Damas

Cae un posible meteorito en el Cabezo de Joya, que podría alcanzar en el mercado más de 1,7 millones de euros

José Manuel Alfaro nos vuelve a traer una de sus particulares historias en esta sección especial de los domingos, donde, en esta ocasión, nos habla de "meteorito más caro y bello del mundo"

Chabola del escritor indigente.

José Manuel Alfaro / Sección Especial ‘El Cuaderno de Muleman’. De confirmarse el acontecimiento y tratarse dicho fragmento de un Palasito, estaríamos hablando de un trozo de material interestelar, que como en el caso del meteorito Fukang, podría alcanzar en el mercado, más de 1,7 millones de euros, por lo que podríamos estar ante el meteorito más caro y bello del mundo. El suceso ocurrió el pasado viernes y fue puesto en conocimiento de la Guardia Civil por un escritor indigente que pasaba la noche en el Cabezo de la Joya, donde hasta el momento aún no ha sido localizado y para lo que se pide toda la colaboración ciudadana posible, para hallarlo con la mayor celeridad y llevarlo a un laboratorio de máxima seguridad, para ser analizado por los investigadores de la comunidad científica universitaria de la UHU.

Laboratorio de la UHU.

-¿A qué hora ocurrió todo?
-Pues déjeme calcular. A las diez de la noche salí de aquí de la casetilla, que tengo acondicionada en el Cabezo de la Joya, después de asearme con una esponja húmeda y un poco de jabón. Me puse el traje de los domingos y espere a que viniera un amigo, un escritor muy conocido de Huelva, que vive en la Gran Vía, para irnos a cenar al Rocataliata, allí estuvimos dos horas, tomando una cerveza, ensaladilla de gambas y salpicón de marisco. Si te pides estas dos tapas y un par de palillos dientes para comértelas, te puedes pasar dos horas hablando sin que el camarero, haga acto de presencia para preguntarte si te trae la cuenta. Así que después de llenar nuestros estómagos y que mi amigo lo pagara todo, después de un año invitándolo yo, porque ahora dice que es Euromillonario. Nos fuimos sobre las doce a un bar de copas que hay en la Plaza del Refugio y allí nos pusimos a hablar de nuestros proyectos literarios, de los concursos literarios amañados, a los que nos hemos presentado y los que nos quedan por perder todavía, mientras la gente bebía tranquila y nosotros esperábamos a que alguien dejará alguna copa sin beber.

Ensaladilla de gambas.

Esa noche tuvimos suerte, porque una pareja que habían pedido dos Brandis con Cola, fueron a brindar y cuando tocaron sus vasos, no sé lo que dijo él, que ella se fue corriendo y el detrás. En ese momento nosotros nos mudamos de silla, ocupamos sus mesas y comenzamos a beber. Mi amigo es menos escrupuloso que yo. Si ha colocado los labios en el vaso y ha bebido aunque solo sea un sorbo, se la toma, pero yo no, a mí solo me vale  que haya colocado los labios en los bordes. Así que esa noche tuvimos suerte y allí estuvimos hasta que nos la bebimos y nos comimos el plato de los frutos secos que habían dejado junto a un paquete con dos cigarrillos, uno nos lo fumamos a medias y el otro lo guardamos para luego. Nunca habíamos tenido en un viernes de Dolores tanta suerte. Si Jesús hubiera tenido en esos tiempos tanta como nosotros, en vez de terminar crucificado, le hubieran dado un par de latigazos, unos cuantos puñetazos, hubiera dormido un par de noches en la trena y lo habrían soltado con la mandíbula rota para que muriera por inanición. Así que llegaríamos los dos a la chabola, a eso de las tres de la mañana, después de recorrer exhaustos la cuesta de Ntra. Sra. del Roció y hacer tres amagos de vomitar el surimi de la ensaladilla por los ojos. Fue en la última arcada junto a los eucaliptos del Cabezo, cuando empezó todo.




Cabezo de la Joya.

-¿Qué hicisteis en ese momento?
-Liarnos el cigarrillo que nos encontramos, con unas sustancias tóxicas que tengo sembradas en unas macetas, escondidas en un rincón del Cabezo, cuando empezó el espectáculo de luces y el cielo parecía que se nos venía abajo. Que sensación mientras nos poníamos los pijamas fuera de chabola, el cielo de estrellas parecía que se nos iba a caer encima, mientras bailábamos sevillanas de los marismeños, como si estuviera allí mismo Pepe el Marismeño. Los haces de luces no dejaban de caer como chuzos del cielo. Era una sensación delirante, porque todo estaba dando vueltas alrededor nuestra, el perro no dejaba de ladrar y saltar,  la silla de la terraza de albero no dejaban de moverse, la chapa del tejado de la chabola temblaba, las paredes de madera se ladeaban, el suelo de arena parecía que se iba a abrir delante de nosotros mientras el viento no dejaba de mover los papeles, los cartones de vino, las botellas de cristal, preservativos usados, jeringuillas oxidadas y toda la basura acumulada que circunscribía nuestros cuerpos. Ninguno de los dos sabíamos lo que estaba pasando en esa danza folclórica que no tenía fin, hasta que en uno de los momentos levantamos la cabeza y vimos una luz blanca cegadora que termino impactando en el suelo, que nos hizo caer al suelo, donde comenzamos a movernos epilépticamente, hasta que el estruendo ceso y nosotros caímos en esa calma que todo escritor encuentra en la última palabra del verso que escribió mientras orinaba.

El cielo desde el Cabezo de la Joya.

-¿Qué hicieron cuando llego la calma?
-Sé que esto va a sonar mal, a mí nunca me había ocurrido nunca, pero después de caer los dos al suelo y ver una luz cegadora que nos hizo cerrar los ojos por un instante, cunado los volvimos abrir, al final del túnel vimos a nuestro amigo Muleman, fue tanta la impresión al verlo que nos cagamos encima. El ambiente se hizo insoportable, si hubiera aparecido un extraterrestre en ese momento, hubiera cogido su nave y se hubiera tirado por un agujero negro. A los pocos minutos, despertamos y llamamos a unos amigos nuestros que son Guardias Civiles, que además de escribir en sus ratos libres, detener gente para meterlos en la cárcel para hacer más segura esta ciudad en la que vivimos y hacer que el imperio de la ley y el orden sea lo único que reine en esta sociedad, han visto todos los programas de Cuarto Milenio y tienen el número de un amigo de Iker Jiménez. Cuando ellos llegaron, ya todo había pasado, nos había dado el bajón y ya habíamos pasado ese momento de euforia de escritores, en los que eres capaz de crear sin límites, ver sin límites, escribir tonterías sin límites.

Agujero negro.

Creo que, si hubiera tenido un cuaderno a mano, habría escrito el Haiku de mi vida. Así que cuando nuestros amigos llegaron, le contamos toda la película y reímos y lloramos juntos, porque estuvimos los cuatro, buscando el Palasito hasta el amanecer, hasta que a las siete de la mañana se unieron un grupo de voluntarios de protección civil y vecinos de los alrededores, para ayudarnos en su busca, sin que hasta la fecha hayamos podido localizarlo, aunque lo que si hemos encontrado hasta ahora haya sido la poesía, que es ese buscar hasta encontrar, un encontrar hasta odiar, un odiar hasta vencer.

-¿Le ha cambiado la vida? 
-Pues sí. Ahora, no es que crea en Dios, ni en la Semana Santa, pero me he vuelto más místico y cósmico que nunca. Aunque creo que este ciclo no se cerrará hasta que encontremos eso que el cielo nos ha regalado y aún no hemos encontrado.






Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.