Una nueva asociación de vecinos/as pedirá a Aljaraque que prohíba compartir chicles en los parques públicos durante los próximos seis meses

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Mi novia y yo.
Ayuntamiento de Aljaraque.

José Manuel Alfaro ‘El Cuaderno de Muleman’. El pasado viernes una asociación de vecinos y vecinas, realizó un comunicado de prensa, en el que informaba, que en los próximos días solicitará al Ayuntamiento de Aljaraque que prohíba compartir chicles en todos los parques públicos de la ciudad, durante los próximos seis meses o hasta que termine la situación de emergencia sanitaria en la que nos encontramos. Con esta medida, la asociación pretende mitigar una posible expansión del agente causante entre aquellos consumidores de chicles, que comparten esas sustancias durante su estancia en dichos parques. Según la presidenta de esta asociación, estamos ante una situación de emergencia nacional que necesita del concurso de toda la ciudadanía y especialmente de un colectivo que puede convertirse en unos de los más afectados en esta crisis sanitaria, al mismo tiempo que puede contribuir a la expansión del agente causante de esta pandemia en la que nos encontramos.

Chicles de hierbabuena.

Son momentos complejos ha comentado esta madre y vecina de 42 años, que asume el cargo de presidente de esta asociación, con el ánimo de sumar en estos momentos de incertidumbre y desazón en la que nos encontramos y de la que piensa saldremos todos y todas reforzados, si nos sumamos con compromiso y determinación a las recomendaciones de los científicos. La presidenta ha terminado el comunicado señalando que “somos una sociedad solidaria y un modelo para muchas otras sociedades y culturas que nunca ha dejado, ni dejará de luchar por el bien común”. También ha comentado, que en los próximos días propondrá nuevas medidas que contribuyan a esta cadena de valor generada desde todos los ámbitos de la sociedad, articulada bajo gritos como #yomequedoencasa, #nosinpapelhigienico o #lasvacacionessonparaelverano. A continuación, recogemos las reacciones de uno de los posibles afectados que acaba de constituirse en una plataforma, para defender los derechos de un numeroso colectivo, que operará bajo el nombre de AODCDCA (Asociación Oficial De Compartidores De Chicles de Aljaraque.

Mi novia y yo.

-¿Desde cuándo comparte chicles en el parque?
-Yo empecé tan joven que ya ni siquiera me acuerdo. Tengo cuarenta y tres años ahora y podría decirte que llevo toda la vida haciéndolo. Empecé como el que no quiere la cosa, mascando chicle con los amigos con los que salía después de que terminar las clases del instituto. Eran tiempos en los que nos íbamos en grupo al parque a hablar de nuestras cosas, en esos tiempos no había ni móvil, ni plataformas de contenidos, lo único que había en casa era una televisión con unos pocos canales. Allí en el parque cada uno sacaba su paquete chicles se lo metía en la boca y nos llevábamos horas mascando. En aquella época tampoco era difícil encontrar un quiosco en el que te dieran por debajo del mostrador chiches de hierbabuena. Hasta ahí todo bien, hasta que llega un día en el que alguien desconocido y místico te ofrece compartir su chicle, al principio no le das importancia, crees que controlas, hasta que al final te vuelves adicto a ello y poco a poco comienzas a autodestruirte y todo lo que te rodea, hasta que reduces tu vida al pillaje diario para conseguir tus chicles para compartirlos con cualquiera.

El famoso chicle de Obama.

-¿Has pensado alguna vez en cambiar de vida?
-Muchas veces, todos los días me levanto con la misma idea, luego sales de casa y sufres un proceso de amnesia que te conduce a deambular en busca de tu dosis y tus amigos para compartir con ellos el peor de los chicles. Yo los he compartido con hasta media docena de amigos hasta dejarlos sin sabor. Llega un momento en el que tienes que vender chicles para conseguir más chicles, compartirlos gratis para enganchar a otros a ellos. Yo metí a mi primera novia en esto, pero ella fue más lista que yo, se casó con el quiosquero que me vendía los chicles y ahora tiene un niño de cinco años que se parece a mí. Yo sé que me vida es una mierda que, si hubiera terminado la carrera de historia y aprobado las oposiciones, ahora mismo no estaría en el parque mascando chicle solo, estaría en una excursión de fin de curso mascándolo con futuros universitarios. Pero el destino me tenía preparado esto y ahora solo puedo aspirar a compartir chicles con unos amigos del barrio que se sienten tan desheredados que yo.

Chicle entre los dientes.

-¿Se siente acosado?
-Claro que me siento acosado por esta medida, no se puede vivir en una democracia y prohibir lo que a la gente le hace feliz. Yo no tengo nada en contra del que no masca chicle, incluso entiendo que no le guste nuestro rollo, pero de ahí a meterse en nuestros hábitos y costumbres no creo que una democracia saludable se merezca esta intromisión en los derechos individuales de las personas. En una democracia auténtica todo el mundo tiene que tener derecho a hacer lo que quiera, a morir como quiera. La democracia significa para mí eso elegir morir, como si quiero hacerlo entregándome a un virus mortal. Por eso cuando he leído el comunicado de esta asociación de vecinos y vecinas he sentido escalofríos, al mismo tiempo que me preguntaba ¿Quiénes son ellos para poner límites a mi vida? Dicen que lo hacen por el bien de todos, que es una medida que tiene como objetivo el bien de la comunidad, yo también soy comunidad y ninguno de ellos me preguntan todas las mañanas de que sabor quiero hoy los chicles. Estos señores y señoras para mí son unos impresentables que no solo no creen en la democracia, sino que no me representan.




-¿Qué le parece la medida?
-Mire le voy a decir una cosa, hay días en los que no tenía dinero para comprar chicles y los he cogido del suelo y luego lo he compartido con los colegas y no nos ha pasado nada, seguimos vivo, si cosas como esa no me ha matado aún, lo va hacer un maldito bicho de apenas unos nanómetros de tamaño. Así que la medida me parece una forma más de propaganda de esa clase progre que está intentando colonizar a la única clase libertaria que queda en los parques y en las calles. Que será lo próximo, confinarnos en nuestras casas a mascar chicles. Una sociedad que empieza prohibiendo compartir los chicles, termina prohibiendo compartir las cervezas, y eso sí que me preocupa, no por mí, sino por mis hijos y mis hijas, a los que si seguimos así le aguarda solo un futuro de tristeza y desolación. Por eso desde la AODCDCA (Asociación Oficial De Compartidores De Chicles de Aljaraque), vamos a exigir no que se prohíba, sino que sea obligatorio, incluso se habiliten horas en los colegios e institutos para fomentar este hábito que podría contribuir a forjar lazos de unión entre todos. Incluso estamos preparando una ofensiva mediática para la que ya tenemos lema “comparte chicle, dona vida”