Huelva y el coronavirus: entre el miedo, la veracidad y la esperanza

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Calle Puerto, lateral de la Plaza Arqueológica, Huelva.

R.F.B. Ayer hablé con un amigo, Miguel -nombre ficticio-, médico especializado en epidemiología, y le hice varias preguntas de millón: ¿porqué los datos de Huelva en esta crisis del coronavirus? ¿son ciertas las cifras que se están publicando de contagiados en Huelva? ¿Cómo evolucionará nuestra provincia, nos aproximarémos a otras más afectadas?. La razón de haber formulado estas cuestiones al técnico es clara: las cifras de contagiados onubenses se mantienen persistentes por debajo en cuantía, en lo relativo y en su trayectoria evolutiva, del conjunto andaluz y, por supuesto, de las zonas más tristemente afectadas en España.

Respecto a la primera pregunta me apuntó dos ideas bien simples: el azar nos ha jugado una buena pasada, no como a La Rioja, País Vasco o Málaga. Sencillamente ‘no estaba escrito’ que un viajero llegase de fuera infectado y creara uno de los primeros focos en nuestra provincia, cuando todavía no se habían adoptado medidas. Alineado con este razonamiento básico hay una realidad que siempre, y con justicia, consideramos una lacra y es el pertinaz aislamiento de la provincia onubense, sin infraestructuras de transporte que faciliten el llegar aquí. Alguién en uno de los perfiles de redes sociales de nuestro periódico comentaba en una noticia que ‘menos mal que estamos en el culo de mundo‘. Pues eso, en esta ocasión, menos mal.

En relación a la segunda pregunta, sobre la veracidad de los datos, al margen de los desfases horarios en la publicación de la información oficial mi amigo, que conoce desde dentro el sistema y que podría perfectamente haberme dicho otra cosa, no comparte que se estén falseando datos, y menos específicamente en Huelva. ¿porque en Huelva y no en Vitoria o Sevilla, por ejemplo?. Si es verdad que admite que tiene que haber muchos casos no identificados ni siquiera por los propios enfermos, la realidad asintomática, al igual que sucede con otros virus. De hecho cree que si se pudieran identificar todos los casos la morbidad de este covid-19 se demostraría mucho menor que el de otros patógenos. El problema está en la concentración de casos y el estrés al que somete y puede someter al sistema sanitario.

Una parte de los onubenses reitera en redes sociales que estamos embaucados por un engaño perverso de las autoridades, que ocultan datos reales; una mayoría, sin embargo -menos ruidosa que la anterior- se pronuncia en términos prudentes y, sobre todo, reclama que el común se centre, más que en cifras, en atender las recomendaciones -ya instrucciones- de la administración en cuanto al necesario aislamiento para afrontar la crisis. Esto es lo que considera Miguel, que no hay que obsesionarse con las cifras, dentro de un orden, y centrarse en lo importante, frenar el virus reiterando una y otra vez que se adopten las medidas a implementar por cada uno de los ciudadanos. Aquí mi amigo se muestra crítico con muchos de los medios de comunicación, que parece que están envueltos en una macabra espiral para conseguir más audiencias tratando se ser el primero en dar un nuevo caso de contagiado, una cifra más terrible de fallecidos. No todos actúan de esta manera, pero en Huelva estos días hay algunos que están mostrando su cara más cruda, publicando información sin contrastar y recreándose en titulares morbosos.

En la tremenda e inédita situación en la que nos encontramos la comunicación es un factor esencial en el desarrollo de los acontecimientos. Y la comunicación es la variable más sensible y, como era de esperar y estamos comprobando, la que más se está pervirtiendo en momentos en los que debería considerarse como un valor a preservar, a utilizar con eficacia y eficiencia. Porque la actuación del sistema sanitario -escaparate de héroes que están demostrando lo mejor de la condición humana- depende de esa comunicación dado que ella conduce al comportamiento. El difícil equilibrio entre la información como derecho y la gestión para salvar vidas se pone a prueba en estos días. Esa es nuestra responsabilidad como medio de comunicación.




Calle Puerto, lateral de la Plaza Arqueológica, Huelva.

Volviendo a las respuestas de Miguel, al que conozco desde hace tiempo y no tiene un perfil optimista, respecto al horizonte en Huelva, y en Andalucía en general, me aclara que no hay razones para entrar en un estado de pánico. Cree que hay recursos hospitalarios para aguantar el tirón fuerte, que piensa que se producirá esta semana, y que lo que tenemos que hacer es seguir con el aislamiento y apoyar a las autoridades. Las críticas a la gestión de los gobiernos ya tendremos oportunidad de ponerlas de manifiesto en su momento, cuando esta situación se supere. Ahora lo que cabe es actuar cada uno con la responsabilidad que exige este crucial momento.

La incertidumbre agravada por lo increíble de la situación, inimaginable por nadie en nochevieja cuando brindábamos por el nuevo año, hace que el miedo, esa sensación inevitable en el ser humano, tenga que ser afrontado con valentía, ya sabemos lo que tenemos que hacer cada uno; las fake news del ‘periodismo ciudadano’ han de ser situadas en su lugar, aislándolas en vez de rebotándolas impunemente; los medios de comunicación tienen que aprovechar la oportunidad para hacer un ejercicio real de responsabilidad social, no aprovecharse precisamente del miedo para tratar de engrosar sus cifras de audiencia; y el ejercicio de confiar en nuestra comunidad, reforzada por medidas coercitivas necesarias para una minoría irresponsable, nos debe conducir a la esperanza. Ganaremos, estamos ganando.