El Cuaderno de Muleman

Una nube con forma de Joker siembra el pánico durante unos minutos entre un grupo de vecinos de Puerto Moral

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Nube en transformacion antes de tomar la forma final.
Nube con forma de osito.

José Manuel Alfaro / Sección Especial ‘El Cuaderno de Muleman’. El pasado viernes un hecho insólito provocó el pánico entre los habitantes de este municipio de poco mas de 280 habitantes de la Sierra de Huelva. Los hechos, que ocurrieron sobre las cuatro de la tarde, sorprendió a todos los vecinos de esta tranquila localidad, cuando una serie de bonitas nubes con forma de ositos y corazones que permanecía tranquilas en el horizonte se vieron arrastradas por el fuerte viento reinante en la zona, provocando el choque de unas contra otras, formando una enorme nube con la forma de Joker. Aunque en un principio nadie se percató del extraño suceso, a medida que la gigantesca y oscura nube fue acercándose, muchos de los vecinos que observaban el diabólico fenómeno, empezaron a inquietarse.

Imagen de Joker. / Foto: RTVE.

La situación se volvió más tensa, cuando la infinita nube se colocó en el zenit del cielo, justo delante del sol y proyecto su sombra sobre la Plaza de San Pedro, donde en ese momento, a las puertas del fin de semana, se congregaban un gran número de personas. Durante unos minutos, vecinos, vecinas, visitantes y los niños y niñas que se encontraban allí, comenzaron a sentirse mal y empezaron a mostrar diversos síntomas, desde los más leves, con sarpullidos en la cara y en las extremidades, a casos más graves en algunos vecinos, que sufrieron cuadros clínicos de ansiedad, dificultad a la hora de respirar, casos de ceguera temporal y espasmos musculares. Aunque el caso más grave, fue el sufrido por uno de los vecinos más viejos de Puerto Moral, que tuvo que ser atendido telefónicamente por los servicios de emergencia, ante lo que parecía un infarto, una dolencia que ceso en el momento en el que la endiosada nube, se deshizo en otras formas más simples y conocidas.

Nube con forma de corazón.

Entrevistamos en este Cuaderno de Muleman a uno de los vecinos más afectados, que estuvo a punto de morir y que permaneció impertérrito durante todo el tiempo que ocurrió este inquietante suceso. Este conocido panzurraco y experto de la localidad en meteorología vivió esos momentos con cierta tensión y angustia ante lo que él ha denominado “el fenómeno de Puerto Moral” y que ya muchos de sus colegas del gremio, han empezado a estudiar como un caso único en el mundo.

-Cuéntenos, ¿a qué se dedica?
-Pues yo a mis 94 años, por la mañana, me dedico a trabajar la tierra y criar mi ganado, por la tarde juego a arreglar los problemas de mi pueblo en la plaza y por la noche veo la televisión mientras hago punto, plancho, hablo con mi novio y preparo el zurrón, antes de acostarme y leer un poco. Ahora me estoy leyendo el libro de Moby Dick, porque para los que vivimos en la sierra, la única forma de acercarnos a otras tierras, conocer otros mundos, es leer. Si tuviéramos, no digo una estación de tren o una autovía que llegará al menos hasta Higuera de la Sierra, al menos un modesto apeadero de autobús portátil, las cosas podrían cambiar y yo posiblemente algún día, me iría al sur buscando el mar, pero mientras tanto me conformo con leerme este libro del que se cumplen 200 años de su nacimiento, que no es poco, porque leer me da tanta vida, como ordeñar todos los días mis cabras a la seis de la mañana en pleno invierno.

-¿Dónde estaba usted durante el suceso?
-Yo estaba sentado en la Plaza de San Pedro, hablando de mis cabañuelas con mis amigos, explicándoles mis previsiones para los próximos meses. Pero fue empezar a hablar de política y comenzar a aparecer unos nubarrones con forma de corazones y ositos por el horizonte. Al mismo tiempo que se levantaba un viento tan frío, que nos tuvimos que abrochar el botón del cuello de la camisa, para que no se nos pusiera la garganta como el hielo.



-¿A qué cree que se debe este fenómeno?
-Como aficionado experto en meteorología doméstica. Yo esto llevaba 44 años prediciéndolo, pero nunca nadie me ha hecho caso, porque si de algo entiendo es de nubes y porquerizas. Este día tenía que llegar y menos mal que fueron solo unos minutos, casi un espejismo. Porque suele tardar unos segundos  más y algunos se tiran por el barranco. Pero si te tengo que dar una explicación sencilla de porque se ha dado ahora en este momento y no en otro, es porque cada vez la gente lee menos y eso se nota, si leyeran libros sobre meteorología como hago yo, después de tomarme un litro de gazpacho almorzando, la gente sabría diferenciar perfectamente entre un Cirrocomulus y Cirrostratus.

Número de afectados y grado de afección.

-¿Qué hicieron los vecinos cuando la nube proyecto su sombra al completo?
-Cada vecino reacciono de una manera, yo hice un conteo rápido, como quien cuenta cerdos en la dehesa, cabras en el corral o huevos en los nidos. Ahora mismo no podría darle una cifra exacta, pero en porcentaje le diría que, del total de afectados, que fueron alrededor de los 180 vecinos y vecinas, se podría decir que 136 (75,56%) se vieron muy afectadas por el suceso, dentro de este porcentaje estaba yo, que estuve a punto de sufrir un infarto, el resto sufrieron cuadros clínicos diversos, aunque la mayoría tuvieron unas diarreas severas. 20 vecinos y vecinas (11,11%) se vieron solo afectadas, por sarpullidos, cefalea y sequedad en la boca. 22 vecinas y vecinas (12,23%) se vieron poco o nada afectados, a todos ellos o se les subió la temperatura, no llegando a 36, 7º o se les bajo un poco el azúcar. Solo 2 vecinos o vecinas (1,11%) de los 136 no solo no se vio afectado, sino que estuvieron tan encantados con el suceso, que invitaron a todo el mundo en el bar a tomas café con pestiños caseros.



Otra transformación anocheciendo.

-¿Qué conclusión saca de todo esto?
-Mira que yo he vivido durante todos estos años momentos extraños, una guerra civil, una posguerra en que por las noches cenábamos mocos fritos, la muerte de un dictador, el destape, los años de progreso de los ochenta que me regalaron los mejores años de mi vida y en los que conocí a mi pareja Paco. Hasta que llegaron los noventa y volvió la moda de liberalismo y se privatizó Telefónica, el banco donde guardaba mis ahorros de un día para otro lo mal vendieron. Hasta que llego el viento fresco con el nuevo siglo y Paco y yo nos pudimos casar, los dos vivíamos felices criando cerdos y gallinas, hasta que llego la crisis del 2008 y tuvimos que vender la mitad de la cabaña para poder hacer frente a los préstamos que habíamos pedido para montar la granja más moderna de la sierra. Durante diez años hemos estado pagando los bebederos de pollos automáticos, el ordenador que controlaba el pienso que tomaban los cerdos, la ordeñadora automática de las cabras, la nave climatizada, la instalación de energía solar, incluso el despacho para el banquero que venía todas las semanas a fiscalizarnos. Y cuando creí que lo había pagado todo, se instala el fascismo para quedarse y para decirnos, que el amor que Paco y yo sentimos es producto de una enfermedad que se puede curar. Pues sabe lo que te dijo hijo – dice mirándome a los ojos, este hombre de 94 años. Que durante muchos años he visto muchas nubes como esa en el cielo y todas han terminado convirtiéndose en corazones y ositos.

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