Ocurrió en Huelva hace 90 años: Miss Whitney y la década de los descubrimientos

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Depósito de la Ría. M. de Huelva.
Depósito de la Ría. M. de Huelva.

Fernando F. Díaz. A finales de marzo de 1.923 la draga “Cinta” comenzó a extraer del fondo de la ría del Odiel  unas 400 piezas de bronce de un enorme valor arqueológico, por la cantidad y calidad de las mismos, escasas en Europa. Entre los objetos encontrados había espadas del tipo denominado de “lengua de carpa”,  correspondiente a la zona del norte y oeste europeo.

Localización del lugar en la actualidad.

Se trataba de un único depósito. El análisis de los isótopos apuntaba quizás hacia un origen escandinavo. Al parecer era propio de esa época realizar ofrendas a los dioses sumergiendo en lagos y similares armas y objetos, como en los países nórdicos.



Espada escandinava
(reproducción).
Espada de la ría de Huelva (reproducción).

Al ser datadas esas espadas, las pruebas del carbono 14 las situaron en un primer momento hacia 880  a.C. pero han sido fechadas recientemente en 1.000 a. C. Por tanto, eran de la etapa de Tartessos y justo posteriores a la fecha que estimamos para la catástrofe descrita por Platón en Timeo y Critias, que es 1.069 a.C, lo que cuadra con su objeto votivo, es decir, fueron una ofrenda a Poseidón, solicitando piedad. Estas dataciones indicaban la antigüedad y extensión del comercio de Huelva, anterior incluso a los griegos y  “fenicios”.

Ilustración en Museo de Vitlycke, Bohuslan, Suecia, representando la costumbre nórdica de hacer ofrendas a los dioses en ríos y lagos.

La existencia de este hallazgo en la ría, unida a los propios yacimientos de la ciudad, la situaron como el lugar más importante de la península y unos de los más destacados de Europa Occidental en la época del Bronce final. Una amplia muestra de estos objetos puede verse hoy en el Museo Provincial de Huelva, y otra en el Museo Arqueológico N., en Madrid.



Mientras eran analizadas, aquel mismo año de 1.923, el educador Manuel Siurot y el Duque de Alba penetraban por vez primera junto al arqueólogo alemán Hugo Obermaier en el recién excavado Dolmen de Soto, de Trigueros, donde he encontrado inscripciones de tridentes que podemos ver aquí abajo. Las piedras fueron volteadas luego.

El monumento se hace realidad



La escultora en su juventud. 

En 1.927, año en que Adolf Schulten publicó “Tartessos und Atlantis”, la escultora neoyorquina Gertrud Vanderbilt Whitney, conocida como Miss Whitney, recibió el encargo de una fundación de su ciudad, de levantar un monumento en memoria de la gesta de Colón en la confluencia del río Odiel con el Tinto, en la ciudad de Huelva.   La decisión se debió sobre todo a sus mecenazgos y a la repercusión que había tenido otra escultura que ella había realizado en Francia, tras la primera Gran Guerra. Estudió escultura en Nueva York y luego recibió clases en París con Auguste Rodin. Su vocación le había surgido al conocer de primera mano la bohemia artística parisina. Instaló sendos estudios en Greenwich Village (Nueva York) y en Passy (París) y recibió elogios en toda Europa y los Estados Unidos.

Similitud del monumento con la Estatua de la Libertad.

No hemos de olvidar que existen al menos tres poderosas razones por las que  Cristóbal Colón vino a Huelva: una tradición marinera ancestral, con buenos pilotos, tripulantes, y embarcaciones, un monasterio franciscano, donde estaba el confesor y guía espiritual de la Reina Isabel y por último, un sitio donde dejar a su hijo Diego, pues en Huelva residía su cuñada (había enviudado y no podía llevarlo consigo). Al final, se quedó en el monasterio.

El monumento, de 37 metros de altura, es de una figura humana apoyada sobre una cruz cubista en forma de “Tau (símbolo franciscano  y de Tartessos). El rostro no parecía el de un italiano sino más bien el de un nórdico; años más tarde se diría que se inspiró en las caras de los marinos que aparecen en los frescos de un artista de Nerva, el onubense Daniel Vázquez Díaz, que se encuentran en las paredes del Monasterio de la Rábida.       

Para su construcción, que llevó aproximadamente dos años, se trajo la piedra de una cantera de la localidad de Niebla, para lo que hubo que construir un ramal de tren. La cantera es de una piedra caliza de color blanco con conchenas fósiles y de gran porosidad; se llaman biolitos, y al parecer no fue buena idea, pues se erosionan y desprenden con facilidad. Probablemente ya fue usada para los edificios de la antigua capital de Tartessos, Huelva. De este material están hechas también las murallas de Cádiz y varias de las casas de su casco histórico, algunas de las cuales datan de la época del almirante Colón.

Esquina egipcia del Monumento.

Gertrud representó cada uno de los cuatro continentes (Oceanía entonces no se contaba) en las esquinas del pedestal del monumento a Colón. Así, se le ocurrió diseñar diversos bajorrelieves que los representaran: Asia, África, Europa y América; entonces Oceanía se consideraba [una parte de Asia. Decidió colocar dos relieves en cada esquina, uno por cada lado. Los hizo alusivos a cada cultura.

Esquina egipcia del Monumento.

Puso perfectamente orientado el pedestal mirando al sur, pero a los egipcios los colocó en la pared norte, que es la que da a la ciudad de Huelva, y del lado de la esquina noroeste, que es la que da a su ria. Además, y como para dar más misterio al asunto, dentro de la sala interior colocó un mapamundi mural tras las estatuas de los Reyes Isabel y Fernando, con frases en una especie de mezcla de latín y griego.

Así, Miss Whitney situó los “Pelasgos” en el índico (a la derecha de la estatua de la Reina Isabel). El término “Pelasgos” fue usado por algunos escritores de la antigua Grecia para referirse a los pueblos que les precedieron como habitantes de aquellas islas en la llamada “Edad Oscura”, significando un pueblo antiguo. Al parecer los griegos originarios, los Minoicos, procedían de la península ibérica, un pueblo muy antiguo de origen occidental y muy evolucionado…yo estoy en que eran los Tartessos. Ya lo insinuó en 1.915 Blas Infante en su obra “El Ideal Andaluz”, en la que defendía que la civilización griega (los “pelasgos”) habría tenido su origen en suelo andaluz, y posteriormente se habría desplazado al Egeo: “Quién sabe si los griegos, al poner en ella (Andalucía) los Campos Elíseos (el Edén) rememoraban vagamente el paraíso que perdieron en la emigración.”

Exterior Monumento a Colón.

¿Pero cómo podía saberlo Whitney en 1.929? ¿Fue casualidad o tuvo acceso a ciertos datos por ser una Vanderbilt? Solo se me ocurre que leyera las crónicas de las campañas de las tropas de Alejandro Magno que, según Miguel Romero Esteo, narran cómo se encontraron barcos de Tartessos (los identificaron por sus mascarones) al llegar al índico. Pero entonces nos surge otra pregunta inmediata: ¿cómo lo asoció a los pelasgos?, y ¿porqué los puso en este monumento onubense?…

Interior del Monumento a Colón: R. Católicos.

El pedestal del monumento es hueco, con acceso por el frente a una gran sala ventilada. La puerta es de forja maciza, no deje de fijarse en ella. En su interior Mrs. Whitney esculpió unas esculturas de los Reyes Católicos sedentes (sentados). Gertrud colocó tanto a Colón como a Isabel mirando hacia la ría, al mar, y a Colón con una capa de marino que deja ver sus pies.     En la pared de enfrente, entrando a la derecha, se inscribieron los nombres de sus mecenas; en la pared de la izquierda, a la entrada, los de las tripulaciones de las dos carabelas y de la nao Santa María, la de Colón. Puede apreciarse que muchos tripulantes eran de origen vasco.

En una entrevista realizada para una revista, Gertrud declaró: “He querido dar a mi monumento un carácter simbólico. El monumento a Colón no representa, pues, a Colón corporalmente. Representa la figura de un navegante que mira con ojos visionarios hacia el Oeste, hacia donde debió mirar también el insigne descubridor, cuando presentía América”.

Esfinge de Giza y Colón.

Respecto a la cruz que porta el navegante, la propia forma de cruz del monumento, Whitney declaró: se trata de “otro símbolo, el de los Reyes Católicos Isabel y Fernando, que al ayudar a Cristóbal Colón en sus desvelos no fueron impulsados por un oscuro afán de conquista; fue al pensar en la cruz del cristianismo, que los reyes hubieran querido llevar, como llevaron esos marinos, más allá de los mares”.

Precisamente aquel año de 1.928, la arqueóloga inglesa Elena Whishaw publicó un libro titulado “La Atlántida en Andalucía: un estudio de los antiguos Reinos del Sol de España”. Se había instalado en 1.916 con su marido, también arqueólogo, en Andalucía, buscando el origen de Tartessos y la posible relación de La Atlántida con esta región. Su libro fue consecuencia del descubrimiento aquel año de un “Templo del Sol” en Sevilla, a nueve metros de profundidad.

Elena se acabó afincando en la ciudad de Niebla (Huelva), donde junto a su marido, el famoso arqueólogo Bernard Whishaw, adquirió en 1.916 “La puerta del Buey” (en realidad significa Puerta de los Marinos o del Muelle), en las murallas de Niebla. Fundaron allí el “Museo” y la “Escuela Anglo-Hispano-Americana de Arqueología”. Asoció los restos de un muelle hallado en Niebla con las obras hidráulicas citadas por Platón…Falleció allí en 1.937.

En cuanto a la inauguración del monumento a Colón, esta tuvo lugar el 21 de abril de 1.929. La confluencia de los dos ríos era el mismo sitio desde donde partiera Colón muy temprano, en una cálida mañana del mes de Agosto de 1.492, rumbo en principio a su primera escala, las islas Canarias. El monumento es hoy un emblema distintivo de la ciudad de Huelva, que celebra sus fiestas “Colombinas” en torno al 3 de Agosto, fecha de su partida. También el máximo galardón del Festival de Cine Iberoamericano, que se celebra en la Ciudad de Huelva cada mes de Noviembre, es el “Colón de Oro” a la mejor Película.

Solo un año después de la inauguración del monumento a Colón, en 1.930, y a pocos metros del anterior hallazgo en la ría de Huelva, pero más cerca de la “Ciudad del Marisco” y el “Aqualón” se localizó un casco de tipo corintio (el modelo griego más reconocible), fabricado en cobre puro, finamente trabajado en sus detalles. Presentaba una rotura en su parte posterior; por su diseño ha sido datado en 535 a.C., la época final del comercio de Tartessos. Se encuentra en Madrid, en la Real Academia de la Historia, pero hay una reproducción en la exposición ubicada en las antiguas “Cocheras de Locomotoras” del Puerto de Huelva, junto al muelle, de entrada libre.

En esta época la arqueología tenía un escaso control y después han ido surgiendo diversos objetos, en poder de distintas personas; al parecer habían sido halladas en distintos lugares de la ría. Así, aparecieron dos espadas, en 1.943 y 1.963, y diversos objetos de bronce, de los que en algunos casos se desconoce el lugar exacto de su localización.

Posteriormente (1970) se hallaron dos figurillas en la ría, que representan a las divinidades sirio-fenicia Melkart, y egipcia Anath. Otra estatuilla, del dios libio-fenicio Reshef,  fue requisada en un portal de ventas por Internet, y al parecer procedía de una obra en el centro de Huelva. Parece probable que aún queden más piezas en el fondo de la ría, que es enorme, y también en casas de particulares y colecciones privadas…

Hoy día el Puerto de Huelva, en el cruce de las rutas de navegación Norte-Sur y Este-Oeste, es una gran corporación pública y el cuarto de España en tráfico de mercancías. Es el puerto con mayor extensión, con una reserva de 1.700 hectáreas, y 8,5 km. para muelles…

Continúa en “Atlántida encontrada y demostrada”, de Fernando F. Díaz, disponible en las librerías del centro de Huelva y en Amazon, en: https://amzn.to/2XjAt6S