Mercedes

Matemática emocional

Crítica cinematográfica de la película española 'Vivir dos veces'.

Fernando Gracia. Emilio es un profesor de matemáticas jubilado. Viudo, con una hija y una nieta. Aficionado a los sudokus ha empezado a notar baches de memoria. El alzheimer ha asomado sus garras inexorables y le viene a la mente intentar saber qué fue de un amor juvenil.

Es un tipo con aire de cascarrabias, que intenta mantenerse lo más alejado posible de su curiosa familia, en la que destaca su nieta, una niña de diez años cuyo papel interpreta Mafalda, la hija de Pablo Carbonell, con un problema congénito en las piernas.

Al poco de comenzar el guión nos lleva por la senda de una road movie planteada en términos de comedia, que funciona francamente bien. Cuando se podría pensar que así sería durante toda la duración de la película, el guión da un giro hacia el melodrama para rematarlo en tono poético, con algún toque final que bien pudiera haberse ahorrado.




Debo decir, de entrada, que la propuesta de ‘Vivir dos veces’ me ha parecido hermosa, entretenida en su mayor parte y con momentos muy logrados. Lo que no es poco a tenor del panorama que acostumbramos a padecer en las comedias españolas en estos últimos tiempos.

Porque la película también funciona bien como comedia y de hecho he podido oír alguna que otra risa en la sala. Las intervenciones del personaje de la niña Carbonell se acogen con sonrisas gracias sobre todo a las dotes de esta muchacha –de casta le viene al galgo-, auténtica “robaescenas”, que no desmerece en absoluto junto a actores del prestigio y la experiencia de Oscar Martínez o Inma Cuesta.




La directora, María Ripoll, con dos décadas de experiencia y algún que otro título estimable en su currículo, lleva con buen tino el ritmo de la película, sabiendo oscilar de un género a otro sin saltos estridentes para componer un trabajo que me atrevo a adjetivar como una comedia sentimental.

Porque no falta lo sentimental en la trama, aunque sin cargar las tintas, consiguiendo así dejar una sensación agradable en el espectador, que sale con buen gusto de boca de la sala a pesar de lo triste del tema.

No estamos ante una gran película ni creo que lo pretenda, pero sí ante un trabajo hermoso, lo que con frecuencia pide el espectador medio. Un producto digno, bien dirigido, muy bien interpretado, con una bella banda sonora, que arranca sonrisas, incluso alguna lagrimita. Estimo que más que suficiente.







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