María de Padilla, cuarta Señora de Huelva

En este capítulo nos vamos a detener en el período comprendido entre el año 1352 hasta el 1361, en el que rigió el destino de la callada villa de Huelva doña María de Molina.

María de Padilla, desnuda en el Alcázar de Sevilla y frente a Pedro I, en un grabado
de Paul Gervais.

Antonio José Martínez Navarro. Señora de la villa de Huelva (1352-1361), con noble empeño, los viejos y nuevos cronistas de Huelva han tratado de confeccionar la historia de nuestra ciudad sin positivos resultados, ya que existen muchas lagunas oscuras, sobre todo en la época llamada medieval.

En este capítulo nos vamos a detener en el período comprendido entre el año 1352 hasta el 1361, en el que rigió el destino de la callada villa de Huelva doña María de Molina. Pero empecemos por el principio: Pedro I, llamado por unos el Justiciero  y por otros el Cruel, era hijo de Alfonso XI y de su esposa María de Portugal. A la muerte de su padre, víctima de la peste que azotó Europa desde 1348 a 1351, le sucedió en el trono cuando apenas tenía quince años.

Dotado de una visión política muy superior a sus contemporáneos, quiso basar su reinado en dos ideales: Unificar el territorio peninsular (idea que más tarde pondrían en práctica los Reyes Católicos en 1492) y someter a los nobles y prelados. Los primeros se opusieron violentamente a los propósitos del rey y estalló la guerra.




“Guerreó – nos dice los Anales toledanos – el rey en Asturias contra su hermano don Henrique, hasta que finalmente ajustó paces con él…; pero el notable suceso de esta jornada fue haber habido en su poder a doña María de Padilla,  que entendida y discreta quanto bella,  de suerte hechizó a fuerza de sus gracias, no de infames artes como es error del vulgo, aquél ánimo indómito, que le hizo perseverar amante en su cariñosa correspondencia hasta el término de su vida. Era doña María de Padilla, nacida en 1334 en Astudillo, (Palencia), mujer de gran nobleza, como hija de don Juan García de Padilla (fallecido entre 1348 y 1351) y doña María González de Hinestrosa, (fallecida en septiembre de 1356), por una y otra sangre muy heredada en Sevilla, y aún natural de esta ciudad, según antiguas memorias que tenía casa propia a la Parroquia de Santa Marina….”. A pesar de este aserto sobre que fue la capital hispalense su cuna, está probado que doña María, huérfana de padre a temprana edad, pertenecía a una noble familia castellana en declive económico y que se crió al amparo de la esposa de don Juan Alfonso de Alburquerque, doña Isabel de Meneses, en cuya compañía la halló don Pedro, llevándosela a Sahagún don Juan Fernández de Hinestrosa, su tío, persona ambiciosa que no rehusaba los más indignos medios con tal de lograr sus objetivos.

Real Monasterio de Santa Clara en Astudillo (Palencia) fundado por María de Molina (Fotografía gentileza del municipio de Astudillo).

El rey Pedro I el Cruel había estado casado con Blanca de Borbon de la que Clío, la musa de la Historia, no nos ha facilitado ningún otro dato.




Pero, prosigamos con este breve bosquejo biográfico de doña María de Padilla, hermana de Diego García de Padilla, maestre de la Orden de Calatrava.

Nos enriquece un poco más la descripción el padre Flores en su  historia al decirnos que “… Fue ella mujer pequeña de cuerpo, pero grande de hermosura, dotadas de potencias y de genio agradable y compasivo…”.

Fruto de este amor con don Pedro fueron sus tres hijas, Beatriz, Constanza e Isabel y su hijo Alfonso, fallecido a temprana edad y que hubiera supuesto la sucesión dinástica, ya que doña María de Padilla había contraído matrimonio con el rey, aunque hayan historiadores que rotundamente nieguen el hecho, Beatriz ingresó en un convento; Constanza casó con el Duque de York, hermano del de Lancaster.

Baños de doña María de Padilla en el Alcázar de Sevilla.

Este amor del rey castellano hacia doña María hizo que en el año 1351, otros historiadores apuntan 1352, don Pedro le otorgara aquella promesa de apacible refugio que era Huelva, la ciudad que tenía postrado a sus pies un río sumiso y obediente, aunque, a veces,  se engallara arrasando sus orillas. Es don Amador de los Ríos quien nos da cuenta puntual de esta cesión:

<<… Es probable que por la muerte del Maestre Alonso Méndez de Guzmán, acaecida en el año 1342, volviera Huelva al protectorado de la Corona, por cuanto algunos años después, esto es en 1352, el Rey don Pedro hizo merced de ella a la tan discreta como hermosa doña María de Padilla, legítima Reina de Castilla, según Zeballos…”. Este motivo pudo ser exacto, pero más ajustado a la razón encontramos en la obra del mismo autor, página núm. 446, “… que reincorporada a la Corona Huelva, después de la muerte dada en Sevilla a don Juan de la Cerda, hiciera entonces donación de ella el monarca a doña María de Padilla, con tanta causa tanto que en fecha 8 de julio de aquel mismo año aparece una carta en que dicha señora concede, como en lo antiguo, a la de Huelva mancomunidad de puerto sujeto a la de Niebla>>.

Ese mismo año, uno de los dos alcaldes ordinarios de Huelva, Gil Martínez, en la Sala de Sesiones del Ayuntamiento de Huelva, (según dicen algunos cronistas de pequeñas dimensiones y ubicado en la Plaza del Señor San Pedro) salía del habitáculo Capitular y en la citada Plaza, a voz del pregonero, comunicaba al vecindario que según del Pedro I cedía la villa de Huelva a su amante, Marìa de Molina.

En julio de 1361 murió en Sevilla doña María de Padilla de su “dolencia”, como dice Ayala en sus “Crónicas”, es decir, de una enfermedad natural que por su poca claridad no sabemos ahora cual pudo ser.

Don Pedro la lloró largo tiempo y un año después, en Cortes celebrada en la ciudad hispalense, declaraba ante los nobles que la única y legítima esposa que tuvo era Doña María de Padilla.

 










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