Mercedes

Desactivan en un pueblo de la costa una célula de una peligrosa secta que anunciaba el fin del verano

El grupo de operaciones especiales religiosas, fundamentalistas y filosóficas de las fuerzas de seguridad de la provincia sorprendió a los miembros de la secta mientras cenaban sushi en un chalet abandonado.

Ritual de la secta.

José Manuel Alfaro / Cuaderno de Muleman. El pasado viernes, una importante célula de una de las sectas más activas de la costa, fue desactivada en una operación especial, llevada a cabo por el grupo de operaciones especiales religiosas, fundamentalistas y filosóficas de las fuerzas de seguridad de la provincia, mientras se encontraban cenando sushi, en un chalet abandonado de la costa. Los miembros, que según recoge la denuncia en el momento de la operación se encontraban celebrando lo que podría considerarse un ritual de iniciación de un nuevo miembro, pasarán a declarar en las próximas horas ante el Juez acusados de un delito de persuasión coercitiva, organización criminal y asociacionismo ilícito.

Mensajes en la arena de la secta.

Esta peligrosa secta, estaba empezando a sembrar el pánico en la playa y especialmente entre los bañistas. Con sus cánticos y sus mensajes de que el fin del mundo y del verano llegaría el próximo 21 de septiembre, habían provocado numerosos casos de ansiedad entre las personas que aún se encontraban de vacaciones. Fue precisamente un socorrista en prácticas quien alerto a las fuerzas del orden y de seguridad sobre las graves consecuencias que los mensajes de estos seis miembros estaban provocando entre los usuarios de la playa y especialmente entre aquellos que estaban terminando sus vacaciones. A pesar de los momentos de pánico que se vivieron en la orilla de la playa, ninguno de los afectados tuvo que ser evacuados en helicóptero hasta el hospital más cercano, ya que fueron atendidos por el personal paramédico del puesto de socorro y un grupo de fisioterapeutas que se encontraban disfrutando de un día gremial de playa y que tuvieron la deferencia de suministrar un masaje relajante con aceites esenciales a todos los afectados. Uno de ellos ha hablado para este diario, ya sedado y bajo control psicológico, sobre este episodio perpetrado por la que ya se conoce como La Secta del Cabezo.

Próximo destino de la secta.

– ¿Qué hacía usted en la playa?
– Pues lo que hace todo ser humano una vez al año, disfrutar de las vacaciones de verano y del sol. Relajarme en mi hamaca viendo todo el día cómo rompen las olas las conchas de la orilla, tiñendo la arena de rosas y alberos mientras bebo cerveza y como pipas saladas. Hasta que se me empiezan a entumir las piernas y me levanto, camino un poco y dejo que la espuma acaricie mis dedos de los pies. Y después otra vez a sentarme otro rato, si no me tumbo unos minutos en el suelo boca abajo para que no se me queden marcas del sol. Son las cuatro semanas más importantes del año, junto con la semana que me pido de asuntos propios para ir de romería.




Después de vacaciones.

– ¿Cuándo empezó a sentirse mal?
– Pues yo estaba en ese estado de levitación vacacional absoluta, cuando empecé a escuchar un murmullo y un potente acúfeno se hizo un hueco en mi cabeza, hasta que unos cánticos se apoderaron del ambiente festivo que reina un típico día de playa. Fue en ese momento cuando comencé a marearme hasta que terminé vomitando delante de ese sexteto que no dejaba de lanzar proclamas apocalípticas como: “el fin de verano está aquí, arderéis en el infierno de la nostalgia, los buitres del otoño comerán en las cuencas de vuestros ojos, volverán los compañeros del trabajo a haceros la vida imposible con sus historias domésticas o pronto seréis enterrados vivos en montañas de expediente atrasados”. Llegó un momento en el que la situación se hizo imposible de soportar y entré en pánico, sufriendo un cuadro de ansiedad que me hizo terminar enterrándome en la arena como un cangrejo. Menos mal que vinieron de un puesto de socorro cercano y me sacaron, si no ahora mismo estaría en otro mundo. No sabe la gente el daño que la poesía cantada puede hacer a un individuo, por muy fuerte que este sea.

En el chalet de ritual.

– ¿Qué secuelas le ha dejado este grave episodio de su vida?
– Llevo desde el viernes sin dormir nada más de pensar en aquella música infernal recitada con guitarra y pandereta. Ver aquel sexteto inmóvil con dos hombres recitando al unísono mientras dos mujeres con aspecto de monja, una de ellas embarazada, tocaban la guitarra como si estuvieran en la iglesia al mismo tiempo que un hombre mayor con traje y corbata hacía subir y bajar a su perro por una escalera portátil para después pasar la gorra y repartir unas octavillas donde se podía leer: “Salvemos El Cabezo antes que de que llegue el fin del verano”. Solo de pensar en la imagen de esos dementes con bañadores de los 90, se me ponen los pelos como escarpias. No sé cuántas sesiones más necesitaré de psicólogo de chiringuito, pero el camarero me ha comentado que esto no se cura de un día para otro y que van hacer falta muchas horas de barra, cerveza y salpicón de marisco para resetearme la cabeza.




– ¿Volverá el verano que viene a esta playa?
– Claro que sí, el año que viene estos tarado, si no están en la cárcel están de misioneros en otra playa, ya de momento el Juez como medida cautelar les ha prohibido a los seis miembros acercarse a 100 metros, recitar y tocar las cuerdas de una guitarra en la playa. A individuos así los deberían montar en una canoa y mandarlos a una isla desierta, ya verán como no se reían tanto cuando vieran que los cocos de las palmeras no les reía sus gracias.

 

De vacaciones leyendo algo raro.

– ¿Qué les desea a los miembros de la secta?
– Que dejen vivir a la gente tranquilos en la playa, que venimos aquí a olvidarnos de nuestros problemas no a castigarnos. Bastante tenemos con escuchar al vecino de la sombrilla hablar con el móvil de que si hay un problema en la fábrica, que el de prácticas ha abierto una válvula por equivocación y la ha liado parda, que los pagos de toda la empresa se atrasarán una semana, que necesita un crédito para la vuelta al cole o que su mujer se acaba de enterar de que su secretaría y él se ven en un piso de las Adoratrices todos los viernes por la tarde desde Navidades.







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