William Martin y el robo de los archivos, el misterio continúa

El investigador Enrique Nielsen nos hace llegar nuevos datos sobre una de las estrategias militares más decisivas de nuestra historia, la operación 'carne picada', y el misterioso cuerpo en aguas onubenses. El principal arquitecto de aquel magnífico engaño fue el Comandante Ewen Montagu, haciendo que los alemanes se trasladaran a Grecia cuando los aliados desembarcarían en Sicilia.

Mapa del engaño diseñado por los aliados para invadir Sicilia (elaborado por Enrique Nielsen).

Enrique Nielsen. Como ya queda constatado en la historia militar contemporánea, no hay duda de que la Operación Carne picada fue todo un éxito. De hecho, ha sido catalogada por muchos autores como una de las estratagemas de engaño más ingeniosas llevadas a cabo por la Inteligencia Británica durante la IIGM. El plan consistió en hacer llegar a manos alemanas una cartera con documentos falsos en los que se decía que el desembarco aliado tendría lugar en Grecia, cuando el objetivo real era Sicilia. Los ingleses utilizaron un cadáver y le dieron una falsa identidad: William Martin, oficial de los Royal Marines.

Le pusieron el uniforme y en un submarino lo llevaron hasta las costas de Huelva, dejándole, el 30 de abril de 1943, en el mar, simulando un accidente aéreo. William Martin figuraba que era un correo que viajaba con
importantes documentos desde Londres hasta el cuartel general aliado en Argel. Aunque España era neutral, en realidad ayudaba a los alemanes. De forma que una vez que el cadáver apareció en las playas onubenses, las autoridades españolas facilitaron la cartera y los documentos a los alemanes, que cayeron en el engaño. Hitler trasladó tropas a Grecia, cuando en realidad el desembarco aliado fue en Sicilia.

El Comandante Ewen Montagu, arquitecto del engaño.

El principal arquitecto de aquel magnífico engaño fue el Comandante Ewen Montagu, que no contento con confundir al enemigo también hizo lo mismo con la opinión pública tras la finalización del conflicto, y prácticamente hasta nuestros días. A partir de 1944, británicos y americanos se afanaron en capturar todos los documentos alemanes que caían en sus manos, como si de trofeos de guerra se tratara. Aunque al principio esta labor resultó algo caótica, finalmente, los equipos especializados en esta materia, recopilaron una ingente cantidad de información, la cual, se remontaba a fechas tan anteriores, como principios del siglo XIX. Todo papel alemán intervenido, fue registrado y ordenado para que los aliados pudieran analizar la estructura de los ejércitos, los movimientos diplomáticos y, sobre todo, los Servicios de Información alemanes. Pero, también se habían marcado otro objetivo, controlar la información de las operaciones más oscuras llevadas a cabo por ellos mismos. Ya saben, quien gana la guerra, escribe la historia.

Precisamente, este operativo de intervención del que hablamos se puso en marcha también aquí, en Huelva, en 1945. Las autoridades británicas tomaron el consulado alemán, sito en la Avda. de Italia de nuestra ciudad, para hacerse con toda la información allí almacenada. Una de las personas que se desplazaron a este lugar fue el vicecónsul británico Francis Haselden, el cual contó a su familia que además de la gran cantidad de papeles localizados, también encontraron fotografías de los mercantes británicos (tomadas desde la finca de La Rábida), de los artefactos explosivos utilizados en el sabotaje a los barcos británicos y copias de los documentos de William Martin, que Clauss había realizado. He aquí la primera incongruencia de la versión oficial: los británicos mantienen a día de hoy, que el agente alemán nunca accedió a los papeles que portaba el cadáver.

Diario británico The Sunday Express, febrero de 1953.

Hay que resaltar que el comandante Montagu, desde el año 1945, venía mostrando un especial interés por escribir y publicar una versión oficial de aquella argucia secreta, bajo el argumento de que ya se habían filtrado muchos datos de la misma. Sin embargo, los responsables del control de la información en los servicios de inteligencia británicos
no opinaban lo mismo. Hasta que en el año 1953 se percataron que un periodista llamado Ian Colvin se estaba acercando peligrosamente a la verdad. Fue el momento que esperaba Montagu.




No hace falta decir que, nada más recibir la correspondiente autorización, Montagu solicitó todos los documentos existentes sobre la Operación Mincemeat. Para realizar este concienzudo trabajo se hacía necesario manejar incluso los documentos alemanes incautados. El comandante estaba obligado a escribir un relato verosímil, que ocultara las posibles vergüenzas británicas, pero que, a la vez, resultara atractivo a los lectores. Fruto de ello, el 1 de febrero de 1953, publicó en el diario The Sunday Express, el primero de seis capítulos semanales, que mantuvieron la expectación de los lectores, como si fuera una de las telenovelas actuales. Con este campo abonado, en el mes de julio del mismo año, se procedió a la publicación de su libro, que con el tiempo se convertiría, en todo un best seller: El hombre que nunca existió.

Libro escrito por E. Montagu y publicado en julio de 1953.

Sin embargo, después de utilizar toda aquella cantidad de documentos, no todos fueron devueltos a los departamentos responsables de custodiar tan relevante información. Es lo que se deduce tras analizar los más de 60 folios incluidos en una carpeta perteneciente al Cabinet Office británico y desclasificados en el año 2001, pero que ningún autor ha nombrado nunca hasta ahora. Después del estreno en cines de El hombre que nunca existió, en el mes de marzo de 1956, se inició una continua y más que interesante correspondencia entre dos responsables de la gestión de los documentos alemanes confiscados. Como si aquella película hubiera recordado algún incidente interno… Estas dos personas eran, Brian Melland, residente en Londres, y George Friedrichsen, afincado en Washington.

El motivo de aquel trasiego de misivas era la increíble desaparición de un archivo alemán durante el mes de junio de 1953 y que hacía referencia expresa a la Operación Mincemeat. Efectivamente, el 30 de abril de 1956 Brian Melland recibió la siguiente comunicación de su colega Friedrichsen: “Este “Kurierfund” ha estado perdido desde el 24 de junio de 1953 o antes. La búsqueda ha sido inútil. Fue buscado por todas partes en aquel momento (junio de 1953). Quienquiera que lo tenga no tiene la intención de soltarlo nunca. No hay mucha diferencia con lo que sería un robo”. Desde Washington se tenía la sospecha de que aquel archivo no había desaparecido de una forma accidental, a tenor de las expresiones utilizadas. El archivo de marras, pertenecía a la serie H2 del Alto Mando alemán, de los Ejércitos del Oeste, numerado por los aliados como H2/123 y con el título Chefsache: Kurierfund (Asunto: el mensajero encontrado). Su contenido, según la descripción expuesta en el catálogo, correspondía a un material altamente clasificado sobre los papeles encontrados en el cuerpo del mensajero británico ahogado. Es decir, nuestro William Martin.

Documento británico fechado en mayo de 1956.

Quizás, una de las cuestiones más interesantes de las que se exponen en estas cartas, sea que los funcionarios mantenían que la recuperación del H2/123 no era 100% vital en el análisis de la aceptación alemana de la trampa, pero sí recalcaban que sería un material adicional de mucho valor en sus archivos, especialmente para el periodo inicial del “engaño”. Esto significa que el contenido del H2/123 corresponde a todo lo que aconteció en los primeros 10 días de la operación, desde el 30 de abril al 9 de mayo. Teniendo en cuenta, que quienes escribimos este artículo, hemos denunciado en más de una ocasión la extraña e increíble inexistencia de documentos oficiales de este periodo inicial, nos inclinamos a pensar que dicho archivo fue robado, con toda la intención, por el Comandante Montagu. Es en ese archivo donde muy posiblemente se descubrirían todos los movimientos que llevaron a cabo los agentes alemanes, la primera semana, tras el hallazgo del cadáver. Un archivo que habría tenido en sus manos los primeros meses del año 1953. Recordemos que su libro fue publicado en el mes de julio del mismo año, y que en los documentos que hemos analizado, se afirma que el H2/123 desapreció en junio de 1953, o incluso, antes.

Documento británico fechado en marzo de 1970.

Melland y Friedrichsen, se tomaron muy en serio su cometido, y estuvieron buscando por cielo y tierra el dichoso archivo, desde el año 1956 hasta 1970, ¡catorce años!, ahí es nada. Durante este extenso periodo de tiempo, barajaron la posibilidad de que se encontrara en los archivos, pero con otro nombre, cuestión que descartaron. Solicitaron información al más alto nivel para verificar si pudiera estar retenido y custodiado en alguna caja fuerte. Incluso siguieron una pista que los llevó a los archivos canadienses. Ninguna de estas gestiones consiguió dar con el H2/123. Aunque, si para algo sirvió este tránsito de correspondencia fue para que los responsables se percataran de que, además, otras carpetas aparecían incompletas.

Los autores de las cartas hablaban sin tapujos de uno de los mayores robos producidos en el seno del Captured Records Service (CRS). Y, por otra parte, las menciones veladas y continuadas al creador de The man who never was, nos hacen pensar que sospechaban del mismo, como posible autor de la desaparición de aquel archivo. De hecho, durante aquellos años, Montagu ya ejercía de juez en la corte británica, por lo que sería bastante improbable, sin las pruebas necesarias, que se le pudiera acusar de aquel delito. Añadiendo a esto, su condición de Miembro del Imperio Británico. En resumidas cuentas, el misterio que rodea a la Operación Carne picada puede estar fundado en diferentes tipos de robos. El uso de un cadáver de uno de los marineros ahogados en el hundimiento del HMS Dasher, sin el permiso de sus familiares, es decir, el robo de un cuerpo.

Libro: William Martin. Crónica de la Operación Carne Picada. Editorial Niebla.

Y, con esta nueva información, el robo de diversos documentos oficiales, incautados en el año 1945 a los alemanes, y que estamos convencidos, desvelarían muchos de los planteamientos que nosotros (Copeiro y Nielsen) ya hemos publicado en nuestros libros sobre el tema. ¿Qué haría Montagu con el H2/123? ¿Lo destruiría? ¿Se encontrará escondido a buen recaudo? Seguiremos investigando.






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