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La onubense Elena Fernández Mora, una de las ingenieras españolas elegidas para trabajar en el CERN en Suiza

Destinada a la sección de Tecnología y Diseño de Imanes, esta Ingeniería Mecánica por la Universidad de Huelva trabaja en el desarrollo de unos imanes que se usan para aceleradores de partículas, caracterización de conductores o aplicaciones médicas, como el tratamiento del cáncer. Una estancia investigadora de dos años en la que busca "la aplicación de la ciencia al mundo cotidiano".

La mujer y la ciencia han estado siempre ligados, aunque sus nombres han sido obviados por la historia. / Foto: rtve.

Mari Paz Díaz. Las mujeres han estado presentes siempre en el mundo de la ciencia. Sin embargo, sus nombres han pasado desapercibidos a lo largo de la historia. Marie Curie, Grace Hopper, Vera Rubin, Hedy Lamarr, Jane Goodall o Sara Borrell son solo algunas de las que han destacado en diferentes ámbitos científicos. En la actualidad, entre las españolas más conocidas se encuentra María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Y es que, a pesar de que todavía queda mucho por hacer por la visibilidad de la mujer en este ámbito, los logros científicos y la presencia femenina en este sector es cada vez mayor. De hecho, según datos del Ministerio de Economía, el 39% del personal investigador en España es femenino, frente a la media europea, situada en un 33%.

Elena se encuentra desde inicios del pasado mes de marzo en el CERN, en Suiza.

Una de las personas que pueden formar parte de esta estadística es Elena Fernández Mora, una onubense de 25 años, residente en Trigueros desde los 10 años, que se encuentra desde el pasado mes de marzo en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), situado en Suiza. Graduada en Ingeniería Mecánica de la Universidad de Huelva, su presencia en este prestigioso centro es el resultado de una trayectoria que se inició, prácticamente, desde niña. Y es que, como ella misma nos cuenta, “desde pequeña siempre me han llamado la atención los fenómenos de la naturaleza. También me preguntaba por qué ocurrían las cosas. No sabía que la física era la ciencia de la naturaleza y que ella estaba detrás de todas mis preguntas e inquietudes. A medida que crecí, fui experimentando una gran atracción por la física y las matemáticas, de ahí mi decisión al terminar bachillerato de hacer el Grado en Ingeniería Mecánica en la Universidad de Huelva”.

Complementó el grado de Ingeniería Mecánica con un Máster en Ingeniería Industrial.

Una experiencia formativa en la que se percató de que “quería hacer de ese campo mi medio de vida, así que continué mis estudios durante dos años más haciendo el Máster Oficial en Ingeniería Industrial. Mi padre también me inculcó de pequeña ese interés por la ingeniería a través de juguetes de construcción o entreteniéndome con las herramientas mientras él arreglaba algo que estuviera roto. Lo que empezó como un juego, se ha convertido en mi profesión y me encanta”, nos concreta. Precisamente, su paso por el Máster nos lo contaba en una entrevista anterior: La ingeniera mecánica triguereña Elena Fernández estudia cómo optimizar las políticas energéticas de la UE a través de los árboles

Ahora, después de este desarrollo académico, la joven onubense continúa sus investigaciones en Suiza, en una estancia que se desarrollará durante dos años. Una labor que nos cuenta en primera persona en esta entrevista. 

Imagen del Centro Europeo para la Investigación Nuclear o Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales (CERN). / Foto: http://www.exteriores.gob.es/

-Elena, te encuentras trabajando en el CERN. ¿Cómo has llegado hasta ahí?
-He llegado aquí gracias a la Cuarta Convocatoria del FTEC – Spanish Traineeship Programme, un programa de especialización tecnológica en el CERN destinado a jóvenes ingenieros y físicos aplicados. Es un programa formativo llevado a cabo por el CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas) y el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear). La convocatoria tiene como objetivo incrementar la presencia de investigadores y técnicos españoles en el CERN, así como consolidar un colectivo de ingenieros y físicos especializados en tecnologías de los grandes aceleradores de partículas, detectores e infraestructuras asociadas, con la finalidad de una futura incorporación a la industria e instituciones del sector.




La joven, en su laboratorio, en la sección MDT.

-¿Cuál es tu línea de trabajo en el centro? 
-Trabajo dentro de la sección de Tecnología y Diseño de Imanes (MDT), donde se hace investigación y desarrollo de imanes modelo de alto campo usando materiales superconductores. También se desarrollan técnicas de construcción, aislamiento eléctrico e instrumentación y protección de imanes. Este laboratorio abarca proyectos como el estudio de diseño de la Actualización del Gran Colisionador de Hadrones (Proyecto HL-LHC), donde se pretende aumentar la luminosidad del acelerador (colisiones por unidad de tiempo), aumentando el campo de alguno de los imanes (se cambiarán alrededor de 1.2 km de imanes de los 27 km que componen el acelerador), el desarrollo de imanes dipolares de alto campo (16 a 18 Teslas) para el Proyecto FCC (Future Circular Collider de 100 km de circunferencia) y proyectos de construcción de imanes utilizando conductores HTS (superconductores de alta temperatura), enfocado a que los aceleradores del futuro puedan a alcanzar campos magnéticos superiores a 20 Teslas. Los imanes que se hacen en la sección MDT se usan para aceleradores de partículas, caracterización de conductores o aplicaciones médicas. Además, en esta sección se demuestra que esos imanes modelos funcionan en las corrientes y calidad de campo deseados. Para que os hagáis una idea, en un circuito doméstico de cobre la intensidad de corriente es 6 A/mm2 y aquí en el CERN se trabaja con una intensidad de corriente de 2500 A/mm2 gracias a las propiedades de los superconductores.

Elena, junto a su supervisor, Juan Carlos Pérez.

Tengo la gran suerte de estar bajo la supervisión del  ingeniero español Juan Carlos Pérez, responsable de este laboratorio y con una larga y contrastada experiencia en el campo de la superconductividad. Son más de veinticinco años los que lleva trabajando en investigación y desarrollo de imanes superconductores y colaborando con el CIEMAT y el CEDEX. Además, es una persona preocupada por la aplicación de estas tecnologías en la  industria, intentando siempre acercar estos conocimientos a través de la divulgación científica. Mi laboratorio está formado por  un equipo multidisciplinar con un personal altamente cualificado, compuesto por hombres y mujeres de distintas nacionalidades, lo que nos enriquece mucho más si cabe. Este año, y gracias al programa FTEC – Spanish Traineeship Programme, hemos entrado a formar parte de este gran grupo, tres jóvenes ingenieras españolas, que con mucha ilusión nos estamos formando junto a otros tres jóvenes ingenieros españoles, a los que relevaremos en unos meses. 

-¿Qué estás haciendo en estos momentos?
-Trabajo como ingeniera electromecánica en superconductividad aplicada haciendo imanes de investigación y desarrollo, y participando también en actividades y tareas de metrología, análisis y producción de bobinas.

Su balance es muy positivo. En la imagen, en el Laboratorio de Mediciones.

-¿Cuál es tu balance de la experiencia?
-Hasta el momento está siendo muy positiva en todos los aspectos. Por un lado, es un poco difícil expresar con palabras lo que siento al estar aquí en el CERN. Nunca me imaginé que iba a trabajar en el centro donde tratan de descubrir los secretos del Universo e intentan resolver esas cuestiones que yo me hacía de pequeña. Pero, me he dado cuenta que el CERN es mucho más que eso. Aquí se llevan a cabo otros tipos de proyectos que me parecen incluso más atractivos y bonitos. La tecnología de imanes superconductores se puede usar para el tratamiento del cáncer. Concretamente, uno de los proyectos en los que trabaja mi laboratorio es el proyecto “GaToroid”, un sistema de imanes que orientará un haz de protones para bombardear  de forma más precisa un tumor maligno. Éste dirige el haz alrededor del paciente para irradiar la zona afectada desde diferentes ángulos, permitiendo a las modalidades de tratamiento acercarse a las más avanzadas técnicas de radioterapia convencional. Como ingeniera, lo que busco es la aplicación de la ciencia al mundo cotidiano, ayudar a las personas y satisfacer sus necesidades y problemas. Por eso, para mí es muy reconfortante y gratificante poder participar y seguir de cerca proyectos como éste. Por otro lado, esta experiencia me está sirviendo no solo para mejorar mis niveles de idioma, sino para no tenerle miedo a lo desconocido. Salir de la zona de confort me está ayudando a crecer más como persona, a confiar más en mí, a superar mis limitaciones. Todas las dificultades que he encontrado son mínimas con todo lo que estoy aprendiendo y ganando a nivel personal. Además, estoy conociendo a personas maravillosas que hacen que esta aventura valga realmente la pena.

Una imagen de un acelerador de partículas.
Una imagen de un acelerador de partículas del centro.

-¿Cómo es vivir ahí?
-La vida aquí es muy diferente a España. Son culturas y estilos de vida distintos, y eso se nota. Por ejemplo, los horarios de la comida no tienen nada que ver. Cuando en España se toma el aperitivo de mediodía, aquí se almuerza. Con la cena pasa igual. Además, si se ha pasado el horario de comer o cenar, las cocinas estarán cerradas y será difícil encontrar algún restaurante abierto. Con los comercios pasa lo mismo. A las siete o las siete y media de la tarde ya está todo cerrado. Otra gran diferencia es el carácter. Nosotros nos caracterizamos por ser gente abierta, alegre, extrovertida, cariñosa. A la hora de saludarnos necesitamos del contacto físico: dos besos, un abrazo o un fuerte apretón de mano. Aquí las personas son más serias y discretas y se saludan estrechando la mano. Son costumbres culturales y gestuales muy distintas.

Compañeros de FTECs. De izq. a dcha.: Salvador Ferradás Troitiño, Elena Fernández Mora, Cristina Castro Sequeiro, Cinta Lucia Marraco Borderas y Ricardo de Paz Ludeña.

-¿Te has marcado algún nuevo reto?
-Aparte de seguir especializándome en el campo de la superconductividad aplicada y continuar formándome en otras áreas relacionadas con la ingeniería, mi objetivo es aprovechar estos dos años en el CERN para mejorar mis niveles de inglés y de francés. Gracias al ambiente internacional que hay, estar aquí es una oportunidad única para hacer una inmersión lingüística en toda regla. De momento, no pienso en planes futuros. Ahora mismo, solo estoy centrada en seguir trabajando duro y seguir formándome para poder dar lo mejor de mí en estos dos años aquí en el CERN. Me siento muy a gusto en el equipo del que formo parte.

-¿Qué piensa tu familia y amigos esta estancia?
-Ellos son mi principal apoyo y los primeros que me animaron y me empujaron a vivir esta experiencia. Coincidían en que es bueno el salir fuera, conocer mundo, aprender idiomas y qué mejor oportunidad que ésta. Sabían que sería duro al principio, porque era mi primera vez fuera de casa valiéndome por mí misma, pero confiaban en que me adaptaría sin problemas. Lo que más les gusta es escuchar mis aventuras. Siempre tengo alguna anécdota graciosa con la que se ríen y también les hablo sobre las actividades nuevas que estoy probando. Les encanta verme feliz y ver lo que me está haciendo crecer esta nueva vivencia.

Lago Lemán. / Foto: 123RF.

-¿Qué es lo que más has echas de menos de Huelva?
-Principalmente, a mi familia y a mis amigos. Pero también echo de menos el sol, la playa, el mar. Tenemos la suerte de ser de la provincia con más horas de luz de Europa y eso se nota al estar fuera. Aquí he pasado más de dos semanas sin ver un rayo de sol y eso, quiera o no, influye en el estado de ánimo y en la energía. Luego, lo más parecido al mar y a la playa es el Lago Lemán. Es cierto que es el mayor lago de Europa Occidental y mirar su horizonte con agua te da sensación de libertad y tranquilidad, pero añoro la brisa marinera y el olor a sal de mi Huelva. Además de esto, indudablemente, echo de menos la comida. Aquí habrá el mejor chocolate y el mejor queso del mundo, pero en Huelva hay mucho más que eso: hay pescaito frito, albóndigas de choco, gambas, coquinas,  jamón, gazpacho, gurumelos, papas aliñás… ¡qué voy a decir de la gastronomía onubense! Por suerte, puedo encontrar por aquí nuestras fresas.   

Elena, celebrando el Día de Andalucía en Suiza.

-Para terminar: un mensaje a los onubenses.
-Como bien dice mi padre, el mundo empieza en San Juan del Puerto. Todos deberíamos tener la experiencia de vivir fuera alguna vez. Aprender sobre distintas culturas, nuevos idiomas, desarrollar mayor tolerancia hacia lo diferente, conocer otras personas, resolver dificultades por uno mismo, esas son algunas de las vivencias que se desarrollan cuando vives en el extranjero. Animo a todos a que salgáis de vuestra zona de confort, toméis el, control de vuestras vidas y expandáis vuestros horizontes. Es una decisión dura, pero muy enriquecedora. Os permitirá crecer, tanto profesional como personalmente, y, lo más importante y lo que más vale la pena, es que aprenderéis a conoceros a vosotros mismos, y descubriréis y desarrollareis habilidades que jamás imaginasteis que pudierais tener. Según Wayne Dyer, “lo desconocido es el lugar donde se produce el crecimiento”, así que, ¿a qué estáis esperando para ser la mejor versión de vosotros mismos? ¡Salid fuera, conoced mundo, os garantizo que no os arrepentiréis!






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