Los ganaderos marismeños reivindican su papel en el congreso ‘Doñana, 50 años de Parque Nacional’

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El presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, Juan Adolfo Arangüete.
El presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, Juan Adolfo Arangüete.

Redacción. El presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, Juan Adolfo Arangüete, ha intervenido hoy en el congreso ‘Doñana, 50 años de Parque Nacional’ para defender con firmeza los usos tradicionales, en especial el ganadero, y la importante tarea que realizan a la hora de preservar la raza equina y bovina marismeña, una raza autóctona que sólo existe en la provincia de Huelva y que está en peligro de extinción, una raza ambiental totalmente adaptada al ecosistema del espacio donde habita y criada de forma semi asilvestrada.

Arangüete ha participado como representante de los usos tradicionales en la mesa redonda titulada “La sociedad del territorio, visión de una evolución desde la óptica de hoy en Doñana”, moderada por el gerente del Espacio Natural de Doñana, José Juan Chans. Durante su intervención ha explicado los dos objetivos fundamentales de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño: el mantenimiento del uso tradicional ganadero en Doñana, un uso milenario, y la preservación de la raza marismeña, actualmente en peligro de extinción. Igualmente, el presidente ha recordado la proyección que aporta al Parque Nacional la tradición de la Saca de las Yeguas, “reflejo de la tradición ganadera de los habitantes del entorno”, que ha llegado a nuestros días prácticamente intacta desde que el Duque de Medina Sidonia la regulase en 1504, “con un fuerte arraigo cultural”.



La preocupación por la posibilidad de que la raza desapareciera llevó a que la asociación tomara medidas como la caracterización de la raza y su reconocimiento oficial como raza pura, un arduo trabajo los 365 días del año por la conservación de la raza y de un uso tradicional que “entendemos que es parte de Doñana”. Porque, como ha denunciado el representante de los usos tradicionales, “Doñana es, ha sido y será la simbiosis de la naturaleza y el hombre, un ejemplo único de que el hombre, integrado y comprometido con su entorno, es su mejor guardián, su mejor protección y su garantía de futuro”.

Arangüete ha continuado señalando con firmeza la política de conservacionismo excluyente del parque. “Existen como no podía ser de otra manera diferentes formas de entender la conservación, pero en todas ellas deben tener cabida los habitantes del entorno, ya que Doñana no debe convertirse en espacio protegido para unos pocos, impermeable a sus pobladores de siempre, un coto privado para su uso y disfrute al que, como mucho, se puede acceder para contemplar un lince, un ciervo, o un caballo como si esto fuera un zoo”. “Debemos llegar a consensuar la presencia de cada sector que actúa en Doñana”, ya que “nadie debe arrogarse la competencia en exclusiva de la conservación”, ha considerado. La organización considera que “Doñana es lo que por lo actores que han tenido relevancia a lo largo de los siglos en este territorio, y muy principalmente a los usos tradicionales que se han venido desarrollando”. “No es ni un museo, ni un territorio salvaje”.



Juan Adolfo Arangüete ha contrapuesto la trayectoria de colaboración de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, “una firme defensora de la protección del espacio natural” que ha aceptado y acatado las normas e imposiciones emanadas desde el parque, al intento de desprestigiar los usos tradicionales y de expulsarlos de Doñana. “Lucharemos para que nuestra labor en Doñana no sea criminalizada por algunos sectores, mal llamados conservacionistas, que entienden Doñana con la exclusión del hombre”, una visión “equivocada”. “Doñana debe abrirse con todos los controles que sean necesarios a la participación del hombre en el entorno” ya que “no puede existir una gestión de exclusión de la presencia del hombre de Doñana”, ha insistido.

“Somos parte de Doñana y merecemos esta consideración” al igual que la raza marismeña está en peligro de extinción, “tan amenazada como el lince o el águila imperial”, y “merece el mismo trato y consideración”. “Son autóctonas, pertenecen a este lugar como cualquier otra especie del parque y nosotros tenemos la obligación de preservarlas y ponerlas en valor en un ejercicio de pedagogía en el que nos esforzamos cada día”, ha recordado en su intervención el presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño.