In Memoriam de Juan Gil Zamora

La muerte de Juan Gil es un punto y seguido (no tengo la menor duda de que su nombre quedará perpetuamente en el nomenclátor onubense) y con ella se cierra una página importante de la historia del Rocío de Huelva.

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Juan Gil Zamora, presidente de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Huelva.
Juan Gil Zamora, presidente de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Huelva.

Antonio José Martínez Navarro. Juan Gil Zamora antes que nada fue un hombre bueno, de alma inefable, siempre pendiente de las gentes humildes. Realizó sus estudios en el llamado “Colegio del Padre Laraña” (Funcadía), comenzando muy joven en Cáritas Diocesanas. Era la mano derecha del Padre Laraña (hasta el punto que le conocía como “Juanito Laraña”), las Juventudes Obreras Católicas. En 1958 o 1959 se marcha a Alemania donde va a trabajar en las minas de Repelen el año obligatorio que imponían a todos los extranjeros que llevaran contrato de trabajo para aquel país. Su vida en la nación germana está llena de méritos y logros en muchos ámbitos: Fundación de la Casa de España, club hispano-alemán y la Hermandad del Rocío de Emigrantes que desde 1963 a 1967 hacia el camino desde Bocholt al castillo de Geme, trayecto donde se celebraba el “Romerito”.  En el país teutón realizó una labor social y laboral encomiable. En 1968 vuelve a España e instala el Bar “Co” en la calle Blanca Paloma (nombre que el propio Juan Gil consiguió, tras diversas gestiones, que llevara la citada vía), funda la Sociedad Protectora de Animales y Plantas y, más tarde, instala (a unos kilómetros de Gibraleón) el Complejo Residencial de Animales.  En estos años se levantaban las ocho torres que forman el Parque de la Luz. Las obras quedaron paradas, ya que los constructores realizaron un desfalco de 14 millones de pesetas. Juan Gil es llamado para deshacer el entuerto, lo consigue y, como faltaran 14 viviendas, se las facilita a otras tantas familias en la calle Vesubio. También pone en circulación el Boletín Informativo “Mensajera” y crea las guarderías infantiles “Chorrito Alto” y “Blanca Paloma. En estos años conoció a los más famosos  rocieros  en unas fechas donde todos los corazones rebosaban de especiales resonancias marianas pues a todos conocía y de todos cobraba sabrosos recuerdos.

Así, durante su larga enfermedad su casa era un continuo afluir de romeros y amigos. Juan Gil era una persona de una bondad inquebrantable– Y así, hemos sido muchos  los que le hemos dicho adiós con los ojos nielados por el llanto.



Mi amistad con Juan Gil contaba con muchos años. Así, en 2002 Juan Gil  me escogió para escribir la primera parte de la historia de la Hermandad de Emigrantes (desde su nacimiento hasta la salida de Emigrantes de Aljaraque en 1971), bajo el título “Raíces de la Hermandad de Emigrantes”; poco después, escribía su biografía; más tarde, la historia de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas; Biografía del Padre Laraña, el Complejo Residencial de Animales. En la actualidad, el que suscribe y a ruego de Juan Gil, estaba confeccionando el segundo libro sobre la historia de la Hermandad de Emigrantes del Rocío (desde 1972 hasta nuestros días).

Durante muchos años, de lunes a viernes, Martínez Navarro y Juan Gil emprendían, a las 9 de la mañana, un paseo cuyo trayecto comprendía desde el barrio de El Higueral hasta la sede de la Sociedad Protectora de Animales, sita en la calle Nicolás Orta, tomaban café…;  Martínez Navarro se marchaba al Archivo Municipal y Juan Gil emprendía su labor en la Protectora.



El hondo sentimiento que ha causado su muerte, noticia emitida  por los medios sociales de comunicación onubenses y por la Hermandad que él fundara, se debe tanto a lo mucho que era querido como rociero, así como a sus condiciones de persona de bien, casi un santo.

Juan Gil fue un hidalgo caballero a la vieja usanza onubense: Inolvidable oírle, ya que equivalía a ver desfilar las flores rocieras de varias Hermandades provinciales a las que la de Emigrantes había “amadrinado”, tales como la de Lucena del Puerto, Rociana del Condado…

La muerte de Juan Gil es un punto y seguido (no tengo la menor duda de que su nombre quedará perpetuamente en el nomenclátor onubense) y con ella se cierra una página importante de la historia del Rocío de Huelva. Amigo Juan, estoy seguro que descansarás eternamente  en las marismas celestiales al lado de la Blanca Paloma.

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