Mercedes

La educadora social moguereña Teresa Olivares lleva su solidaridad a la casa de acogida Ana Almendro de Perú

Voluntaria de Proyecto Hombre desde hace una década, esta onubense es una de las dos cooperantes que se han acogido al programa de la Mancomunidad del Condado de Huelva para ayudar a los niños y niñas que forman parte del proyecto internacional Puerto Maldonado. Una tarea que ha llenado de ilusión a Teresa, que desarrollará esta labor a partir de este jueves, 5 de septiembre, durante su mes de vacaciones.

Imagen de las dos voluntarias de la Mancomunidad del Condado seleccionadas.

Mari Paz Díaz. Hace unos meses conocimos cómo la Mancomunidad de Desarrollo Condado de Huelva y la asociación Santa Marta de Ayuda a la Infancia de Puerto Maldonado, con la ayuda del servicio de cooperación internacional de la Diputación Provincial de Huelva, habían comenzado el proceso de preparación de las dos cooperantes que viajan este mes de septiembre a Perú gracias a las ayudas facilitadas por la entidad condal. La Mancomunidad del Condado colabora desde hace dos años con esta causa, aportando 7.500 euros para el mantenimiento de la casa de acogida Ana Almendro, que acoge a niñas y niños de 0 a 8 años que se encuentran en situación de desamparo y en gran riesgo de caer en redes de tráfico de personas, de prostitución, etc. Además de esta ayuda económica, este año también se lanzó desde la entidad condal una convocatoria de ayudas para enviar a personas voluntarias a esta casa de acogida. Tras el proceso de selección, dos mujeres, una de Moguer y otra de Lucena del Puerto, resultaban seleccionadas para viajar a Puerto Maldonado y desarrollar distintas tareas en esta casa, como talleres específicos con los niños y niñas, acompañamiento en tareas escolares o de refuerzo educativo y en actividades de ocio y tiempo libre y de convivencia con los menores.

Teresa es una de las voluntarias que acuden a Perú con el apoyo de la Mancomunidad del Condado.

Una de las voluntarias que ahora acuden a Perú es la moguereña de 45 años Teresa M. Olivares Quintero, con la que hemos querido conversar sobre esta bonita experiencia, que inicia este jueves, 5 de septiembre, cuando se marcha al país latinoamericano. Una labor que le llena de ilusión, tal y como nos cuenta en esta entrevista. Y es que Teresa siempre ha sido una persona llena de inquietudes. Casada y siendo la menor de cuatro hermanos, de pequeña era “una niña muy alegre y con muchas ganas de divertirme y no parar, como me describió mi maestro en un informe de fin de curso: “es una polvorilla”.  Así me recuerdo y algo de eso queda dentro”. Una forma de ser que mantiene desde entonces, puesto que considera que es “una persona inquieta en todos los sentidos. Me encanta seguir aprendiendo, estudiar, conocer a gente nueva, renovarme, en fin…, como me dice quien me conoce “soy muy novelera” y me encanta tener siempre algún proyecto entre manos y entusiasmarme con hacerlo“. Eso sí, tiene claro que el proyecto más bonito e interesante de su vida son su hija y su hijo, de 18 y 17 años, respectivamente, “que me hacen feliz.  Para mí, mis hijos son lo más bonito que la naturaleza me ha podido regalar”.

Forma parte del Equipo de Tratamiento Familiar del Ayuntamiento de Moguer.

A nivel profesional, desde joven tuvo claro que su vocación profesional pasaba por trabajar con las personas. Por este motivo, Teresa estudió la diplomatura de Educación Social y se especializó en el trabajo con familias. “No me imaginaba trabajando en una oficina con “papeles”. Eso durante un tiempo ha sido mi sustento económico, pero yo sabía que mi vocación no era eso, este trabajo no me hacía feliz”, nos dice. En la actualidad, esta moguereña forma parte del Equipo de Tratamiento Familiar del Ayuntamiento de Moguer y tiene la suerte de sentirse feliz con lo que hace, al tiempo que puede compartir su trabajo con unas compañeras que, según afirma, “son mucho más que eso”.




Es voluntaria de Proyecto Hombre desde hace más de diez años.

Un trabajo que, desde hace más de una década, compagina con un voluntariado en Proyecto Hombre, una experiencia que asegura que “me enseña que mi labor lleva implícita una mezcla, un encuentro de sentimientos que transita desde el instinto más primario del ser humano, como es cubrir mis propias necesidades, hasta tener la oportunidad de intentar cambiar las cosas. Tengo la oportunidad de estar cerca “del otro”, del más vulnerable. Me satisface poderles ayudar, acompañarlos situándome al lado, no desde la fatiga de la compasión, sino abriéndoles mi corazón, que es como yo lo entiendo. Proyecto Hombre me enseña a redefinir las cosas, aprendo a distinguir lo que es verdaderamente importante, de lo que es efímero y superfluo. Me encanta darme cuenta de que absolutamente todos necesitamos al otro como a nosotros mismos, y que lo verdaderamente bello de la vida es encontrarnos”.

Considera que ayudar a los demás es una forma de vida.

Para esta moguereña, “el estar cerca del que sufre, del que anhela y busca la felicidad, me ayuda a conseguir mi felicidad. Sólo de esta manera me siento viva. Es el motor que me impulsa y me hace vibrar cada día. Darme cuenta que también tengo que cambiar, que tengo que seguir buscando mi propia esencia como ser auténtico, que no sirve, que no puedo ayudar si no me encuentro, eso, es verdaderamente mágico. Me enseñan a encontrar la felicidad en lo pequeño, en lo genuino, en lo de dentro. No hay experiencia más de verdad que darse cuenta de esto”. Un espíritu que ahora la ha llevado a embarcarse en esta nueva experiencia de voluntariado internacional, de la que nos habla de esta forma.




-Teresa, ¿por qué has decidido participar en este proyecto de voluntariado?
-Lo que me impulsa a querer formar parte de este proyecto es mi vocación como voluntaria. Comparto con Saint Exupery  que “El amor es lo único que crece cuando se reparte”. Me hace feliz y me siento afortunada pensar que ofrecer algo de mí, puede servir de ayuda a otras personas. Quien me conoce sabe que soy una persona intensa y comprometida con aquello que no me parece justo, o con determinadas situaciones que exponen a las personas a una situación de desprotección o vulnerabilidad y especialmente a los menores. En este momento de mi vida, a punto de cumplir cuarenta y cinco años y la experiencia vivida de haber criado a una hija de dieciocho años y a un hijo de diecisiete, tengo la necesidad y la oportunidad de salir de mi zona de confort, de lo conocido, e inmiscuirme en una experiencia que me haga crecer como persona. Porque no es lo mismo “consumirlo” que vivirlo, porque lo que nos cuentan se nos olvida, pero lo que vivimos lo hacemos nuestro. No es que necesite ver para creer, necesito contactar con la realidad porque sé que le da sentido y compromiso de continuidad a un proyecto tan interesante y necesario como éste. La iniciativa que en su día puso en marcha Pilar Navarro, directora de los centros de acogida, necesita del apoyo de muchos voluntarios y voluntarias y el respaldo de las instituciones para poder seguir dando respuesta a esta población tan vulnerable.
Me parece una oportunidad preciosa el poder encontrarme con personas que viven una realidad muy diferente a la nuestra. No llevo en mi mente salvar a nadie, y soy consciente de que lo que puedo aportar es insuficiente. Muy al contrario, pondré mis cinco sentidos en aprehender humildemente e impregnarme de la vida y de la gente del sitio. Sé que observar la vida desde otro prisma, desde una mirada más amplia, me va a ayudar a interiorizar que no hay verdades absolutas, y a valorar ciertas cosas que pierden valor en este lado de la vida.

Hogar Puerto Maldonado de la Asociación Santa Marta de ayuda a la Infancia en Perú.

-¿Qué te parece que se desarrollen iniciativas de este tipo por parte de la Mancomunidad del Condado?
-Me parece de una sensibilidad extraordinaria el que, desde la Mancomunidad del Condado y el área de Cooperación Internacional de la Diputación de Huelva, se preste apoyo a proyectos tan necesarios como el que lleva a cabo la Asociación Santa Marta de ayuda a la Infancia en Perú. Colaborar con este proyecto da la oportunidad a estos menores de contar con un entorno de normalidad en el que puedan ir a la escuela, contar con acceso a la sanidad, y tener todas sus necesidades básicas cubiertas. La situación de la Región Madre de Dios, y la ciudad de Puerto Maldonado es difícil, ya que la economía de la zona está basada en la minería ilegal y como consecuencia de la misma surgen problemas como el alcohol y la prostitución. Una de las consecuencias más injustas de esta situación, como suele ocurrir siempre, es que los más vulnerables vuelven a ser los que están más expuestos. En este caso son los menores los que como consecuencia de embarazos no deseados, acaban siendo víctimas de violencia intrafamiliar o de abandono por parte de sus progenitores. Por lo tanto, se hace absolutamente necesaria la colaboración por parte de las administraciones públicas y de las ONG’s, para que iniciativas de este tipo puedan seguir dando este servicio.

Concha Salas de la Corte, del Área de Cooperación Internacional de la Diputación le informó de este proyecto.

-¿Cómo conociste este programa?
-Mi inquietud por realizar una experiencia de este tipo me llevó a ponerme en contacto con varias organizaciones que llevan a cabo proyectos de Cooperación Internacional. En uno de mis contactos con Concha Salas, del área de Cooperación Internacional de la Diputación de Huelva, me comentó que la Asociación Santa Marta de Ayuda a la Infancia en Perú venía de visita a Hinojos, como muestra de agradecimiento, y a exponer los avances del proyecto, ya que la Hermandad del Rocío del mismo, colabora desde hace unos años con esa iniciativa. En este encuentro conocí a Pilar Navarro, directora de las Casas de Acogida en Puerto Maldonado, y a Rafael Santana, responsable de la Asociación Santa Marta en Huelva. El entusiasmo, el cariño de ellos, y el relato del trabajo que realizan, hizo que desde el principio, me pareciera un proyecto precioso y tenía claro que quería formar parte del mismo.
Ellos me informaron de las fechas de la convocatoria anual que ofrece la Mancomunidad del Condado y la Diputación de Huelva y estuve atenta a la publicación de la misma. En la convocatoria se exigían y se valoraban una serie de requisitos, que, por mi recorrido como voluntaria desde hace muchos años y mi perfil personal y profesional, han hecho posible que mi sueño se pueda hacer realidad.

Es la primera vez que llevará a cabo una experiencia de este tipo.

-¿Es tu primera experiencia de este tipo?
-Pues sí. Es la primera vez que voy a tener una experiencia de este tipo. Desde hace muchos años -creo que desde que era muy pequeña-, tengo vocación de realizar una experiencia así. Recuerdo que yo le decía a mi madre que cuando fuera grande iba a ser misionera. No ha sido así, porque no tengo vocación de monja, pero le he dado sentido de otra manera. Este año he tomado la iniciativa de llevarla a cabo porque mi situación personal y familiar me lo permite y siento que es el momento ideal para hacerlo.

-¿Qué piensa tu familia y tus amigos de este hecho?
-La verdad es que me siento muy afortunada. Para mí está siendo muy fácil en este sentido. Desde el minuto cero he contado con al apoyo de toda mi familia. Ellos me conocen y saben de mis inquietudes. Sin embargo, en mi entorno de amigos ha habido de todo. Hay algunos que lo podían esperar, pero hay otros que no conocían estas inquietudes mías, y muchos me preguntan: “¿no te da miedo?”. En general, puedo decir que estoy sorprendida con el apoyo que estoy recibiendo por parte de muchas personas de mi entorno y por las muestras de cariño deseándome que sea una experiencia inolvidable, deseándome que todo salga bien.

Cuenta con el apoyo de su familia, amigos y compañeros de trabajo.

-A veces no es fácil compaginar una cooperación internacional con trabajo, familia, etcétera…
-Mi vida profesional está muy ligada con el objetivo de este proyecto. Soy la Educadora Social del Equipo de Tratamiento Familiar del Ayuntamiento de Moguer. Mi trabajo se centra en capacitar a padres y madres, que por su historia de crianza principalmente, exponen a sus hijos a una situación de maltrato o negligencia. Se podría decir que trabajo con la otra cara de la moneda, es decir, trabajo con los padres y madres para prevenir la retirada del entorno familiar. En este sentido, voy a tener la experiencia de convivir con menores con los cuales la situación de maltrato a la que han estado expuestos ha hecho que la retirada haya sido inevitable, y por tanto la mejor opción. Compatibilizar esta experiencia con mi trabajo ha sido fácil, ya que el tiempo que voy a estar en Perú son los días que me corresponden de mis vacaciones anuales. Pero sí es cierto que mi estancia está limitada a un mes por la misma razón. A pesar de esto, vuelvo a reiterar que me considero una persona afortunada, ya que mis propias compañeras de trabajo, a las cuales considero como parte de mi familia, me han mostrado todo su apoyo para todo lo que necesite y disfrute a tope de esta oportunidad que me da la vida.

-¿Qué esperas de tu estancia en Perú?
-En primer lugar, quiero que esta experiencia no me sea indiferente, y estoy segura me ayudará a crecer como persona. Soy consciente de la importancia que tiene para los menores en régimen de acogimiento residencial el sentir que su vida le importa a alguien. Estoy dispuesta a transmitirles que ellos se merecen todo el cariño del mundo y que, por supuesto, su vida me importa. Quiero que sean muy felices, todo lo felices que se pueda ser. Por lo tanto, espero que para ellos el tiempo que yo les voy a dedicar les sirva para reparar el daño que hayan podido sufrir en su corta vida.

Anima a los onubenses a hacer un voluntariado.

-¿Te has marcado algún nuevo objetivo?
-Uno de mis objetivos es que mi vivencia le sirva también a mi hija y a mi hijo. Me encantaría que ellos tuvieran inquietudes parecidas, que aportaran su granito de arena para tener una sociedad más igualitaria y más justa. Con respecto a nuevos retos, tengo que decir que, ahora mismo, mi reto está puesto en esta experiencia, y estoy confiada en que todo va a salir bien. No me gusta marcarme objetivos a más largo plazo. De momento, quiero vivir esta experiencia y estoy segura que ésta me llevará a otras, pero estoy centrada y abierta a vivir esta intensamente.

-Para terminar: un mensaje a los onubenses.
-Desde que se hizo público a través de las redes sociales que iba a colaborar con este proyecto, me he encontrado con muchísimas personas a las que les encantaría participar en iniciativas parecidas. En este sentido, las animo a que lo pongan en sus agendas como una prioridad. Cuando verdaderamente queremos hacer algo lo agendamos, de lo contrario, cuesta encontrar el momento. De todas maneras, me gustaría decir que hay muchísimas formas de hacer voluntariado, a nivel local o internacional, en cualquiera de sus formas, pero siempre con el objetivo de conseguir una sociedad mejor. Cuando la consecución de la felicidad está basada en el logro de cosas materiales nada más, la convertimos en algo efímera. Sin embargo, cuando lo que nos hace feliz es hacerle la vida más fácil a alguien, nuestra propia existencia empieza a tomar sentido.










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