Damas

Un chiguagua de pelo corto muerde a un famoso literato de la capital en un solar abandonado

Este diario no ha podido entrevistar todavía al rabioso perro,  pero, a continuación, recogemos el testimonio del protagonista de este doloroso suceso.

Chiguaga de pelo corto marrón.

José Manuel Alfaro / Sección Especial ‘El Cuaderno de Muleman’. El pasado viernes, un pequeño perro de apenas quince centímetros de alto, atacó a un famoso escritor, que se encontraba en el Cabezo de la Joya. El chucho en cuestión, del que aún no trascendido su nombre, estuvo más de diez minutos encaramado a los testículos de un señor de más de cien kilogramos de peso, gracias a la fuerza sobrenatural de su mordida y a sus colmillos afilados como cuchillos. Este diario no ha podido entrevistar todavía al rabioso perro, pero, a continuación, recogemos el testimonio del protagonista de este doloroso suceso, que, durante el tiempo que ha estado respondiendo a nuestras preguntas, yacía tendido sobre un palé de madera, con una bolsa de hielo entre las piernas, para disminuir la inflamación del músculo cremáster,  producida por la falta de riego sanguíneo.

Dentadura del chiguagua.

-¿Cómo sucedió todo?
-Todo pasó muy rápido, yo diría que, en unos segundos, mientras estaba discutiendo con el flacucho de mi amigo, el muerto de hambre este, que desde que ha pasado de dormir de prestado en el sofá de sus colegas escritores, a dormir en su propia chabola entre cartones, no hay quien le sople. Creo que el detonante fue cuando, en un momento determinado de la bronca, me cagué en su santa perra puta madre. Cuando yo dije aquellas palabras,  yo mire a la perra, ella me miró a mí y sin mediar ladrido alguno, el muy leal, rabioso y fervoroso animal, pego un salto y antes de que me diera cuenta, ya lo tenía con la boca abierta, camino de mi entrepierna. Casi no me dio tiempo ni tomar aire y ya lo tenía con sus colmillos anclados en mis testículos como un murciélago. Si no hubiera sido por el andrajoso pantalón vaquero que llevaba puesto desde hace una semana, que al menos amortiguo la mordida inicial, ahora mismo estaría buscando los testículos por el suelo. Menudo grito de dolor, salió de las entrañas de mi estómago vacío, creo que el bramido lo pudieron escuchar hasta en la galaxia EGS-zs8-1.

Solar abandonado.

-¿En qué pensaba mientras tenía al perro colgado de sus testículos?
-Nunca había sentido tanto dolor como en ese momento, bueno una vez, me caí de boca desde lo alto de un escenario, en un recital poético y también me dolió bastante. Aquella vez solo me rompí de cuajo uno de los incisivos de arriba, y eso me dolió también. Estuve años sin poder comerme un helado, hasta que un día unté un poco de Loctite® en la punta del diente y aquella hipersensibilidad al frío desapareció para siempre.  Aquello también fue un dolor más emocional, que de alguna manera se difuminó entre las rimas de los sonetos que recitaba uno tras otro. Lo de hoy ha sido diferente, ha sido un acto más de canibalismo canino, en el que solo podía quedar uno y en el que yo me he llevado la peor parte. Si no me hubieran quitado la custodia de mi mastín español, ahora el chucho yacería dentro del estomago de aquel patán de casi cien kilogramos que ha sido mi guía y compañero, desde que gané aquel tercer premio en un concurso de poesía animalista. Durante dos años, él ha sido mis ojos y mi hocico en los contenedores de basura, en las papeleras de los parques, ha sido mi guardián en las noches que me intentaban robar mientras dormía junto a un frío cajero. Él ha sido mi confidente, mi almohada, mi aliento, mi vida durante todo este tiempo en los que hemos compartido decenas de chuletas caducadas a la parrilla, ropa, habitáculo, aire, saliva y caricias. Pero las protectoras de animales me denunciaron por no atenderlo y aquí estoy yo, recuperándome de un dolor inmenso que me ha hecho replanteármela vida. A lo mejor es una tontería lo que le voy a decir, pero, que me hayan mordido los huevos haciéndome retozar y tragar el polvo del suelo ha empezado a darle otra vez valor a mi vida y ahora más que nunca quiero recuperar de nuevo a mi fiel compañero. Desde aquí invito a todos los que me están leyendo a que, si tiene un perro cerca, sea de la raza que sea, ya sea el perro de tu vecino, el de tu mejor amigo, la perra de tu cuñada, el perengano de tu compañero de trabajo, pedirle por favor que salte sobre vuestros testículos y os apriete con intensidad, pero sin llegar a cerrar la boca. Ya veréis como sentiréis un dolor imaginable, pero que os recordará que otra vida es posible, que se puede recuperar de nuevo el optimismo y volver a ser una persona nueva sin tener que leer ningún libro de autoayuda de Paulo Coelho. Nunca creí que un mordisco en los testículos podía cambiarte la vida, nunca creí que le iba a dar las gracias a un chiguagua por causarme tanto dolor.




Máquina trabajando en el solar abandonado.

-¿Cómo convenció al Chiguagua para que le soltara?
-Durante esos diez minutos que aquella bestia estuvo colgada de mis testículos, nada pude hacer para que abriera su dentellada y me librara de aquel dolor infernal, ni los espasmódicos movimientos en círculo de la cadera, ni revolcarme por el suelo como si tuviera un ataque epiléptico o hacerme el muerto, consiguió que el chucho amagara con soltar, porque el perro lo tenía claro, su objetivo era apretar con fuerza hasta que me pusiera de rodillas, me desmayara del dolor y cayera como el cuerpo de un boxeador en aquel ring de arena y basura, quería verme caer de boca y escuchar cómo me partía la nariz. Pero antes de que el dolor me condujera a ese estado, me hice calma por un segundo y de una forma tranquila y amable le pedí por favor al perrito, que me dejara de morder mis genitales, mientras acariciaba su pelito corto marrón suavemente y a punto de llorar.  No sé si fue eso o que su dueño le dijera, cuando me vio al borde de la locura, que era ya suficiente, pero fue utilizar las palabras por favor y siento mucho haber llamado a tu madre puta, que el perro se deslizo por mi pierna izquierda, camino unos metros y se volvió a sentar en el suelo junto a una pata de jamón que comenzó a mordisquear con sus incisivos afilados, al mismo tiempo que yo volvía a coger aire y recuperaba el pulso de la vida.

Zona inflamada.

-¿Qué secuelas le ha dejado el fiero animal?
-De momento lo que tengo es una inflamación enorme en esa parte del cuerpo, que como no remita pronto, puede incluso dejarme más estéril y eso me preocupa. Ya en su día una parotiditis casi acaba con mi capacidad procreadora por culpa de una orquitis urliana grave. Desde el 112 me han comentado que debo visitar cuanto antes al especialista del sistema público de salud para que evalúe el daño y emita un diagnóstico. Sabe una cosa [nos dice este hombre nacido en los 70, casi con las lágrimas saltándole] – Aún soy joven, ya he plantado un árbol, he escrito un libro que han leído solo mis amigos y no me gustaría morirme sin tener un hijo. Tener un hijo es lo único maravilloso que me queda hacer la vida, bueno eso y ser finalista en un gran premio literario.




-¿Va a tomar acciones legales contra el perro?
-Aún es pronto para saberlo, pero si la bestia me hubiera causado un daño irreparable, ejerceré todas las acciones legales posibles y no contra el perro, sino contra el tutor legal del mismo, al que no solo reclamaré una indemnización millonaria por el daño causado. Sino que le solicitaré al juez que, en el caso de que yo quisiera ejercer mi derecho de paternidad con alguna mujer, él deberá de ser el donante solidario, que sirva para engendrar el óvulo mediante fecundación in vitro. Sé que esto no podrá suplir el daño físico y moral provocado, y que tendré que vivir sabiendo que no es mi hijo biológico. Un hijo que algún día querrá saber quién es su verdadero padre, pero al menos crecerá y recibirá una educación literaria digna, de quien será siempre su padre.






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