Mercedes

La voz dormida

La cárcel de Huelva, -tercer edificio que tuvo nuestra capital, tras las prisiones situadas en la plaza de San Pedro y la calle San Francisco-, inaugurada en 1931 por Victoria Kent, reunía toda la sordidez para que fuese utilizada en un largometraje con esta temática.

Antonio José Martínez Navarro. 

Ficha técnico-artística.
Título original: “La voz dormida”
Producción: En asociación “Mirada Sur”, TVE, Canal Sur. Gobierno de España.
Ministerio de Cultura. Junta de Andalucía, Consejería de Cultura.
Excma. Diputación de Huelva. Instituto de Crédito Oficial.
Fundación de Audiovisual S. R. G.,  la Penitenciaría de Huelva y su
Dirección y Huelva Film Conmission del Patronato Provincial de Turismo.
Producción: “Maestranza Filme. Sevilla”.
Duración: 1 hora y 58 minutos.
Jefe de producción: Antonio P. Pérez.
Director: Benito Zambrano.
Guión: Dulce Chacón (esta basada en la novela “La voz dormida”).
Benito Zambrano, Ignacio del Moral.
Música original: Mazda Roda y Juan Antonio Leyva.
Canción “Nana de la hierbabuena”, de Carmen Agredano.
Director de Fotografía: Alex Catalán.
Maquillaje y peluquería: Romana González y Yolanda Piña.
Efectos especiales: Reyes Abades.
Director de Arte: Javier Fernández.
Montaje: Fernando Pardo.
Sonido directo: Álvaro Silva.
Vestuario: María José Iglesias
Interpretación: Inma Cuesta (Hortensia), María León (Pepita), Daniel Holguín (Felipe) y Marc Clotet (Paulino), Ángeles Cremonte, Charo Zapardiel, Lola Casamayor, Ana Wagener, Teresa Caló, Amparo Vega, Jesús Noguero, Arantcha Aranguren, Eduardo March, Adelfa Calvo, Susi Sánchez, Blanca Apilanes…

Interior de la cárcel antigua de Huelva durante el rodaje cinematográfico.

Quienes cándidamente pensaron que el espíritu altamente católico de que venía haciendo gala el Ejército franquista, llevaría, tras la finalización de la guerra civil, a una etapa de mutuo perdón y de reconciliación estaban plenamente equivocados. Así, a partir de abril de 1939, comenzó otra guerra en la que se usaba falsas denuncias para llevar adelante venganzas terribles.




La represión, llevada a todos los ámbitos, fue larga, durísima y sin la menor piedad. Esta persecución llevó a las cárceles a numerosas personas que, hacinadas, sufrieron continuas vejaciones, malos tratos, escasa alimentación y, en ocasiones, la condena de muerte.

Este es el mensaje que nos transmite la película y que queda de manifiesto con las siguientes palabras en las que la mujer es la protagonista, sufre y muere por un ideal:

<<Esta película quiere ser un homenaje a todas las mujeres que lloraron en silencio en las puertas y en las tapias de los cementerios.

A las mujeres que se sacrificaron por los encarcelados y los perseguidos. A todas las mujeres que murieron en las comisarías, en las cárceles o frente a los pelotones de ejecución>>.

Y lo más grave es que fueron encarceladas y llevadas ante temibles Consejos de Guerra, algunas de ellas sin otro delito que el de haber pertenecido algún familiar, marido o novio a partidos políticos plenamente legales hasta la finalización de la guerra, haber defendido la bandera republicana en el Ejército o haber ocupado algún cargo, más o menos importante, durante la II República.

En este filme se advierte el servilismo de algunas monjas en su represión ante las mujeres encarceladas y quedamos desconcertados ante el nivel de ensañamiento o violencia a que puede llegar el ser humano y más en este caso ante unas personas indefensas. Los verdugos no seguían precisamente las palabras de Victoria Kent, cuando tras el movimiento revolucionario de octubre de 1934 en Asturias, declaraba a Pastor Williams: “Las condenas recaídas por hechos cometidos en delitos políticos deben ser liquidados con urgencia. El que ha delinquido obedeciendo a un noble impulso ideológico, creyendo que con su acto obedecía a un ideal, es persona digna de respeto, a la cual se debe sacar de la cárcel y devolverle su plena personalidad jurídica…”.

A la vez que se va narrando las desdichas de las reclusas, hay dos historias paralelas: las venturas y desventuras de las hermanas Hortensia y Pepita (la primera de ellas encarcelada y embarazada y la segunda, dispuesta a ayudarla en todo cuanto le sea posible), y la lucha urbana en resistencia al régimen franquista que va a durar prácticamente hasta mediados de los años cincuenta.

En una época tan difícil como fue la de postguerra, es lógico pensar que casi todos murieran violentamente. Así, Hortensia muere, tras dar a luz una niña, frente al pelotón de fusilamiento; su marido y el novio de Pepita son capturados siendo el primero de los citados pasados por las armas mientras el segundo, es encarcelado durante diecinueve años. Pepita, cuida a su sobrina y espera a que salga su novio de la cárcel, tras lo cual y con un noviazgo de 19 años en el que sólo se había besado en tres ocasiones, contraen matrimonio y se marchan a residir a Córdoba.

Escenario de la película. No hay duda, y nosotros coincidimos con los rectores de “La voz dormida”, que el interior de la cárcel de Huelva era el más indicado para el rodaje de este filme.

La cárcel de Huelva (tercer edificio que tuvo nuestra capital, tras las prisiones situadas en la plaza de San Pedro y la calle San Francisco), inaugurada en 1931 por Victoria Kent, Directora General de Prisiones durante la II República española, reunía toda la sordidez para que fuese utilizada en un largometraje con esta temática. Y en el interior de este presidio (que desde hace años ha dejado de tener su siniestro destino) se desarrolla gran parte de la película.

Si bien el rodaje comenzó en la segunda quincena de marzo de 2011 y se desarrolló durante tres semanas en esta cárcel, ya en los primeros días del citado año un numeroso grupo de trabajadores se encargaron de que la otrora prisión onubense estuviese en las debidas condiciones para su utilización en la película, limpiando y pintando cuidadosamente los lugares de las escenas filmadas. Como cosa curiosa, y a pesar de que tiene el especial atractivo de un edificio construido en las primeras décadas del siglo pasado y dista mucho de la tenebrosa fachada que ostenta la nueva cárcel de mujeres de Madrid, inaugurada por doña Victoria en 1933, la fachada principal de la prisión de Huelva no es utilizada en esta grabación. Se lleva a la pantalla la fachada de un edificio que tiene una mayor riqueza artística, pero no el sello que conlleva la construcción onubense.

Reclusas en la cárcel de Huelva. Años cuarenta.

En febrero de 2011 la productora del filme se personó en nuestra capital para buscar entre los onubenses “un nutrido grupo de personas –indicaba el periodista del diario “Huelva Información” que firma sus trabajos bajo las iniciales S. C.- cuyo aspecto físico pueda asemejarse al arquetipo  de los años cuarenta, época en la que se desarrolla la trama. Por ello, es importante que quienes se presenten al casting no lleven cortes de pelo modernos, mechas, tintes, ni piercings en la cara. Desde Maestranza Films se aclara que darán prioridad a las personas más delgadas, sobre todo a las mujeres, al tiempo que requerirán niños de diversas edades. Además, es imprescindible que todos aquellos que se presenten al casting lleven el D. N. I. y la tarjeta de afiliación a la Seguridad Social, ya que se trata de un trabajo remunerado y con alta…”.

La elección de los “extras”, a través de un casting, fue llevada a cabo por Luis Gimeno y Rosa Estévez.

Este rodaje significó una inversión de capital en la provincia de alrededor de un cuarto de millón de euros entre empleos directos e indirectos, y gastos en servicios auxiliares, siendo uno de las tres películas españolas de aquel 2011 en lo que respecta a repercusión, al margen de que contribuyó a promocionar a nuestra provincia como un lugar con muchas posibilidades para la industria del cine.







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