Yo siempre supe que mi hijo era un poco rarito

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Recibiendo un homenaje de la Hermandad de Padre Jesús de Moguer.
Foto antigua.

José Manuel Alfaro. Juan Alfaro Díaz (Moguer, 1938), el padre del librero de Moguer, que escribió un libro por sorpresa después de dos años de trabajo. Nos cuenta en esta entrevista, que él siempre ha sabido desde que era un niño, que su hijo era un poco rarito, porque había días en los llegaba a casa a almorzar y si él estaba viendo en la televisión los Simpson, le hablaba y era como si lo hiciera a una pared de hormigón armado, eso y porque hasta los catorce años no empezó a tener pelos en las axilas.

-¿Cuándo supo verdaderamente que su hijo era un poco rarito?
-Durante todos estos años hay muchos momentos que me han hecho pensar que mi hijo no era normal y enterarme por la prensa dos días antes, de que había escrito un libro solo hizo confirmarlo. Yo creo que desde que nació en “baby boom” del setenta y cinco el mismo día que se estaba enterrando el dictador ya él apuntaba maneras. Recuerdo que con tres años, le fascinaba andar descalzo, no había manera de que se pusiera nunca las zapatillas para andar por casa después de bañarse,  a los cinco esa inquietud rozando la hiperactividad que mostraba a cualquier hora del día no era normal en un niño, era como se dice por aquí por Moguer un rabo de lagartija, que cuando quería algo no paraba hasta que lo conseguía. Un niño que si tenía con siete años que llorar para conseguir un juguete en la romería del Rocío o en plena pre adolescencia con diez, una bicicleta, no dudaba en hacerlo hasta la extenuación. Mi hijo a pesar de su inteligencia, no ha sido un buen estudiante durante su juventud, con doce años prefería recorrer el pueblo en bici por las tardes y perderse por sus calles antes que estudiar y en su adolescencia era tan raro, que salía con sus amigos a la plaza del pueblo a comerse un paquete de  pipas que cuando se lo terminaba se volvía a casa. Una vez con dieciocho años  le tuve que reñir porque volvió a casa de las fiestas de Mazagón a las ocho de la mañana, en vez de quedarse en casa de un amigo y no volver en tres días, fue una época difícil. Creía que cuando empezara a estudiar en la  universidad, sus rarezas iban a terminar y va y empieza a estudiar Ingeniería Técnica Forestal. Fue en ese momento cuando le dije, -Vamos a ver hijo pero si en Moguer cada vez hay más invernaderos de fresas y menos pinos piñoneros (Pinus pinea), pues nada mi hijo el rarito quería estudiar el monte mediterráneo. Pero si hubo un momento de inflexión en sus rarezas, porque podría seguir contando miles y que me convenció de que mi hijo era un rarito extraordinario, era cuando me contó un día que iba a montar una librería, en ese momento creo que si hubiera caído un meteorito en la tierra, le hubiera caído junto al dedo gordo del pie, desde entonces no deja de pensar y hacer cosas más raras aún.  



Tensión por la mañana.

¿Cómo se enteró de que su hijo había escrito un libro?
-Pues lo recuerdo como si fuera hace veinticuatro días. Yo estaba tranquilamente sentado en el sillón de casa por la mañana, con la televisión puesta en Antena 3, a punto de desayunar, con todas las pastillas sobre la mesa. Ya me había hecho la prueba de la azúcar, lo recuerdo perfectamente, porque ese día tenía  en sangre 103 g/l y me había tomado la tensión y tenía 146 de máxima y 66 de mínima, estaba como un reloj. Cuando entra por la puerta me pega un beso y me suelta que ha escrito un libro y que lo presenta mañana y que le gustaría que fuera a la presentación. Yo en ese momento me quedé sorprendido, aunque yo ya me olía algo, porque el día anterior también había estado en casa y le había oído por teléfono algo de tapa dura, pero yo creía que hablaba de coquinas o almejas, así que cuando me dijo que había publicado un libro y que lo presentaba ese mismo viernes, terminé de unir  los cabos sueltos. Tengo que reconocer públicamente en este periódico que cuando me lo dijo no estuve fino, porque no se me ocurrió decirle otra cosa que – hijo, ¿cómo me lo dices dos días antes de presentarlo, sabiendo lo densa que es la agenda de un jubilado de 80 años? – después le dije que no se preocupara que estaría allí. Un hijo puede perdonar a un padre que no haya ido su graduación de infantil, pero a la presentación de su primer libro, no hay  amor suficiente en el mundo, para que un hijo te lo perdone. Así que ese día me lleve por delante el pastillero y las gafas y allí nos sentamos en la librería, la madre y yo, en primera fila como haría cualquier padre.

Obras en el polo químico.

-¿Cómo se lleva eso de tener un hijo escritor?
-Bien de momento, a pesar de que han sido  veinticuatro días vertiginosos, en los que todavía no me ha dado tiempo digerir, de que además de tener un hijo rarito ahora también es escritor. Así que si tuviera que describir mi estado actual, tendría que decir que estoy feliz. Yo siempre he sabido que escribía, porque ya llevaba unos años haciéndome preguntas raras: ¿Cómo se siente un niño que ha nacido en Moguer en plena guerra civil?, ¿Cómo de dura fue la posguerra en una familia con cinco hermanos?, ¿Cuántas horas trabajaba en el campo con siete años?, ¿En qué año empezaste a trabajar de encofrador en la construcción del Polo Químico de Huelva?, ¿Dónde conociste a Jean Seberg?, ¿Cuánto tiempo estuviste en Santander trabajando?, ¿Cuántas noches sin dormir has pasado al volante?, Si pudieras volver a elegir entre ser empresario agrícola con casa en el campo y cuatro hectáreas de fresas y taxista jubilado ¿qué elegirías ahora?, ¿Cómo ha sido la vida de un taxista en un pueblo como Moguer? o ¿A quién resucitaría si pudieras?. Cada vez que le preguntaba porque quería saber tanto, siempre me contestaba lo mismo, si algún día publicaba un libro yo sería el primero en enterarme después del de la imprenta. Y por otra parte pues preocupado, porque tiene todo la pinta de que este no va a ser el último y cuando un escritor entra en esa espiral demoniaca literaria, a mí eso me inquieta mucho, tanto como la incertidumbre sobre el futuro de las pensiones, el paro juvenil, la escalada de corrupción, el descrédito de la justicia, las noticias falsas en las redes sociales o el sexo a los ochenta. Pero a pesar de todo, estoy muy feliz de ir al Bar de Jesús por las mañanas, enseñar la foto de mis  trece nietos y ver que he dado lo mejor de mí,  para que la mayor de mis hijas sea funcionaria, la segunda maestra de infantil, un hijo informático que me ha enseñado todo lo que se sobre mi Smartphone, otra hija matrona y ahora un hijo escritor. Soy un hombre con suerte [dice Juan mientras seguimos anotando anécdotas de su densa vida y se le cae la tostada de mantequilla en el suelo boca arriba, la recoge del suelo, le sopla un poco y la vuelve a colocar en el plato]



Muleman, en el salón.

-¿Qué es lo que más le ha gustado del libro?  
-Desde el primer momento que lo vi, lo toqué y sin abrirlo aún ya me gustaba, tanto que lo he colocado en el mueble del comedor, en la balda más visible, donde planto el portal de Belén todos los años en Navidad, así que tendré que buscar otro sitio para San José, la virgen María y el niño Jesús. Después interiormente, eso de tener poco texto y muchas ilustraciones, para alguien como yo que aprendió a leer y a escribir en la adolescencia, en la escuela por las noches después de estar todo el día trabajando, hace que la lectura sea más fácil y reconfortante. Espero que cuando el rarito de mi hijo, escriba la tercera parte de los Pilares de la Tierra, yo ya esté operado de cataratas de los dos ojos.

Azúcar en sangre.

-¿Y lo que menos le ha gustado de libro?
-Nada,  [Juan ríe primero y después se pone serio]. Ningún hijo es perfecto, incluso a veces somos tan exigentes con nuestros hijos que conseguimos el efecto contrario y en vez de conseguir motivarlos, lo que conseguimos es llevarlos a la frustración. Así que yo que soy también escritor [ríe], porque todos somos escritores, porque escritor es el que escribe y yo lo hago todo el día. Escribo diariamente  mi tensión y el azúcar en sangre en un cuaderno, siempre llevo una libreta donde hago anotaciones, las hago también en los márgenes de las quinielas. Escribo la lista de la compra antes de ir los sábados al supermercado, pero sobre todo escribo el día a día de mi vida,  en la memoria de todos los que comparten conmigo la felicidad de este octogenario hipertenso.  Así que como padre escritor, solo puedo decir que para mí, mi hijo el rarito ha hecho un libro perfecto [Juan vuelve a reír]. El resto de las opiniones y análisis literarios se los dejos a los lectores y a los sesudos críticos literarios, si hay alguno ya, que quieran hacerle al libro un análisis más profundo que un pozo artesiano en el acuífero 27 de Doñana, porque son ellos los que tienen que juzgar la verdadera calidad del libro.



Recibiendo un homenaje de la Hermandad de Padre Jesús de Moguer.

-¿Será el manager de su hijo? 
-Si él lo necesita y él quiere, claro que si, un padre siempre tiene que estar al lado de su hijo por muy rarito que sea. Aunque solo le voy a pedir una cosa, que nunca vaya al Sálvame Deluxe a hablar de su libro. Todo escritor tiene que tener sus límites y no todo vale para vender libros, porque cuando el espectáculo sustituye al libro, terminas convirtiéndote en una pieza más del engranaje que mueve esta sociedad del entretenimiento en la que todo vale para ganar audiencia. Yo estaré a su lado si decide recorrer todos los videos comunitarios de la provincia, en las presentaciones en las bibliotecas de los pueblos de la Sierra de Huelva, con lectores en las librerías del Condado, en encuentros y festivales de poesía de la Costa, en Radio Hispanidad Radio entrevistándolo el poeta Enrique García Bolaños o en un encuentro con lectores en la Puebla de Guzmán, pero donde nunca me verá él, es en un programa de telebasura o en una exclusiva en una revista del corazón. Yo quiero verlo en los mejores blog culturales de internet, en las principales revistas literarias, reseñado en videos interesantes de Youtubers con cabeza, pero que nunca me pida ser uno más de ese circo mediático que termina contaminándolo todo, que para contaminada ya está Huelva con sus fosfoyesos.

Pastillas.

-¿Qué consejo le daría a su hijo?
-Cuando tienes 80 años ya nadie te toma en serio, tienes la sensación que todo lo que dices fruto de tu experiencia, son batallitas de la mili o historias del chocheo de un octogenario hipertenso. Hay momentos en los incluso te cuestionas, que culpa tengo yo de saberlo todo, pero a mí me da lo mismo que la gente piense eso, porque tengo tanta experiencia vital que me puedo permitirme el lujo de darle un consejo a mi hijo y que es el mismo que le daría a mis otros cuatro maravillosos hijos, incluso a todos los hijos del mundo y es que “Todo el mundo nace para perseguir un sueño”. Yo lo he hecho durante estos 80 años, yo perseguí tener un hogar, un oficio en el que crecer como hombre en una sociedad justa e igualitaria, encontrar alguien a quien amar, formar una familia, tener hijos, que mis hijos tuvieran hijos, yo perseguí el sueño de ser feliz y lo encontré, como también sé que “Todo el mundo desaparece persiguiendo un sueño”. Así que ese es el único consejo que puedo dar a estas alturas en las que ya casi no me quedan dientes en los que anclar mi dentadura postiza

Tostada en el suelo boca arriba.

-¿Conoce al verdadero Muleman? 
-Claro que sí, el bicho feo de la portada del libro que ha escrito el rarito de mi hijo [ríe], bueno Muleman para mí también es algo más que la cara bonita de un libro, es también un estado emocional, un reflejo del día a día en la vida, es duda, razón, compromiso, luz, oscuridad, esperanza, dolor, angustia, alegría, optimismo, pero sobre todo Muleman es un viajero en busca de la felicidad absoluta, así que Muleman también soy yo y podríamos ser todos.

Cuaderno de notas del escritor.

Juan Alfaro Díaz (Moguer, 1938), ha sido encofrador, empresario agrícola y taxista. Un trabajador y autónomo incansable que desde que solo era un niño ya criaba cochinos, soñaba con tener un hogar y que comparte su vida desde hace más de 50 años con su mujer Carmen (Moguer, 1940) y es padre de cinco maravillosos hijos y abuelo de trece nietos no menos maravillosos. Juan además ha conocido y compartido rodaje con Jean Seberg y Romain Gary, ha recibido numerosos reconocimientos, pero ha sido el homenaje de la Hermandad de Padre Jesús de Nazareno de Moguer el pasado noviembre, en uno de los que más se ha emocionado.  Actualmente disfruta del tiempo libre y la familia con una pensión, que después de 50 años trabajando, no llega ni de lejos al salario mínimo de 900 euros mensuales.