como nos concreta el propio Omar Romero de la Osa, “aún no tenemos una cronología clara. Como se aprecia en la foto de la guerra, las pinturas aparecen en parte, por lo que, teniendo en cuenta que el edificio se inaugura en 1791, tendríamos esa cronología entre 1791 y 1936. Ahora bien, sabiendo que se trata de un fenómeno claro de la arquitectura neobarroca y neoclásica de la época debe tratarse de la construcción de la propia iglesia. A esta premisa se le añade que, durante la Guerra de la Independencia (1808 – 1812) y los episodios de peste de mediados y finales del XIX, las iglesias se encalaron, por lo que nos acota la ejecución entre 1791 y 1808-14″. Al parecer, por sus aspectos formales y técnicos es del siglo XVIII, pero todavía no se ha podido determinar documentalmente su autoría.

En la actualidad, en la Sierra onubense, este tipo de pintura mural sólo puede verse en la Iglesia inacabada de Castaño del Robledo.

Un descubrimiento que, lejos de entenderse como un hecho de poca importancia, tiene una enorme relevancia cultural para el patrimonio del norte de la provincia de Huelva, por cuanto “las pinturas pertenecen a la piel del edificio, es decir, tal y como quisieron que se mostrase el edificio a los feligreses, en este caso, embelleciéndolo con elementos arquitectónicos. Precisamente, por la costumbre de encalar las iglesias en el siglo XIX por cuestiones higiénico-sanitarias, en la actualidad, no se conoce este tipo de pintura mural en la Sierra onubense, si exceptuamos la Iglesia Inacabada de Castaño del Robledo”, aclara Omar Romero de la Osa, que añade que, “sin embargo, sí se conocen ejemplos de pintura mural de la Edad Media, en lugares como en Santo Domingo en Aracena, San Pedro en Aroche, Santa Eulalia en Almonaster, la Iglesia de Cala o, del siglo XVI, en las de Hinojales y Cortelazor”. Y es que este tipo de manifestaciones pictóricas no eran tan comunes en edificaciones barrocas y tardobarrocas.



Imagen del interior de la iglesia. / Foto: Omar Romero de la Osa.

Este contexto ha motivado que el Ayuntamiento de Campofrío esté trabajando para poner en valor el hallazgo, para lo cual este historiador y arqueólogo está investigando sus características, cómo se forjaron las pinturas y cuáles fueron sus etapas cruciales hasta la actualidad. El primer paso ha sido la elaboración de un informe técnico, que han diseñado el propio Omar Romero de la Osa y Aquilino Delgado Domínguez, director del Museo de Minas de Riotinto, informe donde se especifica de forma primaria las características de estas pinturas murales.

Otra de las imágenes tomadas para la realización del informe técnico. / Foto: Omar Romero de la Osa.

Por el momento, “los restos que nos dan más pistas del tipo de pintura mural son los hallados en la cuarta capilla. Se trata de elementos tipo decorativos sencillos, de líneas oscuras formando un rectángulo que sirve a modo de marco y se juega con el grosor de la línea para dar mayor profundidad. En la parte inferior, se observa una decoración de roleos de color azul y motivos vegetales sobre fondo de color rojo/ocre. Aunque predomina los colores azules y rojos en el marco, también se aprecia el beige y el negro para las líneas del marco. En el pilar derecho de la cuarta capilla existe además una serie de letras sobre fondo azul todavía ilegibles hasta el decapado total de la superficie”, concreta este historiador aracenense de 36 años, licenciado en Historia y doctor en Arqueología por la Universidad de Sevilla, que se declara un auténtico apasionado del patrimonio histórico y de su territorio.



Se encuentra investigando el hallazgo.

En su investigación, Omar se halla en la fase de “búsqueda documental, consultando en el Archivo Parroquial de Campofrío, donde hay documentación sobre la construcción de la iglesia, mientras que la semana que viene tengo cita en el Archivo Diocesano de Huelva, una vez se ha abierto al público investigador tras el confinamiento, para seguir ahondando en la historia de la construcción del templo, así como de las pinturas”.

Plaza de toros de Campofrío, un baluarte patrimonial de la zona.

Por el momento, nos aclara que “la construcción de la parroquia va ligada al patrón Santiago. De hecho, la Cofradía de Santiago tuvo mucho que ver en su financiación. La festividad de Santiago remite a las mentalidades y la organización social de Campofrío durante la Edad Moderna, pues, a la celebración religiosa y devocional, se unía la fiesta en torno al toro, que reunía a los ganaderos de los alrededores en el Coso de Santiago. En este sentido, me encuentro inmerso en la investigación de la cofradía a través de su primer libro de cuentas. Se trata de un documento de archivo en formato libro y cubiertas de pergamino donde se contiene la vida de la cofradía desde 1634 hasta 1745″. Para ello, está traduciendo el Libro de Cofradías de Santiago Apóstol, obra que indaga en los orígenes del municipio campofrieño y en su devoción hacia su patrón.

La parroquia fue levantada en la década de 1790.

La Parroquia del Arcángel San Miguel es un edificio construido a finales del siglo XVIII a partir de otro anterior, cuyo único vestigio en la actualidad es el ábside, que hoy realiza funciones de sacristía. Como afirma Omar, “precisamente de los restos del ábside, se puede conocer las trazas del templo originario, que sería del tipo de una sola nave y ábside diferenciado, y avanzar en su cronología, pues su sistema de cubrición mediante arcos ojivales apeados sobre ménsulas remite a finales del siglo XVI. El templo actual, levantado en la década de 1790, es un magnífico ejemplo de arquitectura tardo barroca de los arquitectos de la archidiócesis hispalense José Álvarez y Antonio de Figueroa. Éste modifica la disposición de su planta y construye un edificio de mayores dimensiones de una sola nave, donde destaca la torre campanario anexa”.

Otra imagen de las pinturas murales. / Foto: Omar Romero de la Osa.

De todas formas, según asegura este experto, “la parroquia nos remite a monumentalidad, pero, sobre todo, a la sociedad que sintió la necesidad de levantar un edificio de estas características, de tal forma que es indisociable respecto al paisaje urbano donde se erige. Claramente, la parroquia de San Miguel es un catalizador cultural y económico en los siglos XVII y XVIII“. Ahora, la aparición de estas pinturas añade un punto más de interés al templo, puesto que “es una manifestación del diseño del edificio, de cómo se quiso mostrar el edificio a todos. Como tal, debemos considerarla como parte indisociable del edificio y caracterizarla como bien inmueble“.

La recuperación y puesta en valor de las pinturas se hace ahora necesario.

En este contexto, para este investigador, “el estudio de la historia local se muestra muy importante como desarrollo social. La parroquia tiene dos planos: el material y el humano (feligresía). La restauración de las pinturas y la investigación histórica asociada persigue un doble proceso de recuperación de unas pinturas que son parte del diseño del edificio y del contexto histórico de las mismas que remiten a la iglesia como sociedad”.

Por todo ello, la recuperación de las pinturas murales de San Miguel se torna muy interesante en el plano patrimonial, puesto que “aumentará el acervo cultural constructivo y artístico de un periodo aún desconocido en muchos aspectos. Un patrimonio campofrieño que es fruto de la importancia ganadera y minera a lo largo de la historia de la localidad, a caballo entre la Sierra y la Cuenca Minera”.

El investigador Omar Romero de la Osa Fernández cuenta con una amplia trayectoria.

Trayectoria del investigador Omar Romero de la Osa Fernández (1984). Natural de Aracena, es doctor arqueólogo por la Universidad de Sevilla y un apasionado del patrimonio histórico y de su territorio. Es licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla (2007), DEA en Ideologías y movimientos políticos del siglo XX (Universidad de Sevilla), Master en Arqueología (Universidad de Sevilla), Master sobre la Monarquía católica y la Europa barroca (Universidad de Granada) y es doctor en Arqueología de la Arquitectura por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla en 2017.

Dentro de su campo, continúa formándose con diversos cursos de postgrado en archivística (UNED), así como de documentación del patrimonio cultural por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), además de realizar numerosas participaciones en congresos, jornadas y publicaciones especializadas. En diciembre de 2018, publicaba su primer libro, Arquitectura religiosa en el espacio rural del Reino de Sevilla. Análisis edilicio, constructivo y estructural en la Sierra de Aracena durante los siglos XIII–XV, en la editorial internacional especializada en Arqueología BAR Publishing, una monografía sobre la arquitectura religiosa medieval de la Sierra de Aracena.

En el ámbito laboral destaca su participación en las diferentes campañas arqueológicas realizadas en el Recinto Fortificado de Aracena desde 2007, así como en la dirección de intervenciones en la Parroquia de San Martín de Almonaster, Villanueva de los Castillejos, Sotiel Coronada, entre otras. Además, ha colaborado en proyectos arqueológicos en las Minas de Aljustrel (Beja, Portugal), bajo la dirección del arqueólogo de la Universidad de Huelva Juan Aurelio Pérez Macías, o proyectos de documentación e intervención en patrimonio construido en el Muelle de Tharsis del Puerto de Huelva (Delegación Territorial de Cultura de Huelva, ETSAS) o en el estudio paramental y de diagnóstico de la escalera de acceso al Jardín del Cupreso, en el Palacio del Generalife, junto a la arquitecta María Carretero para el Patronato de la Alhambra y el Generalife.

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