Paseo por la villa de Huelva, 1750-1800 (y V)

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Casa de la Chanca.
Teatro “Hércules”. Principios del siglo XX.

Antonio José Martínez Navarro. La Casa de la Chanca es, sin duda, uno de los edificios más emblemáticos de Huelva y uno de los focos industriales más importantes a lo largo de los siglos, de la entonces villa. Pero, definamos, en primer lugar el significado etimológico de Chanca.

Llámase por esta denominación a unos espaciosos edificios que se levantaron en sitios próximos al mar en donde se utilizaba la materia prima abundante en las costas cercanas  (atún, caballa, boquerón…) que era industrializada, para lo que se debía de disponer de abundante sal. Antes de darle el tratamiento adecuado, se ponía a la venta una parte considerable de la citada materia en pública subasta.



Casa de la Chanca han existido en todos los puertos (Huelva, Isla Cristina, Lepe…) y era tal su importancia, que en Almería existe un barrio llamado de La Chanca, que ocupa el lugar de antiguo arrabal musulmán Al-Hawd.

En los siglos de la Edad Moderna y Contemporánea, los productos que salían de las Casas de La Chanca eran cazón seco, mojama (que no es otra cosa que el lomo del atún cubierto con sal gorda), anchoa… Pero vayamos a los orígenes de este trabajo: Entre todas las artes de pesca de las que las industrias del mar se valen para obtener sus rendimientos, destacase, por su antigüedad, por su técnica complicada y eficaz, tanto como por su organización esmerada y provechosa, la almadraba para la pesca del atún.



Este arte data de fechas remotas, allá por los siglos anteriores a Jesucristo. A través de los indicios arqueológicos, se sabe que en Huelva era una actividad que se desarrolló en la época del Imperio Romano.

Aunque no hay documentación que nos haga afirmar que se practicara el arte de la almadraba en Huelva durante la Edad Media, la lógica nos hace suponer que se desarrollaría esta técnica pesquera, incorporando las innovaciones que la han llevado, en su armazón y calamento, a ser actualmente un arte gigantesco, en proporciones de material y extensión jamás previsto en los cálculos de los hombres de mar.



En su obra titulada “Historia Ilustrada. Brevísima Historia de la Antigua, y Noble villa de Huelva” (1761), nos aclara don Juan Agustín de Mora  Negro y Garrocho, en su Capítulo X, dedicado al tráfico y comercio de la villa de Huelva, que en esta población había habido almadrabas:

<<… Faltan las almadravas, han cerrado los armazones a los puertos de Africa, se ha estrechado el surtimiento de Portugal, y lo que más ha atrassado a aquella Villa, es averse cerrado su Puerto de cuarenta años a esta parte, con la Providencia que se dio, de que no se despachasse en aquella Aduana entrada de Géneros por Mar. Pero por un Ramo de Autos formado por la Justicia de aquella Villa el año 1590, para echar un repartimiento entre las embarcaciones, que actualmente existiessen en el Puerto, para guarecer la Costa de Moros, consta, que se hallaban en aquella Ría, 113 Barcos de Pesquería (sin otros, que andaban por la Mar, muchos Barcos luengos, llamados viageros, saetias, Fragatas y 11 Navíos, con la expressión de sus capitanes…>>.

La primera referencia que tenemos en nuestro Archivo sobre almadrabas situadas fuera de nuestra capital la encontramos en un Poder otorgado el 20 de abril de 1583 ante Juan Núñez (Folio innumerado, número 57) en el que Juan de Rivera recluta trece hombres para llevarlos a trabajar a la almadraba del Sr. Duque de Medina Sidonia;

<<Juan de Rivera, hombre de la mar, vezino desta villa y dixo que por quanto al señor Francisco Velázquez, vezino y regidor desta villa que presente estava por horden y mandado del Excmo. Sr. Duque mi señor, a buscado y hecho buscar en esta dicha villa gente para ir a servir a S. E. en los armazones de sus almadravas este presente año y la que dixo que se obligaba y obligó de partir desta villa con los dichos 13 hombres a la cibdad de Sanlúcar mañana miércoles por la mañana que se contarán 27 del presente mes y de allí seguirán la horden que se le mandase… hasta ponerlos en las dichas almadravas…>>.

En fechas posteriores hallamos industriales onubenses que instalan almadrabas en sitios cercanos a la capital y que reúnen, lógicamente, condiciones excepcionales para tal finalidad y siempre bajo la supervisión de los nobles, ya que las explotaciones “desde la raya de Portugal” hasta Tarifa eran monopolio de los Guzmán, señores de Tarifa que no dudaban en enfrentarse abiertamente a otros nobles de la región (Duque de Arcos) que intentaron tomar parte en aquel productivo negocio. Ya estas instalaciones emplean medios sofisticados para aquella época: las redes se hacen a mano, empleándose miles de kilos de cáñamo, de abacá y de esparto, al margen la cabullería, con grueso de 1,5 a 12 pulgadas y, sobre todo, se utilizan muchos hombres y barcazas y, sobre todo, se dispone de un almacén o chanca donde se traslada la riqueza del mar capturada para su venta y tratamiento. A través de la Escritura de arriendo de una almadraba otorgada el 9 de abril de 1749 ante José Francisco Camero (Folio 18, número 278), vamos a conocer la existencia de una “Casa de la Chanca” o chanca ubicada en Huelva. Pero como la citada Escritura tiene hasta trece condicionantes sólo nos remitimos a los interesados en la petición de armar una almadraba y a la condición quinta en la que queda citada la Casa:

<<Sepan como nos, Alonso Silvera y Joseph Bravo y don Antonio Díaz, vecinos que somos desta villa de Huelva, decimos que por quanto por el Excmo. Sr. Duque de Medinasidonia se nos ha concedido permiso para que armemos de nuestra cuenta la almadrava y arte de pescar atunes y otros pescados en el sitio y torre que llaman de Carboneros desta costa, conforme a los privilegios la Casa de S. E. por tiempo y espacio de cuatro años, que el primero es el presente y fenecerá ésta contraída la temporada del año que viene de 1752, se nos ha mandado que otorguemos la Escritura, ciertos y sabedores que somos….>>.

Y en la condición quinta de la Escritura de arriendo viene citada la existencia de la Casa de la Chanca que nos ocupa:

<<…Quinta. Que el dicho pescado que se matare se ha de vender en pública almoneda, a la puerta de la chanca de dicha almadrava en la conformidad que se practica  en las otras de S. E…>>

Casa de la Chanca.

También es citada esta Casa en el célebre plano de Francisco Coello, fechado en 1870, y nos enseña su ubicación en la calle Las Bocas, no  muy lejos de una lengua de la ría en donde desembarcaban los atunes y otras especies capturados en las almadrabas.

Dada la situación de la Casa Chanca, la calle Las Bocas se convirtió en una auténtica industria vinculada con su actividad.  Así, en el siglo XVII tuvieron sus talleres de cordonería (Folio 83, número 334) Francisco Prieto, Gaspar Rodríguez (destruido el taller de este último en el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755. La venta del solar la efectuó siete años más tarde), Roque Rodríguez… Con respecto a la sal (material importantísimo en las chancas), el Alfolí o Salero de Huelva no se situaba muy lejos, exactamente en el inicio de la calle San José.

Si atendemos a otras chancas, el saladero instalado en la villa de Huelva debió tener dos plantas, estar compuesto por diversos corrales para la hacienda, una o dos extensas salas para preparar el pescado, secadero al aire libre y depósitos o almacenes de sal. Algunas chancas contaban con grandes piletas, instaladas en el inevitable patio, donde el pescado se sumergía en salmuera (sal en agua). Una de las puertas de las que constaba el edificio debió permitir el paso de carros que descargaban la sal y cargaban los productos preparados en la chanca.

La sal para la conservación del pescado y el transporte de la misma corría a cargo del Sr. Duque. Caso de que se hubiese pescado mucho, el egregio personaje estaba obligado a adquirir, a partir de las tres mil fanegas estipuladas en el contrato, la sal en otra salina que no fuera la suya propia.

En el expediente investigador que está instruyendo la Universidad de Huelva, y elevará ante la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía,  para que la demoledora piqueta de Huelva no continúe con su incesante actividad en nuestra ciudad, “se fecha la construcción de este edificio a finales del XVII o principios del XVIII, a instancias de la Casa Ducal de Medina Sidonia con el fin de comercializar  y salar los atunes capturados por la Almadraba…”.

Dado el largo período en el que la Casa Ducal se dedicó a la pesca del atún, pudo emplear las tres clases de almadrabas: Inicialmente, de vista; más tarde de monteleva y finalmente y sobre todo empleó las almadrabas de buche. En el término de nuestra capital sólo se utilizaron los dos primeros sistemas de pesca, siendo el último el que predomina en la actualidad en otros lares.

Tenemos que hacer hincapié de que las relaciones de los nobles con los empresarios de almadrabas se  situaban en un cierto plano de igualdad. Así, en el libro inédito titulado “La tradición marinera de Huelva”, del historiador Antonio José Martínez Navarro, podemos leer:

<<…El Duque está obligado a no conceder autorización para la instalación de otra almadraba de buche desde la barra de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda hasta la de Ayamonte, ni tampoco almadraba de tiro desde el río del Loro (?) hasta la mismísima barra de Ayamonte.

Los capitanes o inspectores que supervisaban todas las operaciones de la almadraba tenían que ser propuestos por la Compañía, dándoles luego el visto bueno y concediéndoles el correspondiente título el Sr. Duque. Los salarios de estos encargados corrían por cuenta de la Cía.

Las ganancias o pérdidas que pudieran surgir en los ocho años de arriendo de la almadraba se distribuían de la forma siguiente: un veinte por ciento iba a la faltriquera del Sr. Duque, y el resto, esto es, el 80 %, iba destinado a los integrantes de la Compañía, acordes las partes con lo que hubiera aportado a la Sociedad económica constituida.

A través de la documentación investigada hemos observado que la utilización de una almadraba estaba asentada sobre un contrato ante notario en el que ambas partes (dueño de la almadraba y arrendador) se comprometían a cumplir una serie de condiciones vertidas en él. Pero, ¿ qué ocurría cuando una parte, o las dos, no cumplían con absoluto rigor las condiciones estipuladas?.

Como buen paradigma tenemos el incumplimiento del contrato celebrado en 1835 (1) entre el Sr. Marqués de Villafranca y don Juan Domínguez. Al marqués le embargaron todos sus  bienes, y Juan Domínguez, el arrendatario, falleció al segundo año de iniciarse el acuerdo. Pues bien, como no era cuestión de perder los beneficios que la almadraba Tuta, sita en Isla Cristina, podía proporcionar, se firmó un contrato entre la Caja de Amortización de Sevilla y Don José Milá, de Isla Cristina.

Como cuando acaeció el incumplimiento habían transcurrido sólo dos años de los diez convenidos, la Caja de Amortización, no sabemos si depositaria de los bienes del noble castellano, aunque más bien nos parece que embargadora de los mismos y, por lo tanto, propietaria, cede todos los enseres “incluso los almacenes contiguos a el Palacio de Huelva y los de Isla Cristina, en la cantidad anual de 10.000 reales de vellón, que es la misma en la que se arrendaron al Domínguez…”, gastos que se deducirían de la venta del atún. Pero, ¡para qué seguir…! si, en definitiva, el contrato siguió cumpliéndose puntualmente entre las dos nuevas partes, y que, en líneas generales, siguen otros ejemplos antes aportados. Como datos de interés añadamos que Don José Milá ofrece como garantía de su solvencia “una casa principal, y es la de su habitación calle del Berdigón de esta población. Otra casa en el Callejón denominado del Agua… y una Casa Lonja en la Calzada”.

Ya hemos visto la gran tradición almadrabera de Isla Cristina, con chancas y fábricas, que tuvo lotas o lonjas de venta de atunes para elaborar la pesca de su almadraba. También Pascual Madoz en su obra titulada “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. Huelva”, nos aserta esta opinión:

“… la mayor parte de los moradores de esta isla (Isla Cristina, apuntamos nosotros) se ocupan en la pesca, cuyo ejercicio constituye el principal ramo de su riqueza, el cual lo hacen en tres almadrabas de atún, cuyos aprestos consisten en unas 200 anclas de hierro de varios tamaños, multitud de cables de esparto y cáñamo y piezas de red de las mismas materias, que se prolongan alguna más de 1/4 de legua, en cada una de estas almadrabas se ocupan sobre 125 hombres. Otra de la pesca de más consideración es la de la sardina, que se hacen con varias barcas, jabegas, con sus competentes redes de cáñamo y cuerdas. La mayor parte del pescado que se saca, se sala y elabora en más de 30 fábricas que hay al efecto y después conservadas, prensadas y embotadas, se embarcan para diversos puntos del Mediterráneo en buques de 50, 60 o más toneladas…”.

En la actualidad, esta explotación se sigue practicando en la bella Isla Cristina, y sus marineros siguen disfrutando de una de las viñetas más grandiosas que acontece en las relaciones del hombre con el mar, porque una levantada de atunes de 150 ó 200 kilos de peso y de 400 ó 500 ejemplares es un espectáculo sorprendente, de una luminosidad reverberante, escena de vitalidad y de absoluto dominio de los elementos de la Naturaleza, conseguida por la inteligencia del hombre, aun con los estertores aparatosos que a la pesca le ofrece la muerte.

Pero, continuemos con la historia de la Casa de la Chanca. Ésta debió quedar bastante dañada, como la mayoría de las edificaciones que se levantaban en Huelva, por el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755. Tras las reparaciones necesarias para continuar con el fin a que se le destinaba, continuó la Casa de la Chanca desarrollando un papel importante en la economía de la villa del Tinto y del Odiel.

Inma Gallego publicaba en el diario “Huelva Información” del lunes, 18 de julio de 2011, un interesante artículo  del que tomamos lo que sigue:

<<…Era la única almadraba de buche que calaba la Casa Ducal, que mantuvo el monopolio de explotación de las almadrabas hasta el año 1817, cuando el Marqués de Villafranca, heredero del Ducado, pierde dicho privilegio, No obstante, asociados con empresarios de Huelva, Isla Cristina y Ayamonte, siguió explotando esta almadraba hasta la década de 1850, pero ya entonces, desaparecidos los señoríos, los atunes se comercializaban y salaban en la Higuerita y en el Terrón.

Cuando el negocio salazonero se desplazó a Isla Cristina, tenía poco sentido seguir manteniendo en Huelva  la Casa de la Chanca, por lo que el 5 de junio de 1860, a través de su apoderado, Francisco García Goyena –jurista que impulsó la redacción del primer Código Civil y que era funcionario en Huelva- vendió, como consta en el Archivo Histórico, “una casa en la calle de Las Bocas de esta villa llamada  La Chanca”. El destinatario fue Rafael Hernández, y la transacción se formalizó ante el escribano Manuel Sánchez Levanti. Dicha vivienda, como figura en los registros de la desaparecida Contaduría de Hipotecas de Huelva, se encontraba situada en la esquina de la calle de Las Bocas con los Barridos, y tenía impuesto un censo desde 1790…>>.

Los días de la Casa de La Chanca estaban contados. Así, poco después es derribada. En 1864 (2), según reza en un documento perteneciente al Archivo Histórico Provincial, de Huelva, se levanta la bonita construcción actual por orden de la firma huelvana “Hijos de Vázquez López y Compañía”, lindando esta finca urbana por la derecha con casa de Francisco de la Corte, calle Duque de la Victoria y, al fondo, la calle Barcelona, teniendo una superficie de 1.161, 80 metros cuadrados (superficie construida, 616 metros cuadrados).

En el mismo documento y teniendo las sedes de sus comercios en el edificio que historiamos, fechado en 1966  y ubicado en la entonces calle General Sanjurjo (actual calle Bocas) número 5, figuraban como contribuyentes urbanos prestigiosos industriales como Abelardo Arcos Arenas (Comercial “Arcos”), Manuel Martínez Baena (Bar “Central”), Aquilino Vidal Gómez (Casa “Aquilino”), J. Rivero Nogales (Casa “Rivero”), Francisco Gómez Ruiz, María Muñoz Sánchez, Esperanza Domínguez, Saturnino Prieto…

Por todo lo anteriormente expuesto, queda claro que la edificación actual no es la Casa de la Chanca que utilizaban los nobles, pero todos sentiríamos, si fuese derribada, que perderíamos algo nuestro. En este sentido, esta vivienda tiene un valor sentimental para los ciudadanos onubenses.

El derribo de este edificio, que, por cierto, no desentona con el entorno y que alcanzaría más belleza si se pintase de color blanco, pasaría desapercibido en otras ciudades que se vanaglorian de poseer un rico patrimonio histórico-artístico. En Huelva, sentiríamos su desaparición, ya que nuestra capital necesita la supervivencia de lo antiguo. Es más, Huelva tiene que compararse consigo misma en estas cuestiones del Patrimonio y lo que para otras ciudades no les merecería la pena, para nosotros es fundamental. En definitiva, creo que la, llamémosle así, “segunda Casa de la Chanca”, por el valor sentimental que tiene para los onubenses, debe continuar en la calle de las Bocas para darle ese tipismo y belleza a la calle y para deleite de las futuras generaciones.

Escritura  de una Compañía para la pesca de atunes en la almadraba de la Tuta entre la Caja de Amortización y don José Mila de Isla Cristina, otorgada el 5-5-1837 ante Antonio de la Corte (Folio 93, núm. 427).

Legajo, número 8835 (Documentación de Contribución Territorial Urbana, firmada el 26 de julio de 1966, por Manuel Marchena Aráuz, en calidad de Apoderado General de Hijos de Vázquez López y Compañía, con domicilio en la calle Tendaleras, número 20.