Mini

Ana Gómez Varela, hermana mayor de la Hermandad del Rocío de Huelva en 1914

A tan sólo unos días de la celebración de la Romería del Rocío 2019, Antonio José Martínez Navarro rescata en este artículo la identidad de una mujer pionera en la representación femenina en las hermandades rocieras, dado que fue hermana mayor a inicios del siglo XX, una época en la que no se contemplaba la igualdad de género en estas organizaciones.

Antonio J. Martínez Navarro. Primera Hermana Mayor de la Real e Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Huelva. Permítasenos que, a través de esta biografía, presentemos a la mujer que le cupo el alto honor de ser elegida la primera Hermana Mayor de la Hermandad de Huelva: Ana Gómez Varela. Nació en el seno de una familia de honrados trabajadores compuesta por Antonio Gómez Montiel, onubense, nacido en 1840, maestro albañil, que gozaba de enorme prestigio en la ciudad,  y de Agustina Varela.

Había contraído Antonio matrimonio en la iglesia de la Concepción el 30 de junio de 1859 con Teodora Reyes. Pero las Parcas, esas musas que juegan con el hilo de la vida de los humanos, no tuvieron piedad y el 27 de junio de 1867, cuando el matrimonio vivía en la calle Berdigón, fallece Teodora, sin haberle dado a Antonio ningún vástago.

Años en los que la soledad consumía sus días, pero la vida tenía que continuar, conoce a Agustina Varela Macías, el amor anidó en sus corazones y contrajeron matrimonio en la iglesia de la Concepción el 7 de febrero de 1870. Y nació en 1872 el primer hijo, Antonio, al que siguieron Francisca (1873), Ana (1880), Dolores (1883)  y Dolores, en 1885.




A mediados de marzo de 1898 en esta Plaza se estaba llevando a cabo obras de reparación de la misma. Esta actuación tenía un presupuesto cercano a los siete millones de pesetas.

En la sesión municipal del 29 de abril de 1891 se nos ofrece una vivienda de las que construyó Antonio Gómez:




            <<…Visto el informe de la Comisión de Obras  S. E. acordó conceder licencia a don Antonio Gómez Montiel para que construya una casa de planta alta en la casa de Sevilla número veinte y seis, siempre que la obra se ajuste con arreglo a los planos presentados y mediante el pago de los arbitrios correspondientes…>>.

Rodeaba a su casa, calle Cánovas, número 37, una serie de viviendas con trascorrales y corrales, algunas de ellas con bastantes gallinas. No muy lejos,  la ermita de Saltés, vacía y desnuda, en la que ya no quedaban restos de su esplendor de antaño.

Aquel humilde altar, donde se había venerado el milagroso Cristo de Saltés, estaba empañado por el polvo del olvido… Cercano a la vivienda, a principios de la calle San José, se levantaban el enorme almacén de la venta de sal o Alfolí, que casi se desplomaba por sí solo,  y muchas de las casas que existían a su alrededor, blanqueadas por fuera y por dentro, con sus acogedores patios, de las calles Isabel II, San José, Puerto, Herreros y la Calzada, situadas no muy lejos de un río que, caudaloso y turbulento en invierno, solía bañar sus puertas falsas, arrogante en su poderío, para convertirse en tímido, pobre en su caudal y huidizo con la llegada del verano.

Poco más arriba, ocupando el lugar en donde estuvo durante varios siglos el convento de la Victoria, estaba la Bodega que había heredado su nombre, y carros y más carros, y vendedores ambulantes que pregonaban sus mercancías y serenos que hacían lo propio con las horas y la situación atmosférica que en esos momentos se tuviese, como correspondía a una ciudad tranquila, medio labradora, medio marinera, que portaba en su mano los aperos de labranza y en la otra las redes de pescar. En este entorno transcurrieron los primeros años de la que sería con el andar de los años la primera Hermana Mayor y Camarista Perpetua de nuestra Hermandad.

Pues bien, en una de aquellas casas, sin más exorno en la fachada que una o dos ventanas y un farol colgado ante una imagen de la Virgen del Rocío en la casapuerta, creció la niña Ana con su pensamiento inclinado hacia su santo patrocinio.

A la sombra de un colegio de niñas de primeras letras que había cercano a su casa, maduró Ana lo básico para defenderse de los rigores de la vida. Poco más se sabe de su niñez, sólo que ésta se desarrolló en el ambiente de una familia conservadora y aún piadosa.

Cuando mayo sonreía  y perfumaba con el aroma de sus flores las calles de la bella Sirena del Atlántico, su padre era uno de los rocieros que iba en peregrinación con su familia al Santuario almonteño, en los años 80 y 90 del siglo XIX. Seguro es  que Ana Gómez, a principios de este siglo, entró a pertenecer a la Hermandad ostentando el cargo de Camarista y dejando, durante la convivencia de años con otros rocieros, detalles de organización e inteligencia y de amor a la Virgen en tal alto grado, que fue designada Camarista Perpetua de la Virgen.

En 1914 es elegida como Hermana Mayor ésta mujer de carácter singular, cuyo único adorno consistía en una medalla de oro de la Virgen del Rocío pendiente de su cuello mediante una cadena del mismo metal noble y que, como si estuviera enamorada de la milagrosa imagen, la besaba a menudo con el más tierno y filial de los afectos, y si presentaba dulzura y ternura en su semblante, estaba dotada de un temperamento que allanó las dificultades que sobre el itinerario se le presentaron aquel año.

La Hermana Mayor  en un generoso impulso de su alma rociera aquel año donó a la Hermandad seis magníficas varas de plata y una séptima para la Presidencia, fabricadas en los talleres de Enrique Sánchez Toribio, las mantas de las mulas de la carroza de la Virgen y el estandarte, de terciopelo verde, bordado en oro.

Tras su feliz mandato como Hermana Mayor en 1914, años de silencio y rezos, de vida gris, pero, eso sí, resplandeciente como Camarista y cuando se acercaba a ver a su Madre Celestial de las Marismas.

A través de un anuncio insertado en “La Provincia” de viernes, 19 de junio de 1914, vamos a conocer la profesión que ejercía Ana : “Postales del Rocío. Los que deseen tener una exacta impresión de esta típica romería pueden examinar en el estanco de la Hermana Mayor, calle Tetuán, la hermosa colección en bromuro, de postales del Rocío, hechas por el distinguido aficionado, D. Emilio Cano.

Cada postal vale 50 céntimos y el beneficio se destina a sufragar los gastos de la Hermandad”. De ahí que Ana Gómez fuera conocida por el apodo de “Ana la Estanquera”. 

1919, El Simpecado en la Plaza de la Merced…

En 1919, las crónicas de los diarios onubenses la sitúan en primera línea durante los solemnes actos de la Coronación de la Virgen del Rocío. No en vano, ostentaba la dignidad de Hermana Mayor de la Hermandad de Huelva en aquella fecha solemne de la coronación de Nuestra Señora del Rocío.

Poco después de la romería de 1919, Ana y su hermana Mercedes fijan su residencia en Madrid. La posición económica de ambas y su amor a Huelva les hizo visitarla a menudo. Así, leemos en “La Provincia” del 1 de marzo de 1920 la siguiente noticia:

           <<Para pasar en ésta una temporada, llegaron de Madrid las distinguidas señoritas Mercedes y Ana Gómez Varela>>.

Después, Clío, la musa de la Historia, enmudece con respecto a Ana Gómez Varela.

Datos obtenidos de la Gran Enciclopedia de Huelva de Antonio José Martínez Navarro.








Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.