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La Sierra onubense, un refugio para la moda sostenible frente a un mundo globalizado

Lorena Lis y Juan Acosta tomaron la decisión de mudarse a este rincón de Huelva y llevar una filosofía de vida respetuosa con el medio ambiente. En la Ecoaldea de El Calabacino (Alájar) trabajan en su propio proyecto, una marca de mochilas y bolsos artesanales hechos con materiales naturales y fomentando la economía local.

Lorena Lis y Juan Acosta fabrican mochilas y complementos sostenibles.

Cristina Morales. En un mundo globalizado e imperado por el capitalismo, la industria de la moda produce sin tener en cuenta, en gran parte de los casos, el impacto al medio ambiente. Debido a la tendencia social actual de una mayor concienciación respecto a los productos materiales, basada en la idea del respeto al entorno y el reconocimiento a lo artesanal, muchas firmas y cadenas han tenido que lavar, en cierta forma, su imagen y apostar por implementar la responsabilidad social corporativa en sus actuaciones. Este cambio en la conciencia de la sociedad ha hecho que proliferen proyectos que huyen de las prácticas llevadas por los líderes del sector. La industria de la moda es la segunda que más contamina del mundo, además de llevar a cabo la descentralización y producir en países con una mano de obra más barata, fomentando la precariedad laboral y, a su vez, llevando la riqueza a otros lugares.

Hoy en día, tienen cada vez más presencia los proyectos que buscan generar conciencia y dar respuesta a los que demandan productos artesanos y locales. El “Hecho en España” preocupa cada vez más a los consumidores, ya que esto repercute directamente en la riqueza y dinamización de nuestro entorno. La moda sostenible, tiene una serie de pautas a seguir si un producto quiere distinguirse de esta forma. Entre estas se encuentran el respeto al entorno, no contribuir al sufrimiento animal, potenciar tejidos y materiales naturales, cuidar la mano de obra, seguir procesos artesanos y producir en el sitio, fomentando lo local.

Lorenalis y cía tiene su sede en la Sierra de Aracena, concretamente en Alájar.

La Sierra de Huelva se convirtió en un remanso de paz y vida ecológica para Lorena Lis y Juan Acosta. Ella, natural de Buenos Aires (Argentina) y trabajadora Social, buscaba un lugar donde desarrollar su espíritu emprendedor y autodidacta, además de vivir en armonía con el entorno. Él, procedente de Linares (Jaén), es agente de Desarrollo Sostenible y biólogo especialista en conservación de razas autóctonas. Tras conocerse y saber de la Ecoaldea de El Calabacino, en el municipio de Alájar, decidieron mudarse a este rincón de la Sierra de Huelva y fundar una marca de moda sostenible.




En particular, su proyecto familiar se trata de una firma de mochilas sostenibles, bajo el nombre de Lorenalis y Cia. La filosofía de la marca es justamente la que implementan en su día a día, muy concienciados con el respeto al medio ambiente y la necesidad de cuidar el entorno en el que vivimos, apostando por materiales naturales y que provengan de lugares cercanos. Su objetivo es crear de lo local para lo local, fomentar la riqueza de su entorno. En lo cotidiano siguen un estilo de vida tradicional, marcado por la zona rural en la que viven y concienciados en la necesidad de optar por métodos de producción que contaminen lo menos posible. También en su hogar, tratan de no usar medios de transporte, teniendo un burro para los portes, y optan por las energías renovables para el abastecimiento de su familia.

Productos realizados desde lo local para lo local.

Un proyecto interesante que nos abre los ojos sobre la necesidad de cuidar dónde vivimos y ser conscientes de que una industria tan potente y contaminante como la textil puede cambiar si luchamos por ello, apostando por los proyectos locales y sostenibles. Estos dos emprendedores trabajan cada día para diseñar y producir mochilas funcionales para la vida cotidiana bajo las premisas de la moda sostenible y la producción artesanal. De lo local hacia lo local, ese es su principal objetivo, fomentar la riqueza y dinamización de la zona. Lorena Lis nos cuenta más acerca de este peculiar proyecto, con sede en la Sierra de Aracena.




– ¿Cómo llegáis a Huelva?
Juan llegó a la Sierra de Aracena hace aproximadamente 20 años, motivado por vivir en un entorno natural rodeado de bosques por su especialidad en conservación de razas autóctonas. Y por otro lado, yo llegué hace aproximadamente 12 años, de casualidad. Mientras estaba viajando por España, tenía algunos amigos en la Ecoaldea de El Calabacino. Llegué de visita y ya me quedé enganchada a la sierra y a la aldea.

Los creadores de la marca siguen una filosofía sostenible.

– ¿Cómo surge este proyecto?
El proyecto surgió hace aproximadamente 10 años, cuando comencé a trabajar como artesana siempre con materiales reciclados. Al principio hacia bolsos tejidos con trapillo (cuando el trapillo no se comercializaba, sino que lo hacía yo misma reciclando camisetas elásticas) y luego con bolsos reciclados con discos de vinilos y monederos con cassettes también reciclados. Posteriormente fuimos incorporando telas que también muchas veces eran recicladas o telas de producción local, como por ejemplo ahora que estamos utilizando telas que produce una pequeña empresa familiar textil en Portugal. Ambos nos conocimos en el Encuentro de Alternativas de Sevilla. Ahí fue el punto de encuentro personal y fue también un poco la siembra del proyecto empresarial de diseño.
Coincidimos trabajando con proyectos de carácter social y de ahí pasamos a vivir juntos a nivel
familiar en la ecoaldea de El Calabacino. Aquí llegamos para trabajar y vivir de una forma sostenible dentro de un entorno como es la propia ecoaldea, que se encuentra en medio del bosque mediterráneo y rodeada de huertas familiares con animales. Al llegar empezamos a desarrollar nuestro modelo de vida como familia: nosotros y los dos chicos (Alegría de 12 años e Ixé de 10) y extendimos nuestra forma de vida a nuestro proyecto empresarial. Trabajamos siempre intentando incorporar materias primas recicladas (como discos de vinilo o casettes, telas) y posteriormente materias primas de producción local y/o de proximidad, intentando favorecer con nuestro emprendimiento a los agricultores locales de algodón y la fabricación de los tejidos mediante la recuperación de una fábrica familiar que absorbe parte del algodón de Andalucía y de comercio justo. Intentamos siempre que nuestra filosofía de vida y objetivo principal, que es la sostenibilidad de todo el proceso, desde la adquisición de las materias primas hasta el packaging en la entrega del producto.

– ¿Qué productos creáis?
Producimos accesorios sostenibles y funcionales, como por ejemplo mochilas de tela hechas a mano originales y prácticas pensadas para diferentes usos cotidianos: mochilas que se pueden convertir en bolsos, para poder ir en bicicleta, para llevar portátiles, riñoneras que pueden usarse también como bolsos bandoleras, bolsos de mano para ocasiones especiales o para llevar solo los objetos necesarios, en definitiva, diversos usos pero siempre accesorios que sean prácticos y funcionales para el día a día de mujeres y hombres.

Todo lo que utilizan es sostenible, incluso sus máquinas de coser son de segunda mano.

– ¿Cómo confeccionáis?
El proceso comienza en la selección de las telas y es el paso más importante y el más complicado debido a que el gobierno ha dejado de proteger el sector, potenciando y facilitando que se desplace a países con tratado de libre comercio como Marruecos y Tailandia. Esto ha desestructurado la fabricación de tejidos y la producción de algodón, lo que nos hace muy difícil y caro encontrar lo que queremos y a un precio medio accesible para un emprendimiento familiar como es el nuestro.
Dedicamos casi dos meses enteros al año en buscar los materiales adecuados con las características de sostenibilidad, calidad en el tintado y durabilidad. Ponemos mucho empeño en buscar en cada inicio de campaña las telas que utilizamos. El segundo paso está en pensar el diseño de las piezas. Tenemos que pensar qué queremos diseñar y cuál es el diseño final, su funcionalidad, practicidad durabilidad, combinado todo con una estética equilibrada y alegre. Aquí es donde empieza el trabajo, en una libreta con una hoja en blanco que llenamos de borrones hasta encontrar el diseño final. Exigimos demasiado a todo el diseño y por ende a nosotros mismos. Proyectamos la confección que va a tener y empezamos a combinarlo con todo el proceso técnico de costuras (tensiones, fuerzas de peso y fuerzas de usos, posibles maltratos de la prenda, etc) a partir del dibujo de cada una de las piezas que conformarán la prenda final. La parte técnica es muy importante porque pasaremos el diseño, que es una idea, y lo aterrizaremos a algo material. Se va a tener en cuenta: cómo va a llevar la prenda la gente, cómo la va a usar, cuál es el trato que le va a dar y en función de todo eso vamos a determinar qué tipo de costura, qué tipo de confección y sobre todo que tipo de materiales vamos a colocar en cada una de las partes de la pieza para que cumpla nuestros objetivos de longevidad, de trato diario, etcétera. Una vez cerrado todo este proceso es donde empieza realmente a materializarse la pieza mediante el patrón, que no es más que el despiece en papel. Como si fuera una pequeña danza mística, empezamos a extender poco a poco cada una de las telas que van a formar parte del esqueleto de esas mochilas. Con la ayuda del patrón y la tiza dibujamos todo el despiece que va a constituir la mochila final en nuestro taller de corte. Las tijeras, inevitables aliadas, la cortadora manual o la vertical recta, pasaran el papel a cortes de tejido que conformarán la prenda. Una vez cortadas las piezas, empieza a cobrar vida toda la parte estética de la pieza. Haremos las combinaciones de colores y estampados buscando el equilibrio estético en el acabado, teniendo en cuenta la planificación de las telas mecánicas que forman las bases en función de las cargas que va a tener que soportar. De esta forma hacemos una por una el premontaje para iniciar la confección. Haremos la costura con la ayuda de nuestras valiosas y antiguas máquinas Singer. Son máquinas cedidas por desuso o entumecidas por el paso del tiempo a las que les hemos devuelto la vida en nuestro taller-museo acoplándoles un pequeño motor de 60, 90 o 120 watts. Con ellas y con la ayuda de una maquina industrial confeccionamos las prendas y daremos el acabado final. Como verás, la filosofía de reutilizar y reciclar esta en todo lo que nos rodea, incluso en las máquinas con las que trabajamos. Estoy seguro que muchos de los clientes que pueden estar leyendo esta entrevista van a sentirse identificados con parte del proceso ya que se incorporan en el paso de elegir su mochila mediante las fotos que les mandamos desde el taller de corte en el momento del premontaje.

El proyecto nace en la ecoaldea de El Calabacino.

– ¿Seguís un estilo de vida sostenible en vuestro día a día?
La coherencia de nuestro pequeño emprendimiento viene desde nuestra vida en particular, de la trayectoria que cada uno de nosotros hemos tenido y se traduce en el nacimiento del taller. La unión de nuestras vidas en lo particular, tiene también de búsqueda de sostenibilidad de la vida familiar. Desde buscar la compatibilidad empresarial con el huerto, con los chicos y sus idas y vueltas de la escuela hasta cuidar animales que están en peligro de extinción, como son las razas asnales con la que podemos llevar nuestro día a día en la vida familiar y en el emprendimiento. Nos permiten desde llevar la compra (que en un cotidiano no representa nada y para nosotros representa cargar con kilos de compra como unos 2 km monte arriba), hasta llevar una bombona de butano o acarrear la leña que va a servirnos como materia de energía para calentar la casa o para cocinar, ya que tenemos cocina económica. Para cerrar un poco todas las necesidades de autoconsumo que tenemos en casa y en el taller, está la energía eléctrica que es algo básico y clave. Tenemos energía eléctrica mediante placas fotovoltaicas que son las que mantienen tanto las máquinas taller en marcha como la batidora, la lavadora o la nevera. Con esto cerramos todo el ciclo de recursos tanto energéticos como de alimentación y de materia prima para la empresa, siempre desde y para lo local. Esto es muy importante para nosotros porque da mucha fuerza y sentido a tanto esfuerzo invisible cuando nos ponemos una de nuestras mochilas pero que está ahí. Detrás de cada puntada y cada corte hay un aporte en la lucha contra el cambio climático, empeño en minimizar la huella ecológica manteniendo el nulo consumo de materiales no renovables y
llevando la huella de carbono a un nivel casi 0. Mantenemos un impacto positivo en el equilibrio medioambiental, social y economía social.

– ¿Cómo comercializáis vuestros productos?
Siguiendo esta misma línea, optamos por una comercialización en contacto directo con el cliente y se nos puede encontrar en todas las ferias que tengan relación con el mundo ecológico o ferias montadas por asociaciones de artesanos. Últimamente estamos incorporando las nuevas tecnologías para mantener ese contacto directo y la comunicación con el cliente a través de una tienda por internet, sin perder la esencia de relacionarnos, compartir momentos con particulares que van más allá de la mera compra de nuestras mochilas. Nos caracterizamos por mantener un espíritu de cercanía y energía humana. 

Una forma de emprender siendo consciente del cuidado con el entorno.

– ¿Qué nos puede aportar este proyecto?
Nuestro pequeño emprendimiento familiar es eso, pequeño pero con potenciales grandes de cambio en la conciencia de todos los que nos rodean y nos quieran conocer. Pensamos que desde aquí es de donde más se puede aportar en los tres pilares que hoy rigen el mundo donde vivimos: la parte ambiental, la social y de rebote en la parte económica. Apostamos por un medio ambiente más limpio reciclando los materiales siempre que necesitemos, incorporando cada uno de los desechos de nuestras piezas en otras menores, por lo que no generamos desechos y aportamos al medio ambiente produciendo a nivel local. Es importante aportar beneficios al municipio donde se produce para evitar el despoblamiento rural, intentamos aportar a nivel regional y nacional también, pero lo que más nos ocupa es lo local. Por eso una pequeña parte de cada mochila que lleváis a casa genera el reparto de beneficios desde el núcleo más cercano a nosotros hasta un anillo más lejano. En pocas palabras, aportamos un emprendimiento familiar sostenible.

– ¿Por qué hay que apostar por la moda sostenible?
La industria textil es la segunda más contaminante del planeta superada sólo por la automovilística, debido a los 1.700 millones de toneladas de dióxido de carbono que emite anualmente. Así lo afirma un informe de WWF Suiza. Cada año se venden 80.000 millones de prendas en el mundo, siendo responsable del 20% de los tóxicos que se vierten en el agua. Se producen y distribuyen prendas más baratas, gracias a la deslocalización, que ha propiciado que la mayoría de las 250.000 fábricas que hay en el mundo estén en Asia. La industria de la moda tiene “un impacto ambiental que está lejos de ser sostenible”, desde el dióxido de carbono que emite, hasta el uso y la contaminación intensiva del agua, así como los 2.100 millones de toneladas de residuos que produce anualmente (Informe Stop Cambio Climático, febrero 2018). Se estima que el 10% de las emisores de carbono (CO2) emitidos en el mundo provienen de la industria textil (blog Slow fashion). Si la ropa y complementos que nos ponemos no están confeccionadas íntegramente en el país donde vivimos, han de ser transportadas mediante complejos movimientos de ida y vuelta
gracias al mundo globalizado. Y aquí no sólo estamos hablando de la prenda en sí misma, sino de todo material necesario para su confección. Los transportes suponen grandes costos ambientales que la hacen insostenible e incluso inviable económicamente por las cuotas de contaminación y desigualdad social infligido a las poblaciones trabajadoras (países dependientes). Si el consumidor tuviera que pagar el valor real de todo este proceso incluyendo el valor compensatorio ecológico y social del daño infringido en los países donde se producen, pocas personas estarían dispuestas a pagarlo y las empresas de asumirlo. Porque si hay que contaminar las aguas, hay que generar mucha basura, hay que generar carreteras y demás, lo coherente y justo es que lo padezca la misma población que disfruta de esa prenda y así pueda actuar en consecuencia para evaluar si es necesario hacer todo esto al planeta o a la sociedad. Esto sitúa a la prenda hecha de forma local con un precio de venta en desigualdad de condiciones, comercialmente poco competitivo y desleal frente al precio inmoral a nivel ambiental y social de las prendas globalizadas o deslocalizadas (no locales).

Para acercarse a su público han optado por la tienda online y la venta en varias ferias.

– ¿Cómo es un día común en vuestra vida?
Intentamos separar el trabajo de nuestra vida familiar pero no llegamos a conseguirlo ya que todo está fusionado buscando la complementación de todas las necesidades y el ahorro energético y económico guiado por las necesidades familiares, por la escuela de chicos, por las compras, por aquellos recursos que compartimos, por una burrita que necesitamos, en definitiva, los gastos que genera cualquier hogar.

– ¿Hasta dónde os gustaría llegar con vuestro proyecto?
En el mundo empresarial y de mercado siempre se dice que hay que ser ambicioso y tener grandes retos. El nuestro es ingresar lo necesario para cubrir los gastos mensuales más un 20% de imprevistos y el resto del tiempo poderlo dedicar a la vida familiar y social. Como ves tenemos bien definida nuestra ambición.

– Enviad un mensaje a los onubenses.
Nos gustaría que se reforzara la idea de que el poder de cambio está en todos y cada uno de nosotros y en el cotidiano, como es vestirnos. Por eso es importante ser consciente de que hay que vestirse de forma responsable, sostenible y apostar por el “hecho en España”.






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