Un escritor, después de ver a su ex novia, cae a una zanja de dos metros de profundidad y solo se fractura la falange distal de la mano derecha

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Zanja de obra en la zona del accidente.
Zanja de obra en la zona del accidente.

José Manuel Alfaro / Sección Especial ‘El Cuaderno de Muleman’. Los hechos ocurrieron el pasado viernes en el Cabezo de la Joya, al que se acercó una mujer, para comunicarle a su ex novio, que llevaba treinta años sin ver, que la había dejado embarazada la noche anterior. El varón de complexión media, que en ese momento se encontraba junto a una zanja, recibió la noticia, mientras la mujer aparentemente ebria, le vomitaba encima, al mismo tiempo que le comunicaba de que el próximo inverno sería padre de un bebe engendrado en un baño de un bar de copas, que lleva tres semanas sin desinfectarse. El hombre quedó tan impresionado con la noticia que cayó fulminantemente a la zanja, junto a un diminuto perro recién muerto, por el disparo de una escopeta. Aunque durante unos minutos se temió que aquella andrajosa persona podría haber quedado tetrapléjica, el suceso terminó convirtiéndose en un monólogo de humor del futuro padre, en el que además de pedirle a la progenitora un vaso de leche para la ardentía, le solicitó una prueba de ADN para verificar la paternidad biológica del futuro vástago.

-¿Qué es lo que más le ha sorprendido de todo lo que ha sucedido?
-En la vida hay cosas que me han impresionado mucho, la gente por sobrevivir en estos tiempos de crisis son capaces de hacer cualquier cosa. He visto amigos míos jugarse su honradez por robar un paquete de salchichas en un supermercado, recoger colillas del suelo para liarse un pitillo, buscar en los contenedores pan del día anterior, para hacerse un serranito con jamón york, algo de abrigo o un poco de chatarra que vender, para comprarse un café. He visto amigos incluso tragar gasolina en invierno, mientras la tomaba prestada de los coches aparcados en la zona azul de la Avenida Italia, para encender una candela y poder asar ratas en su fuego. He visto escritores devorar culebras bajo la sombra de la hambruna de la noche, pero ninguna de ellas es comparable a ver a mi Chiguagua inmóvil en la fosa, mientras pides un Tramadol, preso de un dolor insoportable en del dedo.



Prueba de ADN.

-¿Aceptaría a su hijo, si la prueba de ADN confirmara, que es hijo de su mejor amigo?
-Pues claro, los hijos de mis amigos son mis hijos también. Los hijos no nacen, se hacen, sobre todo cuando desde chico los ves crecer entre el público, lo haces hablar en las presentaciones, en el bar, donde le compras refrescos con cafeína para que no se queden dormidos en el suelo, mientras su padre recita un poema patético y tú no dejas de aplaudir para que no se le baje la moral. Así que, si la prueba confirmara que es hijo de mi mejor amigo, los tres nos iríamos a vivir juntos a mi casetilla y allí haríamos vida de familia, mientras vemos como va creciendo su barriga, sus pechos, sus piernas, su culo, su mal humor, pero también la belleza natural que toda mujer embarazada desprende sedada por un cóctel explosivos de hormonas.

Robo de gasolina por el método del sifón.

-Sabemos que hay muchos escritores que estarán leyendo sus palabras ¿Puedes darles un consejo?
Que tener un hijo es una fuente de inspiración impresionante. No hay escritor que haya sido padre, que no haya dedicado al menos un aforismo durante todo el embarazo. Así que, si tuviera que darle un consejo a los escritores que me están leyendo, solo les podría decir: “Vivir como escritores, sentir como padres y hacer todo lo posible para no escribir porquerías por el hecho de que vayáis a ser padres”.



Peligro zanja abierta.

-¿Cómo reparte una sustanciosa herencia un escritor entre tres hijos?
-Bueno, eso de los tres hijos, lo dice usted, yo no tengo hijos o hijas, al menos yo no los reconozco como tal. Ellos dicen que yo soy su padre, pero la verdad es que yo no puedo decir que sea su progenitor, puede que legalmente, a efectos administrativo y civiles sea el tutor legal de ellos. Pero una cosa es lo que dicen los papeles y otra cosa lo que digo yo. Aunque me sorprende que me llamen Papá todavía, cuando a ninguno de ellos le he dado en toda su vida ni siquiera un biberón, bueno uno de ellos se cago en los pantalones y la que dice que ha salido a su madre un día me vomito la espalda recién comida. Me sorprende que llamen Papá a alguien que se ha llevado toda la vida de recital en recital en bares, bibliotecas, ferias de libro y tanatorios y que se llevaba días sin dar señales de vida, como si estuviera muerto o la tierra se lo hubiera tragado. Las noches que no estaba firmando contratos de derechos de autor de plaquettes, estaba encerrado en la buhardilla de casa, escribiendo poemas para el periódico, mientras veía las películas del oeste en Canal Sur. Me he llevado más de tres décadas imaginándome que no tenía hijos y resulta que ahora voy ser padre de un tercero, que cuando haga la comunión yo ya estaré en una residencia de mayores para apopléjicos. La verdad es que no sé cómo voy hacerlo, pero lo que si tengo claro es que voy hacer todo lo posible para no dejarles nada a ninguno.

Escritor succionando.

-¿Cambia este suceso en algo la mala vida de la que disfruta?
-¿A qué se refiere?, ¿a lo caerme a una zanja y que no me haya pasado nada o lo del tener un hijo con cincuenta y tantos? Si lo pregunta por lo primero, te puedo decir que ello me ha enseñado una la lección muy importante, nunca te acerques descalzo a una zanja porque te puedes resbalar y caerte dentro. Una caída mas no va hacer que mi ego desaparezca de la noche a la mañana, ni que deje el mundo de la noche, la farándula de los encuentros de escritores, las borracheras de versos de ginebra. Tener una mala vida es sinónimo de bienestar no de decadencia creativa. Y si te refieres a lo otro, claro que, si cambiará mi vida a partir de ahora, cuando pasas de los cincuenta y estas más cerca de ser abuelo que padre, tener un hijo es un doble regalo de la vida al que no puedes renunciar. Así que eres capaz de hacer cualquier cosa para demostrar que eres mejor persona, más allá de la ficción en la que vives.