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Un onubense halla el balcón por el que suspiraba Bécquer: “Volverán las oscuras golondrinas”

El poeta e investigador Juan Carlos de Lara lanza su último trabajo literario 'El balcón de las golondrinas', en el que ubica dónde se encuentra la casa madrileña que inspiró estos famosos versos. Su dueña era Julia Espín, habitual de la vida cultural de la época y gran musa de Bécquer.

Casa rotulada con el número 5 de la madrileña calle de los Libreros (21 y 23 de la antigua calle de la Justa) en la actualidad. En el segundo piso vivía la familia Espín.

Cristina Morales. El mundo de la literatura siempre ha servido de inspiración a otras parcelas de la cultura, como el cine, el teatro u otros formatos literarios. Si nos trasladamos a otro momento en la historia, aún despierta mayor interés conocer la vida de autores de otros siglos, saber cómo se ganaban su sustento en momentos en los que escribir era un trabajo mal considerado o cómo se enfrentaban a las duras circunstancias históricas. Uno de los autores más reconocidos de nuestro país es, sin duda, el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), que nos dejó versos para el recuerdo y es considerado un exponente en la poesía romántica.

¿Quién no ha leído algunos de sus versos suspirando por alguna historia de amor? ¿Qué adolescente no se ha visto reflejado al recitar sus palabras en clase? Forma parte de nuestra vida, de alguna forma, aunque nos separen más de dos siglos. Su vida y obra, de alguna forma, sigue siendo un misterio en algunos puntos. No podemos saber si toda su creación se inspira en su vida o si la tristeza que reflejaba en sus versos realmente la sentía en sus adentros. La relevancia de este autor y la fuerza de sus escritos, a veces amargos pero sin perder el romanticismo, han nutrido gran cantidad de estudios e investigaciones para conocer mejor la figura del poeta. 

Julia Espín en una fotografía desconocida hasta hoy y ausente de todos los estudios sobre Bécquer. Acaso la imagen más cercana al primer encuentro entre el poeta y su musa. (Álbum familiar de Juan Quiroga).

Si hay unos versos universalmente conocidos en lengua castellana, son esos de “Volverán las oscuras golondrinas/en tu balcón sus nidos a colgar”. Las seis estrofas que componen esta poesía son una oda a la fatalidad y al amor perdido. De ahí que este balcón haya suscitado tantas teorías y que muchos investigadores se hayan cuestionado dónde está y si existe de verdad. Pero lo cierto es que sí es real. Ese balcón que se hallaba en el domicilio madrileño de Julia Espín, la mujer que inspiró la mayoría de las Rimas de Bécquer, formó parte de una casa que fue clave en nuestra cultura del siglo XIX. Allí encontraron sede las tertulias y conciertos donde se gestaron esos versos y tuvo lugar la historia sentimental que cambió el rumbo de la poesía española: el profundo amor de Bécquer por Espín.




El poeta e investigador Juan Carlos de Lara.

Durante cerca de un siglo, los especialistas en la vida y obra del poeta dieron por desaparecida esa vivienda y, por tanto, el balcón de las golondrinas, deduciendo que el inmueble había sido derribado al construirse la Gran Vía de Madrid. Sin embargo, un onubense, el poeta e investigador Juan Carlos de Lara, ha dado con dicha vivienda y su apreciado ventanal, publicando el libro ‘El balcón de las golondrinas’. Este libro demuestra que la casa no fue derribada y la localiza, a partir de una amplia documentación inédita. No se trata de ficción, sino de una obra de investigación seria y rigurosa que incorpora numerosas referencias y fotografías que acreditan el hallazgo. Este empeño va más allá de lo anecdótico, ya que los lugares de la memoria literaria siguen provocando una gran curiosidad entre los lectores, sobre todo por conocer si lo escrito se basa en la realidad, el mito de que los artistas siempre se inspiran en su propia experiencia para crear.  

Portada de ‘El balcón de las golondrinas’.

Juan Carlos de Lara Ródenas nació en Huelva el 28 de noviembre de 1965. Reside en la capital onubense y es licenciado en Geografía e Historia. Trabaja como profesor en el Instituto ‘La Rábida’ y, a la vez, es poeta, crítico literario y estudioso de la vida y obra de Gustavo Adolfo Bécquer. Con anterioridad a este libro, ha publicado sobre el poeta romántico sevillano los trabajos ‘El frío que mató a Bécquer’ y ‘La huella de Julia y Josefina Espín en la biografía sentimental de Bécquer: las revelaciones de El gnomo’, ambos en la revista ‘El Gnomo. Boletín de estudios becquerianos’ de Zaragoza. Además, también es autor del libro ‘Juan Ramón Jiménez, estudiante’ (Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez, Moguer, 2012).




Uno de los balcones del domicilio de la familia Espín.

Al margen de su labor investigadora, Juan Carlos de Lara se expresa fundamentalmente a través de la poesía. En 2015 se le concedió el Premio Leonor de Poesía a su última obra, ‘Depósito de objetos perdidos’ (Diputación de Soria, 2016). Previamente había publicado ‘Caminero del aire’ (Andaluza, Huelva, 1985), ‘Elegía del amor y de la sombra’ (Andaluza, Huelva, 1987), ‘Antes que el tiempo muera’ (Diputación de Huelva, 2000), la antología poética ‘Memoria del tiempo claro’ (Alea Blanca, Granada, 2008) y ‘Paseo del Chocolate’ (Renacimiento, Sevilla, 2008). A estos libros hay que añadir la obra dispersa aparecida en antologías y revistas literarias españolas y americanas. Para que nos cuente mejor y en primera persona el proceso de investigación y redacción del libro, hablamos con el onubense.

Balcón desde el interior del domicilio de la familia Espín.

– ¿Cómo surge la elaboración de este libro?
De la confusión que sobre la ubicación del célebre balcón de las golondrinas existía. Un repaso a los trabajos que sobre Bécquer se han publicado es suficiente para comprobar que se estaba muy lejos de conseguir algún tipo de consenso en este tema. Incluso la mayoría de los estudiosos habían dado por desaparecida esa vivienda, deduciendo que había sido derribada al construirse la Gran Vía de Madrid. Todo ello me llevó a constatar la existencia de un problema metodológico en las investigaciones. Lo que teníamos eran afirmaciones que sólo se basaban en fuentes bibliográficas, una información que se asimilaba en muchos casos sin comprobar su veracidad, dando por válidos testimonios nebulosos y erróneos que han sobrevivido a través de su repetición mecánica.

Escaleras y puerta del domicilio de la familia Espín.

– ¿Por qué decides investigar este balcón?
Sin perder de vista que la búsqueda del balcón de las golondrinas tiene de por sí algo de etérea y vaporosa, decidí realizar una investigación basada en la utilización de otra serie de fuentes que permanecían inéditas y que han sido tratadas con la metodología propia de los estudios históricos. Naturalmente, he visitado bibliotecas, registros, archivos, hemerotecas… donde he encontrado los documentos que me han permitido escribir este breve libro.

– ¿Por qué piensas que ha sido un lugar tan buscado?
A pesar de que el balcón de las golondrinas ha venido formando parte de nuestra memoria colectiva desde los primeros versos de la rima LIII, posiblemente los más populares de toda la poesía española, el desconocimiento que se seguía teniendo de su ubicación hacía de este escenario un hueco sin cerrar en la biografía de Bécquer. El domicilio madrileño donde la familia de Julia Espín, la mujer que inspiró la mayoría de las Rimas, celebraba sus veladas musicales y literarias es sin duda un lugar de paso obligado a la hora de poner en pie el contexto sociocultural y humano de esos versos. Por esta razón siempre ha sido objeto de curiosidad por parte de los estudiosos, sin que ello se haya traducido en su localización.

El piso donde vivieron los Espín conserva todavía la chimenea francesa de mármol blanco de Carrara, estilo Segundo Imperio o Napoleón III, que data de los años centrales del siglo XIX.

– ¿Qué nos aporta este hallazgo?
Los lugares de la memoria literaria ejercen una gran seducción sobre la sociedad. Acercarse a ellos supone prestar atmósfera a sucesos y palabras y procurarles explicación. El hallazgo del balcón de las golondrinas y de los salones en los que Gustavo Adolfo Bécquer y Julia Espín tuvieron sus encuentros y desencuentros le aporta consistencia física a lo que en la poesía es sugerencia y nos aproxima a ese maravilloso crisol de vida cotidiana en que se hace toda buena literatura. Quienes persiguieron por España los rastros y los restos de Cervantes estarían de acuerdo en que el empeño va más allá de ser anecdótico.

– ¿Tiene continuidad? ¿Piensas seguir investigando en esta línea?
Tendrá continuidad, naturalmente. Ya había tenido la oportunidad de publicar otros trabajos sobre Bécquer con anterioridad, como son ‘El frío que mató a Bécquer’ y ‘La huella de Julia y Josefina Espín en la biografía sentimental de Bécquer: las revelaciones de El gnomo’, ambos en la revista ‘El Gnomo. Boletín de estudios becquerianos’, de Zaragoza. Tras ‘El balcón de las golondrinas’ mi labor investigadora sobre el poeta de las “Rimas” proseguirá y, de hecho, ya tengo algunos temas sobre la mesa.

Piano de mesa Pleyel de estilo Restauración (aproximadamente de 1840) que perteneció a la familia Espín y, sin temor a equivocarnos, fue utilizado en las veladas musicales y literarias que se celebraban en su domicilio. Bécquer, cuya afición a la música era indescriptible, debió de utilizarlo durante sus visitas a la casa. Julia Espín lo heredó y lo conservó hasta su muerte. (Cortesía de su tataranieto, Brais Rodríguez Romero).

– ¿Qué has conseguido con este descubrimiento? ¿Qué significa a nivel personal para ti?
Culminar todo un reto personal que, como es lógico, me ha producido una íntima satisfacción. Porque aunque la columna vertebral de lo que yo escribo es la poesía, siempre me ha gustado investigar sobre parcelas aún desconocidas de la vida de Gustavo Adolfo Bécquer. Las raíces de esta inquietud hay que buscarlas en la manera en la que mi padre, José Manuel de Lara, supo inculcarme desde pequeño el amor por su figura y en la amplia colección de libros que ya por entonces tenía sobre él.

– ¿Realizaste tu labor investigadora desde Huelva?
Aunque hoy en día la progresiva digitalización de los fondos documentales permite su exploración sin tener que personarse “in situ” en algunos archivos y bibliotecas, en numerosos casos ha sido inevitable el desplazamiento a Madrid, que es donde está situada la vivienda que fue escenario de las “Rimas” de Bécquer. Y debo añadir que, como consecuencia de esta búsqueda, han aflorado numerosos materiales gráficos que se han incluido como anexo. Estas imágenes no son un mero acompañamiento ornamental, sino que le han conferido vigor a lo que se ha ido exponiendo en el libro.






2 Responses to "Un onubense halla el balcón por el que suspiraba Bécquer: “Volverán las oscuras golondrinas”"

  1. Diseño web en Sevilla   9 abril 2019 at 7:20 pm

    Curiosa noticia, son detalles que es bonito conocer sobre un sevillano!!!

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  2. José Jesús Conde   14 abril 2019 at 9:55 am

    Agradezco públicamente el gesto de Juan Carlos de Lara, al enviarme, a través de Ediciones Alfar, su magnífico libro, “El balcón de las golondrinas”. Un abrazo.

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