Coronavirus y el futuro de la sociedad occidental (II)

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Foto: Gabriel López - Fotoespacios.com.

Miguel Mojarro.
Sociólogo
20-abril-2020

El pasado día 10 de abril, el diario Huelva Buenas Noticias publicó un artículo nuestro, primero de tres, en los que analizamos el más allá del covid-19.

Es importante conocer este artículo, para entender todo cuanto planteamos hoy:

https://huelvabuenasnoticias.com/2020/04/10/coronavirus-y-el-futuro-de-la-sociedad-occidental/

En él decíamos:




“Un sector social desfavorecido y maltratado por el Covid-19, afrontará los nuevos días en libertad con una sensación extraña, inquietos como antes jamás habían estado”.

“Tras la pandemia, se percibirán dos realidades, hasta ahora camufladas en lo cotidiano:

Hay cosas que no se han hecho bien.

Importancia de las opiniones de los que saben, de los expertos, a los que se les han otorgado premios y honores, pero cuyas opiniones y advertencias han caído siempre en el saco roto del poder.

También resaltábamos como definición importante:

“Cultura es conocer, entender e interpretar”.

La RAE añade: Modo de vida y desarrollo artístico, científico e industrial.

Pilares de una sociedad

Foto: Gabriel López – Fotoespacios.com.

Es (será) necesario plantearnos la necesidad de afrontar y revisar cosas que no se han hecho bien. Sobre todo, añadimos hoy, en dos ámbitos fundamentales en el desarrollo de cualquier sociedad: La Educación y la Sanidad. Son los pilares en los que descansa el equilibrio de cualquier sociedad.

Siempre ha sido así. Baste con recordar algunas páginas de la historia y la literatura, para refrescar nuestros recuerdos de lo estudiado en su momento. El protagonismo de la Sanidad en Grecia (Hipócrates y el inicio de la racionalidad), en Egipto (Sanidad pública y gratuita), en la China de todos los tiempos (evolución y naturalismo), en la Italia renacentista (El triunfo de la anatomía: Paracelso, Vesalio, …), en los admirados y desconocidos Mayas (la naturaleza prevalece), en nuestro Califato árabe (prestigio y libertad de la medicina), … .

La Sanidad ha sido, en todas las civilizaciones, una aspiración de excelencia, baste como ejemplo el Hipócrates griego, que ha sido referente de todos cuantos han caminado en pos de sus planteamientos profesionales.

Mientras, la Educación creaba “siglos de oro” en todas ellas. El debate miope sobre la relación causa-efecto de bienestar y educación, carece de sentido, más allá de posturas mezquinas e incompetentes: La Educación siempre ha sido la causa del bienestar de una sociedad y de su evolución cultural. Y de su decadencia.

Cuando estos dos ámbitos de la Cultura (Educación y Sanidad) no son adecuadamente atendidos por las sociedades, aparecen grietas en su desarrollo. Pero sobre todo, surgen indefensiones derivadas de una prepotencia no asumida. La prepotencia, siempre, desemboca en incompetencia. Aunque se proteste de otras incompetencias ajenas.

En España, en los últimos años de generosa bonanza económica y social, Educación y Sanidad no han tenido el trato obligatorio ni la atención que requieren estos dos pilares de cualquier civilización. Pero topamos con lo de siempre: Cuando no hay necesidad (en las clases con poder), la obligación se disipa.

Educación y Sanidad no han sido adecuadamente planificadas y desarrolladas en toda la civilización Occidental, sobre todo en España. El espejismo del desarrollo y el “codeo” con otros países importantes nos hace ciegos a la realidad.

Educación en España

Durante mi estancia en el Centro de Renovación Pedagógica, de Madrid, el café de media mañana era un rito y un lugar de encuentro de los que no coincidamos en la tareas de trabajo. “En aquel tiempo”, había un Director General que a veces venía con nosotros a ese momento grato de la conversación distendida. Era una forma de “culturizarse” en temas que no le llegaban de manera oficial: Opiniones, sentimientos, algún desliz involuntario, …

No recuerdo el tema en cuestión, pero un día nuestro Director General me asaltó con todos alrededor de la mesa llena de churros y demás: “¿Tú qué opinas de esto, Miguel?”

Pero sí recuerdo la respuesta, porque transcendió en nuestra amistad futura: “Creo que la Educación y la Sanidad son bienes sociales y como tales deben ser tratados por cualquier gobierno y en cualquier momento”.

De la Educación en España, todos los que hemos sido docentes conocemos la evolución, los cambios, la agonía (Unamuno definió la agonía en su mejor sentido: Lucha) y los resultados de los insensatos ensayos arbitrarios habidos en los últimos 15 años.

Tres hitos: La decimonónica Ley Moyano (1857), longeva y moderada, la llamada Ley Villar Palasí (1970) y el magnífico intento de la LOGSE y su protagonista el Constructivismo (1990 a 2006). Después, los cambios a espaldas del mas mínimo sentido pedagógico y social.

La actualidad es la que observamos y conocemos todos. Los que saben y los que no saben. La actualidad educativa es hija de la apatía de los que no lo necesitaban (clase media), de los intereses disfrazados (clase alta) y de los que no sabían cómo actuar (clase baja). La clase media, ya lo dijimos,  se debate entre alcanzar la alta o no caer en el foso de la baja. Pero en ella está la clave. Deberían darse cuenta.

Pero hay algo que no es cuestionable, por evidente y notorio: El nivel cultural y educativo de la sociedad española está poco valorado en nuestro entorno. Los indicadores (aspectos observables y cuantificables de una realidad) así lo manifiestan.

Alguien me dirá que el bajo nivel educativo (o de educación) está influido por la acción de los padres respecto a los hijos. También. Pero esta acción en el ámbito familiar es producto y efecto de factores que le vienen creados por los sistemas educativos.

Un sistema educativo tiene siempre como efecto una forma de ser, de actuar, de valorar, de relacionarse, … de educar. Un sistema educativo es como las escuelas filosóficas de la Grecia clásica. Como opinaba Pierre Hadot, “la filosofía era en la Grecia clásica un modo de vida, una opción”. A eso debe aspirar un sistema educativo, a ser el referente para vivir la educación de una sociedad.

Pero no olvidemos el tercer factor que influye en la educación actual en España. Hay tres factores que se reparten la responsabilidad de estos niveles y no en la proporción que se estima por la mayoría: Escuela, familia y entorno personal (la sociedad compartida).

El Sistema Educativo es el zaguán en el que se pregonan las pautas, la “constitución” en la que basar todas las actuaciones, el referente de valores educativos en la sociedad: Escuela, familia y entorno. Aquí, en el debate y en las decisiones, deberían estar “los que saben”, con voz, voto y poder. Los demás, a escuchar.

Permítanme (me lo pide el cuerpo) “meter una morcilla”, como dicen los actores, en el guion previsto. Y lo hago con una anécdota oída y vista, en la que un personaje (ahora no importa cuál), relevante en su momento, denostado y alabado, que en entrevista con imágenes fue cuestionado sobre la dificultad que tienen los que mandan para ponerse de acuerdo. Y es reciente que en la Transición, momentos mucho más difíciles, se lograron pasos importantes que a todos nos interesaban. Este personaje, sin inmutarse mucho, con una breve reflexión habitual en él, dijo con convicción:

Personaje: “Es que entonces los que debatían y acordaban eran los mejores”.

Entrevistador: “¿Es que ahora no lo son?”

Personaje: “Yo no he dicho eso”.

La reconstrucción

Pero volvamos a lo nuestro: La Cultura es hija de unas causas y madre de la responsabilidad de una sociedad. En situaciones como la actual, la Cultura es uno de los factores condicionantes del futuro inmediato (no el único factor, pero sí de los más importantes).

La sociedad española, con independencia de ideologías, creencias y pensamientos, tendrá (tiene) que afrontar una reconstrucción económica, social y de valores. Que no es poco. La mayor tarea colectiva de los últimos dos siglos. Más allá de las dos Guerras Mundiales, porque las guerras fueron entre países, pero no todos. La crisis del 29, fue en una serie de países, pero no en todos. La pandemia de hoy sí es mundial, porque afectará a todos los países. Conviene observar este dato, que servirá para conclusiones finales.

Cuando todo esto pase, habrá una clase baja, numerosa, que presionará desde abajo, en su necesidad, desde el recuerdo de su abandono anterior. Debería ser sin bulla, con sólidas referencias a “los que saben”. Aunque la reclamación sea a los que pueden.

Una clase media (menos numerosa que antes) preparada y con experiencia, que asomará a los salones del poder, proponiendo soluciones, cambios, acciones coherentes con lo que dicen “los que saben”. Y, empujados por la presión de los de abajo, ya más numerosos que ellos.

Y una clase alta que ha heredado el poder y el dinero de sus antecesores de hace un año, que no sabrá dónde mirar y buscará soluciones a su precaria situación social, refugiándose en el lamento. Pero no sabrán qué hacer. Aunque lo hagan.

Es en la clase baja, donde mas carencias educativas existen, donde habrá que realizar mayor esfuerzo educativo, porque de ella saldrá el mayor empuje social. Y es bueno para toda la sociedad, que este empuje se realice desde una posición de cultura: “Cultura es conocer, entender e interpretar”. Es bueno recordar o repasar aquí las propuestas de Victoria Kent, que en 1931 dio una lección de inteligente percepción de la realidad social.

Esa clase baja demandará dos derechos:

Formación, educación, mayor nivel cultural.

Que las causas del desastre del covid-19 no se vuelvan a repetir.

Para estas dos demandas, la educación es imprescindible y la clase baja lo sabe. O la parte de la clase media que se les ha incorporado con esta crisis inesperada.

La clase media, protagonista

Todo cuanto suceda en el más allá de la pandemia, será realizado por la clase media, que es donde habitan “los que saben” (que no quiere decir que todos los de esta clase sepan), impulsados por una clase baja, numerosa y amenazante. Los que saben se ubican en la clase media, porque no pertenecen a la clase alta, con la que no tienen ningún vinculo cultural ni económico.

Este colectivo “que sabe”, posee cultura, experiencia, capacidad profesional, pero no nivel económico que supere esos límites de riqueza que darían acceso a la clase alta. Viven desahogadamente, pero no son potentados. Ni tienen su poder. Pero tampoco lo desean. Solamente esperan que la sociedad escuche sus opiniones y obre en consecuencia.

Algo bueno que dejará el tránsito del virus, será una cura de humildad a quienes no han sabido hacer las cosas. Los que tan irreflexivamente entraron en la vida adulta como elefante en cacharrería, percibirán (supongo) que algo no era como ellos pensaban. Por lo menos habrá que cuestionarse su “seguridad” anterior, propia de quienes piensan que “lo saben todo”. Habrá que madurar, porque las sociedades también maduran.

Pues no, quienes saben de verdad no entran así en las “cacharrerías”. Entran despacio, sin apabullar, con sosiego. Mirando al suelo, que diría mi amigo Genaro en el Casino de Jaral.

Cuando se supere la cosa ésta del covid-19, la sociedad habrá cambiado profundamente. Y en varios sentidos. En todo el Mundo, incluida España. Aquí más profundamente, porque hemos sido más castigados (habría que analizar por qué, aunque podemos adelantar que algo tienen que ver los sistemas educativos y los iluminados de la educación de andar por casa).

Pero la Cultura (y su herramienta la Educación) saldrá fortalecida como nunca lo ha estado. El golpe ha sido demasiado grande como para que los irreflexivos ganen la batalla social. La Cultura demandará la presencia de “los que saben” en las decisiones importantes que genere la sociedad. Aunque siempre habrá quienes traten de ponerse al frente, para ocupar los puestos de locomotora y posteriores ventajas. (Rusia, Portugal, Rumanía, Panamá, …)

Errores y tareas

Esta vez lo van a tener difícil, porque la sociedad española (y mundial) tendrá que convertir la Cultura en trampolín de la evolución sin bulla ¿Revolución?. Así, errores tan flagrantes como la ignorancia del desastre climático, el deterioro de los océanos, las irrespirables atmósferas, los destrozos ambientales de los incendios, las modificaciones alimentarias ocasionadas por los afanes mercantiles, … en definitiva, la pérdida del equilibrio de los ecosistemas mundiales, serán tomados en serio, aunque no sea más que por el miedo que trajo el covid-19.

Y todo este proceso, solamente es posible si la cultura se erige en dueña de las decisiones y escudo ante la irresponsabilidad social y la codicia (“codicia”, palabra que cobrará protagonismo en los tiempos que vendrán). Por eso, la clase baja tendrá en sus manos (por numerosa) la fuerza que posibilitará que “los que saben” asuman el poder. O, por lo menos, que los que asuman el poder escuchen a los que saben.

El problema está en la posibilidad de que en el futuro, los que van a estar en mayoría (clase baja), escalen puestos de bienestar y se conviertan en lo que ahora no son. Todo es posible, pero la lección está siendo dura y espero que duradera.

La clave es la Cultura: “Conocer, entender e interpretar”.

Y a eso se llega a través de un sistema educativo eficaz, pedagógico y alejado de ideologías, creencias e intereses personales o de grupo.

No estaría de más que repasáramos los análisis sociales de algunos admirables: Unamuno (agonía), Calderón (sueños), Victoria Kent (Cultura y sufragio), Ortega (las masas), Harari (revoluciones), … y científicos (biólogos, médicos, físicos, …), que llevan años regalándonos la Cultura de su conocimiento.

Y tantos otros que deberían ser referentes de nuestras reflexiones. Son “los que saben”.

(El próximo artículo sobre este tema, afrontará el papel de la Sanidad en el más allá de la pandemia)